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jueves, 10 de julio de 2014

Planes para una vieja Bolivia


Si a algún candidato taiwanés se le hubiera ocurrido hace 30 años promover el progreso del país por medio de la fabricación de bicicletas, todos se habrían reído de él, pese a que esa industria fue la que catapultó como potencia al tigre asiático. Lo mismo hubiera pasado con las pelotas de fútbol en Pakistán, una de las actividades más fuertes de este país de casi 200 millones de habitantes, donde muy pocos juegan el deporte de Messi y Neymar, pues el juego más popular allí es el criquet.

Lo más probable, sin embargo, es que a ningún político se le hubiera pasado por la mente semejantes cosas. De hecho, ningún líder político coreano fue el artífice de lo que hoy es Samsung o de lo que fue Nokia en Finlandia; Apple no es el resultado de un iluminado plan de gobierno y en todo caso, la iniciativa, la innovación y la inventiva de los individuos crecen y se multiplican cuando el Estado deja de meterse en todos los asuntos de la economía y se dedica a crear condiciones para que la gente piense y trabaje sin trabas. China es el mejor ejemplo de aquello aunque lamentablemente los chinos todavía no pueden pensar en libertad política.

Estos hechos nos ayudan a reflexionar sobre la marcha del país y más puntualmente sobre los planes de gobierno que acaban de presentar los partidos y agrupaciones políticas que han confirmado su participación en las elecciones del 12 de octubre.

Todas hablan de una vieja Bolivia, del país estatista que controla y decide todo; con un Estado elefantiásico para construir y producir, pero muy ágil para reprimir y controlar, porque justamente ahí es donde pone la mayor cantidad de esfuerzos y recursos.

Ningún candidato le dice la verdad a la gente. Quieren seguir mintiendo con el cuento de que los bonos nos van a sacar de la extrema pobreza; que los recursos que brotan de la Pachamama son para repartirlos como en piñata y que “papá Estado” se ocupará de todo, del bienestar, de producir litio, urea, papel, cartón, azúcar, etc.

 Se habla de llevar a Bolivia a la era de la industrialización y como tal se concibe a las grandes factorías con mucho humo saliendo de sus techos, cuando todos sabemos que las naciones que más progresan están concentradas en alta tecnología, en las ventajas comparativas y en las cadenas productivas, como la castaña, la soya, la quinua y otros productos que no necesitan más que un Estado que no estorbe, que deje de prohibir y que no le tenga miedo a la apertura de mercados. 

Todos hablan de fomentar la educación, pero quieren seguir construyendo grandes escuelas –ladrillo y cemento-, y se olvidan que hay que conectarles internet y capacitar a profesores que están altamente ideologizados pero muy atrasados respectos de los estudiantes en el manejo de nuevas herramientas de aprendizaje. Y lo mismo pasa con la salud. No se trata de crear hospitales de cuarto y quinto nivel, sino de introducir el concepto de prevención y formación, cuyos instrumentos básicos son la higiene y la correcta nutrición. Obviamente ahí no hay mucho que licitar y tampoco grandes obras para entregar e inaugurar.

Ningún candidato le dice a la población que con las leyes que tenemos, con la constitución vigente y con el esquema de poder que se ha montado, Bolivia es inviable incluso para los que conducen el “proceso de cambio” puesto que anula la iniciativa, inhibe las inversiones y promueve el despilfarro de tiempo y de recursos.

martes, 24 de junio de 2014

El factor suerte


A Bolivia le ha ido muy bien en los últimos años porque a muchos países, especialmente a China y a Brasil les ha ido mejor. El primero es el principal comprador de minerales y el segundo, el mayor cliente de nuestro gas. Pero los resultados positivos también se explican porque  otros han cometido demasiados errores. Estamos hablando de Argentina, donde una combinación de torpezas e ineficiencia ha dado como resultado una crisis energética que puso a nuestro país en inmejorables condiciones como proveedor y a la empresa Repsol, como la gran salvadora de la industria energética boliviana.

El hecho es que Brasil no solo ha estado comprando los topes máximos de gas que figuran en el contrato inicial, sino que acaban de restituirse los envíos a Cuiabá y en este momento se están bombeando casi 16 millones de metros cúbicos diarios a la Argentina, lo que en total dejará un aproximado de 6.000 millones de dólares anuales en las arcas nacionales.

