Mostrando entradas con la etiqueta Ecuador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecuador. Mostrar todas las entradas
jueves, 22 de agosto de 2013
Se caen los discursos
Los gobiernos populistas de América Latina se pusieron de moda y al paso que van corren el riesgo de convertirse en una anécdota debido a la inconsistencia de sus discursos. Las naciones que integran el bloque del ALBA se montaron de manera inteligente en las tendencias universales, pero al cabo de unos años se ha comprobado que era una simple pose. De esa manera, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros, se hicieron rabiosamente ecologistas, indigenistas y pacifistas y ahora no hacen más que pelar los dientes olvidando los compromisos que asumieron con la comunidad internacional, pues firmaron leyes, recibieron premios e hicieron promesas para ayudar a cambiar el mundo. Como se sabe, el tema indígena en Bolivia ha quedado en letra muerta y nadie descarta que cualquier momento se borre de las normas y la Constitución cualquier vestigio originario que estorbe. Hace unos meses, el Gobierno les ofreció a las petroleras transnacionales todos los parques y reservas naturales del país para que ingresen a explorar y explotar los hidrocarburos y lo mismo acaba de hacer el presidente ecuatoriano Rafael Correa con la reserva amazónica de Yasuní. Ante las críticas, el mandatario se ha estrellado contra los medios escritos a los que amenaza con erradicar con fines ecologistas y afirma sin tapujos que todo el discurso mundial de la ecología es una mera hipocresía.
martes, 23 de julio de 2013
Competencia en el ALBA
Casi al mismo tiempo en que el presidente Morales se reúne con el líder ecuatoriano, Rafael Correa, el mandatario venezolano hace lo propio con su colega de Colombia, Juan Manuel Santos, con quien trata de recomponer las relaciones bilaterales, deterioradas durante los últimos años, desde que se comprobaron los vínculos entre la revolución bolivariana comandada por Hugo Chávez y las narcoguerrillas de las FARC. La reunión entre Santos y Maduro se produce justo cuando el gobierno colombiano termina de doblarles el brazo a los rebeldes, a quienes está encaminando por la ruta de la concertación. Durante los últimos meses, especialmente desde que falleció Chávez, ha habido una suerte de lucha entre los presidentes del bloque del ALBA por ver quién asume el liderazgo del grupo. Mientras que unos intentan radicalizar el discurso para buscar cómo mantener la cohesión, otros no dejan de sorprender con sus posiciones más bien conciliadoras. Maduro es justamente la nueva expresión de la mesura e incluso de la toma de distancia con elementos claves como Cuba. Recientemente el presidente venezolano hizo referencia a una suerte de “descubanización” de su régimen. Es difícil imaginar la supervivencia del bloque populista sin el liderazgo de Venezuela, que maneja la chequera. Y aunque Ecuador y Bolivia intenten buscar la conducción, no hay duda que van a tener que seguir los pasos venezolanos.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Revoluciones sin futuro
Se vuelve cada vez más patética la forma cómo el régimen venezolano utiliza la figura de Hugo Chávez para mantener viva la existencia cada vez más misteriosa del líder de la revolución bolivariana. Está muy cerca de alcanzar lo que hace la dictadura comunista con el veterano Fidel Castro, donde el peso simbólico del comandante se ha convertido en algo así como un amuleto folklórico que funciona por inercia y, por supuesto, por obra de un aparato represivo muy bien aceitado que ha convertido a la isla en un estado carcelario.
A la insulsa fotografía mal retocada por los diseñadores cubanos, se ha sumado el retorno a hurtadillas del presidente Chávez a Caracas, quien comunicó por Twitter de su llegada, en lugar de haber convocado a las multitudes a aclamar su recuperación, como aseguran los comunicados oficiales. Llegar de sorpresa y de madrugada es la mejor manera de confirmar todas las sospechas que indican que Chávez está imposibilitado para gobernar, aunque desde el Gobierno insistan en que lo han visto caminando y que estén preparando vaya saber qué espectáculo para que juramente al cargo, de tal manera que el mandato de Nicolás Maduro quede legitimado.
Y aquí no se trata de discutir si Chávez está vivo, agonizante o totalmente recuperado sino de lamentar la situación en la que se encuentra todo el pueblo venezolano ante el ocaso de un caudillo que podría significar el retorno a la inestabilidad política, algo que a los propios herederos del régimen les provoca pánico, de otra manera no estuvieran organizando esas funciones circenses alrededor de un moribundo.
