viernes, 31 de mayo de 2013

La cosa es queriendo

El Gobierno asegura que no necesita la ayuda norteamericana para luchar contra el narcotráfico y en ese sentido bate palmas por la salida de la Oficina de Asuntos Antinarcóticos (NAS) de Estados Unidos, que ha anunciado el cese voluntario de sus actividades en el país luego de 40 años de cooperación. En realidad, lo ha hecho antes de que el régimen de Evo Morales se dé el lujo de echarlos, como hizo recientemente con la agencia USAID. Ya lo dijo el diputado oficialista, Galo Bonifaz durante un programa radial el jueves, el Gobierno no quiere el menor vestigio de presencia estadounidense en Bolivia. Esto no es tan exacto como lo afirma el parlamentario, pues sabemos que ahora el control antidrogas en nuestro país habla portugués con la misma chequera gringa. Es muy dudoso lo que afirman las autoridades plurinacionales, quienes aseguran que toda la plata que ponía Estados Unidos para combatir a los narcos será reemplazada por recursos del TGN. En el 2005, Washington enviaba 90 millones de dólares para la lucha antidroga. Luego de la expulsión de la DEA esa cifra se redujo a la mitad y terminó en 5 millones en las últimas gestiones. ¿Cuánto puso el Gobierno cocalero para luchar contra los narcos? Sólo 36 millones. El asunto no es si hay o no hay plata, sino si hay o no voluntad de combatir a las drogas.

Bolivia-Brasil: río revuelto

Se ha cumplido un año de la permanencia del senador boliviano Róger Pinto en la Embajada de Brasil, país que le ha concedido asilo político luego de que el parlamentario acumulara decenas de procesos judiciales promovidos por el Gobierno nacional, en represalia por las denuncias de corrupción (y de narcotráfico), muchas de las cuales –tal como lo han demostrado hechos posteriores-, tenían suficientes evidencias de respaldo y asidero legal.

Durante los últimos 365 días, el Gobierno boliviano se ha dedicado a expresar una serie de “chicanerías” para negar la salida de Pinto y posibilitarle que se traslade a Brasil, donde la Cancillería y la propia presidencia de la República han exigido con suficiente vehemencia que Bolivia cumpla las normas internacionales que respaldan perfectamente la decisión del país vecino.

Aunque parezca mentira, hasta hace unos días, la ministra de Propaganda de Bolivia, Amanda Dávila, todavía insistía en la tesis de que “el asilo no procede en procesos por delitos comunes”, cuando en realidad la tipificación delictiva del asilado no tiene nada que ver para la otorgación de este beneficio, sino la evidencia de que en el país no existen las garantías para que se efectúe un juicio justo. Y sobre este aspecto, precisamente, pueden atestiguar decenas de miles de bolivianos que sufren retardación de justicia y cientos de líderes opositores que son víctimas del acoso judicial de un sistema jurídico instrumentalizado por el partido de Gobierno.

Las autoridades nacionales, muy proclives a la engañifa y la trampa, han tratado todo este tiempo de poner en práctica sus “estrategias envolventes” con Brasil, olvidando que la diplomacia brasileña es una de las más preparadas y profesionales del mundo y que actúa basada en las leyes y en los principios fundamentales que rigen las relaciones internacionales. Tampoco han funcionado los intentos por negociar el cumplimiento de las normas o apelar a la vileza de tomar como rehenes a doce hinchas del club Corinthians presos en Oruro desde febrero, a quienes se pretende canjear por el senador.

Todo este lamentable proceso no ha hecho más que tensionar las relaciones entre Bolivia y Brasil, con un lamentable saldo para el camino de integración que deberían transitar sin interrupciones ambas naciones y cuyos beneficios más importantes recaen en este lado de la frontera. Al presidente Morales debería preocuparle que la presidente Dilma Rousseff, que ha visitado todos los países de la región, ha debido suspender varias veces su llegada a Bolivia y obviamente eso tiene que ver con el malestar existente en Brasilia por este impasse.

El surgimiento de las complicaciones entre ambos países, ha perjudicado especialmente la puesta en marcha del programa antidrogas que han firmado Bolivia y Brasil, conjuntamente con Estados Unidos y que prevé que los brasileños, principal mercado para la droga boliviana, ocupen en lugar de los norteamericanos en el apoyo, seguimiento y supervisión de las tareas de interdicción y de erradicación de los cultivos de coca que se destinan a la fabricación de cocaína. Pese a que este debería ser un capítulo aparte de las relaciones, así como es el contrato de compra-venta de gas, el Gobierno boliviano parece haber aprovechado las circunstancias difíciles para frenar las acciones que debería haber encarado Brasil para combatir a los narcos. Como se ve, algún beneficiado hay con este río revuelto.

jueves, 30 de mayo de 2013

Viva mi Patria Bolivia

Los pobladores del Estrecho de Tiquina, en el Lago Titicaca, mantuvieron bloqueada la ruta de acceso al Santuario de Copacabana durante más de tres semanas exigiendo la construcción de tres puentes que unan las principales islas de la zona, de gran afluencia turística. Con el bloqueo los pobladores impidieron que los peregrinos y visitantes puedan llegar al lugar durante los días de Semana Santa y con ello arruinaron la mejor época del año para todos los lugareños que viven de la “industria sin chimeneas”. El pedido de los comunarios era de lo más irracional que se haya visto en este país, donde ya nada causa sorpresa. Estaban pidiendo obras valuadas en más de mil millones de dólares y aun así el Gobierno accedió a la construcción de uno solo de los puentes que conecte a las islas de San Pedro y San Pablo de Tiquina, habitadas por apenas unos cientos de familias. Después de tanto perjuicio, de la represión, de las detenciones, del diálogo, de los tires y los aflojes, de cientos de horas de reuniones, después de negociar, firmar papel y llegar a los acuerdos, ahora resulta que ha surgido una agrupación de barqueros y balseros que se opone a la construcción del puente, porque según ellos, les va a quitar el trabajo. ¿Y adivinen qué? Pues ahora están bloqueando y seguramente en Copacabana no habrá ni un alma para la fiesta de Corpus Christi que se celebra hoy. Solo en Bolivia