Pero como dice el famoso escritor argentino Martín Caparrós acerca de su país, todo ha sido cuestión de suerte, y lamentablemente los principales beneficiarios de esa fortuna, los populistas de turno, no han sabido aprovechar esa fortuna. Una parte de la confesión de ese fenómeno está en las recientes declaraciones del presidente boliviano Evo Morales, quien sorprendió a todos afirmando que no deberíamos depender tanto del gas, cuando meses antes había manifestado que el futuro de Bolivia está en la venta de energía.

El primer mandatario hizo esa declaración luego de conocerse el revés que ha sufrido Argentina en la justicia norteamericana, que la obliga a cumplir con los capitalistas que invirtieron en la deuda pública del vecino país y que ahora reclaman su dinero y los intereses que Cristina Fernández les había prometido. De acuerdo al dictamen que derivó en una posterior negociación, el Estado argentino deberá pagar más de 1.300 millones de dólares a los denominados “fondos buitre”, además de 10  mil millones que se ha comprometido a pagarle en cinco años a los acreedores del Club de París, con los que se ha visto obligado a negociar para evitar la quiebra y el cese de pagos.

El Gobierno boliviano ha salido a desmentir rumores sobre algunos retrasos en el pago del gas que le vendemos a los argentinos, que no tardan en responder con uno o dos títulos honoris causa para aplacar los ánimos. El problema es que Argentina tiene muy malos antecedentes con Bolivia en relación al pago del gas y no son pocas las ocasiones que ha recurrido a chatarra o a intercambios como método para honrar sus compromisos. Los argentinos saben mejor que nadie que la venta de gas no se puede interrumpir de un momento a otro y que nuestro país no tiene cómo disponer de sus excedentes, a no ser que decida dar vía libre al Mutún, a las cementeras que están esperando y a tantos otros proyectos que se han quedado truncos porque las autoridades se niegan a cumplir con la Constitución que fija como prioridad al mercado interno. 

Recordemos, el presidente ha dicho que ya no dependamos tanto del gas, que desarrollemos la industria, la agropecuaria y otros sectores. Pero eso ya no depende de la suerte, sino del trabajo serio, la seguridad jurídica y otros factores en los que el régimen gobernante no ha puesto tanto empeño como en el “bingo” del gas.

martes, 3 de junio de 2014

De reyes y reyezuelos


La sorpresiva abdicación al trono del rey Juan Carlos de España vuelve a poner en discusión el papel de la monarquía en el mundo y mucho más en la civilizada Europa, donde el renacer de los nacionalismos hace recordar a muchos el negro periodo de las guerras mundiales.

El hecho es que por más que parezca afianzarse la democracia y que los reyes luzcan como un adorno del modelo constitucional, lo lamentable es que los “sangre azules” siguen siendo la garantía de la estabilidad, una forma de mantener tranquila a la plebe, cuya insatisfacción se presenta religiosamente en cada elección sin llegar jamás a extremos revolucionarios y mucho menos a cuestionar la autoridad moral de las cortes, por más cuestionable que sea la conducta de sus miembros, siempre proclives a los líos de faldas y las extravagancias ¿qué más van a hacer?

En otras palabras, la vigencia de la monarquía es la mejor prueba de que los europeos todavía no son capaces de marcar su destino a través de la consolidación de un modelo basado en la división de poderes sin la necesidad de esperpentos simbólicos, como lo ha logrado Suiza o Finlandia y como podrían conseguirlo Alemania y Francia si es que eliminan para siempre los riesgos de la desestabilización. Italia todavía sigue en capilla mientras sigan apareciendo caudillos como Berlusconi.

En América Latina hay muchos críticos del sistema monárquico colonial, del que supuestamente nos libramos  hace 200 años con la guerra de la Independencia. Pero esa es una visión miope y simplista pues nuestros países están todavía más lejos que Europa de conseguir gobiernos libres del monopolio del poder, que en el pasado se llamó dictadura militar, en otros periodos caudillismo y en este momento, el pernicioso populismo que endiosa figuras como la de Chávez, Morales o Kirchner.

Miren qué paradoja, mientras que Rey de España renuncia al trono para darle paso a otras generaciones, en Ecuador Rafael Correa inicia la búsqueda de la reelección indefinida, cosa que ya ocurrió en Nicaragua y que podría pasar en Bolivia, donde el presidente no oculta su deseo de mantenerse en el poder para siempre. En Argentina le han buscado otra versión a este modelo de monarquías criollas a través de la sucesión dinástica, pasando el poder de marido a mujer, estrategia que estará a punto de repetirse en Perú.