En Ecuador acaba de ganar de manera contundente y por tercera vez el presidente Rafael Correa, quien ha asegurado un nuevo mandato hasta el 2017. Seguramente son cinco años más de estabilidad para un país que casi iguala la marca boliviana en cambios, golpes y derrocamientos y que podría volver a la misma historia de tropiezos tras el ocaso de una “revolución” que no ha encontrado a los herederos adecuados y tampoco a los que sean capaces de imponer alguna alternativa que marque la evolución de la sociedad políticamente organizada.
Ninguno de los procesos políticos que se hacen llamar revolucionarios, pero que en todo caso son regímenes populistas de alto contenido autoritario, ha conseguido renovar su liderazgo, ni siquiera la Revolución cubana que lleva más de 50 años con las mismas caras encaramadas en una bestia que ha perdido todas sus formas. Y por más que en Venezuela, en Ecuador o en Bolivia le busquen mil torceduras a las leyes para conseguir la reelección indefinida, como ya lo está haciendo el MAS en estos días para conseguir cinco otros cinco años el 2014, “nadie es eterno”. Lo acaba de decir el presidente Evo Morales, quien ha denunciado con esta frase su temor a que el “proceso de cambio” se desmorone por completo por la falta de nuevos líderes.
El saldo que le queda al ciudadano es lamentable. Se trata de largos periodos de involución democrática, de afianzamiento de lacras como la corrupción, la injusticia y el autoritarismo y por supuesto, tiempo perdido en el combate a la pobreza, en avanzar en la educación y el fortalecimiento económico, puntos en los que sí han crecido países que en lugar de la revolución han optado por la alternancia, la institucionalidad y el pluralismo, como ha sucedido en Brasil, en Perú y en Chile. Ganar cinco años para un populista como Morales o Correa es nada para la larga historia de inestabilidad ecuatoriana, pero es mucho lujo para países que necesitan aprovechar cada minuto de su presente y su futuro.
A la insulsa fotografía mal retocada por los diseñadores cubanos, se ha sumado el retorno a hurtadillas del presidente Chávez a Caracas, quien comunicó por Twitter de su llegada, en lugar de haber convocado a las multitudes a aclamar su recuperación, como aseguran los comunicados oficiales. Llegar de sorpresa y de madrugada es la mejor manera de confirmar todas las sospechas que indican que Chávez está imposibilitado para gobernar, aunque desde el Gobierno insistan en que lo han visto caminando y que estén preparando vaya saber qué espectáculo para que juramente al cargo, de tal manera que el mandato de Nicolás Maduro quede legitimado.
Y aquí no se trata de discutir si Chávez está vivo, agonizante o totalmente recuperado sino de lamentar la situación en la que se encuentra todo el pueblo venezolano ante el ocaso de un caudillo que podría significar el retorno a la inestabilidad política, algo que a los propios herederos del régimen les provoca pánico, de otra manera no estuvieran organizando esas funciones circenses alrededor de un moribundo.
En Ecuador acaba de ganar de manera contundente y por tercera vez el presidente Rafael Correa, quien ha asegurado un nuevo mandato hasta el 2017. Seguramente son cinco años más de estabilidad para un país que casi iguala la marca boliviana en cambios, golpes y derrocamientos y que podría volver a la misma historia de tropiezos tras el ocaso de una “revolución” que no ha encontrado a los herederos adecuados y tampoco a los que sean capaces de imponer alguna alternativa que marque la evolución de la sociedad políticamente organizada.
Ninguno de los procesos políticos que se hacen llamar revolucionarios, pero que en todo caso son regímenes populistas de alto contenido autoritario, ha conseguido renovar su liderazgo, ni siquiera la Revolución cubana que lleva más de 50 años con las mismas caras encaramadas en una bestia que ha perdido todas sus formas. Y por más que en Venezuela, en Ecuador o en Bolivia le busquen mil torceduras a las leyes para conseguir la reelección indefinida, como ya lo está haciendo el MAS en estos días para conseguir cinco otros cinco años el 2014, “nadie es eterno”. Lo acaba de decir el presidente Evo Morales, quien ha denunciado con esta frase su temor a que el “proceso de cambio” se desmorone por completo por la falta de nuevos líderes.
