lunes, 6 de mayo de 2013

Responsabilidad y competitividad


Al ingresar en un aula un profesor preguntó “¿quién es el más responsable de todos aquí?” En el fondo se paró un chico con apariencia descuidada y dijo muy seguro: “yo soy el más responsable”. “¿Y cómo lo sabes?”, replicó el maestro. “Porque cada vez que ocurre algo malo, todos dicen que yo soy el responsable”.
Además de asociar la “responsabilidad” como sinónimo de “culpabilidad”, solemos relacionar este valor con una virtud. Por lo general una persona responsable es aquella que reflexiona y valora las consecuencias de sus actos antes de hacer cualquier cosa. Responsable también es el cumplido, el puntual, pero también el que se hace cargo de las obligaciones de los demás y que trabaja mientras los otros duermen.
El concepto moderno de responsabilidad  es una combinación de ambos sentidos. Un responsable no es alguien perfecto e intachable, sino que, como todos, puede equivocarse, desviar el rumbo y cometer errores. La diferencia está en la “respuesta” posterior a esa situación errada.
En otras palabras, “responsable” es aquel que capaz de aprender y aplicar ese aprendizaje a la vida con el objetivo de crecer y corregir sus errores. Eso más que en responsables nos convierte en “competentes”, que no tiene nada que ver con los neuróticos que hacen carrera y se miden con todos hasta en lo que comen y lo que acumulan.
Competitividad es la capacidad de una persona o una organización (un Estado por ejemplo) de ofrecer las respuestas idóneas para cambiar una realidad negativa para el individuo y la colectividad.

Democracia gorila

Hugo Chávez nunca hubiera imaginado que su sucesor, Nicolás Maduro, hablaría más fuerte que él, en un tono mucho más amenazante y que sus acostumbrados insultos fueran superados por su pupilo, quien acaba de inaugurar un nuevo estilo de democracia, más propia de una comunidad de gorilas.

Luego de su cuestionado triunfo en las elecciones generales Nicolás Maduro ha abierto las tranqueras a un nuevo modelo de manejo del país que ni siquiera Chávez se hubiera atrevido a encarar y que amenaza con degenerar en violencia.

Lo ocurrido días después de los comicios, con la brutal represión de las manifestaciones de la oposición exigiendo el recuento de los votos y posteriormente, el salvaje ataque a los diputados opositores hablan perfectamente del estado de descomposición de un régimen que tiende a desmoronarse mucho antes de lo previsto. El colmo de los nuevos “chavistas-maduristas”, ha sido ufanarse públicamente de lo buenos que son para los puñetes y las patadas y solo faltó que se golpeen el pecho con ambas manos en señal de triunfo.

No cabe duda que Maduro está aplicando los métodos que le han sugerido los asesores cubanos, entre ellos Fidel Castro, con quien mantuvo una prolongada reunión y al que le ha prometido mantener activo el chorro de petróleo que le da respiración boca a boca a la agonizante revolución. Pero ni Venezuela es Cuba y Maduro está muy lejos de ser Chávez, el único que podría haber capeado una situación tan delicada, como efectivamente lo hizo en distintas ocasiones en las que tuvo que apelar al fraude o devolver con palo más de una derrota sufrida en las urnas.

La comunidad internacional ha advertido ya la amenaza que se yergue sobre Venezuela, donde la extrema polarización que se mantuvo durante los 14 años de gobierno de Hugo Chávez puede llegar a agravarse con consecuencias nefastas para la estabilidad del país caribeño. A los pronunciamientos de la OEA y varias naciones amigas, se sumó el ofrecimiento de mediación que hizo el Gobierno de España, el mismo que fue respondido con una actitud soez pocas veces vista en el contexto de las relaciones internacionales.

Queda claro que en una situación de crisis como la que vive Venezuela, que obviamente se va a extender en todos los países del bloque bolivariano, la única salida que les queda a los regímenes autoritarios es aumentar la dosis de fuerza y recurrir a métodos aún más duros, cosa que para Maduro significará un costo muy alto que tal vez no esté en condiciones de afrontar.

Como buen sindicalista que es, Maduro tenía fama de negociador y se esperaba de él un gesto de mayor apertura. Eso debía producirse en tanto consiga un resultado mucho más decente que el obtenido el pasado 14 de abril, el mismo que ha precipitado un escenario sumamente complicado

En el plano internacional, la debilidad de Maduro y la toma de distancia de Rafael Correa, que parece buscar una senda propia dentro del neopopulismo, exigen la urgente irrupción de un nuevo líder que sea capaz de llenar el vacío de Chávez. En ese sentido, no son casuales las últimas arremetidas producidas en Bolivia, donde la fórmula para sobresalir parece ser estrellarse contra los curas y echar a patadas a USAID.

viernes, 3 de mayo de 2013

Democracia en peligro

Ha quedado demostrado que los juegos de palabras y las interpretaciones amañadas son mucho más importantes que la democracia y las leyes en Bolivia y eso explica por qué el Tribunal Constitucional ha fallado en contra del principio de la alternancia en el ejercicio del poder, clave en el modelo representativo aún está vigente en el país, al menos hasta que alguien decida declarar oficialmente que hemos pasado a un régimen dictatorial, algo que no parece estar lejos de producirse.  