Y por más que se puedan criticar los gestos estrambóticos de reyes, príncipes y princesas europeos, nosotros tenemos extravagancias de sobra para llenar revistas y noticieros, con el agravante que los lujos de los reyezuelos americanos se pagan con la miseria de nuestra gente, lo que convierte a la monarquía vernácula en un gasto aún más superfluo que en el viejo mundo.

Desgraciadamente estamos todavía muy lejos de deshacernos de estos tristes modelos de gobierno, mientras la gente permanezca enceguecida buscando el advenimiento de una solución mesiánica a sus problemas y los líderes se mantengan en la inmadurez y la glotonería del poder cleptómano. Eso pasa en América Latina y en España, por más bromas y críticas que lancen hacia el monarca que deja el trono, no tienen más remedio que gritar “Larga vida al nuevo rey”.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Bolivia y Venezuela


El Gobierno boliviano ha sido el más incondicional a la hora de apoyar al régimen de Nicolás Maduro. No solo ha respaldado la brutalidad de la represión contra los manifestantes, sino que se ha estrellado contra todos los enemigos imaginarios que el chavismo ha inventado para argumentar presuntos intentos de golpe de Estado.

El canciller Choquehuanca ha salido en varias ocasiones a dar la cara por el vapuleado Gobierno venezolano, al que ha defendido incluso en su descabellada decisión de romper relaciones diplomáticas con Panamá. La crisis de Venezuela, que lleva ya más de tres semanas y que ha cobrado la vida de 21 personas, ha copado la agenda de nuestras principales autoridades por encima de temas de interés nacional como el desastre del Beni.

En medio de todo el dolor de los inundados, el presidente Morales se presentó en primera fila en un acto de homenaje a Hugo Chávez, en Caracas, donde no estuvo ninguno de los aliados del chavismo, salvo el dictador cubano Raúl Castro, cuya presencia expresa la dependencia de la revolución cubana del asistencialismo venezolano y sus petrodólares.

Precisamente esta misma actitud de excesiva dependencia es la que está desnudando también el Gobierno boliviano en relación al chavismo, cuya permanencia en el poder ha comenzado a ser puesta en duda por propios y extraños y sobre todo, que viene siendo el blanco de las críticas, no solo por la incapacidad de enfrentar una crisis económica surgida de su propia ineficiencia y de su debilidad, sino porque Nicolás Maduro ha encarado las protestas sociales con el talante de un dictador que deja al descubierto la intervención de los clásicos métodos del castrismo cubano.

Se han dejado escuchar críticas sobre la inusitada decisión del Gobierno boliviano de estar presente en la posesión de Michelle Bachelet en la presidencia de Chile, determinación que habría sido tomada por el interés de nuestras autoridades de hacer lobby a favor del régimen venezolano o al menos frenar el creciente malestar que comienza a escucharse en diferentes países por el modo de encarar la crisis política venezolana.

Obviamente, con estos antecedentes nuestras autoridades no dejan lugar a dudas sobre la relación lógica que hay entre los gobiernos venezolano y boliviano, confirmando la calidad de satélite de este último. En otras palabras ¿qué tan grave puede ser para Bolivia un deterioro aún mayor de la situación venezolana? Hablar de una virtual caída de Maduro ya no es un acto de insensatez a estas alturas y la gente tiene derecho a pensar en las consecuencias que ello podría acarrear en nuestro país, donde se ha generado una dependencia política y económica sin precedentes.

Desde los púlpitos plurinacionales se ha estado insistiendo en valores como la dignidad, la soberanía y la independencia y nuestra opinión Bolivia tiene que seguir exigiendo respeto de todas las naciones. Sin embargo, eso será imposible en las actuales circunstancias, cuando expresamos ante el mundo una imagen de sometimiento tan evidente. A corto plazo, la clave sigue siendo la pregunta ¿qué futuro tiene el “proceso de cambio” al margen de la supervivencia del chavismo?

lunes, 3 de marzo de 2014

Las lisonjas del centralismo

Evo Morales viene a buscar a Percy Fernández porque está interesado en que le abra las puertas de Santa Cruz, el único bastión importante que le queda al MAS por conquistar, además del Beni. Rubén Costas acude a Juan del Granado y viceversa, porque ninguno de los dos tiene “proyección nacional”, es decir, no gozan de la simpatía popular más allá de Santa Cruz y de La Paz, respectivamente.

