jueves, 24 de mayo de 2012

En boca de un general

Ayer eran los coroneles y ahora son los generales los que ponen en
vilo al Gobierno. Desde Estados Unidos, donde cumple una condena de 14
años por narcotráfico, el general René Sanabria, ex zar antidrogas de
Bolivia y quien fuera responsable de inteligencia del Ministerio de
Gobierno, ha enviado una carta en la que le pide a las autoridades
bolivianas identificar a los funcionarios públicos implicados en el
narcotráfico, más concretamente a los que fueron sus cómplices o los
que hicieron la vista gorda cuando él se dedicaba a exportar cocaína
al por mayor, trabajo en el que fue sorprendido por la DEA y la
Policía de Chile en un operativo secreto que ni siquiera fue
comunicado a los agentes bolivianos. El principal aludido ha sido el
ex ministro de Gobierno Sacha Llorentty, quien ha calificado como una
patraña el comentario de Sanabria. El otro general que amenaza con
hablar es el recientemente destituido comandante general de la
Policía, Jorge Santiesteban. Advirtió con revelar todas las
implicaciones del caso de corrupción que rodea a la Unipol, en el que
también estarían implicados algunos jerarcas de la administración
gubernamental. En las calles ya se oye el coro: “que hablen, que
hablen…”.

Santa Cruz: futuro y amenazas

El departamento de Santa Cruz pronto tendrá cuatro millones de
habitantes. Sigue siendo la tierra de las oportunidades, su enorme
potencial parece inagotable, tiene rienda suelta para desarrollar áreas
como el turismo, la industria y los servicios. De a poco se ha convertido
en el centro de las actividades culturales del país y el desarrollo urbano
no parece tener límites. ¿Puede echarse a perder todo esto?

Desde el punto de vista de la ciudad capital, los expertos no se
cansan de advertir que Santa Cruz va camino a la insostenibilidad y
que la explosión demográfica, la falta de previsión y de atención de
los problemas, pueden agravar el desorden, la inseguridad, el
narcotráfico y la marginalidad. Y observando a la región, la falta de
liderazgo, la ausencia de cohesión y la pérdida del rumbo de las
élites, parecen poner en peligro el sitial que el departamento está
llamado a cumplir en el país. Parece que hemos perdido la perspectiva
histórica que impide visualizar el horizonte que nos espera.

Hay eventos que deberían recordarse y lamentablemente pasan al olvido.
El 19 de mayo pasado se cumplieron 54 años de la masacre de Terebinto
que provocó la muerte de numerosos líderes cívicos de Santa Cruz que
libraban una de tantas batallas contra el centralismo, que jamás ha
dudado en derramar sangre para mantener el control del país alrededor
de la plaza Murillo.

No se trata de alimentar rencores, sino de identificar los procesos
que se han generado en Santa Cruz, que hoy luce sin rumbo, con sus
líderes sumidos en las catacumbas ya sea porque se sienten
amedrentados o porque están decididos a mantenerse en la oscuridad de
algunos grupos, como siempre lo han hecho.

A finales de los años 50 se vivió una crisis terrible en la región,
con muertos, persecución y presos políticos. Pero también fue la época
más prolífica en cuanto a liderazgo y capacidad de lucha por la
autodeterminación, un derecho al que nunca se debe renunciar. Hasta
hoy estamos disfrutando de los beneficios que consiguió esa generación
de cruceños que jamás claudicaron ante el avasallamiento y la
imposición.

Qué Santa Cruz está estancada, es una realidad que no se puede
ocultar. Lo terrible es que estamos camino a experimentar un inmenso
vacío cultural que nos puede hacer presa fácil de la funesta
neo-colonización que se está impulsando desde el Gobierno, con la
invasión cocalera y sus secuelas, la destrucción del aparato
productivo y del hábitat del oriente boliviano y la imposición de una
economía ilegal-informal que terminará por descomponer totalmente el
tejido social de la región, el que mayor cohesión social y fortaleza
institucional ha logrado en los últimos 50 años.

Mientras esto sucede, Santa Cruz se refugia en la “farandulización”.
Nos quejamos porque no hay grandes escritores y pensadores para
destacar, pero lo primero que hacemos es repartir medallitas entre los
exponentes de la trivialidad, los organizadores de concursos de
belleza y los que alimentan el empalagoso tintineo de la televisión,
cada vez más vacía y procaz. Los dueños de los grupos que manejan las
cosas en la región siguen andando en círculos, buscando cómo
eternizarse en el oficio de medrar con algo que se les ha escapado de
las manos.

