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lunes, 2 de diciembre de 2013
La creatividad venezolana
El Gobierno venezolano no deja de lanzar medidas insólitas para combatir la inflación. Obliga a los comerciantes a bajar sus precios hasta en un 50 por ciento lo que automáticamente se convierte en un saqueo; clausura los negocios a los que acusa de especulación y ahora impone tarifas máximas para los alquileres de locales de ventas. También se inventa incentivos para quienes se sometan a las políticas de control, pero lo que nadie entiende es cómo un régimen tan creativo para tantas “ocurrencias económicas” no tenga en cuenta que producir más es la mejor forma de combatir la escalada de precios. Pero justamente eso es lo que más ha fallado en Venezuela y los números hablan perfectamente sobre lo torpes que han sido quienes ahora pretenden tapar el sol con un dedo. En los últimos años en Venezuela ha caído un 32 por ciento la producción de autos, un 50 por ciento la fabricación de quesos, 17 por ciento el acero, 40 por ciento las autopartes, 52 por ciento el arroz, 67 por ciento las pastas de trigo, por citar algunos ejemplos. En general, la producción ha caído en un 10 por ciento en Venezuela y el colmo es que hasta el petróleo y el gas también reportan bajas. Casi todos los rubros han caído por efecto de la nacionalización, algo que no hace más que confirmar que el estatismo es una receta tan vieja como mala. En Bolivia, el Gobierno se ufana de que el Estado ha incrementado el control de la economía de un 15 a un 38 por ciento. Ya podemos anticipar los resultados.
jueves, 12 de septiembre de 2013
¿Preparados para las vacas flacas?
El Gobierno boliviano acaba de hacer la primera prueba de la maquinaria perteneciente a una de las empresas productivas nacionales creadas al amparo de la histórica bonanza económica experimentada en la última década, fruto de los excelentes precios de las materias primas de exportación. En este periodo, las arcas públicas bolivianas recibieron cinco veces más ingresos que el pasado y se calcula que en los últimos seis años la “lluvia” alcanzó los 90 mil millones de dólares.
En este periodo, el régimen aprovechó el dinero entre otras cosas, para crear numerosas compañías destinadas a recuperar el protagonismo del Estado en la economía. La empresa productora de papel del Chapare ha tenido que vencer los típicos obstáculos de los emprendimientos públicos, entre ellos la corrupción, los sobreprecios y la abultada burocracia y si desde ahora no ocurre ningún imprevisto, la planta podría estar produciendo su primera resma de papel en el 2015.
Lo lamentable es que existen pocas posibilidades de éxito, ya que la empresa está ubicada en un lugar donde no hay la materia prima disponible, la misma que deberá importarse desde un lugar muy lejano, lo que podría elevar los costos y volverla fácilmente inviable. Eso mismo pasa con una fábrica de cartón proyectada en Oruro, el ingenio de San Buenaventura en el norte de La Paz, la productora de urea en el Chapare y con otros emprendimientos como la planta separadora de líquidos de Río Grande, en las que la ausencia de planificación, la mano siempre recurrente de la corrupción y el predominio de la visión política sobre los aspectos técnicos, han ocasionado grandes gastos, sin la seguridad de que puedan mejorar la competitividad de la economía nacional o por lo menos generar empleos estables.
Es difícil calcular el monto invertido en esas empresas, pero ha quedado comprobado que son una suerte de “barril sin fondo” donde se invierte y sale muy poco o casi nada. No es difícil imaginar el futuro de esas empresas si se toma en cuenta lo que ha ocurrido con las minas nacionalizadas, especialmente con Huanuni, que ha pasado al límite de la quiebra en pleno auge de la minería. Ese absurdo tiene parangones solo en los célebres experimentos estatistas del comunismo que terminaron quebrando las economías de naciones enteras.