Cuando hablamos de “proyección nacional” obviamente nos estamos refiriendo a la influencia en la parte andina del país, a eso equivale lo “nacional” en Bolivia, especialmente a la visión centralista que jamás ha visualizado un país más allá de la Plaza Murillo y de los intereses particulares de los que han conducido este país desde la colonia, sobre todo las riquezas extractivas. La novedad del “proceso de cambio” ha sido el interés focalizado en el Chapare, por motivos más que obvios.

El oriente boliviano jamás ha estado en esa agenda “nacional”, que no tiene nada de nacional, puesto que ni siquiera es capaz de atender las necesidades de las provincias paceñas, de Potosí o de Tarija, pese a que esta última aporta hoy con las mayores riquezas que engrosan las arcas del centralismo.

Es ingenuo pensar que el desdén y el olvido del centralismo hacia el “interior” del país, especialmente el oriente boliviano tiene que ver con el odio, el racismo o ciertos aspectos ideológicos, que los hay obviamente. Este esquema funciona así, es espoliador por naturaleza y abusivo porque así lo demanda la inequidad que forma parte de su razón de ser. Y si hoy percibimos más esa sensación de que Santa Cruz es una colonia del andinocentrismo, es porque el poder del caudillo de turno es mayor y el apoyo popular que ha estado recibiendo de la parte andina del país le ha sido suficiente como para darse el lujo de ignorar criminalmente lo que ha estado ocurriendo en el Beni por ejemplo.

Pero tampoco vamos a decir que estamos atravesando el peor momento de las relaciones oriente y occidente, pues en el pasado hubo invasiones armadas, campos de concentración, asesinatos y mucho más casos de encarcelamiento y persecución. El centralismo siempre ha sido implacable cuando se ha pretendido que La Paz gobierne para todos.

¿Se puede confiar en las lisonjas de Evo Morales y en los gestos de acercamiento de Juan del Granado, un centralista de pura cepa que movilizó a todos los paceños cuando Sucre planteó la capitalidad?

Ambas actitudes, especialmente la del presidente Morales, son el reflejo de que la correlación de fuerzas han vuelto a su cauce normal en el país y ahora el MAS puede estar llegando a la misma conclusión que obtuvieron todos los líderes “nacionales” que pasaron por el Palacio Quemado durante el periodo democrático: para ganar las elecciones en Bolivia hay que ganar en Santa Cruz, debido al amplio caudal electoral que ha crecido notablemente y que le da a las élites cruceñas cierta holgura para negociar con el centralismo, obtener alguna ventaja, algunos negocios, designar algún ministro o un par de parlamentarios.

 ¿Qué más se le puede pedir al centralismo, el del MAS, el de Goni , el de Juan o cualquiera que haya existido o el que venga? Casi nada y mucho menos cuando se mencionan palabras prohibidas como autonomía o descentralización.

martes, 25 de febrero de 2014

De otro planeta

Una reportera de radio informaba ayer desde La Paz y a bordo de uno de los buses Puma Katari sobre el estreno de este moderno servicio en la sede de Gobierno. Hablaba de la limpieza, del orden, de conductores uniformados, de boletos, de respeto a las normas de tránsito, de paradas, de pasajeros que tocan el timbre antes de bajar y que esperan civilizadamente en lugares asignados antes de subir. Si hasta parecía otro país, otro planeta, pero era La Paz, que al igual que Santa Cruz y otras ciudades del país, tienen un sistema de transporte en manos de mafias sindicales que viven del caos y del desorden. Es más, eso que estaba sucediendo ayer en la ciudad del Illimani, se parece un poco al sistema de colectivos que teníamos hace treinta años ¿recuerda?, cuando por lo menos había vehículos en los que la gente podía viajar algo más cómoda, no agachada y amontonada como pollos de granja rumbo al matadero. Lo triste es que en lugar de evolucionar, en algunas cosas marchamos como el cangrejo. Menos mal que tenemos "el mejor alcalde del país" y en cualquier momento se le ocurre dejar lejos a su colega paceño Luis Revilla.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Qué más nos traerá el populismo

Quién ganó el pasado domingo en Venezuela? La pregunta sigue flotando en toda América Latina, especialmente en aquellos países como Bolivia, que dependen de cómo le vaya al Chavismo para proyectar su futuro político.

