viernes, 24 de mayo de 2013

Mafias en el poder

El famoso escándalo del “Mensalao” que derivó en Brasil en lo que se denominó el “juicio del siglo” y los hechos que se han comprobado posteriormente en la región, han sido pruebas suficientemente fuertes como para darse cuenta de que algunos de los Gobiernos integrantes del “Foro de Sao Paulo” funcionan de una manera muy parecida a las mafias.

El caso que más llama la atención es el de Argentina, donde se ha enquistado una suerte de dinastía familiar rodeada de un séquito de “capangas” de la política que, en la medida que acumulan poder y hacen metástasis en todo el sistema institucional, se dedican a saquear las arcas públicas con una copiosidad que la propia presidenta Cristina Fernández expresa perfectamente: en la última década su patrimonio se ha incrementado en un mil por ciento y afirma que su fortuna actual de más de siete millones de dólares la obtuvo ejerciendo como “abogada exitosa”.

Las denuncias de corrupción en Argentina, que incluye el blanqueo de dinero, el traslado de maletas de dinero a bóvedas particulares de dirigentes del kirchnerismo y la compra fraudulenta de jugadores de un club de fútbol, involucran a grandes jerarcas del régimen, comenzando por el vicepresidente Amado Boudou, quien enfrenta varios procesos por enriquecimiento ilícito en la Justicia.

El periodismo independiente de aquel país se ha encargado de mostrar cómo viven y cómo roban a raudales los funcionarios de este clan político que incluye a gobernadores provinciales, parlamentarios e intendentes que gozan de amplias prerrogativas para delinquir impunemente, gracias a la cooptación de todos los sistemas de control y fiscalización. Los datos más contundentes sobre este asalto institucionalizado han sido aportados precisamente por íntimos colaboradores de la presidenta Fernández y de otros funcionarios de alto nivel.

En Venezuela, la actuación de mafias políticas ha quedado fuera de toda duda después de que se conociera una grabación del presentador chavista y hombre de confianza de Hugo Chávez, Mario Silva, quien se ha referido a sus compañeros de partido como lo más parecido a la “Cosa Nostra”, señalando al presidente de la Asamblea Legislativa, Diosdado Cabello como el padrino de un mafia dedicada a saquear a la potencia petrolera.

Lo más grave es que el otro sector del chavismo aludido por Silva ha sido el responsable de convertir a Venezuela en una colonia de los hermanos Fidel y Raúl Castro, quienes controlan todos los puestos estratégicos de la política y la seguridad del Estado, comprometiendo seriamente la soberanía de la nación caribeña.

Las confesiones que hace Silva confirman todas las sospechas que había sobre la actuación de la inteligencia cubana en Venezuela y también muestran que el país está acechado por la amenaza de convertirse en un narco-estado y sobre todo, que en este momento hay una profunda división interna entra las dos facciones mafiosas que podrían llevar al país a una fractura social sin precedentes.

Y cuando hablamos de este mismo tema en Bolivia no podemos dejar de mencionar el escándalo de los abogados extorsionadores que operaba y, según denuncias, sigue operando dentro de los ministerios. Todo esto ha sido ampliamente detallado, al igual que en Venezuela, por uno de los operadores del régimen, el fiscal Marcel Soza, la cabeza más visible de una asociación muy fuerte que maneja los hilos del Gobierno.

Igualito que en Cuba

Desde hace más de una década venimos escuchando a los líderes populistas de la región que quieren parecerse a Cuba, donde supuestamente reina la igualdad social, la justicia, la equidad y tantos otros espectros del simbolismo revolucionario que difunde el aparato propagandístico de la dictadura castrista. Pese que el comunismo fracasó mucho antes de que Fidel Castro llegue al poder y para ello no hace falta más que releer las crónicas de los grandes escritores rusos, que en los años 40 y 50 anticiparon el derrumbe del bloque soviético por culpa de su ineficiencia, todavía existen hoy quienes son capaces de levantar las banderas muertas y batir palmas por el socialismo del que apenas queda su pulsión autoritaria. Estos señores ponen de ejemplo el estatismo, el control de precios, el modelo productivo, además por supuesto, de algunos logros en materia de salud y educación que lamentablemente copian muy poco. Les está yendo muy bien. Cuba era una potencia azucarera y ahora importa hasta el azúcar para endulzar el café. Venezuela es un país petrolero por excelencia y debe comprar gasolina para cubrir su demanda interna. La última noticia que llega de tierras caribeñas es que les anda faltando el papel higiénico. Igualito que en Cuba.

jueves, 23 de mayo de 2013

La historia de Bolivia

Ciertos “conflictólogos” analizaban estos días la forma cómo el Gobierno ha manejado las actuales convulsiones y la discusión giraba en torno a la habilidad de las autoridades para conducir las cosas, evitando el desgaste de la imagen del presidente Morales. Uno de los supuestos logros precisamente, había sido enviar de viaje al primer mandatario a las Islas Fiji a una reunión presidencial donde fue el único líder latinoamericano presente. Uno de los analistas se preguntaba cuánto habrá costado ese periplo, pero nadie ha sabido explicarlo.

