jueves, 27 de junio de 2013
Primero los bolivianos
El frío que azota en el país ha comenzado a provocar escasez de gas licuado en varias ciudades del país, especialmente en Santa Cruz, donde la gente peregrina con sus garrafas a cuestas y los comerciantes aprovechan subiéndole el precio. La “lluvia” de GLP que ha prometido el Gobierno a partir de la puesta en marcha de la planta separadora de Río Grande todavía se hace esperar y se prevé la normalización del abastecimiento a partir de finales de julio. Pese a que el gas, en general, es un combustible escaso en Bolivia (mejor dicho, para los bolivianos), los argentinos no tienen nada de qué preocuparse ya que el presidente de YPFB, Carlos Villegas, ha prometido que les va a enviar tres millones de metros cúbicos adicionales para que en el país vecino puedan hacer funcionar sus sistemas de calefacción. El Gobierno ha dicho que con la planta de Río Grande alcanzará y sobrará gas para el mercado interno y para la exportación. De hecho ya se han hecho contactos con empresas de Paraguay para enviarles GLP. Estamos muy cerca de la fecha fijada, veremos si esta vez los extranjeros vuelven a ganarnos “la tuja” en esto de llegar primeros al “gas de los bolivianos”. Habría que cambiar de eslogan: “En el gas, primero los bolivianos”.
lunes, 24 de junio de 2013
Interpelación a la democracia
El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana realizó una extensa, pormenorizada y brillante exposición ante el Congreso, de lo que supuestamente ha sucedido con los casi 500 millones de dólares que ha distribuido en los 357 municipios del país el programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”, sometido a una gran cantidad de sospechas desde que el líder de Unidad Nacional, Samuel Doria Medina, presentara un informe denunciando malos manejos y los medios de comunicación nacionales comenzaran a mostrar numerosas obras inconclusas financiadas por aquella iniciativa presidencial.
La presencia del ministro Quintana en la Asamblea Plurinacional se hizo bajo el rótulo de una “interpelación”, pero lamentablemente y tal como ha sucedido en anteriores ocasiones, el acto no fue más que una estrategia mediática, que seguramente le ha costado una buena dosis de recursos al Estado, ya que el Ministerio de Comunicación contrató espacios en varios medios privados para difundir la prolongada exposición ministerial.
Pese a que se ha expuesto con minucioso detalle el destino del dinero invertido, se tiene que lamentar la no observancia de los procedimientos democráticos a la hora de rendirle cuentas a la población. En primer lugar no se respetaron los mecanismos estipulados para una interpelación y no se abrió el espacio necesario para que la oposición exprese sus posturas, confirmando que el Congreso Nacional es una instancia irrelevante para efectuar el control y la fiscalización de las acciones que emanan del Órgano Ejecutivo.
El Estado de Derecho falló desde el momento en que la Contraloría, bajo tuición de un militante masista, se negó rotundamente a realizar una auditoría completa del programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”, aduciendo falta de recursos, cuando en realidad, este organismo tiene la misión de observar el modo cómo se invierten los fondos públicos, así sean provenientes de donación o de cualquier lado, porque se trata de bienes que le pertenecen a la ciudadanía y no a un partido o a una persona, así sea el Presidente.
“El papel aguanta todo”, dice el refrán y desafortunadamente la exposición del ministro no es más que eso y obviamente las dudas siguen persistiendo, sobre todo cuando de la otra parte, se han mostrado fotografías, testimonios, pruebas y un sinnúmero de documentos que evidencian malos manejos que no han sido debidamente esclarecidos. ¿O es que a partir de la exposición del ministro de la Presidencia vamos a concluir que todas las obras sin terminar, muchas de ellas con presupuestos altísimos, son nada más que un invento de los medios de prensa y a partir de una exposición vamos a quedarnos de brazos cruzados seguros de que todo está perfecto?
Por otro lado, los que defienden los principios democráticos, deberían estar azorados con la apología que se ha hecho en la Asamblea de postulados retrógrados sobre el manejo de los asuntos públicos. El ministro Quintana ha realizado una defensa incalificable del centralismo como la mejor forma de conducir el Estado; ha tratado de mostrar que los Gobiernos se manejan con mayor agilidad y eficiencia cuando no tienen control alguno; ha echado por tierra todos los sistemas de licitación, adjudicación y fiscalización que aplican los estados, las instituciones y las empresas modernas, bajo la premisa de que esos procedimientos son costosos y por último, ha defendido la postura de un régimen paternalista y caudillista que obviamente va en contrapelo con el progreso de la democracia y la forma más eficiente de conducir un Estado.