El presidente que sí leía

Hace unos días, el expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton, visitó a su amigo Gabriel García Márquez cuando estuvo de visita en Colombia. "Ya no sonríe, pero le brillan los ojos", dijo tras reunirse con el Premio Nobel, a quien dijo quererlo mucho. Clinton invitó varias veces a García Márquez a la Casa Blanca, pese a que el laureado escritor es "uña y carne" con Fidel Castro y a que siempre defendió a rajatablas la revolución cubana.
La primera vez que estuvieron juntos, el colombiano quedó boquiabierto con la tremenda lucidez del mandatario norteamericano, que se había leído casi todos sus libros y que recitaba a los autores clásicos como si nada. Así se esfumó un prejuicio que tenía el escritor y nació una entrañable amistad, muy inspiradora de la tolerancia, el espíritu democrático y el libre pensamiento. 
En uno de los encuentros entre el político y el novelista, al parecer se cansaron de tanto hablar de literatura y junto con otros intelectuales que estaban presentes, comenzaron a preguntarse "qué libro leerían si tuvieran que elegir solo uno". Alguno citó a la Biblia, otros mencionaron a "La Divina Comedia" y cuando le tocó el turno a Clinton este dijo que "Don Quijote de la Mancha" es la obra más completa que existe. "Ahí está todo", expresó.
Al final de la conversación todos llegaron a la conclusión de que la mayor amenaza de la humanidad no es la falta de lectura, o el analfabetismo, sino el "fundamentalismo" que prolifera en todos los continentes. Lo lamentable es que ese fundamentalismo a veces surge de mentes que dicen haber devorado 20 mil libros.

Viva la música

En los años '80 los disturbios raciales irrumpieron con fuerza en Estados Unidos, especialmente en las ciudades de Miami y Los Ángeles. Aunque hubo algunos detonantes muy específicos como el ataque de varios policías al taxista afroamericano Rodney King, la música tuvo mucho que ver con el problema.
La cultura rockera de los blancos se negaba a aceptar las grandes manifestaciones de los negros, especialmente el rap, el hip hop, el funky y también la música disco. Aunque parezca increíble, Michael Jackson estaba vetado en el canal MTV. Los activistas que defendían los derechos civiles y que habían conseguido grandes avances en los años '60 no sabían cómo encarar este problema que amenazaba con  desbordarse y generar hechos de violencia sin precedentes.
Uno de los héroes que ayudó a "romper el muro" fue precisamente uno de los rockeros blancos más radicales, Steven Tyler, líder de la legendaria banda Aerosmith. El talentoso músico, capaz de ejecutar con maestría más de diez instrumentos, se embarcó en una aventura musical con los integrantes de un grupo de rap que comenzaba a hacer historia Run DMC y que por eso mismo generaba el rechazo del bando de los que supuestamente defendían una pureza musical que no existe, pues los orígenes del rock están en África, junto con el jazz y el blues. 
Esta iniciativa consiguió más que todas las reformas, leyes y proyectos elaborados por líderes políticos, pues no solo se logró distender la situación, sino crear una nueva cultura más integrada en la que negros y blancos se identificaban con la misma música y los mismos íconos como Michael Jackson o Madonna.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Derechos Humanos, ninguna tontería

El presidente Morales en una ocasión comparó a los norteamericanos con la caca. Lamentablemente, no sólo él, sino todos en el Gobierno están convencidos que los estadounidenses y “los gringos” en general, son unos tontos empedernidos.

Esta conclusión se deduce muy bien de los comentarios que hacen los grandes operadores gubernamentales a raíz de las actitudes del ciudadano norteamericano Jacob Ostreicher, quien desesperado por no encontrar una salida a su caso, apela a la figura presidencial.

Desde el vicepresidente, pasando por el ministro Quintana y otros voceros, han dicho que el primer mandatario no puede inmiscuirse en los asuntos de la justicia y olvidan que tanto el caso Ostreicher, como el caso Rózsa, por citar los procesos más patéticos, son justamente la expresión más clara de la manipulación y las interferencias en el sistema judicial, que han convertido a este órgano del Estado en un mero instrumento de la persecución política al servicio de los intereses de un pequeño grupo que maneja el poder con tintes absolutistas.

O es que olvidan que alrededor del caso Ostreicher operaba una red de abogados vinculados a tres ministerios, encargados de manipular jueces y fiscales y que a raíz de que se destapó este escándalo, nada menos que el Fiscal del Distrito de Santa Cruz  (nombrado a dedo por el Órgano Ejecutivo) terminó en la cárcel de Palmasola y el presidente de la Corte distrital de Santa Cruz, un magistrado servil al oficialismo, huyó despavorido porque su nombre figuraba en la lista de los que extorsionaron y metieron a la cárcel injustamente a quien hoy le reclama al presidente frenar las acciones mafiosas controladas por gente de su régimen.

De eso se da cuenta hasta el más tonto de los gringos y por supuesto, los bolivianos, que observan azorados cómo en lugar de mejorar, hemos caído en un abismo en lo que implica el respeto a la ley, la búsqueda de justicia, la independencia de poderes y lo que es peor, el irrespeto a los derechos humanos que nos deja muy mal parados en todos los diagnósticos e informes que elaboran organismos internacionales.

El más reciente reporte pertenece al prestigioso observatorio Amnistía Internacional que refleja el peligroso coctel de autoritarismo e injusticia que está macerándose en Bolivia, donde, principalmente siguen violándose los derechos de los más débiles, es decir, los indígenas, especialmente los de tierras, bajas, que fueron salvajemente reprimidos hace más de un año y medio, caso que es manejado en contexto de burla institucional generalizada hacia los dirigentes que sufrieron el vejamen.

El informe también refleja el agravamiento de la retardación de justicia, que se da pese a las reformas realizadas por el “Proceso de Cambio”, las mismas que apenas dieron resultados en una mayor eficacia en la cooptación de los tribunales judiciales con el fin de que se vuelvan operativos a los afanes políticos.

Los datos de Amnistía Internacional reflejan que, no sólo los gringos sino toda la comunidad de naciones están muy bien enterados de lo que ocurre con Ostreicher, con el caso Rózsa, que ha sido aludido por el informe, con los indígenas del TIPNIS y por supuesto, con lo que sucede en el campo de la libertad de expresión, hostigada cada vez con mayor fuerza por el régimen boliviano.

Goleada de Lanata

El Gobierno de la argentina Cristina Fernández viene disparando munición gruesa contra los medios de comunicación independientes, especialmente contra el grupo Clarín y no ha hecho más que fallar y fortalecerlos, aunque, obviamente, eso no ha sido obstáculo para que los suyos continúen con el saqueo de las arcas públicas. El hueso más duro de roer para el régimen “K” es el polémico presentador de televisión Jorge Lanata, a quien la presidente llama “gordito golpista” en represalia por las contundentes denuncias de corrupción que viene haciendo el comunicador en su programa “Periodismo para Todos”. El pasado fin de semana, el régimen preparó una artillería difícil de superar para Lanata. En el país donde el fútbol es una religión, la televisión pública argentina en manos del Gobierno decidió modificar el horario de transmisión de los principales partidos de la primera división, entre los que figuraba nada menos que el encuentro entre Boca Juniors y Newell's Old Boys de Rosario. El objetivo era quitarle espectadores a Lanata, pero lamentablemente para el Gobierno, perdió por goleada. Según las mediciones de rating realizadas el domingo por la noche, Lanata obtuvo un pico de 28 puntos, mientras que los espectáculos futboleros no sobrepasaron de un promedio de 16 puntos. Perdió el circo.

