martes, 6 de agosto de 2013
Quemazones plurinacionales
La Iglesia Católica boliviana ha rechazado la invitación del Gobierno para participar en una ceremonia interreligiosa organizada por el viceministerio de descolonización para conmemorar los 188 años de la fundación de la república de Bolivia. Entre los argumentos expresados por la curia figura el hecho de que la celebración no es una iniciativa religiosa sino política, algo que no corresponde en un Estado laico que ha dejado de ser confesional a partir de la promulgación de la nueva carta magna. Los obispos afirman estar de acuerdo con el ecumenismo, proceso que llevan adelante los líderes de las diferentes denominaciones. Desde hace siete años, el Gobierno se ha convertido en patrocinador de una serie de rituales supuestamente ancestrales, con el uso de vestimentas y utensilios de dudosos antecedentes. Es más, en la segunda posesión del presidente Morales, el “sumo sacerdote” que presidió la ceremonia de entrega del bastón de mando, Valentín Mejillones, resultó ser un narcotraficante detenido posteriormente en posesión de una factoría de droga. Los líderes católicos seguramente han evaluado este tipo de riesgos, de ahí su negativa a sumarse a las “quemazones plurinacionales”.
Bolivia, 188 años en construcción
En la ciudad de Sucre las autoridades políticas no logran ponerse de acuerdo en el proyecto de construcción de una terminal de buses. Se pelean por la ubicación, por el modelo del edificio y por el financiamiento. Lo más probable es que se construyan tres paradas, una de la Gobernación, otra de la Alcaldía Municipal y la última de los sindicatos de transportistas, que también tienen sus propias objeciones al respecto.
Algo que parece una simple anécdota digna de las páginas de curiosidades de los periódicos, es en realidad parte recurrente de la realidad de Bolivia que conviene reflexionar ahora que se cumplen 188 años de vida independiente, fecha que nos topa con las grandes interrogante sobre ¿cuántos somos? y ¿quiénes somos? preguntas que surgen nada menos que a meses de haberse ejecutado un Censo de Población y Vivienda.
Lo más patético es que hasta el 6 de agosto, la fecha más importante de nuestra historia, también ha ingresado en la nebulosa de las dudas y los cuestionamientos, pues los más recientes "reinventores" de la Patria tienen su propia fecha que resaltar y la ponen por encima, generando discordia y confusión, seguramente los aspectos más recurrentes en todo este tiempo.
Muchos de los países que nacieron a la vida independiente en el mismo período que lo hizo Bolivia, atravesaron una etapa de fundación y organización en la que no estuvieron ausentes las luchas internas, donde corrieron balas y mucha sangre. Todos ellos se tomaron su tiempo, dos o tres décadas en algunos casos, para optar por el camino unitario o federal, liberal, estatista o colectivista y al cabo de mucha refriega redactaron una constitución que sentó las bases de un país, un estado y una nación.
En Bolivia estamos por cumplir 200 años y todavía no nos ponemos de acuerdo ni siquiera en el nombre del país, aún estamos definiendo sus bases territoriales y organizativas, que si somos autonómicos o unitarios y, para colmo, en pleno siglo XXI y en pleno auge de las tecnologías de la información, venimos a descubrir una tremenda falla estadística que nos convierte de un plumazo de una nación indígena a un territorio de gran predominancia mestiza.
Qué organismo político puede requerir tanto tiempo para su maduración. Cómo es que ni siquiera en los períodos de bonanza económica tan notables como el que estamos viviendo, nuestros líderes sean incapaces de construir un modelo medianamente prometedor que nos ayude a aspirar a tener una estructura productiva que nos aleje de la amenaza de eternizarnos en la categoría de "estado fallido". Siempre nos hemos quejado de que la raíz de todos los males es la falta de recursos y por qué ahora que supuestamente "nos sobra", nos dedicamos a malgastar y a inventar a manera de perpetuar viejos males como el caudillismo, la corrupción, el autoritarismo y la falta de justicia.
Se nos dice que hemos cambiado, que esta es la última refundación, que acaba de empezar la nueva historia de Bolivia, pero solo hace falta mirar los datos del Censo para comprobar que hará falta mucho más que otros 188 años para pensar en revertir la triste historia de pobreza y miseria de nuestro país, los únicos enemigos que no se atacan como se debiera.