La presencia del ministro Quintana en la Asamblea Plurinacional se hizo bajo el rótulo de una “interpelación”, pero lamentablemente y tal como ha sucedido en anteriores ocasiones, el acto no fue más que una estrategia mediática, que seguramente le ha costado una buena dosis de recursos al Estado, ya que el Ministerio de Comunicación contrató espacios en varios medios privados para difundir la prolongada exposición ministerial.
Pese a que se ha expuesto con minucioso detalle el destino del dinero invertido, se tiene que lamentar la no observancia de los procedimientos democráticos a la hora de rendirle cuentas a la población. En primer lugar no se respetaron los mecanismos estipulados para una interpelación y no se abrió el espacio necesario para que la oposición exprese sus posturas, confirmando que el Congreso Nacional es una instancia irrelevante para efectuar el control y la fiscalización de las acciones que emanan del Órgano Ejecutivo.
El Estado de Derecho falló desde el momento en que la Contraloría, bajo tuición de un militante masista, se negó rotundamente a realizar una auditoría completa del programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”, aduciendo falta de recursos, cuando en realidad, este organismo tiene la misión de observar el modo cómo se invierten los fondos públicos, así sean provenientes de donación o de cualquier lado, porque se trata de bienes que le pertenecen a la ciudadanía y no a un partido o a una persona, así sea el Presidente.
“El papel aguanta todo”, dice el refrán y desafortunadamente la exposición del ministro no es más que eso y obviamente las dudas siguen persistiendo, sobre todo cuando de la otra parte, se han mostrado fotografías, testimonios, pruebas y un sinnúmero de documentos que evidencian malos manejos que no han sido debidamente esclarecidos. ¿O es que a partir de la exposición del ministro de la Presidencia vamos a concluir que todas las obras sin terminar, muchas de ellas con presupuestos altísimos, son nada más que un invento de los medios de prensa y a partir de una exposición vamos a quedarnos de brazos cruzados seguros de que todo está perfecto?
Por otro lado, los que defienden los principios democráticos, deberían estar azorados con la apología que se ha hecho en la Asamblea de postulados retrógrados sobre el manejo de los asuntos públicos. El ministro Quintana ha realizado una defensa incalificable del centralismo como la mejor forma de conducir el Estado; ha tratado de mostrar que los Gobiernos se manejan con mayor agilidad y eficiencia cuando no tienen control alguno; ha echado por tierra todos los sistemas de licitación, adjudicación y fiscalización que aplican los estados, las instituciones y las empresas modernas, bajo la premisa de que esos procedimientos son costosos y por último, ha defendido la postura de un régimen paternalista y caudillista que obviamente va en contrapelo con el progreso de la democracia y la forma más eficiente de conducir un Estado.
sábado, 22 de junio de 2013
No llores por gas Argentina
Mientras que en Bolivia existen proyectos industriales paralizados porque YPFB no les asegura la provisión de gas, el presidente de la estatal petrolera, Carlos Villegas, ha salido a calmar las preocupaciones de los argentinos, que siempre chillan por más gas cuando aprietan los fríos de invierno. El ejecutivo ha dicho que el país dispone de tres millones de metros cúbicos diarios adicionales para enviar al mercado argentino en caso de ser necesario, lo que elevaría a más de 45 millones de metros cúbicos el nivel de las exportaciones de gas en Bolivia, mientras que el mercado interno tiene que conformarse con apenas cuatro millones de metros cúbicos. Se calcula que hay por lo menos 350 millones de dólares pendientes de inversión en varios proyectos industriales en el país, pero no se pueden ejecutar porque el gas que debería ser para los bolivianos, tal como lo expresaba la plataforma del MAS del 2005, en realidad se está yendo para Argentina y Brasil. Algo parecido sucede con el azúcar. No se permiten las exportaciones para no fallarle al mercado interno, salvo cuando quien demanda el gas es Venezuela y quienes exportan no son los industriales cruceños.
viernes, 21 de junio de 2013
Crímenes aberrantes
El país está conmocionado por dos crímenes aberrantes cometidos contra niños inocentes y lo que llama la atención es que en estas ocasiones suelen surgir voces desde el ámbito político haciendo propuestas no menos aberrantes, impropias de una sociedad civilizada. Ha vuelto a surgir la idea de la castración química, algunos proponen instaurar la pena de muerte y también en el Gobierno hablan de reformar el Código Penal para aplicar sanciones mucho más fuertes y ejercer de alguna manera una acción ejemplar.
La violación y el asesinato de una niña de tres años es indignante para cualquier ser humano y resulta natural que muchos sientan el impulso de aplicar mano dura contra el responsable del crimen. Hasta en las cárceles, donde conviven individuos que han rebasado los límites éticos y morales, este tipo de actos son castigados con la mayor rudeza y no son pocas las veces que han recurrido al asesinato de violadores que caen tras las rejas.