No vamos a analizar aquí otras formas de despilfarro en las que ha incurrido el Gobierno en los últimos años, simplemente señalamos lo que pasó en el ámbito de la productividad, que ha sufrido fuertes reveses no solo del lado del estatismo secante, sino también por los desincentivos, la inseguridad jurídica y la falta de un marco legal con menos obstáculos para la inversión.
Este debate es urgente ante el avistamiento de los negros nubarrones que se yerguen sobre las economías productoras de materias primas, que han estado beneficiándose de la bonanza de precios, producto de la demanda de China e India. En la última conferencia de la CAF, los representantes de los mismos organismos que tanto alaban el manejo económico de Bolivia, el BID, el Banco Mundial, la Cepal, el FMI, entre otros, han advertido que la época de las “vacas gordas” se acabó y ahora hay que empezar a producir en serio, a pensar en la educación, en la ciencia y en la innovación. El problema es que en Bolivia, el vicepresidente ha dicho que la fábrica de papel del Chapare será el ejemplo a seguir en la industrialización.
En este periodo, el régimen aprovechó el dinero entre otras cosas, para crear numerosas compañías destinadas a recuperar el protagonismo del Estado en la economía. La empresa productora de papel del Chapare ha tenido que vencer los típicos obstáculos de los emprendimientos públicos, entre ellos la corrupción, los sobreprecios y la abultada burocracia y si desde ahora no ocurre ningún imprevisto, la planta podría estar produciendo su primera resma de papel en el 2015.
Lo lamentable es que existen pocas posibilidades de éxito, ya que la empresa está ubicada en un lugar donde no hay la materia prima disponible, la misma que deberá importarse desde un lugar muy lejano, lo que podría elevar los costos y volverla fácilmente inviable. Eso mismo pasa con una fábrica de cartón proyectada en Oruro, el ingenio de San Buenaventura en el norte de La Paz, la productora de urea en el Chapare y con otros emprendimientos como la planta separadora de líquidos de Río Grande, en las que la ausencia de planificación, la mano siempre recurrente de la corrupción y el predominio de la visión política sobre los aspectos técnicos, han ocasionado grandes gastos, sin la seguridad de que puedan mejorar la competitividad de la economía nacional o por lo menos generar empleos estables.
Es difícil calcular el monto invertido en esas empresas, pero ha quedado comprobado que son una suerte de “barril sin fondo” donde se invierte y sale muy poco o casi nada. No es difícil imaginar el futuro de esas empresas si se toma en cuenta lo que ha ocurrido con las minas nacionalizadas, especialmente con Huanuni, que ha pasado al límite de la quiebra en pleno auge de la minería. Ese absurdo tiene parangones solo en los célebres experimentos estatistas del comunismo que terminaron quebrando las economías de naciones enteras.
No vamos a analizar aquí otras formas de despilfarro en las que ha incurrido el Gobierno en los últimos años, simplemente señalamos lo que pasó en el ámbito de la productividad, que ha sufrido fuertes reveses no solo del lado del estatismo secante, sino también por los desincentivos, la inseguridad jurídica y la falta de un marco legal con menos obstáculos para la inversión.
Este debate es urgente ante el avistamiento de los negros nubarrones que se yerguen sobre las economías productoras de materias primas, que han estado beneficiándose de la bonanza de precios, producto de la demanda de China e India. En la última conferencia de la CAF, los representantes de los mismos organismos que tanto alaban el manejo económico de Bolivia, el BID, el Banco Mundial, la Cepal, el FMI, entre otros, han advertido que la época de las “vacas gordas” se acabó y ahora hay que empezar a producir en serio, a pensar en la educación, en la ciencia y en la innovación. El problema es que en Bolivia, el vicepresidente ha dicho que la fábrica de papel del Chapare será el ejemplo a seguir en la industrialización.