Algo que parece una simple anécdota digna de las páginas de curiosidades de los periódicos, es en realidad parte recurrente de la realidad de Bolivia que conviene reflexionar ahora que se cumplen 188 años de vida independiente, fecha que nos topa con las grandes interrogante sobre ¿cuántos somos? y ¿quiénes somos? preguntas que surgen nada menos que a meses de haberse ejecutado un Censo de Población y Vivienda.
Lo más patético es que hasta el 6 de agosto, la fecha más importante de nuestra historia, también ha ingresado en la nebulosa de las dudas y los cuestionamientos, pues los más recientes "reinventores" de la Patria tienen su propia fecha que resaltar y la ponen por encima, generando discordia y confusión, seguramente los aspectos más recurrentes en todo este tiempo.
Muchos de los países que nacieron a la vida independiente en el mismo período que lo hizo Bolivia, atravesaron una etapa de fundación y organización en la que no estuvieron ausentes las luchas internas, donde corrieron balas y mucha sangre. Todos ellos se tomaron su tiempo, dos o tres décadas en algunos casos, para optar por el camino unitario o federal, liberal, estatista o colectivista y al cabo de mucha refriega redactaron una constitución que sentó las bases de un país, un estado y una nación.
En Bolivia estamos por cumplir 200 años y todavía no nos ponemos de acuerdo ni siquiera en el nombre del país, aún estamos definiendo sus bases territoriales y organizativas, que si somos autonómicos o unitarios y, para colmo, en pleno siglo XXI y en pleno auge de las tecnologías de la información, venimos a descubrir una tremenda falla estadística que nos convierte de un plumazo de una nación indígena a un territorio de gran predominancia mestiza.
Qué organismo político puede requerir tanto tiempo para su maduración. Cómo es que ni siquiera en los períodos de bonanza económica tan notables como el que estamos viviendo, nuestros líderes sean incapaces de construir un modelo medianamente prometedor que nos ayude a aspirar a tener una estructura productiva que nos aleje de la amenaza de eternizarnos en la categoría de "estado fallido". Siempre nos hemos quejado de que la raíz de todos los males es la falta de recursos y por qué ahora que supuestamente "nos sobra", nos dedicamos a malgastar y a inventar a manera de perpetuar viejos males como el caudillismo, la corrupción, el autoritarismo y la falta de justicia.
Se nos dice que hemos cambiado, que esta es la última refundación, que acaba de empezar la nueva historia de Bolivia, pero solo hace falta mirar los datos del Censo para comprobar que hará falta mucho más que otros 188 años para pensar en revertir la triste historia de pobreza y miseria de nuestro país, los únicos enemigos que no se atacan como se debiera.
Verdades históricas
Sin proponérselo, el presidente Morales hizo un diagnóstico de lo sucedido con aquellos países que optaron por el socialismo, sistema que se derrumbó en 1989, con la caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética. Pese a todas las teorías que existen, muchos historiadores coinciden en que el régimen comunista comandado por Moscú se cayó por la falta de maíz y otros cereales. El esquema productivo soviético se había deteriorado al punto de amenazar con una hambruna, hecho que finalmente fue inevitable en los años posteriores, pues el cambio político y económico no alcanzó a revertir la situación. Evo Morales acaba de decir en el cierre del Foro de Sao Paulo, que la ideología no sirve cuando falla la economía y no existen la energía y los alimentos suficientes. Eso parece un análisis de lo que ocurre hoy en Cuba, de lo que pasa en Venezuela, donde falta de todo, incluyendo leche, pan y papel higiénico y de lo que podría suceder en Bolivia, donde el Gobierno no logra darle una solución definitiva al problema energético, después de haberse perfilado como una potencia gasífera.
viernes, 2 de agosto de 2013
Macondo del Siglo XXI
Los centralistas más recalcitrantes del país han cumplido un viejo sueño. Hacer desaparecer a cientos de miles de habitantes de Santa Cruz, la región más problemática a la hora de pedirle descentralización, autonomía y más democracia al andinocentrismo.
No es broma, en los años 50, en el fragor de las luchas cívicas por las regalías petroleras, uno de los líderes del MNR ofreció pasaportes gratis a los que defendían los derechos de la región y más tarde envió milicias armadas a reprimir y hacer de las suyas en la región. No era la única vez que se ejecutaba un ataque similar, como ocurrió con el cerco a Santa Cruz del 2008 y como ha sucedido con el plan de persecución que ha metido a la cárcel y ha mandado al exilio a cientos de líderes autonomistas.