Finalmente, el Tribunal Constitucional ha seguido el mismo paradigma del oficialismo, para el que importa más el tamiz político que las normas y la Constitución y para el que toda “estrategia envolvente” y cualquier trampa que se pueda aplicar es válida para justificar la impostura.  

Desde el punto de vista jurídico, aceptar una tercera postulación presidencial y del vicepresidente, contraviniendo las reglas previamente establecidas, constituye uno de los más grandes retrocesos en el proceso de la construcción democrática que empezó en 1982 y podría abrir un nuevo periodo de inestabilidad de graves consecuencias para el país. Nadie menosprecia el apoyo popular que Evo Morales haya acumulado y que sea capaz de mantener en un futuro, pero no hay duda que optar por el caudillismo en lugar de fortalecer las bases legales e institucionales de Bolivia, no hace más que postergar la construcción de un Estado, misión que ha estado vigente desde 1825 en este territorio.  

Esta decisión no deja de socavar también las propias bases que el Estado Plurinacional pretendía llevar adelante a través de un concepto muy abarcativo del “cambio” que involucraba por supuesto, el manejo de la Justicia. Acaba de confirmarse que todo lo realizado hasta ahora, incluyendo algunas recientes pantomimas de integridad  del Tribunal Constitucional, no ha sido más que una estratagema dirigida milimétricamente a consolidar una autocracia que tiende a convertirse en la más longeva de la historia de Bolivia.  

El ejercicio de un tercer mandato consecutivo es algo inédito en Bolivia y solamente se explica por el afianzamiento de un sistema caudillista apuntalado a su vez por una crisis política preexistente, que tuvo como caldo de cultivo el arribo de periodo de bonanza rentista que ha impulsado una repartida descomunal, que pone al país a la cabeza de las naciones que más despilfarran en subsidios innecesarios, pero imprescindibles en un esquema populista.

La consolidación de un sistema de corte autoritario y personalista que enfatiza en el monopolio del poder y de la administración de los recursos económicos, está permitiendo que todo este “verano” de buenos precios, histórico para el país, se convierta nada más que el deleite pasajero de algunos grupos y de los mismos sectores que enfrentan con preparación el auge de buenos ingresos. El problema es que no se están atacando las estructuras que fundamentan la pobreza y el atraso y estamos muy lejos construir un modelo productivo sostenible que le asegure a Bolivia el despegue que están consiguiendo con mucho éxito nuestros vecinos. 

Lamentablemente todos estos problemas, a los que deben sumarse los abusos de poder, la corrupción y la deficiente administración, tienden a agravarse en la medida que se extiende y se ratifica la vigencia del poder en tan pocas manos.

Leer o no leer, esa es la cuestión

Muchos critican el auge de las nuevas tecnologías, que ha implicado el retroceso de los productos impresos, pero en realidad nunca se había leído tanto como ahora; nunca se había producido tanto conocimiento; nunca antes se habían editado tantos libros, la mayoría de ellos en versión electrónica que se pueden leer hasta en un teléfono celular. Hoy los ciegos pueden “leer” con mayor facilidad gracias a los audiolibros. De esta manera hasta los analfabetos pueden conocer las grandes obras de literatura y disfrutarlas como cualquier otro. Tampoco es pretexto la falta de tiempo, porque en internet circulan resúmenes o ediciones compactas de los libros que se pueden adquirir gratuitamente. Las personas que viajan mucho, que cruzan los océanos en lujosas naves con toda la tecnología a bordo, pueden matar el tiempo escuchando las obras de Shakespeare, Dumas o García Márquez y por último, los que disponen de un séquito de burócratas a su servicio, muy dispuestos a complacer al jefe, pueden ordenarle a alguien que le lea algún poema de Becquer o Neruda. En resumen, el problema actual es cómo se hace para no leer.

El discurso antiimperialista

Quién es el más beneficiado con el proceso de cambio? En teoría es el pueblo boliviano, las grandes mayorías, los indígenas y campesinos que –también en teoría-, son quienes tienen en sus manos el poder político que permite tomar decisiones importantes como la distribución de los recursos producto de la nacionalización de los recursos naturales que, solo en el caso del gas, ha reportado más de 16 mil millones de dólares en siete años, ocho veces más que en el periodo 1999-2005. Nadie exige que el país esté ocho veces mejor que en el 2005, pero al menos la diferencia debería notarse algo más que una mínima reducción de la pobreza extrema y el ascenso social de ciertos sectores, fenómeno atribuible a las actividades ilegales más que al esfuerzo productivo de la economía lícita.