Pese a que los datos son determinantes, las posiciones son contrapuestas, hecho que refleja muy claramente al primer ganador de las elecciones municipales venezolanas: la polarización, fenómeno que no se ha disipado y que más bien tiende a acentuarse pese a los 14 años de hegemonía del “Socialismo del Siglo XXI”, que no ha conseguido pasar de la lucha política y de la confrontación a la construcción. De la fase de conquista del poder a la fase arquitectónica, dirían los estudiosos de la ciencia política, quienes también observan en el abstencionismo del 40 por ciento a otro de los grandes “ganadores” de los pasados comicios.

Los oficialistas se sienten ganadores y no dejan de festejar a la cabeza de Nicolás Maduro, quien una semana después continúa de gira por las 255 alcaldías conquistadas por su partido (el 76 por ciento del total), pero que en términos absolutos no representa más del tres por ciento de diferencia con la oposición, que salió victoriosa en las alcaldías que son consideradas “joyas de la corona” como Caracas y Maracaibo, además de otros grandes municipios como Valencia, Barquisimeto y la simbólica Barinas, tierra natal del fallecido Hugo Chávez.

El sucesor de Chávez, cuya capacidad de gobernar ha sido puesta en duda incluso por agentes del propio chavismo, no puede dejar de festejar, después de los terribles vaticinios que se hacían y siguen haciéndose sobre su futuro en la conducción del país. Su prolongado y bullado festejo no deja de ser una estrategia escapista, pues tarde o temprano deberá volver a su realidad de inflación, escasez, baja producción,  apagones y todos los problemas que no consigue resolver y que explican el paulatino crecimiento de la oposición que no deja de avanzar pese a Chávez, pese a Maduro y pese a que el Estado venezolano moviliza un aparato brutal de recursos económicos, logística y personal al servicio del proselitismo oficialista.

Obviamente, si se lo observa desde este punto de vista, la oposición ha obtenido una victoria, pues ha conseguido mayor votación y mayor número de municipios conquistados por la vía de las urnas, un triunfo relativo, sin embargo, pues Maduro ha estado posesionando a alcaldes paralelos en aquellos lugares donde la votación de la gente le cerró el paso. Desde la óptica oficialista, lo conseguido recientemente es una hazaña, tomando en cuenta la situación económica del país que agobia a las grandes mayorías que no consiguen los artículos básicos para llevar a sus hogares.

Después de constatar que de todas formas el populismo está en declive en América Latina (aunque tomará tiempo para que abandone el poder), conviene hacerse la pregunta: ¿cómo hará para mantenerse en la conducción? En los últimos meses se ha visto en Venezuela las expresiones más aberrantes de la demagogia que lógicamente tienen eco en las masas más necesitadas. Maduro ha dicho que ese tipo de “revolución” seguirá en marcha y como ahora tiene plenos poderes, nadie imagina qué será capaz de hacer para seguir polarizando y por supuesto, continuar con esos dudosos triunfos electorales. En Bolivia también podría replicarse ese fenómeno, pues todo lo que ocurre en Venezuela tiende a reproducirse en nuestro país. Ya lo vimos con el doble aguinaldo.

martes, 19 de noviembre de 2013

Clarito va a ser


En el 2005, cuando Evo Morales ganó la presidencia con el 54 por ciento de los votos, el Gobierno chileno decidió arremeter con una política agresiva para liquidar para siempre el tema marítimo. La premisa era que por fin había llegado a Bolivia un líder con la legitimidad suficiente como para entablar una negociación que llegue a un acuerdo, aunque obviamente, la soberanía sobre el Pacífico nunca estuvo en discusión. Se supo, por boca del propio Evo Morales, que Michelle Bachelet le estaba por hacer un ofrecimiento que iba a ser muy bien camuflado y vendido como si se tratara de un retorno al mar. La infidencia sonó muy mal en Chile y para cuando Sebastián Piñera había tomado el poder, todo aquello, lo del diálogo y la agenda de 13 puntos, fue calificado como un engaño por la diplomacia boliviana. Luego retornaron los reclamos y el planteamiento de una demanda ante la Corte de La Haya. Resulta que Bachelet está de vuelta y retorna con una legitimidad aún mayor al poder. Acaba de ganar con casi un 47 por ciento y la segunda vuelta es un mero trámite burocrático. ¿No es el momento de que Bolivia aproveche a su favor el gran peso de la izquierdista Bachelet? Pero el objetivo chileno es otro y es que el Gobierno retorne al silencio y la complacencia. Clarito va a ser.