lunes, 17 de junio de 2013
La propuesta de Santa Cruz
El modelo de país que propone el “Proceso de Cambio” está basado en la explotación de los recursos naturales, esquema que no ha variado desde la época colonial. Ahora se pretende destruir los parques naturales para ir por más de algo que no ha conseguido hacer cambios significativos en un país que sigue lamiendo pobreza, miseria y marginalidad. Los políticos andinocentristas suelen afirmar que la oposición, cuya base más importante está en Santa Cruz no tiene una “propuesta nacional”. Hace 80 años, Santa Cruz contribuía con el uno por ciento del PIB nacional, el uno por ciento de los impuestos y su agricultura de subsistencia apenas le permitía aportar con alimentos al resto del país. En 80 años, mientras que todos los centros mineros del país han colapsado varias veces, Santa Cruz ha pasado a aportar con el 30 por ciento del PIB, el 45 por ciento de los impuestos y el 75 por ciento de la producción de alimentos que se consumen en los nueve departamentos, especialmente en el occidente. En 80 años, mientras se producía un vaciamiento de las principales regiones mineras, Santa Cruz pasó de los 200 mil a los dos millones de habitantes, ocupando hoy el puesto número 19 de las ciudades que más crecen en el mundo. Hace falta ser ciego para no ver la propuesta que hay implícita en este fenómeno.
jueves, 6 de junio de 2013
Más del viejo modelo
Cuando el Gobierno levanta polvareda sobre algún tema, urge mirar justo para el lado opuesto, porque se puede ver con claridad qué es lo que trata de esconder. Y precisamente cuando vuelve a desatar una nueva polémica sobre el TIPNIS y las supuestas viejas intenciones de indígenas y opositores de construir la carretera Villa Tunari-San Ignacio, el Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB) lanza un comunicado en el que se observa el avance de las actividades petroleras en, al menos 22 áreas protegidas y parques nacionales del país.
El informe se ha conocido luego de que el vicepresidente García Linera expresara en un reciente encuentro internacional que el Gobierno boliviano está dispuesto a abrirle las puertas de todos los parques a las empresas transnacionales para buscar petróleo y gas, actitud que según lo confirman algunos expertos, no es nada más que un acto desesperado por evitar una hecatombe energética en Bolivia, donde la producción de los campos antiguos ha comenzado a declinar y urgentemente se requieren nuevos pozos para no fallar los contratos de exportación a Argentina y Brasil, posibilidad que sería catastrófico para la economía nacional.
Las pretensiones de expansión de las actividades hidrocarburíferas en los parques superan ampliamente la “voracidad” de los gobiernos neoliberales tantas veces denunciada por este régimen, declarado protector de la madre tierra, ecologista y salvador de los pueblos indígenas que habitan los parques. Según el CEDIB, mientras que la mayor ambición del pasado llegó a proponer que se exploren 13 millones de hectáreas de parques, el Estado Plurinacional ha fijado como meta comprometer más de 24 millones de hectáreas, es decir el 25 por ciento del territorio nacional, algo que puede ser lapidario para un país que alberga una de las diez mayores riquezas naturales del planeta.
En ese sentido, el CEDIB ha hecho una evaluación de lo que ocurrirá con los 22 parques citados cuando se consolide el ingreso de las empresas petroleras. La afectación alcanzará hasta el 90 por ciento de las reservas en algunos casos, lo que llevaría a la desaparición de la flora y fauna natural en por lo menos cinco parques, entre ellos la famosa reserva del Madidi en el norte de La Paz.
La sorpresa es mayor todavía, cuando se menciona que el Gobierno ha ido más allá de los anuncios y arengas y ya tiene un camino recorrido en la negociación con los pueblos indígenas para que otorguen el consentimiento. Obviamente, la posibilidad de la consulta previa fijada constitucionalmente como requisito básico no ha sido mencionada ni remotamente.
Más allá de que este proyecto implica un riesgo de daño severo al medio ambiente, con consecuencias duras para el cambio climático y todas sus secuelas en el tema productivo agropecuario, también desnuda que el cambio de modelo productivo no figura en los planes del Gobierno que dice llamarse revolucionario. Esta noticia confirma que Bolivia seguirá insistiendo con el esquema extractivista, depredador, monoproductor y rentista, que a su vez, tiende a eternizar la fragilidad de nuestra economía y por supuesto a mantener los abismos sociales y los tremendos índices de pobreza históricos.