Pero la sociedad y menos sus líderes, no pueden pensar y reaccionar como un reo de Palmasola o de San Pedro. Las instituciones y sus normas no se pueden estructurar en base a reacciones hormonales retrógradas, pues debe imponerse la reflexión profunda guiada por las tendencias que marcan la humanización, el derecho, la justicia y la convivencia pacífica. En otras palabras, “el hombre que se come al caníbal se convierte en otro más de los que dice aborrecer” y de esa construcción social vengativa y revanchista tenemos demasiadas experiencias fallidas.
Los hechos de violación de niños y niñas menores no son aislados en nuestro país. A diario ocurren decenas de casos y muchos de ellos son debidamente registrados en las oficinas de atención y protección a la niñez. Casi todos tienen las mismas características, pues ocurren dentro de un entorno familiar o de confiabilidad, en el que el abusador aprovecha una situación de descuido, de abandono, de promiscuidad o de hacinamiento para cometer sus fechorías.
Existen muy pocas experiencias destinadas a educar a las familias y los niños para que puedan prevenir situaciones de riesgo. La gente de los barrios marginales padece condiciones de vida lamentables que pone a los niños en situación de vulnerabilidad y por más que se busquen maneras de escarmentar a los culpables (por si no fuera suficiente las penas que aplican en Palmasola), el peligro sigue siendo flagrante en las condiciones de marginalidad. Para colmo, la migración de bolivianos hacia el exterior del país sigue siendo un problema mayor que provoca desintegración familiar y una forma disimulada de abandono, que también se presta para situaciones lamentables.
Hablemos ahora del cuadro más preocupante de este fenómeno de los abusos, el que comete el sistema de administración de justicia. Quienes ahora proponen sanciones duras contra los violadores, deberían saber que la inmensa mayoría de estos delitos terminan en arreglos económicos tolerados por jueces y fiscales que obviamente se benefician de las transacciones, que dicho sea de paso son absolutamente ilegales, porque una violación es un crimen de orden público. En ese caso, las víctimas de los abusos sufren un doble ataque que sí resulta ejemplar para otros hechos similares en el futuro. La mayoría termina por no denunciar pues siempre es mejor “arreglar” en privado, pues el resultante final es la misma impunidad que campea en nuestro país ¿Quién hace algo para remediar este crimen aberrante?
La violación y el asesinato de una niña de tres años es indignante para cualquier ser humano y resulta natural que muchos sientan el impulso de aplicar mano dura contra el responsable del crimen. Hasta en las cárceles, donde conviven individuos que han rebasado los límites éticos y morales, este tipo de actos son castigados con la mayor rudeza y no son pocas las veces que han recurrido al asesinato de violadores que caen tras las rejas.
Pero la sociedad y menos sus líderes, no pueden pensar y reaccionar como un reo de Palmasola o de San Pedro. Las instituciones y sus normas no se pueden estructurar en base a reacciones hormonales retrógradas, pues debe imponerse la reflexión profunda guiada por las tendencias que marcan la humanización, el derecho, la justicia y la convivencia pacífica. En otras palabras, “el hombre que se come al caníbal se convierte en otro más de los que dice aborrecer” y de esa construcción social vengativa y revanchista tenemos demasiadas experiencias fallidas.
Los hechos de violación de niños y niñas menores no son aislados en nuestro país. A diario ocurren decenas de casos y muchos de ellos son debidamente registrados en las oficinas de atención y protección a la niñez. Casi todos tienen las mismas características, pues ocurren dentro de un entorno familiar o de confiabilidad, en el que el abusador aprovecha una situación de descuido, de abandono, de promiscuidad o de hacinamiento para cometer sus fechorías.
Existen muy pocas experiencias destinadas a educar a las familias y los niños para que puedan prevenir situaciones de riesgo. La gente de los barrios marginales padece condiciones de vida lamentables que pone a los niños en situación de vulnerabilidad y por más que se busquen maneras de escarmentar a los culpables (por si no fuera suficiente las penas que aplican en Palmasola), el peligro sigue siendo flagrante en las condiciones de marginalidad. Para colmo, la migración de bolivianos hacia el exterior del país sigue siendo un problema mayor que provoca desintegración familiar y una forma disimulada de abandono, que también se presta para situaciones lamentables.