Ahora, en plena era de la información y la revolución tecnológica, el régimen gobernante ha ejecutado lo que el gobernador Costas ha denominado un “genocidio estadístico” mediante el que ha dado cuenta de casi 400 mil habitantes, es decir, la diferencia entre los datos del Censo del 2012 y las proyecciones que había hecho el INE para esta fecha en Santa Cruz.
Desde otro punto de vista, en Santa Cruz existe un faltante de 121 mil personas que se perdieron desde que el Gobierno lanzó los primeros datos hace seis meses y la reciente divulgación “oficial” de los datos que ha arrojado una diferencia de más de 362 mil habitantes a nivel nacional.
Estos vergonzosos resultados del Censo confirman una vez más que en Bolivia está muy lejos de alcanzar la credibilidad como Estado encaminado a resolver los problemas de la gente y trabajar por el bien común. En el mejor de los casos, se estaría tratando de un error de procedimiento y chapucería en el manejo del Censo, algo que resulta inadmisible toda vez que se han invertido más de 50 millones de dólares en este proceso. Pero lo lamentable es que la población, no solo de Santa Cruz y de otras regiones afectadas por este desatino, están sospechando de un acto de manipulación destinado a desfavorecer a los departamentos opositores, especialmente a los del oriente del país.
Esta posibilidad no se puede descartar después de los numerosos antecedentes en los que el Gobierno ha demostrado una pronunciada animadversión a todo lo que signifique las tierras bajas del país, sin medir las consecuencias en cuanto al daño social, económico y en este caso, un grave atentado a la unidad nacional, pues se está generando malestar que puede derivar en confrontación a la hora de medir la coparticipación tributaria y la representación política que se obtienen de acuerdo a la cantidad de población.
Más allá de todas las chicanerías que se inventan los aventureros para enquistarse en el poder y hacer politiquería barata, el saldo es catastrófico para el país, especialmente para las regiones más empobrecidas y postergadas, que viven esperanzadas de las migajas que caigan del insaciable centralismo epulón, el único beneficiado con esta patraña.
Obviamente la pérdida de credibilidad, el derrumbe de la fe del Estado y la ausencia de confiabilidad en las instituciones son también daños muy graves, pero eso parece importarles poco a los actuales inquilinos del Palacio Quemado, dispuesto a todo para conseguir la perpetuidad.
No es broma, en los años 50, en el fragor de las luchas cívicas por las regalías petroleras, uno de los líderes del MNR ofreció pasaportes gratis a los que defendían los derechos de la región y más tarde envió milicias armadas a reprimir y hacer de las suyas en la región. No era la única vez que se ejecutaba un ataque similar, como ocurrió con el cerco a Santa Cruz del 2008 y como ha sucedido con el plan de persecución que ha metido a la cárcel y ha mandado al exilio a cientos de líderes autonomistas.
Ahora, en plena era de la información y la revolución tecnológica, el régimen gobernante ha ejecutado lo que el gobernador Costas ha denominado un “genocidio estadístico” mediante el que ha dado cuenta de casi 400 mil habitantes, es decir, la diferencia entre los datos del Censo del 2012 y las proyecciones que había hecho el INE para esta fecha en Santa Cruz.
Desde otro punto de vista, en Santa Cruz existe un faltante de 121 mil personas que se perdieron desde que el Gobierno lanzó los primeros datos hace seis meses y la reciente divulgación “oficial” de los datos que ha arrojado una diferencia de más de 362 mil habitantes a nivel nacional.
Estos vergonzosos resultados del Censo confirman una vez más que en Bolivia está muy lejos de alcanzar la credibilidad como Estado encaminado a resolver los problemas de la gente y trabajar por el bien común. En el mejor de los casos, se estaría tratando de un error de procedimiento y chapucería en el manejo del Censo, algo que resulta inadmisible toda vez que se han invertido más de 50 millones de dólares en este proceso. Pero lo lamentable es que la población, no solo de Santa Cruz y de otras regiones afectadas por este desatino, están sospechando de un acto de manipulación destinado a desfavorecer a los departamentos opositores, especialmente a los del oriente del país.
Esta posibilidad no se puede descartar después de los numerosos antecedentes en los que el Gobierno ha demostrado una pronunciada animadversión a todo lo que signifique las tierras bajas del país, sin medir las consecuencias en cuanto al daño social, económico y en este caso, un grave atentado a la unidad nacional, pues se está generando malestar que puede derivar en confrontación a la hora de medir la coparticipación tributaria y la representación política que se obtienen de acuerdo a la cantidad de población.
