miércoles, 15 de octubre de 2014

El voto cruceño

Un analista paceño observaba en tono de reproche el domingo, que la abultada victoria del MAS es “culpa” de los cruceños y afirmaba que “como siempre”, Santa Cruz marcha a contrapelo de Bolivia, tratando de hacer “lo suyo”.
Tal vez lo dice por el impresionante crecimiento que ha tenido el oficialismo en el departamento, donde ha pasado a ser la primera fuerza política, hecho inédito luego de numerosos eventos electorales y otras maniobras que puso en práctica para incorporar a Santa Cruz a su lista de bastiones.
Posiblemente se expresa así porque mientras que en Santa Cruz el MAS ha crecido, en varios puntos del occidente ha disminuido su votación, aunque en proporción, el 70 por ciento de La Paz, el 66 por ciento de Cochabamba, el 65 por ciento de Oruro y el 66 por ciento de Potosí están muy por encima del 49 por ciento de Santa Cruz, la votación departamental más baja del MAS después de Beni, donde el oficialismo resultó segundo.
Habría que analizar también qué motivaciones tuvo el cruceño para cambiar de opinión en los últimos años y seguramente no son ni la cumbre G-77 o la cumbia villera de Aldo Peña las razones fundamentales.
Es verdad que las lisonjas ayudan, también el tono concertador y la búsqueda del diálogo en lugar de la confrontación. Pero lo más importante han sido los hechos concretos, especialmente los mensajes hacia el sector productivo, las obras, algunos cambios en las políticas de control hacia los agricultores y otras medidas como el freno a los avasallamientos de tierra, la aceleración de la entrega de títulos de tierra y las promesas de respetar a los productores, fomentar las exportaciones, expandir la frontera agropecuaria y promover la competitividad.
Que nadie se equivoque, los cruceños no han votado por la izquierda y menos por el socialismo. No se han vuelto marxistas y tampoco apoyan el autoritarismo. Si han cambiado de opinión es porque Evo Morales ha hablado de respetar el trabajo, la empresa, a los productores y sus pertenencias. Todos en Santa Cruz están confiados en que los “tomatierras” seguirán en la cárcel y no volverán a hacer de las suyas en las haciendas; también creen que ya no habrá más persecución y que se respetará los espacios y las posturas en un ambiente de diálogo y de tolerancia.
Por eso es que suena disonante cuando minutos después de conocida la victoria, el presidente Morales vuelve a agitar los balcones con un discurso altamente ideologizado que confronta y que propone acabar con el capitalismo, lo que puede sonar bien como arenga, pero que en los hechos no hace más que ahuyentar las inversiones y reducir la actividad económica, algo que en Santa Cruz no cae nada bien. Los políticos tienen derecho a ser todo lo incoherentes que quieran, pero lamentablemente el dinero no sabe de dobleces y se dirige hacia el lugar donde los hechos y las palabras hablan en el mismo idioma.
El voto cruceño tendrá la oportunidad de expresarse nuevamente en las elecciones regionales de marzo de 2015 y es muy probable que los resultados, al igual que en muchos otros lugares (entre ellos nada menos que la ciudad de La Paz) sean diametralmente distintos a los que se dieron este 12 de octubre. Esta es otra realidad que el MAS tendrá que tomar en cuenta, porque otra de las voluntades que también aparece cuando se mide la política en nuestro país es la del equilibrio y los contrapesos. A nadie le agrada el absolutismo, menos a los cruceños.

domingo, 12 de octubre de 2014

Educación ¿de calidad?


A simple vista y a juzgar por los discursos y algunos hechos concretos, se puede afirmar que la educación está mejorando en Bolivia. Desde que el Gobierno creó el Bono Juancito Pinto y puso en marcha un plan nacional de alfabetización, se pudo observar su gran preocupación por el tema educativo, lo que no necesariamente significa que esté interesado en mejorar la calidad.