El rollo boliviano

El papel higiénico también hace noticia en Bolivia, pero por una razón muy distinta a Venezuela, aunque nunca hay que dar nada por sentado. Ocurre que en el país de los pajaritos parlantes, los rollitos blancos andan escaseando y por estos lares, se registra un notorio incremento de la importación del producto. Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), en los últimos doce años, la importación de papel higiénico subió en un 367 por ciento en el país y el gasto subió de dos millones a los ocho millones. El 2012 ingresaron a nuestro territorio rollos de papel por un valor de 7,5 millones de dólares, lo que equivale a cuatro mil toneladas, aunque la cantidad pico se dio en el 2011 con 8,5 millones de dólares en papel sanitario. Cuando a Nicolás Maduro le preguntaron por qué escaseaba el papel higiénico en Venezuela, respondió que la gente está comiendo más, aunque no dijo qué, porque también escasean los alimentos básicos. En Bolivia no se puede decir que estemos comiendo cuatro o cinco veces más, por lo que no es posible atribuir a este único factor la  monstruosa demanda del papel higiénico, producto muy usado en las fábricas de cocaína para secar la droga. Si investigamos más, ahí podría estar la respuesta al problema.

Desesperados por el gas

Vamos a buscar gas hasta en los parques”, fue la expresión casi en un tono desesperado que lanzó el vicepresidente García Linera hace unos días en el marco de un foro petrolero que religiosamente organiza YPFB todos los años con el objetivo de incrementar inversiones en el sector, las mismas que siguen hurañas, por más promesas y ventajas que ofrece el Gobierno de Evo Morales.

La arenga del segundo mandatario se produce después de que se confirmara que la empresa petrolera venezolana PDVSA se va definitivamente del país, luego de varios años de intentos fallidos por iniciar sus trabajos exploratorios en Bolivia, donde según lo afirma la propia empresa “no se han cumplido los compromisos que asumió el Estado Plurinacional”.

Por lo que dice el vicepresidente, por la tozudez demostrada en el TIPNIS y porque el mismísimo Evo Morales les ha dicho tantas veces a los indígenas, que no boicoteen a la industria gasífera del país, se puede deducir fácilmente cuál era el compromiso asumido, el mismo que se expresa con absoluta claridad, ahora que la petrolera nacional argentina YPF se hará cargo de las parcelas que debía explorar PDVSA.

Ni bien habló García Linera de los parques, las repercusiones no se han hecho esperar entre los dirigentes indígenas de las tierras bajas, que hasta ahora han conseguido doblarle el brazo el Gobierno en su intención de intervenir en las reservas naturales, ya sea para construir carreteras, expandir los cocales o, como en este caso, abrirle espacio a las petroleras, objetivos que parecen emparentados. De hecho, en relación al TIPNIS llegó a admitirse que varias compañías extranjeras ya tenían asignadas diferentes áreas para iniciar la prospección de hidrocarburos.

Para el Gobierno, entrar en los parques o en cualquier otro lugar donde haya nuevas reservas de gas se ha vuelto una imperiosa necesidad ya que se ha comprobado que los actuales campos gasíferos en actividad pronto iniciarán su declive. En realidad, hace mucho que debió empezarse en Bolivia un nuevo periodo de inyección de capitales frescos a la industria, la misma que requiere hasta de cinco años hasta que los pozos comienzan a producir en cantidades aceptables. El gas sigue concentrando la mayor porción de las inversiones extranjeras que llegan al país, pero vienen para mantener en actividad los “pozos viejos”, los que corresponden al periodo exploratorio que desarrollaron los gobiernos neoliberales que, en otras palabras, siguen dándole de comer a este país en tiempos plurinacionales en los que se los detesta como a lo peor que parió el mundo.

¿Dónde reside la desesperación? Pues en que se cae todos los días la producción de líquidos, que en parte será paliada por nueva planta separadora de Río Grande, donde se llama industrialización a un proceso muy simple, pero que no deja de ser importante para esta situación de escasez, que nos obliga a importar cantidades adicionales de diesel y a mantener elevado y creciente el nivel de los subsidios, factor que incide también en la reticencia de las petroleras transnacionales a invertir en Bolivia, por más parques que les ofrezcan. Cuando el presidente periódicamente sale a la palestra a despotricar contra la subvención a los combustibles, es porque seguramente le han mostrado el lamentable cuadro que nos mantiene bajo una espada de Damocles.

Y la promesa de entrar en los parques a buscar el gas que nos hace falta y que nos desdibuja las reservas, se ha hace cada vez más difícil, sobre todo cuando entramos en una época electoral.

viernes, 24 de mayo de 2013

Mafias en el poder

El famoso escándalo del “Mensalao” que derivó en Brasil en lo que se denominó el “juicio del siglo” y los hechos que se han comprobado posteriormente en la región, han sido pruebas suficientemente fuertes como para darse cuenta de que algunos de los Gobiernos integrantes del “Foro de Sao Paulo” funcionan de una manera muy parecida a las mafias.

El caso que más llama la atención es el de Argentina, donde se ha enquistado una suerte de dinastía familiar rodeada de un séquito de “capangas” de la política que, en la medida que acumulan poder y hacen metástasis en todo el sistema institucional, se dedican a saquear las arcas públicas con una copiosidad que la propia presidenta Cristina Fernández expresa perfectamente: en la última década su patrimonio se ha incrementado en un mil por ciento y afirma que su fortuna actual de más de siete millones de dólares la obtuvo ejerciendo como “abogada exitosa”.

Las denuncias de corrupción en Argentina, que incluye el blanqueo de dinero, el traslado de maletas de dinero a bóvedas particulares de dirigentes del kirchnerismo y la compra fraudulenta de jugadores de un club de fútbol, involucran a grandes jerarcas del régimen, comenzando por el vicepresidente Amado Boudou, quien enfrenta varios procesos por enriquecimiento ilícito en la Justicia.