Nadie puede entender que Santa Cruz no se atreva a dar ni un solo paso
con la autonomía, después de semejante lucha y que se haya rifado con
tanta facilidad este proceso que está llamado a salvar a la democracia
y a la existencia misma del Estado boliviano.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Donde manda coronel...

A la Policía Boliviana le incomoda más el irrespeto a los rangos y las estrellitas de los hombros, que la misma corrupción. Fuerte ha sido la reacción de algunos oficiales por la destitución del Comandante Nacional de la Policía, General Jorge Santiesteban y la posesión en su lugar, del Coronel Santos Maldonado, quien además de no haber alcanzado la más alta graduación en la institución verde olivo, tampoco es egresado de la polémica Academia de Policía, donde “es poniendo” para sacar el título. Quienes critican a Maldonado dicen que no tiene méritos para ejercer el cargo que le ha asignado el Gobierno, pues el egresó de la escuela de detectives. Hubo un oficial que llegó al extremo de retirarse del acto de posesión de su nuevo jefe e inmediatamente presentó su renuncia. No hay duda que el malestar tiende a aumentar, sobre todo porque los méritos que suelen ver los policías no son los mismos que observa el Gobierno a la hora de elegir a sus colaboradores. Santiesteban fue quien comandó el operativo denominado “masacre del hotel Las Américas” y Maldonado dirigió la proverbial pateadura de indígenas del 25 de septiembre de 2011 en Chaparina. Esta falta de coincidencia puede traer problemas.

martes, 22 de mayo de 2012

Retorno a la normalidad

Luego del acuerdo firmado por el Gobierno y los dirigentes de los trabajadores de Salud, los hospitales públicos comenzarán a funcionar con normalidad luego de 53 días de huelga. Miles de consultas atrasadas, más de 800 cirugías suspendidas en todo el país. Decenas de miles de dolores, dolamas y achaques se juntarán a partir de esta semana en los desvencijados centros de atención pública. Normalidad son las seis horas que médicos defendieron con uñas y dientes. Normalidad será el “no hay gasa, no hay camas, no hay jeringas ni sueros”. Normalidad serán los enfermos acostados sobre las camillas en los corredores. Normalidad serán las salas de espera malolientes con aire de desesperación y miseria, mientras médicos y enfermeras deambulan en busca de respuestas para los pacientes, palabra que no tiene nada que ver con “paciencia”, sino con “padecer”, término que se ajusta en Bolivia mejor que en ningún otro sitio. Han vuelto los médicos pero no hay comida en los hospitales, los quirófanos del San Juan de Dios funcionan a medias y la mayor parte de los equipos de diagnóstico están en ruinas. Debe ser por esa normalidad que apenas la mitad de la población acude a los hospitales.

Municipios en vías de destrucción

Todos los días el Ministerio de Hacienda informa de algún municipio cuyas cuentas han sido congeladas por algún problema de gobernabilidad. Recientemente, la entidad HS Datos, reveló que un tercio de las 337 alcaldías del país están envueltas en conflictos que prácticamente han paralizado la gestión en esos distritos, donde reinan los enfrentamientos, las pugnas políticas internas, el revanchismo entre facciones, denuncias y otras complicaciones que suelen derivar también en bloqueos, violencia y a veces muerte, como ocurrió en el municipio de Yapacaní.

Decenas de alcaldías han cambiado de mando en los últimos años por la vía de la trampa política constitucionalizada a través de la Ley Marco de Autonomías. El último caso se dio en La Guardia, donde el municipio ha pasado de “modelo nacional” a uno más del montón, donde ya comenzaron a notarse los signos de la inestabilidad, con obras paralizadas, trabajo a media fuerza y denuncias de corrupción.

En algunos municipios como el de Buena Vista, han tenido que atravesar más de un periodo de desestabilización y el accionar de las autoridades se limita prácticamente al ir y venir de la politiquería mientras que las obras, los vecinos y los problemas se mantienen a la espera. Todo esto no solo se come tiempo valioso, sino también cuantiosos recursos y el tremendo desgaste que ocasiona un descrédito de la democracia municipal. A todo esto se debe sumar el inmenso costo que significa volver a llamar a elecciones en aquellos distritos, como sucederá este año en Punata y otras comunas.

