jueves, 6 de junio de 2013

Obama cabalga hacia el sur

Tal como lo anticipó en varias ocasiones el analista Andrés Oppenheimer, el Gobierno del estadounidense Barack Obama está retomando su mirada hacia América Latina, después de un prolongado periodo en el que dejó que las iniciativas las tomen personajes como Lula Da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales, entre otros, quienes por un momento parecían decididos a revivir el impulso socialista de la mano de la agonizante revolución cubana. Al parecer, el tiempo de riendas sueltas parece haberse agotado para nuestro continente y eso lo explica muy bien la reciente visita que hizo el vicepresidente Joe Biden a Trinidad y Tobago, Brasil y Colombia, país con el que habló de la posibilidad de integrarlo a la OTAN, idea que no es factible, pero que al menos expresa muy claramente la voluntad de Estados Unidos de retomar y fortalecer las alianzas al sur del Río Bravo. Días después de este encuentro, Obama ha recibido en la Casa Blanca a Sebastián Piñera, a quien ha colmado de elogios y ha calificado a Chile como un país líder en el mundo. Ambos mandatarios han hablado de fortalecer el comercio y, por si fuera poco, los norteamericanos han ofrecido venderle gas a Chile, propuesta que parece un mensaje cifrado a Bolivia. La arremetida gringa en América Latina llega justo cuando el líder del “gallinero” bolivariano tiene graves problemas de abastecimiento, le falta papel higiénico y comienza a hablar de las cartillas de racionamiento.

Ciudadano "Jigote"

Jigote" no se escribe con jota, sino con "g"; es decir, "Gigote", y a diferencia de lo que muchos creen, no es un término "camba", ni siquiera boliviano. Es españolísimo de pura cepa, aunque proviene del francés "gigot", que significa pierna. En principio es un guisado en base a carne bien picada que cuece en su propio jugo y que lleva muchas especias.
En Bolivia, el "jigote" o "gigote" adquirió carta de ciudadanía para denominar al relleno de las empanadas, que tampoco son salteñas, tucumanas, potosinas o chuquisaqueñas, sino que provienen de la India, donde suelen usar el pan a manera de cuchara o para envolver los deliciosos guisos que preparan como nadie.
En todo caso, el aporte boliviano al Gigote o Jigote es haberle incluido la papa, un producto que a veces se lo encuentra en mayor medida que la carne y que suele ser sinónimo de estafa. "Empanadas del Vaticano" le dicen a aquellas que llevan "puro papa" y algunas hilachas de carne.
Pero si olvidamos este último incidente típicamente nacional, no vamos a negar que el Gigote o Jigote es un producto altamente civilizado, cargado de aportes desde todas las culturas y que denota sustancia, corazón, peso, consistencia, por oposición a aquello que no lleva más que aire y vacío en su interior.
Yo me voy a quedar con "Jigote", el nombre que le han puesto a una campaña de acción ciudadana que nos propone a los cruceños y bolivianos ser más civilizados, conscientes, proactivos, auténticos y respetuosos, en definitiva, más ciudadanos. El objetivo es que respetemos más, cuidemos más y que sonriamos más, ya que todo lo opuesto convierte a este país en un lugar cada vez más difícil para vivir.

miércoles, 5 de junio de 2013

El Jigote de Santa Cruz

Hace unos días decíamos en este mismo espacio que Santa Cruz tiene norte, aludiendo al gran empuje económico que ha dado lugar a un modelo exitoso que hay que seguir perfeccionando, pero que va por buen camino. Ahora decimos que “Santa Cruz tiene Jigote” por citar el último gran proyecto urbano destinado a generar una mayor conciencia ciudadana sobre el respeto a los derechos de los demás, el cuidado del entorno y el desarrollo de hábitos para mejorar la convivencia.

Cientos de jóvenes fueron los artífices del lanzamiento de la campaña que viene de la mano de CEDURE (Centro de Estudios para el Desarrollo Urbano y Regional) una institución que tiene un largo camino recorrido en el desarrollo del concepto de “ciudadanía”, sobre todo en la búsqueda de la comprensión de las obligaciones que tenemos todos para que nuestras ciudades, nuestras comunidades y nuestro país, sean espacios más generosos, solidarios, bellos y llenos de vida.

Por lo general, los bolivianos tenemos muy bien marcada la tendencia a exigir que el otro haga su parte, que el vecino cumpla, que el Estado resuelva, pero somos poco proclives a contribuir para que haya menos basura en las calles, para que mejore el tráfico, para que los mercados sean lugares decentes y los lugares públicos no se conviertan en amenazas para los niños y la juventud.

Es muy grato que este tipo de ideas surjan de los jóvenes, de las nuevas generaciones que están llamadas a generar la nueva conciencia, la visión que produzca un quiebre en la mentalidad de los bolivianos, que viven ausentes de lo que ocurre a su alrededor y que no siempre perciben que las soluciones están al alcance de la mano, simplemente cambiando la forma de pensar y de actuar, asumiendo posiciones que no son difíciles, pero sí muy significativas para el conjunto.

Hemos visto sumados a esta iniciativa a escritores, intelectuales, profesionales, casi adolescentes de la clase media que frecuentemente se portan agresivos hacia el resto, pero que esta vez han asumido una posición de liderazgo en la promoción de ideas y valores cargados de fuerza.

El objetivo es cambiar los hábitos, buscar que la gente sea más amistosa y humilde, más proactiva y menos quejumbrosa, más respetuosa e involucrada en los asuntos colectivos, más cuidadosa de todo lo que nos pertenece y nos cuesta a todos, sabiendo que nada le pertenece al Estado como forma abstracta, sino que es de nosotros y que jamás debemos eludir la responsabilidad que nos compete.