El periodismo independiente de aquel país se ha encargado de mostrar cómo viven y cómo roban a raudales los funcionarios de este clan político que incluye a gobernadores provinciales, parlamentarios e intendentes que gozan de amplias prerrogativas para delinquir impunemente, gracias a la cooptación de todos los sistemas de control y fiscalización. Los datos más contundentes sobre este asalto institucionalizado han sido aportados precisamente por íntimos colaboradores de la presidenta Fernández y de otros funcionarios de alto nivel.

En Venezuela, la actuación de mafias políticas ha quedado fuera de toda duda después de que se conociera una grabación del presentador chavista y hombre de confianza de Hugo Chávez, Mario Silva, quien se ha referido a sus compañeros de partido como lo más parecido a la “Cosa Nostra”, señalando al presidente de la Asamblea Legislativa, Diosdado Cabello como el padrino de un mafia dedicada a saquear a la potencia petrolera.

Lo más grave es que el otro sector del chavismo aludido por Silva ha sido el responsable de convertir a Venezuela en una colonia de los hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes controlan todos los puestos estratégicos de la política y la seguridad del Estado, comprometiendo seriamente la soberanía de la nación caribeña.

Las confesiones que hace Silva confirman todas las sospechas que había sobre la actuación de la inteligencia cubana en Venezuela y también muestran que el país está acechado por la amenaza de convertirse en un narco-estado y sobre todo, que en este momento hay una profunda división interna entra las dos facciones mafiosas que podrían llevar al país a una fractura social sin precedentes.

Y cuando hablamos de este mismo tema en Bolivia no podemos dejar de mencionar el escándalo de los abogados extorsionadores que operaba y, según denuncias, sigue operando dentro de los ministerios. Todo esto ha sido ampliamente detallado, al igual que en Venezuela, por uno de los operadores del régimen, el fiscal Marcel Soza, la cabeza más visible de una asociación muy fuerte que maneja los hilos del Gobierno.

Igualito que en Cuba

Desde hace más de una década venimos escuchando a los líderes populistas de la región que quieren parecerse a Cuba, donde supuestamente reina la igualdad social, la justicia, la equidad y tantos otros espectros del simbolismo revolucionario que difunde el aparato propagandístico de la dictadura castrista. Pese que el comunismo fracasó mucho antes de que Fidel Castro llegue al poder y para ello no hace falta más que releer las crónicas de los grandes escritores rusos, que en los años 40 y 50 anticiparon el derrumbe del bloque soviético por culpa de su ineficiencia, todavía existen hoy quienes son capaces de levantar las banderas muertas y batir palmas por el socialismo del que apenas queda su pulsión autoritaria. Estos señores ponen de ejemplo el estatismo, el control de precios, el modelo productivo, además por supuesto, de algunos logros en materia de salud y educación que lamentablemente copian muy poco. Les está yendo muy bien. Cuba era una potencia azucarera y ahora importa hasta el azúcar para endulzar el café. Venezuela es un país petrolero por excelencia y debe comprar gasolina para cubrir su demanda interna. La última noticia que llega de tierras caribeñas es que les anda faltando el papel higiénico. Igualito que en Cuba.

jueves, 23 de mayo de 2013

La historia de Bolivia

Ciertos “conflictólogos” analizaban estos días la forma cómo el Gobierno ha manejado las actuales convulsiones y la discusión giraba en torno a la habilidad de las autoridades para conducir las cosas, evitando el desgaste de la imagen del presidente Morales. Uno de los supuestos logros precisamente, había sido enviar de viaje al primer mandatario a las Islas Fiji a una reunión presidencial donde fue el único líder latinoamericano presente. Uno de los analistas se preguntaba cuánto habrá costado ese periplo, pero nadie ha sabido explicarlo.

Antes del retorno del presidente, los dirigentes de la COB ya habían sido acusados de golpistas, de desestabilizadores y de estar aliados a la derecha neoliberal, insultos que se han vuelto repetitivos. Para romper el esquema, el jefe de Estado ha subido aún más el tono y ha denunciado a los mineros como responsables de la quiebra de Huanuni, el mayor yacimiento de estaño del país y símbolo de la nacionalización encarada por el Gobierno del MAS.

Pese a todas las acusaciones, el diálogo se ha instalado a tropezones, con idas y venidas, con solicitudes de liberar a los dirigentes detenidos en las diferentes manifestaciones y con exigencias de levantar las protestas antes de acceder a las peticiones de los sectores en conflicto. Las autoridades han demandado no dialogar bajo presión y los líderes obreristas han criticado la postura de establecer condiciones para el diálogo. Ambas posturas recordaron a épocas muy recientes y a personajes que hoy se encuentran en el exilio.

En medio de este ir y de venir de acusaciones, un dirigente de la COB denunciaba que el Gobierno hace detenciones de bloqueadores y marchistas para luego tener cómo negociar algunos puntos de las demandas. Por su parte, la ministra de Propaganda, Amanda Dávila, afirmaba la noche del miércoles ante los medios de comunicación que los cabecillas de la protesta están buscando una muerte en este conflicto para tener una suerte de bandera que agrave las cosas y obligue a las autoridades a retroceder.

Mientras se cumplía el décimo día de protesta, el departamento de Santa Cruz terminaba aislado del resto del país y algunas capitales quedaban bajo amenaza de desabastecimiento. En torno a este problema, la presidenta de la Cámara de Diputados, Betty Tejada, manifestaba en las redes sociales que ella nunca ha sido partidaria de los bloqueos y lamentaba las pérdidas que éstos ocasionan. La queja sonaba algo extraña pues lo más repetido durante las últimas semanas ha sido justamente la alusión a una presunta “cultura del bloqueo” cuyo máximo exponente es el presidente Morales, autor del récord por haber mantenido cerrada durante un mes la carretera Santa Cruz-Cochabamba, la columna vertebral del territorio nacional.

La cereza en la torta a esta cadena de lugares comunes, de historias repetidas y de escenas de nuestra “identidad nacional” ha sido el inicio de las protestas policiales que como reloj suizo, han hecho su aparición de manera oportuna para  agravar el clima conflictivo.

Durante los últimos siete años hemos escuchado tantas veces que la historia de Bolivia ha empezado con la “revolución plurinacional”. Lamentablemente, todos los episodios relatados líneas arriba se han dado tantas veces, no sólo en el pasado reciente, en el periodo neoliberal, sino que forman parte del acervo popular, de nuestra inmadurez política de la que difícilmente podremos salir.

