No se sabe qué fue lo que más enojó al Gobierno sobre la reaparición
del ex ministro de defensa, Carlos Sánchez Berzaín. Tal vez fueron las
declaraciones sobre la consolidación de un “narco-estado” en Bolivia o
posiblemente fue el hecho de que semejantes declaraciones las hizo
nada menos que en la cadena de noticias CNN. Lo más probable es que
fuera lo segundo ya que el “Zorro” no anda muy actualizado sobre el
tema drogas, del que se ha abundado últimamente. Según Berzaín, muchos
cocaleros del Chapare se dedican a producir pasta basa además de
aportar con la materia prima de la cocaína. Esa noticia es demasiado
vieja, ya que en los últimos años han proliferado nuevas tecnologías
importadas de Colombia y México que les permiten a los narcos del
trópico cochabambino, de El Alto, el Plan Tres Mil o el norte de
Potosí, procesar la cocaína en pequeñas factorías, altamente
productivas con la ayuda de hornos microondas, lavarropas y otros
utensilios de fácil adquisición. Gracias a estos avances tecnológicos
los traficantes bolivianos le dan mayor valor agregado a la “industria
blanca” y obtienen un producto final que en los tiempos del Zorro se
lograba sólo en Colombia. Además, hace diez años se encontraban
fábricas de droga por docena, hoy lo hacen por centenas.
sábado, 13 de agosto de 2011
Vote por el fantasma
El tango “Siglo XX”, el que dice que “da lo mismo un burro que un gran
profesor”, se ha quedado corto frente a lo que está sucediendo con el
proceso “histórico”, “inédito” y “excepcional” de elección por voto
directo de las autoridades del poder judicial, sistema que sólo a
Bolivia podría habérsele ocurrido desde que los griegos comenzaron a
hablar de democracia hace 2.300 años. Resulta que acaba de aparecer un
candidato fantasma, que no sólo fue capaz de burlar el sistema de
admisión de postulantes, sino que también fue incluido entre los
depurados. Se trata de Víctor Adolfo Quiñajo Paredes, un simple
mensajero que acudió a la Asamblea Legislativa a registrar a Wilber
Choque Cruz, el verdadero interesado en convertirse en magistrado del
Tribunal Supremo de Justicia. Ahora todos se lavan las manos y dice
que la culpa de todo la tiene el o la secretaria que tuvo a su cargo
la recepción de los documentos. ¿Quién revisó? ¿Quién supervisó?
¿Quién verificó? En Bolivia estamos acostumbrados al “masomenismo”, al
“yo le meto nomás” y obviamente los resultados están a la vista. Votar
por un fantasma sería la mejor opción para rechazar este zafarrancho.
¿Quién está bien en Bolivia?
Han caído como balde de agua fría para el Gobierno recientes datos de
la ONU sobre la extrema pobreza y la desnutrición en Bolivia, después
de que el presidente Morales expresara el 6 de agosto que el país va
muy bien y que cada vez son más los habitantes que abandonan la
miseria y se convierten en dignos representantes de la clase media.
Y justo cuando la ONU mostraba los últimos datos sobre la pobreza, la
fundación Jubileo se refería a los cocaleros, los contrabandistas, los
“chuteros”, los traficantes de minerales y los narcotraficantes, como
los únicos sectores del país que han mejorado su economía gracias a
las políticas aplicadas por el Gobierno de Evo Morales. Nadie descarta
que el Primer Mandatario se hubiera referido precisamente a eso.
La representante en Bolivia de la ONU, Yoriko Yasukawa, ha dicho que
más de un tercio de la población indígena del país vive en la extrema
pobreza y sin ingresos suficientes para alimentarse adecuadamente. La
situación de los pueblos originarios sigue siendo peor que la del
resto de los bolivianos, pese a que, en el discurso, se insiste en que
la pirámide social ha cambiado. La diplomática ha precisado que en la
niñez el problema es aún más dramático, ya que entre los nativos, la
desnutrición afecta a uno de cada tres niños, mientras que el promedio
nacional es de un por cada cinco menores. Esto relega a las etnias a
un mayor retraso en el crecimiento y a índices más elevados de
mortalidad.
Yasukawa le ha pedido al presidente más respeto por los pueblos
indígenas y le ha reiterado también la demanda que le hizo hace unos
meses, de frenar la destrucción del hábitat natural de muchas etnias,
cuyos bosques son arrasados a un ritmo de 300 mil y 350 mil hectáreas
por año.