Nadie puede dudar que darles computadoras a los maestros y a los estudiantes, mejorar los colegios, organizar un curso de formación para los docentes que ahora tienen el título de licenciados y elevar el presupuesto en la educación, son hechos relevantes que podrían llevarnos a concluir que Bolivia está dando pasos certeros en este campo. Pero insistimos: No todo lo que brilla es oro.
La educación es para un régimen político como el que nos gobierna desde el 2006, un componente esencial de la consolidación hegemónica, de la reproducción del poder y del traspaso de la visión dominante a las nuevas generaciones. La escuela es, tal como lo hicieron los cubanos, asesores de primera línea del “proceso de cambio”, el mejor ejército del que se pueda destinar para conseguir la perpetuidad que tanto se menciona y que se denomina muy elegantemente como “revolución cultural”.
Existe la sospecha de que la repartija de computadoras es un mero acto proselitista, una manera de “echarse al bolsillo” a los padres, a los maestros para alinearlos al régimen. La prueba es que paralelo al regalito no existe un plan concreto para modernizar la educación boliviana; no se dispone ni siquiera de la conexión a internet en las escuelas, tampoco hay planes ni contenidos de estudio digitales y el famoso satélite que fue vendido como el gran salto en el campo de la educación, la ciencia y la tecnología, apenas servirá como una repetidora muy cara del canal oficial para que los chicos, la gente del campo y las provincias no se pierdan el discurso diario del presidente Morales.
Los maestros bolivianos, a los que mucha falta les hace la preparación para transmitir lo mejor de la cultura universal a los niños, ahora tienen el título de licenciados gracias al programa estatal de capacitación Profocom, definido por los mismos docentes, como el más grotesco acto de adoctrinamiento, en el que se mezcla una ideología recalcitrante con un desdén por el conocimiento científico y un endiosamiento de supuestos saberes ancestrales de dudosa procedencia.
Un detalle que indica muy bien que el Gobierno no quiere buena educación sino jóvenes eficazmente adoctrinados son las nuevas normas que fomentan la permisividad, la mediocridad y el mínimo esfuerzo en las aulas. En Bolivia ya no existen los aplazados, se fomenta la trampa con una mal impuesta “autoevaluación” y se estimula la confrontación entre padres y maestros, quienes deberían ser aliados en el objetivo de formar niños mejor preparados para resolver problemas, para transformar la situación de pobreza del país y aportar al desarrollo de la nación y no ser el tonto útil de un gobierno en particular.
En este momento, en el mundo hay una preocupación generalizada por lograr educación de calidad, por la innovación, por elevar los niveles de evaluación, de medición, por la ciencia, la tecnología y por conseguir que las aulas se conviertan en factores de desarrollo, no de reproducción política. En el mundo globalizado se entiende por cultura a la capacidad transformadora de la sociedad, por la fuerza capaz de crear mejores condiciones de vida y por el estímulo a la creación, el emprendimiento y la libertad de pensamiento. Y eso no es precisamente lo que ocurre en Bolivia, a pesar de las apariencias.

La coca o el gas

A medida que se acerca el 26 de octubre, día marcado para la segunda vuelta electoral en Brasil, crecen las expectativas sobre lo que podría pasar y sobre todo, en relación a un posible triunfo del centro derechista Aécio Neves, quien podría marcar definitivamente el retorno del péndulo político en América Latina, que durante la última década ha estado oscilando hacia la izquierda, más concretamente, hacia el populismo autoritario.
En Bolivia las interrogantes son mayores que en el resto de la región, pues Neves fue especialmente explícito sobre lo que ocurre en nuestro país y en algún momento llegó a proponer romper las relaciones diplomáticas bilaterales hasta que nuestro Gobierno acepte cooperar en la lucha contra el narcotráfico.
Neves hizo esta afirmación después de constatar las fuertes reticencias de las autoridades nacionales a cumplir con el acuerdo antidrogas con Brasil, que incluye por supuesto la erradicación de cocales bajo la supervisión de la Policía Federal Brasileña, que pretende hacer las veces de la DEA en nuestro territorio, no solo porque no confía en las políticas nacionales vinculadas a los cocales, sino porque la policía antidrogas estadounidense es parte integrante de ese acuerdo.
Lo de Neves no es una afirmación personal, ni un arrebato electoralista ya que en Brasil existe un amplio sector de la población que exige respuestas más contundentes en relación al tráfico de drogas que ha convertido a la potencia sudamericana en uno de los principales mercados del mundo de cocaína y a Bolivia en el principal proveedor de Sudamérica. El antecesor de Neves en la candidatura presidencial, el veterano parlamentario y miembro de su partido, José Serra llegó a acusar de “cómplice del narcotráfico” a nuestro primer mandatario y cuando cobró auge el proyecto carretero sobre el Tipnis, la calificó como la “autopista de la cocaína”, denunciando que su verdadero propósito era beneficiar al circuito “coca-cocaína” del Chapare.
En otras palabras, de ganar Neves la segunda vuelta en dos semanas, la situación entre Bolivia y Brasil podría tensionarse, aunque no hace falta que retorne “la derecha” para las cosas se pongan color hormiga, pues en realidad hace mucho que un gran bloque de hielo separa a La Paz de Brasilia.
Conociendo como actúa la diplomacia brasileña, no se descarta que este tipo de presión esté vinculada en realidad al gas. Los brasileños han tenido mucho tiempo y oportunidades para hacer respetar su territorio del narcotráfico y en honor a la verdad han hecho muy poco. Es posible que hayan decidido tocar el “talón de Aquiles” del régimen de Evo Morales, con el fin de sacar ventaja en la negociación del nuevo contrato de exportación de gas que debería definir en los próximos años. Para decirlo de otra forma, le están proponiendo que escoja entre el gas y la coca.
Y conociendo también lo que significan la coca y el Chapare para esta administración gubernamental y sabiendo que muchas veces, se los pone encima de intereses económicos y estratégicos muy valiosos para el país, muchos temen que nuestro Gobierno decida inclinarse por ceder en el gas antes que en el otro asunto.