El saldo que le queda al ciudadano es lamentable. Se trata de largos periodos de involución democrática, de afianzamiento de lacras como la corrupción, la injusticia y el autoritarismo y por supuesto, tiempo perdido en el combate a la pobreza, en avanzar en la educación y el fortalecimiento económico, puntos en los que sí han crecido países que en lugar de la revolución han optado por la alternancia, la institucionalidad y el pluralismo, como ha sucedido en Brasil, en Perú y en Chile. Ganar cinco años para un populista como Morales o Correa es nada para la larga historia de inestabilidad ecuatoriana, pero es mucho lujo para países que necesitan aprovechar cada minuto de su presente y su futuro.
martes, 28 de agosto de 2012
Líderes en apuros
El presidente venezolano Hugo Chávez hacía todo el fin de semana por llegar lo más cerca posible a las inmensas llamaradas que consumían los depósitos de combustible de la refinería de Amuay, la mayor del país y donde murieron más de 40 personas el sábado por la madrugada. El hombre estaba desesperado por hacer algo y que lo registren las cámaras y solo los ruegos de sus colaboradores impidieron que el líder bolivariano adopte una actitud que rayaba en el suicidio.
No era para menos. Días antes, los obreros de una metalúrgica lo habían abucheado en el estado de Bolívar, tras acusarlo de causar el colapso de las industrias del hierro, acero, carbón, aluminio y la electricidad. Hoy, el mandatario tiene que enfrentar las duras críticas por la explosión, que a juzgar por los opositores y por los propios obreros, tiene que ver con el descuido, la mala gestión, la falta de seguridad y la caída de la competitividad de la empresa que aporta con más del 90 por ciento de los ingresos del país y que ha servido para costear el monstruoso proyecto expansionista de Chávez en América Latina, mientras la mayor parte de la población se mantiene sumida en la pobreza y las amenazas de la criminalidad.
La dudosa enfermedad y su milagrosa recuperación no le han servido a Hugo Chávez para salir del pozo en el que cayó su gestión y que le ha dado varios reveses electorales en los últimos cinco años. Las encuestas previas a las elecciones del próximo 7 de octubre ofrecen un panorama nada alentador para el oficialista, mientras que la figura del candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, avanza como una aplanadora con una fuerte tendencia a conseguir una victoria.
Hace una semana, antes de la tragedia de Amuay, el exmilitar golpista por primera vez hacía un reconocimiento implícito de las posibilidades de una derrota en las urnas, al pronosticar que si gana su adversario habrá una guerra civil en Venezuela. El verdadero riesgo ahora es que la tragedia de PDVSA desate un malestar tan grande en la ciudadanía, que la rebelión podría producirse en contra de Chávez si es que se resistiera a admitir el designio de las urnas, como lo ha hecho en varias ocasiones.
Otro líder latinoamericano que está contra las cuerdas es Lula da Silva, quien acaba de confirmar que no será candidato para las elecciones 2014, espacio que ha decidido cederle a su sucesora Dilma Rousseff, quien, sin mucha pompa ni discurso, está llevando adelante una gestión mucho más prolija que su mentor. Lo que más ha pesado en su decisión, sin embargo, ha sido el famoso escándalo del “Mensalao” que ha derivado en lo que denominan en Brasil como “el juicio del siglo” y que amenaza con salpicar al expresidente. El caso tiene que ver con una gigantesca red de sobornos que se creó durante el mandato de Lula, cuya imagen se va ensombreciendo a medida que se descubren hechos de corrupción que, como sabemos, han pasado nuestras fronteras y pretenden atravesar el Tipnis.
Ante esta situación, no cabe duda que la gavilla populista de América Latina se está quedando sin sus tutores. Eso explica, en parte, el ascenso de la figura del ecuatoriano Rafael Correa, a quien el conflicto por el australiano Julian Assange le vino de perilla para desplegar por todo el planeta sus dotes histriónicos, algo que no puede pasar de la simple pose, ya que carece de la talla y los dólares de Lula y Chávez. Mientras tanto, en Bolivia ya comienzan a notarse las consecuencias de cierto estado de orfandad.
No era para menos. Días antes, los obreros de una metalúrgica lo habían abucheado en el estado de Bolívar, tras acusarlo de causar el colapso de las industrias del hierro, acero, carbón, aluminio y la electricidad. Hoy, el mandatario tiene que enfrentar las duras críticas por la explosión, que a juzgar por los opositores y por los propios obreros, tiene que ver con el descuido, la mala gestión, la falta de seguridad y la caída de la competitividad de la empresa que aporta con más del 90 por ciento de los ingresos del país y que ha servido para costear el monstruoso proyecto expansionista de Chávez en América Latina, mientras la mayor parte de la población se mantiene sumida en la pobreza y las amenazas de la criminalidad.