Antes del retorno del presidente, los dirigentes de la COB ya habían sido acusados de golpistas, de desestabilizadores y de estar aliados a la derecha neoliberal, insultos que se han vuelto repetitivos. Para romper el esquema, el jefe de Estado ha subido aún más el tono y ha denunciado a los mineros como responsables de la quiebra de Huanuni, el mayor yacimiento de estaño del país y símbolo de la nacionalización encarada por el Gobierno del MAS.

Pese a todas las acusaciones, el diálogo se ha instalado a tropezones, con idas y venidas, con solicitudes de liberar a los dirigentes detenidos en las diferentes manifestaciones y con exigencias de levantar las protestas antes de acceder a las peticiones de los sectores en conflicto. Las autoridades han demandado no dialogar bajo presión y los líderes obreristas han criticado la postura de establecer condiciones para el diálogo. Ambas posturas recordaron a épocas muy recientes y a personajes que hoy se encuentran en el exilio.

En medio de este ir y de venir de acusaciones, un dirigente de la COB denunciaba que el Gobierno hace detenciones de bloqueadores y marchistas para luego tener cómo negociar algunos puntos de las demandas. Por su parte, la ministra de Propaganda, Amanda Dávila, afirmaba la noche del miércoles ante los medios de comunicación que los cabecillas de la protesta están buscando una muerte en este conflicto para tener una suerte de bandera que agrave las cosas y obligue a las autoridades a retroceder.

Mientras se cumplía el décimo día de protesta, el departamento de Santa Cruz terminaba aislado del resto del país y algunas capitales quedaban bajo amenaza de desabastecimiento. En torno a este problema, la presidenta de la Cámara de Diputados, Betty Tejada, manifestaba en las redes sociales que ella nunca ha sido partidaria de los bloqueos y lamentaba las pérdidas que éstos ocasionan. La queja sonaba algo extraña pues lo más repetido durante las últimas semanas ha sido justamente la alusión a una presunta “cultura del bloqueo” cuyo máximo exponente es el presidente Morales, autor del récord por haber mantenido cerrada durante un mes la carretera Santa Cruz-Cochabamba, la columna vertebral del territorio nacional.

La cereza en la torta a esta cadena de lugares comunes, de historias repetidas y de escenas de nuestra “identidad nacional” ha sido el inicio de las protestas policiales que como reloj suizo, han hecho su aparición de manera oportuna para  agravar el clima conflictivo.

Durante los últimos siete años hemos escuchado tantas veces que la historia de Bolivia ha empezado con la “revolución plurinacional”. Lamentablemente, todos los episodios relatados líneas arriba se han dado tantas veces, no sólo en el pasado reciente, en el periodo neoliberal, sino que forman parte del acervo popular, de nuestra inmadurez política de la que difícilmente podremos salir.

Diccionario boliviano

Competitividad, innovación y tecnología son tres valores que persiguen las sociedades modernas, pero que en Bolivia son observados de soslayo. En nuestro medio no solo tenemos nuestros propios valores sino que hemos llegado a redefinir otros, en una constante tarea de refundar y revolucionar que nos consume tanto las energías. Por ejemplo, en Bolivia se llama “éxito”, cuando un movimiento social o sindicato logra paralizar una actividad por completo. “Exitoso” es un paro de salud que consiguió que nadie sea atendido en los hospitales públicos. “Contundente” se llama a una medida de presión que causa el mayor daño posible a la población. Un paro contundente es el que no dejó trabajar a nadie y un bloqueo contundente es el que no dejó pasar ni un solo gramo de productos de exportación. Se denomina “Conquista” al logro de algún sindicato que se obtiene a costa del resto de los bolivianos. Los militares, por ejemplo “han conquistado” el derecho a cobrar una jubilación del 100 por ciento del salario activo, mientras que más del 70 por ciento de la ciudadanía no tiene derecho a jubilarse. Con todas estas definiciones, no cabe duda que Bolivia consolida una expresión que no es propia, pero que aquí cobra cada vez más vigencia: “jodidos estamos”.

La derrota de la comunicación oficial

El Gobierno boliviano odia a los medios independientes, pero no resiste la tentación de acudir a ellos cada vez que se le presenta la oportunidad. Eso le pasó hace unos días al presidente Morales, cuando estuvo de visita en la ciudad de Atlanta para entrevistarse con Jimmy Carter y no desaprovechó la ocasión para conceder una entrevista a la cadena internacional CNN, que lo esperaba con una pregunta muy incómoda para él. “¿Es usted autoritario”?, le espetó el periodista Rafael Romo ante las cámaras. El jefe de Estado contestó con tanta prepotencia, que no hicieron falta muchos detalles para que las cosas queden perfectamente claras.

