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jueves, 30 de mayo de 2013

Viva la música

En los años '80 los disturbios raciales irrumpieron con fuerza en Estados Unidos, especialmente en las ciudades de Miami y Los Ángeles. Aunque hubo algunos detonantes muy específicos como el ataque de varios policías al taxista afroamericano Rodney King, la música tuvo mucho que ver con el problema.
La cultura rockera de los blancos se negaba a aceptar las grandes manifestaciones de los negros, especialmente el rap, el hip hop, el funky y también la música disco. Aunque parezca increíble, Michael Jackson estaba vetado en el canal MTV. Los activistas que defendían los derechos civiles y que habían conseguido grandes avances en los años '60 no sabían cómo encarar este problema que amenazaba con  desbordarse y generar hechos de violencia sin precedentes.
Uno de los héroes que ayudó a "romper el muro" fue precisamente uno de los rockeros blancos más radicales, Steven Tyler, líder de la legendaria banda Aerosmith. El talentoso músico, capaz de ejecutar con maestría más de diez instrumentos, se embarcó en una aventura musical con los integrantes de un grupo de rap que comenzaba a hacer historia Run DMC y que por eso mismo generaba el rechazo del bando de los que supuestamente defendían una pureza musical que no existe, pues los orígenes del rock están en África, junto con el jazz y el blues. 
Esta iniciativa consiguió más que todas las reformas, leyes y proyectos elaborados por líderes políticos, pues no solo se logró distender la situación, sino crear una nueva cultura más integrada en la que negros y blancos se identificaban con la misma música y los mismos íconos como Michael Jackson o Madonna.

viernes, 5 de octubre de 2012

La decencia es posible

Algunos hablan de fractura, otros se refieren al nacimiento de un movimiento disidente dentro del MAS, otros se frotan las manos en señal de una supuesta victoria. Todo es a raíz de lo ocurrido ayer por la madrugada en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo no consiguió los dos tercios de votos que se necesitaban para ejecutar el castigo a la diputada opositora, Adriana Gil, a quien la Comisión de Ética de la Asamblea había sugerido suspender por tres meses por un presunto acto racista en contra del presidente Morales. El “pecado” de la parlamentaria fue decir que el primer mandatario había tenido una “actitud desleal y mentirosa” con los indígenas del Tipnis, situación que aprovechó el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas (ahora tildado de “chupamedias” por Adriana Gil) para acusarla de discriminación. Pero desde el momento en que se le impuso la sanción hubo gestos de disconformidad dentro del MAS, lo que no necesariamente es una señal de división. Solo hacía falta una pizca de decencia para impedir que se consume semejante patraña y por lo visto, hay personas dentro del enrarecido ambiente político nacional, que todavía mantienen este rarísimo principio.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Los otros “racismos”

Cualquier pleito acaba en la Ley contra el racismo. Hasta quienes se
oponían a esa norma tan polémica, suelen ponerla por delante en todos
los conflictos, tratando de estigmatizar y generar aún más
enfrentamientos y división de los que se han generado como
consecuencia de una falsa guerra racial en Bolivia. Los que ven
racismo por todos lados y pretenden usarlo como un “coco” en el país,
olvidan las otras maneras que se usan todos los días para provocar
pelea y muerte entre los bolivianos. ¿Quién enjuicia a los que han
causado la guerra entre mineros asalariados y cooperativistas y que ha
provocado ya decenas de muertos? ¿Dónde están los culpables de los que
han provocado la división de los indígenas del oriente boliviano entre
los que defienden su supervivencia y los que están dispuestos a rifar
su destino por una pega? El país todavía espera por los responsables
de las masacres producidas en Cochabamba, en Sucre, en El Porvenir, en
Huanuni y en otros lugares, donde nada tuvo que ver el racismo, pero
sí una forma perversa de gobernar sembrando la cizaña entre
bolivianos. Dentro de unos días se cumplirá un año de la represión a
la marcha indígena en la localidad de Chaparina. ¿Qué ley es capaz de
juzgar semejante impunidad?

viernes, 17 de agosto de 2012

Estado de locura

Ante la falta de respuestas coherentes y resultados concretos, la locura se impone en el Estado Plurinacional. Y precisamente cuando un alto magistrado del Tribunal Constitucional le pide al Órgano Ejecutivo cesar en su torpe intervención en la justicia, se lo acusa de estar desvariando. No le dijeron lo mismo cuando el importante hombre de leyes dijo que usaba los designios de la coca para emitir sus fallos. Está claro que el exceso de poder produce esquizofrenia, la misma que comienza a surgir a borbotones.

“Los mestizos no tienen tierra, ni cultura ni religión”. ¿Qué clase de afirmación es esa? Es tal la irracionalidad con la que se planifican asuntos tan importantes como el censo que, obviamente, explicarlas luego resulta una misión imposible y se tiene que apelar a posiciones desquiciadas, que rayan en el absurdo, en el racismo más cruel y malsano y por supuesto, en la destilación del odio y las divisiones que están incrementando el resentimiento como nunca antes en la historia del país.

“La gente del oriente pasa hambre porque es floja”. Qué manera de describir al país, qué forma de entender un problema tan grave como la desnutrición que afecta a millones de bolivianos de todas las latitudes; qué triste explicación a la ineptitud con la que ha afrontado el Gobierno la crisis alimentaria; qué miopía con la que se enfrentan los desafíos de producir más alimentos y luchar contra una escasez que el mismo régimen ha alentado por su falta de vocación productiva, su torpe intervencionismo y su falta de visión para proyectar el país.

Hablar así de toda una región no solo es discriminación, sino alentar la animadversión de unos contra otros y obviamente, profundizar los abismos y reafirmar los aberrantes estereotipos que le han causado mucho año a este país. Una tremenda locura.

La pérdida de perspectiva es ocasionada justamente porque no hay rumbo o tal vez el único que se observa está marcado por los tristes sucesos que ocurren en nuestras fronteras, como en San Matías, donde existen muchas cosas que explicar y muchas sospechas que despejar. En todo caso, la respuesta sigue detrás del tamaño demencial que ha tomado el narcotráfico en el país, que comienza a copar todas las dimensiones nacionales, todos los espacios territoriales y que se apodera de la economía, de la política y de la justicia. En este momento la Fiscalía indaga la presunta vinculación de cárteles de la droga de Colombia y México con funcionarios y personas particulares de Santa Cruz. Un dirigente empresarial ha denunciado la existencia de una loca maquinación política que busca convertir en sospechosos de narcotráfico a los cruceños, de la misma forma que se hizo con el terrorismo y el separatismo.

¿Hasta dónde puede llegar esta situación de enajenación social? La historia lamentablemente está llena de ejemplos de estados, gobiernos y procesos políticos que se dejaron llevar por la locura y terminaron en verdaderos desastres de violencia, destrucción material y moral de pueblos enteros. El autoritarismo, la falta de apego a las leyes y la justicia, la pérdida de los valores democráticos  y las enfermizas ansias de perpetuidad fueron los ingredientes de esos acontecimientos. Son los mismos que observamos a diario en el país.