Diccionario boliviano

Competitividad, innovación y tecnología son tres valores que persiguen las sociedades modernas, pero que en Bolivia son observados de soslayo. En nuestro medio no solo tenemos nuestros propios valores sino que hemos llegado a redefinir otros, en una constante tarea de refundar y revolucionar que nos consume tanto las energías. Por ejemplo, en Bolivia se llama “éxito”, cuando un movimiento social o sindicato logra paralizar una actividad por completo. “Exitoso” es un paro de salud que consiguió que nadie sea atendido en los hospitales públicos. “Contundente” se llama a una medida de presión que causa el mayor daño posible a la población. Un paro contundente es el que no dejó trabajar a nadie y un bloqueo contundente es el que no dejó pasar ni un solo gramo de productos de exportación. Se denomina “Conquista” al logro de algún sindicato que se obtiene a costa del resto de los bolivianos. Los militares, por ejemplo “han conquistado” el derecho a cobrar una jubilación del 100 por ciento del salario activo, mientras que más del 70 por ciento de la ciudadanía no tiene derecho a jubilarse. Con todas estas definiciones, no cabe duda que Bolivia consolida una expresión que no es propia, pero que aquí cobra cada vez más vigencia: “jodidos estamos”.

La derrota de la comunicación oficial

El Gobierno boliviano odia a los medios independientes, pero no resiste la tentación de acudir a ellos cada vez que se le presenta la oportunidad. Eso le pasó hace unos días al presidente Morales, cuando estuvo de visita en la ciudad de Atlanta para entrevistarse con Jimmy Carter y no desaprovechó la ocasión para conceder una entrevista a la cadena internacional CNN, que lo esperaba con una pregunta muy incómoda para él. “¿Es usted autoritario”?, le espetó el periodista Rafael Romo ante las cámaras. El jefe de Estado contestó con tanta prepotencia, que no hicieron falta muchos detalles para que las cosas queden perfectamente claras.

Esta conducta se repite en todos los regímenes populistas de la región, que han desarrollado agresivas políticas para limitar el accionar de los medios privados y al mismo tiempo, han invertido millonadas en comprar medios para ponerlos al servicio del Gobierno, crear nuevos órganos de propaganda y, por supuesto, hacerles la guerra a los pocos que han podido sobrevivir los embates. Eso lo hemos podido ver con mayor claridad en Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia, donde existe el claro objetivo de establecer una voz única y oficial, como ha sucedido en las dictaduras comunistas que consiguieron establecer altos niveles de censura y de monopolio de la comunicación.

El problema no es fácil y menos ahora que la ciudadanía dispone de múltiples y variadas herramientas tecnológicas, muy baratas y fáciles de usar, para comunicarse, propalar sus ideas y para difundir las pocas noticias que no llevan el rótulo propagandístico del régimen.

En Argentina, por ejemplo, el 80 por ciento de los medios de comunicación del país están ligados de forma directa o indirecta al régimen de Cristina Fernández y se encargan todo el tiempo de difundir las supuestas bondades de un Gobierno que está salpicado de corrupción por todos lados. El 20 por ciento restante lo componen algunos periódicos y redes de televisión, que paradójicamente tienen mucha más audiencia y por supuesto, mucha más credibilidad que todos los canales, diarios, radios y revistas oficialistas, en las que el Gobierno invierte cifras astronómicas para mantenerlas bajo su control.

Es tal la fuerza que ha cobrado la prensa libre en Argentina, que hasta el fútbol fue derrotado en su intento (más bien del régimen) por destronar el nivel de audiencia del periodista Jorge Lanata. En el país de Messi y Maradona, las denuncias de corrupción que hizo el polémico presentador de “Periodismo para Todos”  tuvieron mayor rating que el partido River Plate-Arsenal, que el Gobierno había fijado para la misma hora, porque como sabemos, el Gobierno argentino también controla el fútbol.

Afortunadamente, en ninguno de los países en los que se ha producido un hostigamiento como el citado líneas arriba, se ha impedido que la verdad de los abusos, el autoritarismo, la corrupción y la ineficiencia haya salido a la luz, ni siquiera en Cuba, donde la dictadura comunicacional ha sido derrotada por una sola periodista que apenas escribe unas cuantas letras todos los días en ese poderoso instrumento llamado blog.

Y es que así como el poder descontrolado de gobiernos que en su momento fueron legítimos termina corrompiéndose, la comunicación oficial, que actúa como cómplice de los atropellos, pierde completamente la eficacia que buscan los autócratas. Prueba de ello es lo que acaba de ocurrirle a Mario Silva, el periodista más fiel a Hugo Chávez y que cayó en desgracia al poco tiempo de la partida de su mentor.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Juicio a los dictadores (a todos)

Ningún dictador es bueno por más que esté muerto, como lo está Jorge Rafael Videla, uno de los líderes militares que comandó el denominado “Proceso de reorganización nacional” entre 1976-1983 y al que responsabilizan de la desaparición de más de 30 mil personas. El “Proceso” fue una iniciativa de algunas élites argentinas para liquidar al peronismo, otra de las “dictaduras perfectas” de América Latina, que al igual que en Paraguay o en México, ha señalado el destino del país desde los años '40 y que ha sido capaz de convertir a una potencia mundial en una república bananera tercermundista. El peronismo nació de ultraderecha, fue aliado del Hitler y de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, más tarde se haría comunista, neoliberal en tiempos de Saúl Menem y ahora se arropa con el populismo chavista. Pero siempre ha tenido el mismo cariz autoritario, corrupto y abusivo. El peronismo tiene muchos más muertos y desaparecidos que cualquiera de las dictaduras del continente y también ha hecho mucho más daño que Videla, Pinochet y Stroessner. Lamentablemente muy pocos se atreven a juzgar a los lobos disfrazados de oveja porque “lo poco espanta y lo mucho amansa”.

Los herederos de Moisés

El actor norteamericano Sean Penn ha resultado un hueso muy difícil de roer para el Gobierno de Evo Morales, que lo nombró embajador de las causas nobles de Bolivia y terminó siendo el denunciante de las peores miserias plurinacionales. Cuando todo parecía indicar que la estrella de Hollywood había cambiado de película, recientemente se presentó en el Congreso de Estados Unidos para exigir la liberación de Jacob Ostreicher, el judío neoyorquino que estuvo hace unos días en el Palacio Quemado exigiendo reunirse con el jefe de Estado para demandar su libertad y la devolución del dinero que le robaron funcionarios del Gobierno actual. También denunció que el cartel de extorsionadores que opera dentro de varios ministerios sigue activo en el país, una visión que Sean Penn también ha compartido en Washington, donde ha afirmado que el líder boliviano está muy mal rodeado. Tanto Ostreicher como Sean Penn son de origen hebreo, herederos de la proverbial tozudez de Moisés. Todos conocemos muy bien la historia del líder que liberó a los judíos de Egipto y su insistencia con el Faraón, a quien lo condenó a sufrir las plagas más horribles.