Esta conducta se repite en todos los regímenes populistas de la región, que han desarrollado agresivas políticas para limitar el accionar de los medios privados y al mismo tiempo, han invertido millonadas en comprar medios para ponerlos al servicio del Gobierno, crear nuevos órganos de propaganda y, por supuesto, hacerles la guerra a los pocos que han podido sobrevivir los embates. Eso lo hemos podido ver con mayor claridad en Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia, donde existe el claro objetivo de establecer una voz única y oficial, como ha sucedido en las dictaduras comunistas que consiguieron establecer altos niveles de censura y de monopolio de la comunicación.

El problema no es fácil y menos ahora que la ciudadanía dispone de múltiples y variadas herramientas tecnológicas, muy baratas y fáciles de usar, para comunicarse, propalar sus ideas y para difundir las pocas noticias que no llevan el rótulo propagandístico del régimen.

En Argentina, por ejemplo, el 80 por ciento de los medios de comunicación del país están ligados de forma directa o indirecta al régimen de Cristina Fernández y se encargan todo el tiempo de difundir las supuestas bondades de un Gobierno que está salpicado de corrupción por todos lados. El 20 por ciento restante lo componen algunos periódicos y redes de televisión, que paradójicamente tienen mucha más audiencia y por supuesto, mucha más credibilidad que todos los canales, diarios, radios y revistas oficialistas, en las que el Gobierno invierte cifras astronómicas para mantenerlas bajo su control.

Es tal la fuerza que ha cobrado la prensa libre en Argentina, que hasta el fútbol fue derrotado en su intento (más bien del régimen) por destronar el nivel de audiencia del periodista Jorge Lanata. En el país de Messi y Maradona, las denuncias de corrupción que hizo el polémico presentador de “Periodismo para Todos”  tuvieron mayor rating que el partido River Plate-Arsenal, que el Gobierno había fijado para la misma hora, porque como sabemos, el Gobierno argentino también controla el fútbol.

Afortunadamente, en ninguno de los países en los que se ha producido un hostigamiento como el citado líneas arriba, se ha impedido que la verdad de los abusos, el autoritarismo, la corrupción y la ineficiencia haya salido a la luz, ni siquiera en Cuba, donde la dictadura comunicacional ha sido derrotada por una sola periodista que apenas escribe unas cuantas letras todos los días en ese poderoso instrumento llamado blog.

Y es que así como el poder descontrolado de gobiernos que en su momento fueron legítimos termina corrompiéndose, la comunicación oficial, que actúa como cómplice de los atropellos, pierde completamente la eficacia que buscan los autócratas. Prueba de ello es lo que acaba de ocurrirle a Mario Silva, el periodista más fiel a Hugo Chávez y que cayó en desgracia al poco tiempo de la partida de su mentor.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Juicio a los dictadores (a todos)

Ningún dictador es bueno por más que esté muerto, como lo está Jorge Rafael Videla, uno de los líderes militares que comandó el denominado “Proceso de reorganización nacional” entre 1976-1983 y al que responsabilizan de la desaparición de más de 30 mil personas. El “Proceso” fue una iniciativa de algunas élites argentinas para liquidar al peronismo, otra de las “dictaduras perfectas” de América Latina, que al igual que en Paraguay o en México, ha señalado el destino del país desde los años '40 y que ha sido capaz de convertir a una potencia mundial en una república bananera tercermundista. El peronismo nació de ultraderecha, fue aliado del Hitler y de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, más tarde se haría comunista, neoliberal en tiempos de Saúl Menem y ahora se arropa con el populismo chavista. Pero siempre ha tenido el mismo cariz autoritario, corrupto y abusivo. El peronismo tiene muchos más muertos y desaparecidos que cualquiera de las dictaduras del continente y también ha hecho mucho más daño que Videla, Pinochet y Stroessner. Lamentablemente muy pocos se atreven a juzgar a los lobos disfrazados de oveja porque “lo poco espanta y lo mucho amansa”.

Los herederos de Moisés

El actor norteamericano Sean Penn ha resultado un hueso muy difícil de roer para el Gobierno de Evo Morales, que lo nombró embajador de las causas nobles de Bolivia y terminó siendo el denunciante de las peores miserias plurinacionales. Cuando todo parecía indicar que la estrella de Hollywood había cambiado de película, recientemente se presentó en el Congreso de Estados Unidos para exigir la liberación de Jacob Ostreicher, el judío neoyorquino que estuvo hace unos días en el Palacio Quemado exigiendo reunirse con el jefe de Estado para demandar su libertad y la devolución del dinero que le robaron funcionarios del Gobierno actual. También denunció que el cartel de extorsionadores que opera dentro de varios ministerios sigue activo en el país, una visión que Sean Penn también ha compartido en Washington, donde ha afirmado que el líder boliviano está muy mal rodeado. Tanto Ostreicher como Sean Penn son de origen hebreo, herederos de la proverbial tozudez de Moisés. Todos conocemos muy bien la historia del líder que liberó a los judíos de Egipto y su insistencia con el Faraón, a quien lo condenó a sufrir las plagas más horribles.