¿Cambiará Bolivia?

Cada vez que llegan las elecciones generales en Bolivia, la palabra que más se repite es “cambio”. En teoría llevamos nueve años de cambio y se nos dice que son los más profundos, los más significativos y los más revolucionarios y favorables a la gente que se hayan dado en la historia nacional.
No es la primera vez que se habla en esos términos, que se menciona el término “revolución” y que se asegura que Bolivia será distinta a partir de ahora. Es verdad que ha habido avances. En cada etapa se han dado algunos pasos ¿por qué no? Nuestro país se beneficia del progreso mundial, goza de los beneficios de la ciencia, de los descubrimientos y las conquistas que genera el conocimiento. ¿Pero cuál es el cambio que necesitamos y en el que debemos ser protagonistas?
Siempre se ha dicho que Bolivia necesita un Estado, tarea que está pendiente desde 1825, pero al cabo de nueve años de un proceso histórico en términos políticos y económicos, llegamos a la conclusión de que esa meta no se ha cumplido. Tenemos un gran aparato, una inmensa burocracia, una enorme maquinaria represiva y una avalancha de leyes, gastos, empresas, ministerios, mecanismos y papeleos, pero sigue en deuda la construcción de un ente que sea capaz de generar políticas públicas destinadas a solucionar problemas estructurales, que países vecinos han comenzado a vencerlos rápidamente porque cuentan con la debida institucionalidad que aquí ha sido nuevamente confundida por el corporativismo prebendalista y corrupto. Exactamente más de lo que siempre tuvimos.
La gente asiste alborozada a los actos proselitistas y votará con entusiasmo este domingo convencida de que este es el camino correcto, la construcción de un estado fuerte, muy cierto, pero que en definitiva ha conseguido únicamente la autoprotección de la inestabilidad y la autorreproducción, porque la construcción de un estado orientado hacia el ciudadano, hacia los derechos, las necesidades, la prosperidad general y el bien común está todavía muy lejos.
No podemos exigirle a un régimen que está hace menos de una década en el poder, que cambie la historia de casi 200 años de vida republicana. Pero sí es imprescindible exigirle cuentas de lo que ha hecho con el periodo de bonanza económica más significativo de nuestra existencia como país. Con tantos ingresos, equivalentes a los 80 años anteriores al 2005, se hubiera podido empezar a construir un nuevo modelo productivo en base a patrón diferente a los recursos naturales. Con tanta energía a disposición, se podría haber iniciado la transformación que necesita Bolivia para dejar de ser un país altamente dependiente, frágil e inestable. A cambio de esto, se ha optado por un esquema de capitalismo de Estado, el mismo de siempre pero muchísimo más grande y por ende, mucho más corrupto e improductivo.
La única alternativa que nos queda para iniciar un verdadero cambio en Bolivia es “generar ciudadanía”, construir redes que sean capaces de despertar conciencia de que nuestro país necesita desprenderse de muchas taras como el caudillismo, la mentalidad rentista, la corrupción, el desapego a las normas, la falta de respeto a los demás y sobre todo, de la creencia de que el Estado está para facilitar beneficios personales que a la postre se convierten en males sociales. El problema es que hasta en este punto hemos empeorado.