Más allá de todas las chicanerías que se inventan los aventureros para enquistarse en el poder y hacer politiquería barata, el saldo es catastrófico para el país, especialmente para las regiones más empobrecidas y postergadas, que viven esperanzadas de las migajas que caigan del insaciable centralismo epulón, el único beneficiado con esta patraña.
Obviamente la pérdida de credibilidad, el derrumbe de la fe del Estado y la ausencia de confiabilidad en las instituciones son también daños muy graves, pero eso parece importarles poco a los actuales inquilinos del Palacio Quemado, dispuesto a todo para conseguir la perpetuidad.
Héroes de la mentira
Ni Batman, ni Superman o el Hombre Araña son capaces de hacer lo que consiguen nuestros sacrificados líderes bolivianos. Hacer desaparecer casi medio millón de habitantes sin recurrir a un terremoto o un cataclismo es como para ubicarles una estrella en Hollywood o en el paseo de la fama de los superhéroes mundiales. Esos trucos de magia son dignos de Houdini o David Copperfield y ni siquiera al mago de las computadoras y el espionaje, Edward Snowden se le ocurriría poner en práctica un acto de ilusionismo como éste. A nivel general, todos se preguntan qué ha pasado con esa gente “desaparecida” y en el mundo comenzarán a cuestionar qué pasó con los millones de indígenas que en el Censo del 2002 confesaron su pertenencia a una de las 36 etnias nacionales, hasta conformar más del 60 por ciento de la población y ahora resulta que ese número se ha encogido al 31 por ciento. ¿Cambiaron de opinión? ¿Se dieron cuenta que identificarse como indígena solo beneficia al presidente que viaja por todo el mundo en su avión? ¿Qué ha pasado con la descolonización? ¿Produjo resultados totalmente opuestos hasta convertir a la mayoría en mestizos? ¿Qué ha pasado con las políticas indigenistas de toda una década? ¿Nunca se dieron cuenta de esta diferencia?
jueves, 1 de agosto de 2013
Jesús, el socialista
Muchas veces se ha mencionado que Jesús fue el primer socialista de la historia. En alguna canción se asegura que fue un comunista. El presidente Morales ha sido el último en repetir la muletilla. En realidad, Jesucristo fue el primer constitucionalista y su carta magna tenía apenas un artículo con una sola frase: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Eso dista mucho de todos los socialistas que conocemos, muy proclives a encarcelar, a fusilar, a prohibir y a obligar con una andanada de leyes para acorralar a los enemigos. Si Jesús hubiera sido socialista no habría “decretado” el libre albedrío y la libertad de conciencia. El “Maestro” tuvo ideas de avanzada en materia social y humanística, como el respeto a las minorías, a las mujeres, a los niños, a los extranjeros y nunca fue partidario de que las mayorías puedan aplastar a los adversarios para imponerles su forma de pensar: “Dad al César…”. Tampoco fue de los que pensó en una forma de salvación colectiva, de tal manera de asegurarle el pase al cielo a su sindicato, a su movimiento social o a los que pensaran igual que él. Este es un tema netamente individual que se obtiene en base a méritos y no por una cuestión de pertenencia al grupo que más le chupa las medias al jefe. Obviamente tampoco fue capitalista. Detestaba el amor al dinero.
Los nuevos fantasmas
Hay quejas por los resultados del Censo en Santa Cruz. Según los datos preliminares difundidos hace seis meses, los cruceños éramos 121 mil más que ahora. El departamento se ha encogido lo suficiente como para volver a ocupar el segundo lugar detrás de La Paz, con muy escaso margen de población, pero lo suficiente como para que el andinocentrismo siga teniendo incuestionablemente la batuta política. La situación es mucho más complicada si tomamos en cuenta que las proyecciones del INE eran de tres millones para el año 2012 y resulta que le han errado por algo más de 344 mil individuos, que seguramente deberían pasar a la categoría de fantasmas o de cruceños imaginarios. Menos mal que el INE tiene fama de bueno a la hora de estimar la inflación, pero con estos cálculos es mejor nomás meter las manos en los bolsillos. Lo ocurrido con el Censo es como para que se nos pongan los pelos de punta pensando en la manera que son capaces de manejar los números los amigos del Gobierno, ahora que se avecinan las elecciones del 2014 y los pronósticos no son nada buenos. En fin, todo esto tiene una ventaja. Ahora querido lector, cuando el Gobierno intente cobrarle algún impuesto, puede argumentar que usted no existe, que es una falla del INE o que se traspapeló en las boletas censales. Pruebe a ver cómo le va y nos cuenta.
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