El informe se ha conocido luego de que el vicepresidente García Linera expresara en un reciente encuentro internacional que el Gobierno boliviano está dispuesto a abrirle las puertas de todos los parques a las empresas transnacionales para buscar petróleo y gas, actitud que según lo confirman algunos expertos, no es nada más que un acto desesperado por evitar una hecatombe energética en Bolivia, donde la producción de los campos antiguos ha comenzado a declinar y urgentemente se requieren nuevos pozos para no fallar los contratos de exportación a Argentina y Brasil, posibilidad que sería catastrófico para la economía nacional.
Las pretensiones de expansión de las actividades hidrocarburíferas en los parques superan ampliamente la “voracidad” de los gobiernos neoliberales tantas veces denunciada por este régimen, declarado protector de la madre tierra, ecologista y salvador de los pueblos indígenas que habitan los parques. Según el CEDIB, mientras que la mayor ambición del pasado llegó a proponer que se exploren 13 millones de hectáreas de parques, el Estado Plurinacional ha fijado como meta comprometer más de 24 millones de hectáreas, es decir el 25 por ciento del territorio nacional, algo que puede ser lapidario para un país que alberga una de las diez mayores riquezas naturales del planeta.
En ese sentido, el CEDIB ha hecho una evaluación de lo que ocurrirá con los 22 parques citados cuando se consolide el ingreso de las empresas petroleras. La afectación alcanzará hasta el 90 por ciento de las reservas en algunos casos, lo que llevaría a la desaparición de la flora y fauna natural en por lo menos cinco parques, entre ellos la famosa reserva del Madidi en el norte de La Paz.
La sorpresa es mayor todavía, cuando se menciona que el Gobierno ha ido más allá de los anuncios y arengas y ya tiene un camino recorrido en la negociación con los pueblos indígenas para que otorguen el consentimiento. Obviamente, la posibilidad de la consulta previa fijada constitucionalmente como requisito básico no ha sido mencionada ni remotamente.
Más allá de que este proyecto implica un riesgo de daño severo al medio ambiente, con consecuencias duras para el cambio climático y todas sus secuelas en el tema productivo agropecuario, también desnuda que el cambio de modelo productivo no figura en los planes del Gobierno que dice llamarse revolucionario. Esta noticia confirma que Bolivia seguirá insistiendo con el esquema extractivista, depredador, monoproductor y rentista, que a su vez, tiende a eternizar la fragilidad de nuestra economía y por supuesto a mantener los abismos sociales y los tremendos índices de pobreza históricos.
martes, 25 de diciembre de 2012
Crecer no es lo mismo que engordar
Recientes anuncios sobre el crecimiento de Bolivia en el 2013, cuya tasa superará al promedio de América Latina, han provocado algarabía en el Gobierno nacional, al extremo que el ministro de Economía, Luis Arce Catacora ha expresado que nuestro país está mucho mejor que Perú, un país que ha descollado en la última década, al haberse convertido en un polo productivo que sigue los pasos de Chile y de Brasil.
Según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo dependiente de la ONU, el promedio de crecimiento en el continente será de 3,8 por ciento, mientras que el PIB de Bolivia será del 5,2 por ciento, 0,2 por ciento por encima la cifra alcanzada este año.
El crecimiento de un país siempre es bueno, aunque conviene detenerse en los detalles antes de lanzar petardos y vítores, puesto que crecer no es lo mismo que engordar. El hecho de que Bolivia supere a Brasil (4%), México (3,5%) o Chile (5%), no significa que mañana vamos a estar mejor que esos países como lo sugiere el ministro. En ese caso, Haití, cuyo crecimiento será del 6 por ciento en el 2013 podría decir lo mismo.