Precisamente en este contexto de exceso de entusiasmo del Gobierno por
mostrar una realidad distinta, ha surgido un nuevo informe de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), que coloca a Bolivia en el
grupo de los 12 países más afectados por la tuberculosis, una
enfermedad que tiene que ver con la mala nutrición. En el país, el
grupo más atacado por este mal que destruye los pulmones y que termina
por matar al paciente, son los indígenas Yuqui que habitan en la zona
del Chapare y la región del TIPNIS, donde se ha presentado un
conflicto por la construcción de una carretera.
El descuido de los problemas sociales contrasta radicalmente con las
constantes proclamas del Estado Plurinacional, cuyas prioridades
(según datos que surgen del presupuesto general) han sido la
seguridad, la defensa, la propaganda, la burocracia y el clientelismo,
en lugar de atender añejas postergaciones que siguen complicando la
vida de las grandes mayorías. Tantos esfuerzos, dinero y tiempo dedicados
exclusivamente a la politiquería, no sólo han ocasionado un
descomunal despilfarro que pone en aprietos a la economía nacional,
sino la reproducción de los mismos problemas que el “proceso de
cambio” debía solucionar prioritariamente. Acabamos de enterarnos, por
ejemplo, que el mal de rabia, una patología que ha sido erradicada en
casi todo los países del mundo, ha vuelto a repuntar y sigue
ocasionando muertes en el país. La diarrea, las afecciones pulmonares,
el chagas, enfermedades típicas de la pobreza todavía arrecian y se
llevan miles de vidas. Obviamente, con todos estos datos y todos estos
problemas, decir que vamos bien es un acto de burla intolerable.
la ONU sobre la extrema pobreza y la desnutrición en Bolivia, después
de que el presidente Morales expresara el 6 de agosto que el país va
muy bien y que cada vez son más los habitantes que abandonan la
miseria y se convierten en dignos representantes de la clase media.
Y justo cuando la ONU mostraba los últimos datos sobre la pobreza, la
fundación Jubileo se refería a los cocaleros, los contrabandistas, los
“chuteros”, los traficantes de minerales y los narcotraficantes, como
los únicos sectores del país que han mejorado su economía gracias a
las políticas aplicadas por el Gobierno de Evo Morales. Nadie descarta
que el Primer Mandatario se hubiera referido precisamente a eso.
La representante en Bolivia de la ONU, Yoriko Yasukawa, ha dicho que
más de un tercio de la población indígena del país vive en la extrema
pobreza y sin ingresos suficientes para alimentarse adecuadamente. La
situación de los pueblos originarios sigue siendo peor que la del
resto de los bolivianos, pese a que, en el discurso, se insiste en que
la pirámide social ha cambiado. La diplomática ha precisado que en la
niñez el problema es aún más dramático, ya que entre los nativos, la
desnutrición afecta a uno de cada tres niños, mientras que el promedio
nacional es de un por cada cinco menores. Esto relega a las etnias a
un mayor retraso en el crecimiento y a índices más elevados de
mortalidad.
Yasukawa le ha pedido al presidente más respeto por los pueblos
indígenas y le ha reiterado también la demanda que le hizo hace unos
meses, de frenar la destrucción del hábitat natural de muchas etnias,
cuyos bosques son arrasados a un ritmo de 300 mil y 350 mil hectáreas
por año.
Precisamente en este contexto de exceso de entusiasmo del Gobierno por
mostrar una realidad distinta, ha surgido un nuevo informe de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), que coloca a Bolivia en el
grupo de los 12 países más afectados por la tuberculosis, una
enfermedad que tiene que ver con la mala nutrición. En el país, el
grupo más atacado por este mal que destruye los pulmones y que termina
por matar al paciente, son los indígenas Yuqui que habitan en la zona
del Chapare y la región del TIPNIS, donde se ha presentado un
conflicto por la construcción de una carretera.
El descuido de los problemas sociales contrasta radicalmente con las
constantes proclamas del Estado Plurinacional, cuyas prioridades
(según datos que surgen del presupuesto general) han sido la
seguridad, la defensa, la propaganda, la burocracia y el clientelismo,
en lugar de atender añejas postergaciones que siguen complicando la
vida de las grandes mayorías. Tantos esfuerzos, dinero y tiempo dedicados
exclusivamente a la politiquería, no sólo han ocasionado un
descomunal despilfarro que pone en aprietos a la economía nacional,
sino la reproducción de los mismos problemas que el “proceso de
cambio” debía solucionar prioritariamente. Acabamos de enterarnos, por
ejemplo, que el mal de rabia, una patología que ha sido erradicada en
casi todo los países del mundo, ha vuelto a repuntar y sigue
ocasionando muertes en el país. La diarrea, las afecciones pulmonares,
el chagas, enfermedades típicas de la pobreza todavía arrecian y se
llevan miles de vidas. Obviamente, con todos estos datos y todos estos
problemas, decir que vamos bien es un acto de burla intolerable.