Hablemos ahora del cuadro más preocupante de este fenómeno de los abusos, el que comete el sistema de administración de justicia. Quienes ahora proponen sanciones duras contra los violadores, deberían saber que la inmensa mayoría de estos delitos terminan en arreglos económicos tolerados por jueces y fiscales que obviamente se benefician de las transacciones, que dicho sea de paso son absolutamente ilegales, porque una violación es un crimen de orden público. En ese caso, las víctimas de los abusos sufren un doble ataque que sí resulta ejemplar para otros hechos similares en el futuro. La mayoría termina por no denunciar pues siempre es mejor “arreglar” en privado, pues el resultante final es la misma impunidad que campea en nuestro país ¿Quién hace algo para remediar este crimen aberrante?
Cuando se acaba el circo
Algunos políticos sudamericanos siguen aplicando una fórmula que inventaron los demagogos romanos 140 años antes de Cristo, que consistía en mantener contento al pueblo con comida regalada y espectáculo gratis. “Bono y cortinas de humo”, sería el nombre actualizado de esa estrategia que en el fondo es la misma cosa. Pero así como en el Imperio Romano esa treta llegó a agotarse, lo mismo podría estar sucediendo en Argentina y Brasil, donde el fútbol es una suerte de droga social que han usado los gobernantes para hacer de las suyas. Cómo no recordar aquel Mundial del ’78 que les sirvió a los dictadores argentinos como alfombra para esconder la basura que comenzaba a aflorar por todos lados, todo lo contrario de lo que sucede hoy, cuando los rebalses de la corrupción del Gobierno de Cristina Fernández tienen más rating en televisión que los partidos de la liga profesional, que se emiten en el mismo horario que el programa del periodista Jorge Lanata. En Brasil, muchos no consiguen entender cómo es que nada menos que la Copa Confederaciones no logra aplacar la furia popular que mantiene en vilo a las principales capitales y que se extiende por todo el territorio nacional.
jueves, 20 de junio de 2013
Dime qué cuelgas en tu Facebook...
Muchos, especialmente los jóvenes, se toman internet a la ligera. Piensan que la red es el reino del “Vale todo”, sobre todo cuando tienen que “investigar” y no hacen más que “copy paste” en la primera página que les señala el todopoderoso Google. Pero lo que más preocupa es que los jóvenes piensen que internet no vale nada y que todo lo que se haga en las redes sociales, en los chats y los blogs no tiene ninguna trascendencia. Algunos piensan, por ejemplo, que en internet se puede hablar y escribir de cualquier manera, violando todas las normas ortográficas y de sintaxis. Otros consideran que todo lo que se muestre y se publique es asunto menor y en ese sentido no tienen problemas en mostrar fotografías indecentes o comprometedoras y aparecer rodeado de personas que en la “vida real” no frecuentarían.
Algunos críticos afirman que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han eliminado por completo el sentido de la privacidad y en parte es verdad, pero a favor hay que afirmar que ha incrementado la transparencia, algo que incluso el Estado norteamericano está pagando muy caro, pues acaba de revelarse el escándalo del espionaje telefónico.
Pero no hace falta hablar de la Wikileaks o de la CIA para abordar los riesgos que se corre ahora nuestra reputación cuando nos exponemos a esa suerte de vitrina global. Facebook, por ejemplo, se ha convertido en la primera pista a la que recurre la Policía para investigar cualquier hecho y las empresas, según lo publica un reciente estudio realizado por la firma YPCC, observan muy bien lo que publican los postulantes en las redes sociales antes de darles trabajo. Obviamente, cada vez son más los que pierden excelentes oportunidades por culpa de su “comportamiento cibernético”.
Dos periodos, un camino
Las similitudes entre la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978) y el régimen de Evo Morales son cada vez mayores. Ambos han conducido los periodos gubernamentales más longevos de la historia nacional y han coincidido con un lapso de bonanza económica originado en los altos precios de los hidrocarburos y los minerales, principales productos de exportación. Y si ahora es la soya la que contribuye a incrementar los ingresos, en el “Banzerato” fue el auge algodonero el que aportó lo suyo. Si bien hoy se habla también de un gran apogeo del narcotráfico, fue en el periodo dictatorial en que el cobró impulso esta actividad, gracias a la tolerancia de ciertos cuadros políticos que desbordaron los niveles de corrupción. Otro elemento más: si en el Gobierno de Banzer se perseguía y se exiliaba a los grupos de izquierda, hoy se hace exactamente lo mismo con los sectores denominados “de derecha” y los “neoliberales”, aunque en esa misma bolsa hay que meter a los indígenas de tierras bajas, a los librepensantes, a ciertos grupos de cocaleros, a la Iglesia, etc. etc. Cuando se cayeron los precios de las materias primas, automáticamente se les fueron las ganas de gobernar a los dictadores y entregaron el poder a los civiles. En esa época, cuando se hablaba de Banzer como un gobernante ejemplar, nadie imaginaba la UDP que se venía. Ahora tampoco existe esa previsión.
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