El ministro sabe que en una economía chica como la boliviana, un solo proyecto productivo puede afectar el comportamiento general. En el 2008, por ejemplo, Bolivia creció en un 6,15%, gracias a la implementación del megacomplejo minero de San Cristóbal, responsable de casi el 50% del PIB. En la gestión que culmina y también el año que viene, las cifras serán notoriamente afectadas gracias al incremento de un 40% de las ventas de gas a Brasil y Argentina.
En el caso de San Cristóbal y todo el auge minero que vive Bolivia, el responsable del éxito es el dinamismo de las economías asiáticas y los países emergentes que cada día alcanzan niveles más grandes de industrialización y de diversificación y de esa manera fomentan una bonanza de precios en economías primarias como la nuestra. Eso también ocurre con el gas natural, sobre todo en el caso brasileño. En lo que respecta a Argentina, solo nos queda agradecer la torpeza con la que se nacionalizó la petrolera YPF, que ha conducido a una caída en la producción interna de hidrocarburos y por lo tanto, un aumento de la demanda de gas importado de Bolivia.
Lamentablemente, en ninguno de los dos casos, ni el minero ni el hidrocarburífero,el aumento de la producción significa un incremento significativo del empleo, tampoco hay señales de industrialización y diversificación y lo que es peor, en el caso de la extracción de metales, el retorno impositivo es mínimo, lo que deja a Potosí y Oruro, los dos grandes emporios mineros en la misma pobreza de siempre. A esto hay que agregar que mientras Bolivia inyecta dinamismo con su energía a sus vecinos, las necesidades internas de gas siguen insatisfechas.
Obviamente, lo que sí da para festejar con cohetes y champagne, es la impresionante danza de dólares que vive el Estado Plurinacional, es decir el Gobierno, que no halla dónde instalar canchas de césped sintético, coliseos y plazas, las obras estrella de este régimen que busca también la manera de gastar los excedentes en obras faraónicas y elefantes blancos como museos, aviones, helicópteros y satélites, al igual que invertir en eventos simbólicos como el del Lago Titicaca o el partido de fútbol que se jugará próximamente en el estadio de Boca Juniors de Buenos Aires.
La algarabía del ministro Arce es tal que lo llevó a lanzarse a los brazos de Wall Street para adquirir una deuda innecesaria para un país está nadando en dólares. “Cuidado, también se puede morir de éxito”, decía hace algunos años el jefe del Gobierno español, Felipe González, cuando les recomendaba a sus compatriotas a ser más responsables con el dinero. Hoy en España todos recuerdan ese consejo.
Según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo dependiente de la ONU, el promedio de crecimiento en el continente será de 3,8 por ciento, mientras que el PIB de Bolivia será del 5,2 por ciento, 0,2 por ciento por encima la cifra alcanzada este año.
El crecimiento de un país siempre es bueno, aunque conviene detenerse en los detalles antes de lanzar petardos y vítores, puesto que crecer no es lo mismo que engordar. El hecho de que Bolivia supere a Brasil (4%), México (3,5%) o Chile (5%), no significa que mañana vamos a estar mejor que esos países como lo sugiere el ministro. En ese caso, Haití, cuyo crecimiento será del 6 por ciento en el 2013 podría decir lo mismo.
El ministro sabe que en una economía chica como la boliviana, un solo proyecto productivo puede afectar el comportamiento general. En el 2008, por ejemplo, Bolivia creció en un 6,15%, gracias a la implementación del megacomplejo minero de San Cristóbal, responsable de casi el 50% del PIB. En la gestión que culmina y también el año que viene, las cifras serán notoriamente afectadas gracias al incremento de un 40% de las ventas de gas a Brasil y Argentina.
En el caso de San Cristóbal y todo el auge minero que vive Bolivia, el responsable del éxito es el dinamismo de las economías asiáticas y los países emergentes que cada día alcanzan niveles más grandes de industrialización y de diversificación y de esa manera fomentan una bonanza de precios en economías primarias como la nuestra. Eso también ocurre con el gas natural, sobre todo en el caso brasileño. En lo que respecta a Argentina, solo nos queda agradecer la torpeza con la que se nacionalizó la petrolera YPF, que ha conducido a una caída en la producción interna de hidrocarburos y por lo tanto, un aumento de la demanda de gas importado de Bolivia.