El imperio de la impunidad

Parece fantasía  lo que dice Mario Tadic, quien afirma que un funcionario del Ministerio de Gobierno del MAS se pavoneaba diciendo que tenía contacto directo con el presidente del Estado Plurinacional y que gozaba del poder para ayudarlo en el caso terrorismo, a cambio de que inculpe a varias personas de una lista que ha sido ampliamente difundida en las últimas semanas.

Pero ocurre que el funcionario denunciado por Tadic es Carlos Núñez del Prado, vinculado a uno de los más grandes jerarcas del MAS.  Núñez trabajó en varios ministerios y de él se difundió un video entregando un soborno al famoso “testigo clave” del Caso Rózsa, Ignacio Villa Vargas. El nombre del sujeto en cuestión también saltó en la investigación de la red de abogados extorsionadores que fue desarticulada a raíz del escándalo Ostreicher y pese a todas las evidencias, la justicia no le ha tocado ni un pelo.

Semejante impunidad sólo podría explicarse por las grandes influencias a las que hace alusión Mario Tadic, el primero de los 39 acusados en ofrecer su testimonio en el juicio oral que se produce físicamente en Santa Cruz, pero a la cabeza de jueces de la jurisdicción de La Paz, en abierta violación a las normas del debido proceso.

Precisamente esa es la principal característica de este régimen que ha convertido a la justicia en su instrumento de control político y en el que actúan individuos con licencia para cometer todo tipo de atropellos. El caso paradigmático de esta forma de proceder es el fiscal Marcelo Soza, quien goza de un blindaje impenetrable, pese a que se ha comprobado una lista interminable de violaciones a la ley en la conducción del caso terrorismo.

Y cuando parecía que las fechorías de Soza se habían acabado, porque él mismo las confesó públicamente y porque hay jueces y funcionarios de justicia que se han atrevido a denunciarlo, la Fiscalía General del Estado le tiende un salvavidas, lo colma de indulgencias y le permite salir campante de este berenjenal que debería haberlo conducido a los tribunales y seguramente a la cárcel, puesto que los delitos que se le imputan son muy graves.

Es obvio que así como detrás de Núñez del Prado y de todos los abogados extorsionadores existe un gran aparato político que lo respalda, Soza es apenas un alfil en la estrategia que busca una condena por terrorismo en Santa Cruz, sin haber aportado ni una sola prueba. La evidencia más clara es que recientemente, el sistema de propaganda del Gobierno ha iniciado una campaña millonaria para tratar de revitalizar un caso que se ha derrumbado, no sólo por la carencia de sostenibilidad jurídica y la ausencia de pruebas, sino por la propia confesión del gran operador designado por el Gobierno para defenestrar al movimiento autonomista de Santa Cruz y aniquilar a sus principales líderes.

Todas estas maniobras demuestran la decisión “de Estado” que se ha tomado en dirección a consolidar una de las mayores infamias de la historia nacional. Lamentablemente para el Gobierno, el tiempo corre en su contra y cada vez son más fuertes las pruebas que apuntan a lo más alto del poder. Mientras más altas son las influencias que intervienen para alentar este caso, más peligro se corre de que el proceso termine en los estrados internacionales.

martes, 21 de mayo de 2013

El país "invisible"

Un reciente reportaje publicado en el diario The New York Times compara a la ciudad de El Alto con Hong Kong, por su enorme potencial económico anclado en el movimiento comercial de características eminentemente capitalistas. Al mismo tiempo, la publicación resalta las contracciones de la urbe paceña, donde reside el mayor bastión revolucionario de Bolivia de tendencia izquierdista y paradójicamente se trata también de “la capital más neoliberal y más individualista de toda América Latina”.

No es la primera vez que se hace este tipo de reflexiones, pues alguna vez se dijo que El Alto y Santa Cruz tienen muchas más similitudes que diferencias, pues ambas han conseguido generar riqueza a través del esfuerzo privado, al margen y, muchas veces, a pesar de las determinaciones y políticas estatales que no siempre van dirigidas hacia la prosperidad de las colectividades nacionales.

Los bolivianos estamos acostumbrados a ver un solo lado de la realidad. Casi siempre resaltamos el espíritu conflictivo de algunos alteños, de la misma forma que llama más la atención la parte revoltosa de los cochabambinos, cuando esta región alberga no sólo a los cocaleros y a sectores muy proclives a recurrir a los bloqueos, sino que Cochabamba también es un departamento donde se hace mucha empresa y donde la iniciativa privada es próspera y competitiva.

Prueba de ello es la reciente feria internacional de Feicobol que acaba de cumplir 30 años y que es una muestra de la pujanza y creatividad de los cochabambinos. Da gusto ver cómo los empresarios cruceños y de todas las latitudes del país, acuden a la capital valluna en busca de negocios, invierten y se relacionan, como lo hacen cada año en la Expocruz. La feria de Montero, la Exponorte, también es una clara señal de que el norte de Santa Cruz no sólo es bloqueos, factorías de cocaína y conflictos por derrocar alcaldes legalmente elegidos, sino también producción, trabajo e iniciativa.

El informe publicado en el prestigioso diario norteamericano es esperanzador, porque mientras el Estado Plurinacional y sus autoridades se encargan de dilapidar los ingresos extraordinarios que percibe por la venta de las materias primas y no hace más que desaprovechar un período histórico de bonanza, hay mucha gente que no pierde su tiempo en la politiquería y lo invierte en generar riqueza y crear fuentes de empleo. Eso echa por tierra el paradigma estatista que trata de edificar el Gobierno y no hace más que confirmar que el futuro del país depende de esfuerzos individuales como ha ocurrido en Santa Cruz, la región que fue capaz de deshacerse de la dependencia de la economía extractivista y rentista, desafío que lo tienen que encarar todas las regiones del país.

En tanto que los alteños que trabajan y producen no han dejado de hacerlo pese a todas las convulsiones sociales que han apuntalado el poder del actual Gobierno, los resultados del denominado “cambio” han sido adversos precisamente para ellos. Las políticas populistas del MAS ocasionaron el derrumbe de la industria textil que se había desarrollado con fuerza en El Alto y pese a toda la lucha por la que apostaron en esta ciudad, las ventajas de las políticas públicas siguen siendo una quimera para estos ciudadanos, en su mayor parte, indígenas de origen aymara.