jueves, 11 de agosto de 2011
Nuevos ricos
Siguen las repercusiones sobre el discurso presidencial del 6 de agosto, jornada que debería ser cambiada por el 1 de agosto, aniversario patrio de Suiza, país del que parece hablar Evo Morales cuando se refiere a la situación Bolivia. La Fundación Jubileo, una de las organizaciones que más conoce la realidad económica y social del país acaba de darle la razón al jefazo. Ha dicho que en realidad hay muchos que han superado la pobreza y que no solo se han pasado a la clase media, sino que se han convertido en los nuevos ricos que están dinamizando el consumo y numerosas actividades económicas. Jubileo ha afirmado de manera contundente que los cooperativistas mineros (informales), los cocaleros, los contrabandistas, los chuteros y los narcotraficantes han sido los más beneficiados por la bonanza económica que ha coincidido con (que no es lo mismo que “ha sido generada por”) el Gobierno de Evo Morales. El director de Jubileo, Juan Carlos Núñez, ha dicho que en general toda la “economía ilegal”, ha sido la más favorecida por las políticas “de cambio” del MAS. Loque no mencionó es que eso, además de mantener intacta la pobreza estructural, incrementa la pobreza moral, que viene a ser aún más grave.
Otra vez la crisis
Un día después de la debacle mundial de los mercados bursátiles, el precio del estaño, uno de los productos estrella de las exportaciones bolivianas ha experimentado una fuerte caída y a continuación, el Gobierno nacional no ha tenido más remedio que reconocer que la crisis económica que está volviendo a azotar con fuerza a Estados Unidos y Europa, tendrá fuertes repercusiones en el país.
Si bien no es seguro que la crisis se convierta en recesión como ocurrió en el 2008, los datos señalan que habrá una contracción de la demanda de las materias primas, lo que implica también reducción de los precios de aquellos productos vitales para la economía boliviana, cada vez más dependiente de los sectores primarios.
Durante los últimos años, Bolivia y muchos otros países de América Latina se han beneficiado de una bonanza de precios favorables de los minerales, el petróleo y la soya, entre otros, y existe temor de que un derrumbe de la demanda pueda incidir radicalmente en la captación de ingresos que ha promovido, por un lado, el florecimiento de regímenes populistas como el de Evo Morales y Hugo Chávez y por otro, el repunte de economías como las de Perú, Brasil y Chile, que supieron sacarle partida al periodo de prosperidad y lo usaron para encarar procesos de industrialización, diversificación, incremento de la competitividad, fomento del empleo y las exportaciones y por supuesto, para avanzar en la lucha contra la pobreza.
En el 2008, mientras el Gobierno boliviano insistía a rajatabla que el país estaba blindado frente a la recesión mundial, en Brasil y las otras naciones mencionadas, se dedicaron a aplicar políticas anticrisis, como la promoción de la producción de alimentos y el aumento de las exportaciones. En Chile, los grandes excedentes por las ventas de cobre, cuyos precios alcanzaron cifras récord, fueron guardados racionalmente para usarlos en las épocas de vacas flacas. Precisamente todos estos países, incluyendo México y Paraguay, salieron airosos del periodo recesivo y rápidamente experimentaron niveles de crecimiento históricos, mientras que las economías del segundo grupo, muestran tasas de crecimiento inferiores y posiblemente esta vez sientan con mayor fuerza la recaída.
El vicepresidente García Linera ha anunciado la aplicación de medidas para enfrentar la crisis mundial. Se trata de las mismas recetas que anunció el MAS cuando asumió el mandato en enero del 2006 y obviamente, las que debió encarar en el 2008, no solo para acolchonar el golpe de la recesión, sino porque, la industrialización, el fortalecimiento del mercado interno, el fomento de las exportaciones y la diversificación de la economía, son deudas históricas que precisamente explican el atraso y la pobreza estructurales de Bolivia. Lamentablemente, durante los últimos años se ha hecho todo lo contrario. El país ha perdido mercados internacionales, se ha caído la producción de hidrocarburos, se han reducido los cultivos, se han incrementado la dependencia de las materias primas y cada vez se importan más productos con valor agregado, lo que representa una fuga de divisas que obliga al Estado a seguir endeudándose para cumplir con sus obligaciones.