La dudosa enfermedad y su milagrosa recuperación no le han servido a Hugo Chávez para salir del pozo en el que cayó su gestión y que le ha dado varios reveses electorales en los últimos cinco años. Las encuestas previas a las elecciones del próximo 7 de octubre ofrecen un panorama nada alentador para el oficialista, mientras que la figura del candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, avanza como una aplanadora con una fuerte tendencia a conseguir una victoria.
Hace una semana, antes de la tragedia de Amuay, el exmilitar golpista por primera vez hacía un reconocimiento implícito de las posibilidades de una derrota en las urnas, al pronosticar que si gana su adversario habrá una guerra civil en Venezuela. El verdadero riesgo ahora es que la tragedia de PDVSA desate un malestar tan grande en la ciudadanía, que la rebelión podría producirse en contra de Chávez si es que se resistiera a admitir el designio de las urnas, como lo ha hecho en varias ocasiones.
Otro líder latinoamericano que está contra las cuerdas es Lula da Silva, quien acaba de confirmar que no será candidato para las elecciones 2014, espacio que ha decidido cederle a su sucesora Dilma Rousseff, quien, sin mucha pompa ni discurso, está llevando adelante una gestión mucho más prolija que su mentor. Lo que más ha pesado en su decisión, sin embargo, ha sido el famoso escándalo del “Mensalao” que ha derivado en lo que denominan en Brasil como “el juicio del siglo” y que amenaza con salpicar al expresidente. El caso tiene que ver con una gigantesca red de sobornos que se creó durante el mandato de Lula, cuya imagen se va ensombreciendo a medida que se descubren hechos de corrupción que, como sabemos, han pasado nuestras fronteras y pretenden atravesar el Tipnis.
Ante esta situación, no cabe duda que la gavilla populista de América Latina se está quedando sin sus tutores. Eso explica, en parte, el ascenso de la figura del ecuatoriano Rafael Correa, a quien el conflicto por el australiano Julian Assange le vino de perilla para desplegar por todo el planeta sus dotes histriónicos, algo que no puede pasar de la simple pose, ya que carece de la talla y los dólares de Lula y Chávez. Mientras tanto, en Bolivia ya comienzan a notarse las consecuencias de cierto estado de orfandad.
domingo, 26 de agosto de 2012
Prensa: la estrategia ecuatoriana
Cuando en el mes de junio el presidente ecuatoriano, Rafael Correa,
cobró un insólito y grotesco protagonismo en la 42 Asamblea de la OEA
celebrada en Cochabamba, comenzaron a circular versiones sobre las
implicancias que tendría para nuestro país ese acercamiento. Llegó
incluso a afirmarse que el líder guayaquileño estaba cubriendo en cierta
forma el vacío dejado por el venezolano Hugo Chávez, cuya enfermedad y
los avatares de la campaña para conseguir su tercera reelección le
impiden mantener una presencia activa como la que solía ejercer en
Bolivia, sin duda alguna la nación más influenciada por su proyecto
ideológico expansionista.
El modelo boliviano es una puesta en escena de todas las directrices ejecutadas desde el eje Caracas-La Habana y todo indica que la impronta ecuatoriana comienza también a aplicarse en Bolivia, en lo que respecta, sobre todo, al modo cómo el régimen de Correa ha conseguido acorralar a la prensa independiente de su país.
Desde el 2006, el Gobierno de Correa ha llevado adelante una guerra indisimulada contra los medios de comunicación privados, a los que ha sometido a normas draconianas, mediante las cuales ha conseguido clausurar radios y televisoras, revertir sus concesiones y licencias y en algunos casos nacionalizar sus activos con el fin de construir un conglomerado mediático servil a sus intereses.
Correa aplicó el mismo libreto chavista, replicado en todos los países bajo la influencia de Hugo Chávez, aunque, es correcto reconocerlo, en el caso del ataque a la libertad de expresión y el pluralismo informativo, el pupilo ecuatoriano, con su toque personal y su verborragia beligerante, ha logrado superar al maestro, al punto que hoy, su estrategia comienza a ser imitada en Argentina y, por desgracia, también en Bolivia.