Grandes aportes bolivarianos

Algunas autoridades denuncian que los sectores en conflicto tienen afanes golpistas y hay quienes ingenuamente se entusiasman con la posible caída del MAS, no sólo porque se incrementa la ola conflictiva, sino porque hay señales que vienen de la economía que pueden ser preocupantes. En el Gobierno saben mejor que nadie que la desestabilización no figura en la agenda de la COB ni de ninguno de los sectores que está en las calles protestando y bloqueando, como lo han hecho estos mismos actores durante casi toda la historia nacional, en busca de una tajada más jugosa del Estado rentista, clientelar y prebendario. Lo que tratan de hacer los mineros y dirigentes de la COB ahora, es lo mismo que hicieron los cocaleros en su momento, al lograr la ventaja de sembrar coca en cualquier parte del territorio y en la cantidad que ellos deseen. Haber conquistado el poder fue nada más que un efecto colateral surgido de una coyuntura muy particular en la que mucho tuvo que ver el contexto internacional, factores que no gravitan ni por asomo en este momento. Los sectores que buscan convertirse en los parásitos más aventajados del Estado boliviano saben mejor que nadie, que el actual Gobierno es la mejor garantía de que eso suceda y se mantenga para siempre. Tumbarlo sería el peor error.

Temerosos y entusiastas

Algunas autoridades denuncian que los sectores en conflicto tienen afanes golpistas y hay quienes ingenuamente se entusiasman con la posible caída del MAS, no sólo porque se incrementa la ola conflictiva, sino porque hay señales que vienen de la economía que pueden ser preocupantes. En el Gobierno saben mejor que nadie que la desestabilización no figura en la agenda de la COB ni de ninguno de los sectores que está en las calles protestando y bloqueando, como lo han hecho estos mismos actores durante casi toda la historia nacional, en busca de una tajada más jugosa del Estado rentista, clientelar y prebendario. Lo que tratan de hacer los mineros y dirigentes de la COB ahora, es lo mismo que hicieron los cocaleros en su momento, al lograr la ventaja de sembrar coca en cualquier parte del territorio y en la cantidad que ellos deseen. Haber conquistado el poder fue nada más que un efecto colateral surgido de una coyuntura muy particular en la que mucho tuvo que ver el contexto internacional, factores que no gravitan ni por asomo en este momento. Los sectores que buscan convertirse en los parásitos más aventajados del Estado boliviano saben mejor que nadie, que el actual Gobierno es la mejor garantía de que eso suceda y se mantenga para siempre. Tumbarlo sería el peor error.

La hora de la demagogia

Ahora es cuando los bolivianos podemos apreciar con mayor claridad, el instante en el que se produce un hito en la destrucción de este país, por obra y gracia de la demagogia de los gobernantes que se creyeron todopoderosos, pero que en realidad no son más que ídolos con pies de barro.

Para el Gobierno fue un mero trámite burocrático conseguir el fallo del Tribunal Constitucional que autoriza la tercera postulación de Evo Morales y Álvaro García Linera y posteriormente, aprobar una ley en el Congreso sin la necesidad de los dos tercios, porque a alguien se le ocurrió que así debía ser. El problema se produce ahora, cuando debe negociar con los movimientos sociales y otros sectores de la ciudadanía la cuota que les corresponde para seguir apuntalando un régimen basado en la demagogia y la prebenda.

Los primeros en ser atendidos son los uniformados, los que son capaces de tomar las armas para defender al Gobierno, pero que también pueden empuñarlas para rebelarse. De la misma forma cómo ocurrió en el 2001, cuando Hugo Banzer autorizó una jubilación del 100 por ciento para los militares, la administración actual está por otorgarles el mismo beneficio a los policías. Otro sector ha sido el de los ancianos, los más pobres entre los pobres, el 85 por ciento de los cuales no goza ni de un centavo de jubilación y a quienes se puede contentar con 50 bolivianos...¡a nada! Lo mismo hizo Gonzalo Sánchez de Lozada y lo han hecho todos, pues la estrategia es repartir migajas en lugar de iniciar de una vez por todas políticas públicas que conduzcan a un sistema de bienestar social sostenible.

Los mineros, los mismos que hace seis años consiguieron que el Estado les entregue un botín de la envergadura de Huanuni y que han llevado a la quiebra, están peleando por el mismo privilegio de militares y policías. Los cooperativistas, a quienes se les perdona los impuestos y se les permite que saqueen los socavones e invadan predios privados, también están muy cerca de conseguir su tajada y lo propio harán quienes ahora salen a las calles a enfrentarse con los sectores en huelga, como ocurrió con los dirigentes de la confederación de campesinos, que se adjudicaron el manejo de fondos millonarios a cambio de apoyar el fracasado “Gasolinazo”.

Este tipo de manejo político han sido una constante en el país y cada vez que se produce un “acuerdo”, pierde la ley, se posterga la democracia y se aniquila la posibilidad de construir un Estado de Derecho, como la vez que se negoció el cato de coca, en franca violación a la Ley 1008 y abriendo las puertas al libertinaje en la producción de la “hoja sagrada” su principal derivado, la cocaína. Ese fue el hito en el que se inició la construcción del Estado Cocalero antesala de un Estado Narco al que estamos destinados, si es que no se frena la hiperproducción de coca. Durante siete años no ha habido gobierno para incrementar el número de aportantes al sistema jubilatorio, para edificar la potencia minera que debería ser Bolivia junto con Perú y Chile, para mejorar la calidad de vida de los ancianos con políticas estructurales, en fin, para construir un Estado serio y responsable. Lamentablemente el Gobierno aparece sólo cuando hay que solucionar los conflictos con demagogia y de esa manera consolidar la destrucción estatal, del país y de la democracia.

lunes, 6 de mayo de 2013

Responsabilidad y competitividad


Al ingresar en un aula un profesor preguntó “¿quién es el más responsable de todos aquí?” En el fondo se paró un chico con apariencia descuidada y dijo muy seguro: “yo soy el más responsable”. “¿Y cómo lo sabes?”, replicó el maestro. “Porque cada vez que ocurre algo malo, todos dicen que yo soy el responsable”.
Además de asociar la “responsabilidad” como sinónimo de “culpabilidad”, solemos relacionar este valor con una virtud. Por lo general una persona responsable es aquella que reflexiona y valora las consecuencias de sus actos antes de hacer cualquier cosa. Responsable también es el cumplido, el puntual, pero también el que se hace cargo de las obligaciones de los demás y que trabaja mientras los otros duermen.
El concepto moderno de responsabilidad  es una combinación de ambos sentidos. Un responsable no es alguien perfecto e intachable, sino que, como todos, puede equivocarse, desviar el rumbo y cometer errores. La diferencia está en la “respuesta” posterior a esa situación errada.
En otras palabras, “responsable” es aquel que capaz de aprender y aplicar ese aprendizaje a la vida con el objetivo de crecer y corregir sus errores. Eso más que en responsables nos convierte en “competentes”, que no tiene nada que ver con los neuróticos que hacen carrera y se miden con todos hasta en lo que comen y lo que acumulan.
Competitividad es la capacidad de una persona o una organización (un Estado por ejemplo) de ofrecer las respuestas idóneas para cambiar una realidad negativa para el individuo y la colectividad.