Los promotores de la campaña Jigote han pedido que la gente levante el dedo meñique en señal de adhesión, como forma de sumar voluntades, algo que puede partir desde el momento en que decidimos no arrojar la basura en la calle, dejar de tocar bocina, esperar el micro en la parada y respetar la fila en el supermercado. Jigote nos está exigiendo que no seamos vacíos, que tengamos en la mente y el corazón la idea de que las soluciones tienen que ver con la voluntad individual y el deseo de querer vivir mejor para demandarle también a las instancias el compromiso de avanzar hacia nuevas metas.

Algo huele mal

El Estado Plurinacional Bolivia tiene graves problemas para producir papel y cartón, lo que le obliga a venderle a sus amigos de Venezuela parte del papel higiénico importado. En Venezuela falta de todo, menos “aquello” que justamente ha ocasionado la escasez de los rollitos blancos. Realmente algo huele mal en este socialismo del Siglo XXI que se ha propuesto grandes metas pero que tropieza con problemas que no consigue resolver. El Gobierno boliviano quiere lanzar un satélite al espacio que le ha costado nada menos que 300 millones de dólares. Para ello necesita gente que lo haga funcionar y ha enviado a casi 70 becarios a China para especializarse. Lamentablemente ya expulsaron a dos de ellos por el caso del robo de un celular, algo que en nuestro país suele ser muy frecuente, pero que los chinos no toleran. El régimen parece estar oliendo que las cosas pueden salir mal y además de enviar nuevos postulantes, ha convocado para que técnicos de países extranjeros se sumen al proyecto. La única condición es que ninguno pueda aspirar a ganar más que el presidente Morales. Esto también les huele mal a los profesionales que desisten de la propuesta.

martes, 4 de junio de 2013

Socialistas en serio

En pleno auge de la Guerra Fría circulaba un chiste sobre los infiernos comunista y capitalista. Eran exactamente iguales, pero todo el mundo elegía ir al infierno comunista, porque ahí faltaba todo, el aceite caliente, el alambre de púa, la leña para el fuego y los verdugos encargados de torturar eran unos burócratas empedernidos que se la pasaban en reuniones del partido y se olvidaban que había que sacarles la mugre a los pecadores. Argentina está demostrando que es un perfecto país socialista. En el 2011, la presidenta Cristina Fernández lanzó el plan “Escudo Norte” para frenar la invasión delictiva desde Bolivia compuesta de un coctel explosivo de narcotráfico, contrabando de armas, autos robados y mercaderías ilegales en general. El programa de seguridad incluía la instalación de radares, la movilización de tropas de élite, la dotación de equipos especiales, helicópteros y la implantación de una serie de medidas muy bien estructuradas como corresponde a un Estado Planificador. El programa de televisión de Jorge Lanata demostró el domingo que nada de eso funciona o trabaja a medias. Los radares cumplen horarios muy restringidos, los helicópteros son usados para acarrear funcionarios y los narcos siguen de plácemes.

lunes, 3 de junio de 2013

Las soluciones no vuelan

El viceministro de Régimen Interior, Jorge Pérez, ha dicho que los maleantes van a salir huyendo cuando escuchen los helicópteros que acaba de entregar el Gobierno Nacional a la Policía de Santa Cruz. Ojalá que los rateros y asesinos sean más asustadizos que los narcos del Chapare, donde hace décadas meten bulla los poderosos helicópteros Huey y en lugar de escapar, se han multiplicado, invadiendo territorios vecinos como Yapacaní, San Germán, el Choré y otros. Contar con helicópteros es algo maravilloso para reforzar la seguridad ciudadana, pero de ahí a pensar que se trata de la gran solución al problema, es una grave equivocación. Tampoco es como para que el Gobierno central se lave las manos y olvide la larga lista de obligaciones que tiene pendiente de cumplir con esta región en materia de combate a la delincuencia. Para avanzar, se necesita incrementar el número de policías, equipar las unidades de vigilancia de los barrios, poner a la Policía al servicio de los ciudadanos y no al mando de directrices de control político y por último, transformar la institución para reducir los índices de abuso y corrupción. Bienvenidos los helicópteros, pero todo lo demás es indispensable.

viernes, 31 de mayo de 2013

La cosa es queriendo

El Gobierno asegura que no necesita la ayuda norteamericana para luchar contra el narcotráfico y en ese sentido bate palmas por la salida de la Oficina de Asuntos Antinarcóticos (NAS) de Estados Unidos, que ha anunciado el cese voluntario de sus actividades en el país luego de 40 años de cooperación. En realidad, lo ha hecho antes de que el régimen de Evo Morales se dé el lujo de echarlos, como hizo recientemente con la agencia USAID. Ya lo dijo el diputado oficialista, Galo Bonifaz durante un programa radial el jueves, el Gobierno no quiere el menor vestigio de presencia estadounidense en Bolivia. Esto no es tan exacto como lo afirma el parlamentario, pues sabemos que ahora el control antidrogas en nuestro país habla portugués con la misma chequera gringa. Es muy dudoso lo que afirman las autoridades plurinacionales, quienes aseguran que toda la plata que ponía Estados Unidos para combatir a los narcos será reemplazada por recursos del TGN. En el 2005, Washington enviaba 90 millones de dólares para la lucha antidroga. Luego de la expulsión de la DEA esa cifra se redujo a la mitad y terminó en 5 millones en las últimas gestiones. ¿Cuánto puso el Gobierno cocalero para luchar contra los narcos? Sólo 36 millones. El asunto no es si hay o no hay plata, sino si hay o no voluntad de combatir a las drogas.