La fórmula del vicepresidente es correctísima, pero no por tanto repetirla va a surtir los efectos deseados. Hay que pasar del discurso a los hechos y desafortunadamente tocaría hacerlo en plena crisis y sin la más mínima experiencia previa que nos evite caer en errores.
miércoles, 10 de agosto de 2011
El debate se enriquece
La red de televisión brasileña Récord, una de las más grandes de aquel país, acaba de aportar al debate sobre el conflicto que enfrenta a los indígenas y los cocaleros, a la cabeza de su máximo dirigente, Evo Morales Ayma. Un reportaje de la cadena extranjera ha mostrado lo fácil que es por estos días conseguir cocaína en Cobija, la capital de Pando. A plena luz del día y como si fuera pan de arroz o roscas de maíz, la droga es ofrecida en una vivienda, en presencia de todos los miembros de la familia, bajo la tutela de una tal “Chichina”, algo así como la pichicatera matriarca de la región. ¿Qué tiene que ver esto con el TIPNIS y la polémica ruta Villa Tunari-San Ignacio de Moxos? Lo que ocurre es que Pando se ha convertido en la nueva plataforma de exportación de droga hacia Brasil y Venezuela y de ahí a Europa y otros destinos, tan insólitos como Nigeria. Obviamente, construir una carretera que una esta zona con el Chapare será vital para negocios como el de “Chichina”.
¿Y el Choré?
Los indígenas del Parque Isiboro Sécure (TIPNIS) nos están dando una excelente lección a todos los bolivianos sobre cómo se debe pelear cuando la supervivencia y el interés mayor están amenazados por un proyecto de dudosa trascendencia en el desarrollo nacional. El país está asistiendo a un espectáculo grotesco que enfrenta a un sector minúsculo del país que pretende imponerse sobre el resto, sin importar las consecuencias ambientales, legales y geopolíticas que ello pueda acarrear (¿o es que acaso la soberanía puede estar a salvo cuando el narcotráfico toma las riendas de un país?)
El presidente Morales tiene una posición tomada y no solo se mofa de la dignidad de los habitantes del TIPNIS cuando propone usar el sexo para zanjar un conflicto, sino que también minimiza el impacto que la llamada “rodovía de la droga” puede ocasionar en una de las mayores reservas naturales que tiene el país: “No es tan virgen como dicen”, argumenta el primer mandatario y pone de ejemplo a Estados Unidos y otros países capitalistas, que han construido carreteras en medio de parques, cuya biodiversidad no ha sido afectada significativamente como se teme en este caso, pues se espera que sirva como instrumento de expansión de los cultivos de coca, que a su vez ayudan al fortalecimiento de la producción y exportación de cocaína.
En Santa Cruz hace mucho que contemplamos impávidos la destrucción de preciosas reservas naturales de las que también depende la supervivencia, no solo de los que habitan en la región sino de una gran parte del país que se alimenta de los productos que se cultivan en las zonas agrícolas del departamento, seguramente el mayor patrimonio que alberga el territorio nacional, mucho más importante que todas las minas y los yacimientos gasíferos que tanto defiende el Estado Plurinacional.
Tal vez la gente del Gobierno no lo sepa (hasta no hace mucho confundían yuca con trigo), pero la productividad del norte cruceño, el granero de Bolivia, depende de la humedad y el régimen de lluvias, cuya regulación está determinada por las áreas boscosas del noroeste, que incluyen la zona del Chapare, el Parque Amboró, el TIPNIS y especialmente las selvas de El Choré, que inicialmente abarcaban más de un millón de hectáreas que han sido reducidas en 200 mil hectáreas por la presión de sectores de colonizadores y campesinos.
El Choré no es un santuario intocable. Se trata de una reserva forestal donde se ha diseñado todo un plan de aprovechamiento racional de los recursos, de tal manera de que su riqueza perdure para siempre.
Debido a su extrema fragilidad, estas tierras no tienen vocación agropecuaria, actividad que terminaría por degradar los suelos y convertir rápidamente un vergel en un desierto.
Sin embargo, bajo el auspicio del actual Gobierno se han intensificado los avasallamientos que siempre constituyeron un dolor de cabeza para los administradores de El Choré que hoy abarca alrededor de 800 mil hectáreas, el 80% de las cuales han sido invadidas por colonos que han talado los árboles, los han quemado para producir carbón o simplemente para establecer sus chacos y en la mayoría de los casos sembrar coca para abastecer la creciente demanda de los narcotraficantes que han instalado sus fábricas en la zona de influencia de Yapacaní y San Germán, donde hace poco encontraron más de cien factorías de droga.
Recientes incursiones a El Choré revelan que la situación es calamitosa en la zona. Los avasalladores están por convertir a esa reserva en una “zona roja” que pronto será irrecuperable para el Estado. Lo más lamentable es la indiferencia que expresan las autoridades locales sobre un asunto del que, como decíamos, depende la propia supervivencia.
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