Democracia gorila

Hugo Chávez nunca hubiera imaginado que su sucesor, Nicolás Maduro, hablaría más fuerte que él, en un tono mucho más amenazante y que sus acostumbrados insultos fueran superados por su pupilo, quien acaba de inaugurar un nuevo estilo de democracia, más propia de una comunidad de gorilas.

Luego de su cuestionado triunfo en las elecciones generales Nicolás Maduro ha abierto las tranqueras a un nuevo modelo de manejo del país que ni siquiera Chávez se hubiera atrevido a encarar y que amenaza con degenerar en violencia.

Lo ocurrido días después de los comicios, con la brutal represión de las manifestaciones de la oposición exigiendo el recuento de los votos y posteriormente, el salvaje ataque a los diputados opositores hablan perfectamente del estado de descomposición de un régimen que tiende a desmoronarse mucho antes de lo previsto. El colmo de los nuevos “chavistas-maduristas”, ha sido ufanarse públicamente de lo buenos que son para los puñetes y las patadas y solo faltó que se golpeen el pecho con ambas manos en señal de triunfo.

No cabe duda que Maduro está aplicando los métodos que le han sugerido los asesores cubanos, entre ellos Fidel Castro, con quien mantuvo una prolongada reunión y al que le ha prometido mantener activo el chorro de petróleo que le da respiración boca a boca a la agonizante revolución. Pero ni Venezuela es Cuba y Maduro está muy lejos de ser Chávez, el único que podría haber capeado una situación tan delicada, como efectivamente lo hizo en distintas ocasiones en las que tuvo que apelar al fraude o devolver con palo más de una derrota sufrida en las urnas.

La comunidad internacional ha advertido ya la amenaza que se yergue sobre Venezuela, donde la extrema polarización que se mantuvo durante los 14 años de gobierno de Hugo Chávez puede llegar a agravarse con consecuencias nefastas para la estabilidad del país caribeño. A los pronunciamientos de la OEA y varias naciones amigas, se sumó el ofrecimiento de mediación que hizo el Gobierno de España, el mismo que fue respondido con una actitud soez pocas veces vista en el contexto de las relaciones internacionales.

Queda claro que en una situación de crisis como la que vive Venezuela, que obviamente se va a extender en todos los países del bloque bolivariano, la única salida que les queda a los regímenes autoritarios es aumentar la dosis de fuerza y recurrir a métodos aún más duros, cosa que para Maduro significará un costo muy alto que tal vez no esté en condiciones de afrontar.

Como buen sindicalista que es, Maduro tenía fama de negociador y se esperaba de él un gesto de mayor apertura. Eso debía producirse en tanto consiga un resultado mucho más decente que el obtenido el pasado 14 de abril, el mismo que ha precipitado un escenario sumamente complicado

En el plano internacional, la debilidad de Maduro y la toma de distancia de Rafael Correa, que parece buscar una senda propia dentro del neopopulismo, exigen la urgente irrupción de un nuevo líder que sea capaz de llenar el vacío de Chávez. En ese sentido, no son casuales las últimas arremetidas producidas en Bolivia, donde la fórmula para sobresalir parece ser estrellarse contra los curas y echar a patadas a USAID.

viernes, 3 de mayo de 2013

Democracia en peligro

Ha quedado demostrado que los juegos de palabras y las interpretaciones amañadas son mucho más importantes que la democracia y las leyes en Bolivia y eso explica por qué el Tribunal Constitucional ha fallado en contra del principio de la alternancia en el ejercicio del poder, clave en el modelo representativo aún está vigente en el país, al menos hasta que alguien decida declarar oficialmente que hemos pasado a un régimen dictatorial, algo que no parece estar lejos de producirse.  

Finalmente, el Tribunal Constitucional ha seguido el mismo paradigma del oficialismo, para el que importa más el tamiz político que las normas y la Constitución y para el que toda “estrategia envolvente” y cualquier trampa que se pueda aplicar es válida para justificar la impostura.  

Desde el punto de vista jurídico, aceptar una tercera postulación presidencial y del vicepresidente, contraviniendo las reglas previamente establecidas, constituye uno de los más grandes retrocesos en el proceso de la construcción democrática que empezó en 1982 y podría abrir un nuevo periodo de inestabilidad de graves consecuencias para el país. Nadie menosprecia el apoyo popular que Evo Morales haya acumulado y que sea capaz de mantener en un futuro, pero no hay duda que optar por el caudillismo en lugar de fortalecer las bases legales e institucionales de Bolivia, no hace más que postergar la construcción de un Estado, misión que ha estado vigente desde 1825 en este territorio.  

Esta decisión no deja de socavar también las propias bases que el Estado Plurinacional pretendía llevar adelante a través de un concepto muy abarcativo del “cambio” que involucraba por supuesto, el manejo de la Justicia. Acaba de confirmarse que todo lo realizado hasta ahora, incluyendo algunas recientes pantomimas de integridad  del Tribunal Constitucional, no ha sido más que una estratagema dirigida milimétricamente a consolidar una autocracia que tiende a convertirse en la más longeva de la historia de Bolivia.  

El ejercicio de un tercer mandato consecutivo es algo inédito en Bolivia y solamente se explica por el afianzamiento de un sistema caudillista apuntalado a su vez por una crisis política preexistente, que tuvo como caldo de cultivo el arribo de periodo de bonanza rentista que ha impulsado una repartida descomunal, que pone al país a la cabeza de las naciones que más despilfarran en subsidios innecesarios, pero imprescindibles en un esquema populista.

La consolidación de un sistema de corte autoritario y personalista que enfatiza en el monopolio del poder y de la administración de los recursos económicos, está permitiendo que todo este “verano” de buenos precios, histórico para el país, se convierta nada más que el deleite pasajero de algunos grupos y de los mismos sectores que enfrentan con preparación el auge de buenos ingresos. El problema es que no se están atacando las estructuras que fundamentan la pobreza y el atraso y estamos muy lejos construir un modelo productivo sostenible que le asegure a Bolivia el despegue que están consiguiendo con mucho éxito nuestros vecinos. 

Lamentablemente todos estos problemas, a los que deben sumarse los abusos de poder, la corrupción y la deficiente administración, tienden a agravarse en la medida que se extiende y se ratifica la vigencia del poder en tan pocas manos.