Lamentablemente, en ninguno de los dos casos, ni el minero ni el hidrocarburífero,el aumento de la producción significa un incremento significativo del empleo, tampoco hay señales de industrialización y diversificación y lo que es peor, en el caso de la extracción de metales, el retorno impositivo es mínimo, lo que deja a Potosí y Oruro, los dos grandes emporios mineros en la misma pobreza de siempre. A esto hay que agregar que mientras Bolivia inyecta dinamismo con su energía a sus vecinos, las necesidades internas de gas siguen insatisfechas.
Obviamente, lo que sí da para festejar con cohetes y champagne, es la impresionante danza de dólares que vive el Estado Plurinacional, es decir el Gobierno, que no halla dónde instalar canchas de césped sintético, coliseos y plazas, las obras estrella de este régimen que busca también la manera de gastar los excedentes en obras faraónicas y elefantes blancos como museos, aviones, helicópteros y satélites, al igual que invertir en eventos simbólicos como el del Lago Titicaca o el partido de fútbol que se jugará próximamente en el estadio de Boca Juniors de Buenos Aires.
La algarabía del ministro Arce es tal que lo llevó a lanzarse a los brazos de Wall Street para adquirir una deuda innecesaria para un país está nadando en dólares. “Cuidado, también se puede morir de éxito”, decía hace algunos años el jefe del Gobierno español, Felipe González, cuando les recomendaba a sus compatriotas a ser más responsables con el dinero. Hoy en España todos recuerdan ese consejo.
lunes, 24 de septiembre de 2012
El primer paso
El departamento de Santa Cruz sigue aportando casi un tercio del Producto Bruto Interno de Bolivia pese a todas las restricciones que le ha impuesto el Gobierno central y pese también al gran “estímulo emocional” de ser tildados de flojos cuando en realidad la región produce más del 70 por ciento los alimentos que consume el resto del país. Es verdad que el aporte cruceño ha disminuido, pero casi nada en comparación con el asedio centralista que le prohíbe incluso exportar soya, pese a que el mercado interno absorbe menos del 40 por ciento del volumen total producido. Así es que no hace falta que animen a invertir más a los cruceños, porque nunca han dejado de hacerlo, ni siquiera en las circunstancias más difíciles. Hasta un ciego lo puede ver, sobre todo cuando se visita la Expocruz, la vitrina que refleja mejor que nada la audacia de los que habitan esta región. Menos mal que Santa Cruz es un lugar al que se le puede pedir más, porque es capaz de dar más. Sin embargo, hay que dar el primer paso. Es cuestión que el Estado Plurinacional le quite el freno de mano que le ha puesto al departamento. ¿Se animará?
domingo, 24 de abril de 2011
¿Y después del 21060 qué?
La pregunta parece ociosa ya que, según el Gobierno, del famoso decreto 21060 ya no queda ni la cáscara y lo único que harán el próximo primero de mayo será organizarle un entierro digno en el que, seguramente, nadie se atreverá a pronunciar un discurso de agradecimiento por los servicios prestados al país.
También es absurdo preguntarse por lo que se viene después de las exequias del 21060. Sólo hay que mirar lo que ha estado sucediendo los últimos cinco años para darnos cuenta qué nos espera a los bolivianos.
Curiosamente, los que más pidieron la derogatoria del famoso decreto neoliberal fueron los mismos dirigentes mineros pertenecientes a la COB que ahora se oponen a la nacionalización de las cuatro minas que había anunciado el Gobierno en pleno conflicto. Esos trabajadores hacen bien, pues primero que nada está su fuente de trabajo, amenazada de muerte si es que el Estado Plurinacional decide ponerle la mano encima a esas empresas que explotan metales, cuyos precios están batiendo récords todos los días en el mercado internacional.