La táctica de Correa consiste en inundar de juicios a los medios independientes. Casi no hay órgano de prensa privado en Ecuador que no esté sometido a la persecución judicial ejercida desde el Gobierno con el concurso oportuno de tribunales sometidos a los designios de la política hegemónica. El régimen ecuatoriano ha llegado al extremo de aplicar una sanción pecuniaria de diez millones de dólares contra el diario El Universo, de Guayaquil, en castigo por una columna de opinión que tuvo la osadía de criticarlo. Los periodistas ecuatorianos, al igual que los líderes políticos de la oposición, viven hoy días aciagos, abarrotados de juicios y amenazas, sometidos al temor y la autocensura, situación que ha obligado a muchos a abandonar el país, mientras que el autoritarismo reinante, manda a investigar, insulta y persigue incluso a los ciudadanos que se expresan libremente en las redes sociales.
Es obvio que la más reciente arremetida del Gobierno de Evo Morales contra los medios privados de Bolivia es un calco de las armas que está usando Correa en Ecuador. Soquetear de juicios a los periodistas y a los diarios parece ser el nuevo sendero de la persecución que se ha estado ejecutando en el país contra otros sectores que ejercen la libertad de disentir y propalar sus ideas. Esta nueva actitud, sumada a la falta de justicia y el sometimiento de los tribunales al régimen gobernante son, sin lugar a dudas, la carta de garantía para el ejercicio de una dictadura que busca la sumisión de todos los estamentos de la sociedad y la construcción de una autocracia que trata de imponer un monopolio de la comunicación en el país.
El modelo boliviano es una puesta en escena de todas las directrices ejecutadas desde el eje Caracas-La Habana y todo indica que la impronta ecuatoriana comienza también a aplicarse en Bolivia, en lo que respecta, sobre todo, al modo cómo el régimen de Correa ha conseguido acorralar a la prensa independiente de su país.
Desde el 2006, el Gobierno de Correa ha llevado adelante una guerra indisimulada contra los medios de comunicación privados, a los que ha sometido a normas draconianas, mediante las cuales ha conseguido clausurar radios y televisoras, revertir sus concesiones y licencias y en algunos casos nacionalizar sus activos con el fin de construir un conglomerado mediático servil a sus intereses.
Correa aplicó el mismo libreto chavista, replicado en todos los países bajo la influencia de Hugo Chávez, aunque, es correcto reconocerlo, en el caso del ataque a la libertad de expresión y el pluralismo informativo, el pupilo ecuatoriano, con su toque personal y su verborragia beligerante, ha logrado superar al maestro, al punto que hoy, su estrategia comienza a ser imitada en Argentina y, por desgracia, también en Bolivia.
La táctica de Correa consiste en inundar de juicios a los medios independientes. Casi no hay órgano de prensa privado en Ecuador que no esté sometido a la persecución judicial ejercida desde el Gobierno con el concurso oportuno de tribunales sometidos a los designios de la política hegemónica. El régimen ecuatoriano ha llegado al extremo de aplicar una sanción pecuniaria de diez millones de dólares contra el diario El Universo, de Guayaquil, en castigo por una columna de opinión que tuvo la osadía de criticarlo. Los periodistas ecuatorianos, al igual que los líderes políticos de la oposición, viven hoy días aciagos, abarrotados de juicios y amenazas, sometidos al temor y la autocensura, situación que ha obligado a muchos a abandonar el país, mientras que el autoritarismo reinante, manda a investigar, insulta y persigue incluso a los ciudadanos que se expresan libremente en las redes sociales.
Es obvio que la más reciente arremetida del Gobierno de Evo Morales contra los medios privados de Bolivia es un calco de las armas que está usando Correa en Ecuador. Soquetear de juicios a los periodistas y a los diarios parece ser el nuevo sendero de la persecución que se ha estado ejecutando en el país contra otros sectores que ejercen la libertad de disentir y propalar sus ideas. Esta nueva actitud, sumada a la falta de justicia y el sometimiento de los tribunales al régimen gobernante son, sin lugar a dudas, la carta de garantía para el ejercicio de una dictadura que busca la sumisión de todos los estamentos de la sociedad y la construcción de una autocracia que trata de imponer un monopolio de la comunicación en el país.