Hablemos de cine

Ahora que no se puede hablar de política hablemos de cine. Recordemos una hermosa película Argentina  “Un lugar en el mundo”  dirigida por Adolfo Aristarain y cuyos protagonistas son José Sacristán, Leonor Benedetto y Federico Lupi. Este último encarna a Mario, un hombre idealista y soñador que se va a un pueblo muy pobre a organizar una escuela y construir una cooperativa que les permita a los pastores de ovejas trabajar en mejores condiciones, vender a mayor precio su lana y elevar su calidad de vida. Deciden acopiar toda la producción esperando condiciones más favorables, pero luego aparecen los especuladores e intermediarios que les calientan las orejas a los campesinos. Estos presionan a Mario porque quieren vender, tener la platita en el bolsillo, gastársela en la cantina y amenazan con tirar al suelo el plan de convertir a la cooperativa en el factor de desarrollo del pueblo. Mario no se intimida, pero la presión aumenta hasta que decide darles una lección a los pastores. Una noche le prende fuego a toda la lana con la intención que aprendan a ver el futuro a largo plazo. En nueve años los bolivianos hemos quemado 145 mil millones de dólares de ingresos extraordinarios y al parecer queremos seguir quemando la platita. Un día tendremos que empezar de cero otra vez.

jueves, 25 de septiembre de 2014

El mundo 'Wiki', la verdadera revolución

Algunos se preguntan cómo es posible que pueda funcionar un proyecto como Wikipedia, la mayor enciclopedia jamás concebida, que no tiene un autor definido ni un director de orquesta que esté coordinando, revisando y editando cada información que se incluye.
Todos suben datos y si alguien se quiere pasar de “vivo”, inmediatamente es corregidopor el resto. Los reincidentes son apartados del esquema y de esa forma este inmenso trabajo colaborativo ha cobrado altos niveles de credibilidad.
Wikipedia funciona de la misma forma en la que nos comportamos todos los días, de acuerdo a cánones sociales que todos aceptan y que se encargan de aplicar y sancionar de manera constante y con carácter inmediato. Nadie anda con su policía al lado para impedir que mate, robe o cometa cualquier delito. Es más, la gente no trasgrede las normas aún cuando desconozca las leyes específicas y lo más probable es que su noción de código legal se reduzca a los famosos "Diez Mandamientos".
En la actualidad, hay muchos otros proyectos como Wikipedia que están construyéndose y que impulsan la autonomía del individuo, la verdadera liberación de los monopolios de todo tipo, especialmente los que concentran el poder en Estados que se meten en cada rincón y que controlan todo, con el cuento de que nos van a solucionar nuestros problemas. Eso es una gran mentira y además cuesta caro. Wikipedia es gratis.

Con carretera o si en ella, coca en el TIPNIS

Ha quedado al descubierto el único motivo que justificaba la construcción de una carretera por el corazón del Parque Isiboro Sécure o el TIPNIS, como se lo conoce mundialmente. La Policía de Umopar ha localizado en estos días más de mil hectáreas de cultivos de coca ilegal en ese territorio que es el blanco de los mayores apetitos políticos y económicos del oficialismo, que hace un par de años se enfrentó con un verdadero muro de contención social que le impidió salirse con la suya y regalarles a los cocaleros ilegales, aquellos que proveen materia prima al narcotráfico, una obra muy costosa que debía servir únicamente para la expansión de las actividades ilícitas del Chapare, donde se lleva adelante una falsa política de erradicación y donde además, las tierras están agotadas y con baja productividad para la "hoja sagrada". Es obvio que esos cocales ya estaban sembrados cuando se proyectó la carretera y quién sabe cuál es el plan que tienen los actuales dueños de este país, cuyo proyecto es conseguir otro triunfo arrollador en las elecciones para seguir "metiéndole nomás".