Más del 80 por ciento del gas que ha extraído Bolivia desde el 2005 ha tenido como destino la exportación, sobre todo a Brasil, donde en energético es usado para echar a andar principalmente las industrias de San Pablo pertenecientes a las grandes transnacionales como Ford, Volkswagen, Procter & Gamble o Nestlé. En el caso de la minería, otra de las grandes fuentes de ingreso de nuestro país, casi toda la producción tiene como destino las fábricas de automóviles y maquinarias de China o de la India, a las que les compramos los artículos manufacturados que no se producen internamente por falta de industrias y también por falta de gas que nos impide, entre otras cosas, satisfacer la demanda de cemento.

El gas que extrae y exporta Bolivia es producto de la exploración y el trabajo de producción que hicieron las transnacionales que operaron en el país antes del 2005, pues posterior a ese año es muy poco lo que se ha descubierto. Y pese a que tanto se habla de las ventajas de la nacionalización, ha sido el capital transnacional el que ha mantenido la fuerza productiva y los mercados indispensables para generar tan abultados ingresos. En la minería, apenas un puñado de transnacionales, como la Sumitomo Corporation que controla San Cristóbal, son las que mantienen altos los volúmenes de extracción ya que el sistema cooperativo aporta con un porcentaje ínfimo.

No se trata de cuestionar aquí la inversión extranjera, que resulta indispensable para echar a andar el aparato productivo nacional, sino poner en duda la vocación nacionalista del régimen gobernante que no ha tenido la voluntad de usar los recursos y los ingresos para buscar un modelo productivo sostenible, con la capacidad de generar industrias, crear empleos, diversificar la economía y buscar la competitividad. En definitiva, el gran capital transnacional se ha fortalecido gracias a que países como Bolivia se mantienen en el camino de especializarse en la explotación de su patrimonio natural, reforzando su cualidad de país dependiente y excesivamente frágil, pues ni siquiera existe la suficiente fuerza para asegurar la soberanía alimentaria.

Es por eso que resulta cuestionable que Bolivia asuma posiciones supuestamente antiimperialistas que llevan a expulsar a USAID de nuestro territorio, cuando en realidad las grandes mayorías siguen ausentes del proceso de toma de decisiones y mucho más lejos todavía de los beneficios que reporta nuestra economía. La agencia de cooperación norteamericana invertía más de 20 millones de dólares cada año en nuestro país y lo hacía en proyectos de producción de cebolla, de mejoramiento de los camélidos, en promoción del turismo y estímulo a los cultivos de la quinua, entre otros. Desde ese punto de vista queda la duda sobre quién aporta más al desarrollo del país.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Oh, sorpresa

Han causado sorpresa las declaraciones que el gobernador Rubén Costas realizó hace unos días en el programa del periodista Carlos Valverde. La primera autoridad confesó que a pocos días de haberse producido la masacre del hotel Las Américas, algunos emisarios del gobierno se le acercaron para hacerle una interesante propuesta, consistente en cooperar con el régimen implicando a algunos líderes cruceños, entre ellos Guido Náyar y Branko Marinkovic. Hay que recordar que fue Costas uno de los primeros en denunciar que el “caso Terrorismo” no era más que un complot del oficialismo contra la región y así se lo registró desde un inicio en la prensa. La extrañeza de algunos, empezando por Náyar y también por el senador Germán Antelo es por qué el gobernador no fue más explícito aquella vez y más concretamente por qué no hizo esta denuncia a su debido tiempo. El caso Rózsa ha tenido muchos impulsores, empezando por el fiscal Marcelo Soza, cuyas actividades han quedado al descubierto al conocerse una confesión que él mismo hizo. Se ha confirmado que la red de abogados extorsionadores, algunos policías y toda una larga conexión de funcionarios del Órgano Ejecutivo y el Poder Judicial fueron claves para mantener vivo este proceso. Nadie hubiera imaginado que la nómina de los colaboracionistas hubiera sido tan grande y con nombres tan ilustres.

Guerra de consignas

A estas alturas el “caso Terrorismo” debió estar con sentencia ejecutoriada, según los cálculos que había hecho el MAS, con el objetivo de mostrar las cabezas de los “terroristas” y “separatistas” en la campaña electoral para las elecciones del 2014. Se han denunciado algunos gestos de desesperación en el oficialismo y tal como lo señala uno de los abogados de la defensa, están ofreciendo jugosas ofertas a los implicados para que se declaren culpables y se sometan a juicios abreviados, lo que significará la aplicación de penas mínimas. Pero ningún desprevenido se va a atrever a quedar como terrorista en este mundo en el que siguen ocurriendo casos como el de Boston, así que esa posibilidad queda descartada. Tras conocerse la alianza de varios gobernadores y exgobernadores, algunos voceros del MAS han calificado esta iniciativa como “la unión de los separatistas”, algo que huele a una consigna que ya estaba preparada de antemano. Es peligroso que en el Gobierno piensen en manejar la campaña de acuerdo a mensajes de este tipo, porque se arriesgan a que la oposición imponga otros lemas mucho más creíbles como “extorsionadores”, “chantajistas” y otros muchos más graves todavía.