viernes, 27 de septiembre de 2013

La prueba de "amor"

Uno de los primeros en reaccionar acerca del escándalo del Himno Cruceño fue el vicepresidente García Linera y apuntó directamente a la Gobernación de Santa Cruz. El segundo mandatario dijo que fue un error imperdonable de la Gobernación haber olvidado incluir la entonación del himno en el acto central de los festejos del 24 de Septiembre. Es curioso que diga esto cuando en realidad el maestro de ceremonia que supuestamente olvidó incluir el himno es un funcionario de la Alcaldía Municipal, quien ha sido el blanco de las acusaciones que se hicieron desde el edificio de la avenida Prefecto Rivas, donde exfuribundos opositores han comenzado a bajar el tono y en este caso pidieron perdón por un supuesto “error humano”. Hubo otras intervenciones e intentos por confundir y finalmente ha hablado Freddy Oviedo, un prestigioso comunicador y hombre de bien que ha afirmado que ni se equivocó, ni se olvidó ni se le chispoteó. Ha dicho textualmente que la eliminación del Himno Cruceño del acto central de homenaje a Santa Cruz fue una disposición de la Gobernación. En otras palabras y al mejor estilo de los amores de la adolescencia, fue la prueba de amor que le habían pedido los nuevos inquilinos del poder regional.

jueves, 20 de junio de 2013

Dos periodos, un camino

Las similitudes entre la dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978) y el régimen de Evo Morales son cada vez mayores. Ambos han conducido los periodos gubernamentales más longevos de la historia nacional y han coincidido con un lapso de bonanza económica originado en los altos precios de los hidrocarburos y los minerales, principales productos de exportación. Y si ahora es la soya la que contribuye a incrementar los ingresos, en el “Banzerato” fue el auge algodonero el que aportó lo suyo. Si bien hoy se habla también de un gran apogeo del narcotráfico, fue en el periodo dictatorial en que el cobró impulso esta actividad, gracias a la tolerancia de ciertos cuadros políticos que desbordaron los niveles de corrupción. Otro elemento más: si en el Gobierno de Banzer se perseguía y se exiliaba a los grupos de izquierda, hoy se hace exactamente lo mismo con los sectores denominados “de derecha” y los “neoliberales”, aunque en esa misma bolsa hay que meter a los indígenas de tierras bajas, a los librepensantes, a ciertos grupos de cocaleros, a la Iglesia, etc. etc. Cuando se cayeron los precios de las materias primas, automáticamente se les fueron las ganas de gobernar a los dictadores y entregaron el poder a los civiles. En esa época, cuando se hablaba de Banzer como un gobernante ejemplar, nadie imaginaba la UDP que se venía. Ahora tampoco existe esa previsión.

lunes, 3 de junio de 2013

Las soluciones no vuelan

El viceministro de Régimen Interior, Jorge Pérez, ha dicho que los maleantes van a salir huyendo cuando escuchen los helicópteros que acaba de entregar el Gobierno Nacional a la Policía de Santa Cruz. Ojalá que los rateros y asesinos sean más asustadizos que los narcos del Chapare, donde hace décadas meten bulla los poderosos helicópteros Huey y en lugar de escapar, se han multiplicado, invadiendo territorios vecinos como Yapacaní, San Germán, el Choré y otros. Contar con helicópteros es algo maravilloso para reforzar la seguridad ciudadana, pero de ahí a pensar que se trata de la gran solución al problema, es una grave equivocación. Tampoco es como para que el Gobierno central se lave las manos y olvide la larga lista de obligaciones que tiene pendiente de cumplir con esta región en materia de combate a la delincuencia. Para avanzar, se necesita incrementar el número de policías, equipar las unidades de vigilancia de los barrios, poner a la Policía al servicio de los ciudadanos y no al mando de directrices de control político y por último, transformar la institución para reducir los índices de abuso y corrupción. Bienvenidos los helicópteros, pero todo lo demás es indispensable.