Es obvio que mientras permanezcan vigentes los artículos 144 y 145 de la Ley Marco de Autonomías no habrá paz en los municipios del país. En realidad ninguno está exento de la crisis y la inestabilidad, tal como se puede observar en la alcaldía de Santa Cruz.

La incidencia nociva de la politización, la agudización de males endémicos como el cuoteo y el contubernio entre facciones, está destruyendo lo positivo que se pudo hacer en materia de consolidación de la democracia local y la autonomía en más de 25 años El “pasanaku municipal” como bien lo llama un especialista en el tema, no es algo nuevo en el país, sin embargo, este es un problema que tiende a acentuarse, perjudicando fundamentalmente a los vecinos de las áreas rurales, donde la Alcaldía suele ser la única opción para materializar los beneficios del Estado. En teoría, los cambios introducidos en la legislación estaban destinados a mejorar el control social y fortalecer la lucha contra la corrupción, pero lamentablemente ninguno de estos aspectos han sido las causas de la inestabilidad, sino la angurria por el poder y por consolidar una hegemonía que no se consiguió en las urnas. Lo peor de todo es que ni siquiera con el dominio oficialista sobre las alcaldías se acaban los problemas ya que inmediatamente –y porque sí-, surgen las pugnas intestinas que derivan en agitación y el posterior desequilibrio.

Es obvio que todo forma parte de una estrategia destinada a desacreditar la democracia municipal con miras a fortalecer el centralismo caudillista, una forma de administración estatal retrógrada y que está muy alejada de la búsqueda de respuestas del ciudadano, especialmente de los más humildes, los que viven en las provincias y los distritos periféricos. Fortalecer los gobiernos locales es una tendencia natural del perfeccionamiento de la democracia dirigida hacia el bien común. Destruir las alcaldías es una malsana política que traerá graves consecuencias y postergaciones al país.

lunes, 21 de mayo de 2012

Aluvión de sismos

Con los sismos está pasando lo mismo que los conflictos, ambos están sobrepasando su nivel récord. Un informe del Observatorio San Calixto de La Paz, revela que cada día hay un movimiento sísmico en el país y en lo que va del 2012, ya suman más de 120 los pequeños movimientos telúricos en el territorio nacional. Afortunadamente la gran mayoría no ha sobrepasado los tres grados en la escala de Richter, lo que ha librado de daños materiales y personales a las poblaciones afectadas. El único sismo de magnitud considerable se registró el pasado 15 de mayo en el Beni, el segundo más grande en la historia del país, al alcanzar 6,7 grados. Los especialistas consideran que Bolivia está atravesando un período de liberación de energía que se inició el año pasado, gestión en la que se produjeron 222 movimientos telúricos. En los últimos meses la tierra ha temblado en Oruro, en Tarija, Santa Cruz, Cochabamba, Beni y La Paz. Si bien no hay mucho de qué preocuparse, hay que considerar que Bolivia ha sufrido terribles terremotos como el del 22 de mayo de 1998 que dejó 60 muertos y graves daños en las poblaciones de Aiquile y Totora. Expertos en distintas materias recomiendan que, así como sucede con el aluvión de conflictos, con los sismos habría que prepararse para lo peor. Nunca se sabe en este país lleno de sorpresas.

domingo, 20 de mayo de 2012

La amenaza interna

Es difícil que un hijo respete a su padre cuando este se farrea toda la plata que supuestamente debe ser destinada para comprar alimentos, pagar la educación y cubrir los gastos de salud de la familia. Peor todavía cuando el borracho golpea a la madre y a los hijos cuando estos le reclaman por el defectuoso enfoque de las prioridades. Todos los días se escucha al Gobierno repetir que no hay plata para aumentarle a nadie, que no se puede incrementar el presupuesto de salud y educación y se vende la idea de que los bonos son “la tuti” de la lucha contra la pobreza, cuando en  conjunto no representan ni siquiera el dos por ciento del Presupuesto General de la Nación. En este contexto, la gente se entera de que Bolivia figura en una lista de los cuatro países que más gastan en armamento en América del Sur, junto con Ecuador, Colombia y Chile. Recientemente, datos oficiales de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) revelaron que estos países gastan entre el 1,4 y el 2,74 por ciento del Producto Interno Bruto en el rubro “defensa”, que en el caso boliviano, está dirigido únicamente a enfrentar las amenazas internas; es decir, a la gente que reclama y se molesta por este mundo al revés.