domingo, 19 de agosto de 2012
Róger Pinto y Julian Assange
El australiano Julian Assange, creador del portal Wikileaks y el
senador pandino Róger Pinto tienen mucho en común. Ambos están
refugiados en embajadas de países que les han concedido asilo
diplomático y se encuentran a la espera que los países que los persiguen les
entreguen el salvoconducto que los ayude a salir del brete. Inglaterra
y Bolivia utilizan exactamente los mismos argumentos para negarse a
concederles la orden de salida. Dicen que son delincuentes comunes,
que no merecen asilo político y que deben responder ante la justicia
por crímenes comunes. El Gobierno ecuatoriano, a diferencia del
brasileño, que le ha otorgado el refugio a Pinto, se llena la boca
respaldando su determinación de asilar a Assange, con argumentos como
el respeto a los derechos humanos, la protección de la libertad de
expresión y la observancia de leyes internacionales que precisamente
el régimen de Evo Morales se niega a cumplir, pese a que públicamente
ha sido uno de los primeros en apoyar la decisión del Gobierno de
Rafael Correa. Esto que parece el más grave de los cuadros de
esquizofrenia, tiene que ver con la lógica del poder, que siempre ha
hecho y ha dicho lo que le conviene, por más que no tenga ninguna
coherencia.
senador pandino Róger Pinto tienen mucho en común. Ambos están
refugiados en embajadas de países que les han concedido asilo
diplomático y se encuentran a la espera que los países que los persiguen les
entreguen el salvoconducto que los ayude a salir del brete. Inglaterra
y Bolivia utilizan exactamente los mismos argumentos para negarse a
concederles la orden de salida. Dicen que son delincuentes comunes,
que no merecen asilo político y que deben responder ante la justicia
por crímenes comunes. El Gobierno ecuatoriano, a diferencia del
brasileño, que le ha otorgado el refugio a Pinto, se llena la boca
respaldando su determinación de asilar a Assange, con argumentos como
el respeto a los derechos humanos, la protección de la libertad de
expresión y la observancia de leyes internacionales que precisamente
el régimen de Evo Morales se niega a cumplir, pese a que públicamente
ha sido uno de los primeros en apoyar la decisión del Gobierno de
Rafael Correa. Esto que parece el más grave de los cuadros de
esquizofrenia, tiene que ver con la lógica del poder, que siempre ha
hecho y ha dicho lo que le conviene, por más que no tenga ninguna
coherencia.
viernes, 17 de agosto de 2012
Ecuador for export
El régimen del ecuatoriano Rafael Correa se ha dado un lujo irrepetible. Con el asilo político otorgado al polémico Julian Assange, responsable de filtrar millones de documentos privados a través
de su portal WikiLeaks, le ha dado un portazo en las narices a los
gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra y Suecia, que se relamían por
echarle el guante al activista australiano, quien permanece refugiado en
la Embajada de Ecuador en Londres desde el 19 de junio, tratando de
evadir su extradición. Ecuador ha intentado darle cátedra a las tres
potencias sobre lo que es un debido proceso, la protección a los
derechos humanos, el respeto a la libertad de expresión, la observancia
de las normas internacionales sobre el asilo y las leyes que vigilan por
un trato justo y humano a las personas. Uno de los primeros países en
apoyar la decisión de Rafael Correa ha sido precisamente Bolivia, país
que se niega a respetar los mismos derechos, pero que en este caso le
corresponden al senador Róger Pinto, acusado de minucias en comparación a
las denuncias que existen en contra de Assange. Quién lo diría, Ecuador
y Bolivia, dos países donde se practica la persecución política y se
arremete contra la prensa libre, tratando de ponerse de ejemplos ante el
mundo. De cualquier forma, bien por Assange.
martes, 10 de mayo de 2011
El espejo ecuatoriano
El régimen de Evo Morales debería mirar atentamente lo que acaba de ocurrir en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa sometió a referéndum varias decisiones, entre ellas, una profunda reforma de la justicia y la limitación del trabajo de los medios de comunicación.
Pese a que el mandatario ecuatoriano salió eufórico a celebrar un triunfo basado en los primeros conteos, este lunes los últimos datos hablaban de un empate técnico, lo que obviamente, le resta legitimidad a los cambios constitucionales que impulsa el gobierno, que naturalmente esperaba una aplastante victoria, gracias a mismas mañas y trampas que pretenden aplicar en Bolivia en la elección de autoridades del Órgano Judicial. Las encuestas de los últimos meses reflejan altos niveles de rechazo hacia el Gobierno de Evo Morales y es posible que se mantengan hasta septiembre, el mes fijado para los nuevos comicios. El régimen del MAS se quiere pasar de vivo con un plan cuya finalidad es meterle los dedos a la boca a la ciudadanía a la que cree desproporcionadamente tonta e ignorante. Cuidado que esas mismas proporciones, pero a la inversa, se reflejen el día de la votación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