¿Qué va a reemplazar al decreto 21060? ¿Cuál será la gran alternativa? ¿Adefesios como Emapa? ¿El control de precios y la prohibición de exportaciones que han ocasionado escasez de alimentos en un país donde siempre se habían producido excedentes para vender en el exterior?
¿Qué van a inventarse los grandes genios del Gobierno? ¿Convertirán en un paradigma lo que acaba de afirmar el ministro de Economía, Luis Arce Catacora, quien asegura que la inflación es buena para combatir el contrabando? Una vez un dictador inventó la fórmula para acabar con la pobreza. Brigadas de la muerte salían todas las noches a exterminar mendigos. Habría que probar señor ministro, todo es cuestión de creatividad.
El decreto 21060 surgió como una medida de emergencia ante circunstancias muy difíciles que vivía el país. Cuba lo está haciendo en este momento con el despido de miles de empleados públicos y la liberalización de numerosas actividades económicas que ahora van a ser atendidas por privados. Tenía razón Fidel, el viejo modelo ya no les sirve ni a ellos y menos a Bolivia, donde al finalizar el año pasado se dieron cuenta del desastre al que han estado conduciendo al país e intentaron cambiar el rumbo. De nada sirvió, el iceberg ya se les había venido encima y ahora van a tener que pagar las consecuencias. Hasta eso, todo el Gabinete ya había cambiado el discurso. Comenzaron a hablar de precios internacionales y de la necesidad de respetarlos para generar inversiones. Neoliberalismo puro.
En teoría, lo que debería hacer el Gobierno a partir del 2 de mayo es eliminar el mercado, sustentado de manera elemental en el decreto 21060. Pese a que ya hemos tenido suficientes muestras de lo que es capaz de hacer este dizque socialismo a la boliviana que practica el MAS, lo que falta del 2011 podría convertirse en un excelente laboratorio para poner a prueba las medidas que se aplicarán para reemplazar al decreto 21060, que sacó al país de la mayor hiperinflación nunca vista en Bolivia. ¿Servirán al menos para conseguir la soberanía alimentaria y evitar que la inflación se dispare otra vez? Los hechos ya demostraron que no y hasta el Presidente lo ha reconocido. ¿No sería mejor organizar dos entierros o al menos cambiar de muerto?.
domingo, 17 de abril de 2011
El 21060 ha muerto…
Habría que preguntarse quién vive ahora después de que se produzcan las exequias del famoso decreto 21060 anunciadas para el primero de mayo. ¿El socialismo del Siglo XXI? Sonaría poco creíble que el Gobierno se atreva a seguir enarbolando las banderas socialistas, después de haber defendido los precios internacionales para justificar el “gasolinazo”.
sábado, 16 de abril de 2011
Otro "yucazo" de Luchito
El “Superman” de los ministros, el nunca bien ponderado Luis Arce Catacora, acaba de hallarle un gran beneficio a la inflación. Además claro, de que hace enflaquecer como la mejor de las dietas, el ministro de las yucas, afirma que la escalada de los precios de los alimentos es muy útil para reducir el contrabando. Dice que al haber subido el azúcar de cuatro a ocho bolivianos, el maíz de 70 a 130 el quintal y el pollo de siete a 18 bolivianos, a los contrabandistas ya no les conviene acarrear estos productos a Perú o Argentina, lo que obviamente, evita las colas y la escasez. Ahí está la gran solución para que desaparezca la Aduana, la policía aduanera y los regimientos militares que se dedican a controlar las fronteras y que tanta platita nos cuestan. Que suban los precios de todo, así no tenemos que preocuparnos por los benditos contrabandistas, responsables del gasolinazo, culpables de que se haya dictado esa dichosa Ley de Fronteras que le regala un inmenso territorio a Juan Camión. Qué neoliberales ni que ocho cuartos. Ellos nunca descubrieron el gran valor que tiene la oferta y la demanda y menos todas las virtudes que envuelve esa tan denostada y calumniada “inflación”.
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