viernes, 27 de febrero de 2015

¿Queremos ganar?

A la manera de un niño consentido, hay quienes reaccionan con rabietas porque Bolivia ha fracasado una vez más en el festival Viña del Mar, uno de los más importantes del mundo y sugieren no presentarse más en ese escenario. Lo triste es que la política (cuándo no) le sigue la corriente a esas poses infantiles y sugiere crear un evento mucho más importante que el chileno, con más de 50 años de trayectoria, y con ello provoca la euforia de los patrioteros, que lamentablemente abundan.
Más allá de que Viña del Mar sea chileno, lo que implica una connotación muy grande para los bolivianos, no hay que perder de vista que se trata de una tarima que hace temblar a los más grandes. Se nota todas las noches cómo artistas de talla mundial sudan la gota gorda por el nerviosismo que implica estar al frente de lo que denominan “El monstruo de la Quinta Vergara”, un público que no perdona la mediocridad y que obviamente consagra a los más talentosos.
Justamente, si los bolivianos queremos ganar, no solo en la música, sino también en el deporte, en la educación, en la ciencia y en todos los ámbitos, tenemos que luchar para medirnos con los más grandes. Organizar eventos paralelos de dudoso nivel y continuidad es mentirnos descaradamente para autocomplacernos. Algún día vamos a ganar, pero mientras tanto no debemos ser exitistas, amantes del corto plazo, simplistas e inconstantes, de esos que se acobardan al primer intento. Estar en Viña del Mar ya es un gran triunfo, se trata de una vitrina inigualable y si persistimos, un día ocurrirá lo que les ha pasado a los jamaiquinos con el atletismo.
¿Cómo queremos ganar si en Bolivia no hay educación? La promoción de nuestros recursos humanos es escasa. En nuestro país no existen las ligas menores ni el arte ni en el fútbol ni en nada y así queremos ganar mundiales y llenarnos de medallas. Aquí todo es esfuerzo individual, trabajo a pulmón y los deportistas y artistas suelen mendigar por el apoyo institucional y en este camino se pierde talento y esfuerzo.
No vamos a decir que en Bolivia no se han hecho cosas buenas, pero siempre han sido esfuerzos aislados, sin continuidad ni sostenibilidad. Siempre hay uno nuevo y que llega y trata de destruir todo lo anterior con la promesa de crear algo mejor y en ese ir y venir todos se desengañan, se cansan y se dedican a otra cosa, a vender ropa usada, a contrabandear o a crear algún sindicato, únicas maneras de ganar en este país.
Si queremos ganar debemos respetar las reglas. Bolivia nunca será grande con la mentalidad siempre puesta en buscar atajos, en apelar a la “muñeca”, la ventaja y las influencias políticas. En el mundo del éxito no funcionan el “Yo le meto nomás” ni la viveza criolla. Debemos acostumbrarnos y sobre todo, alentar a las nuevas generaciones, a empezar de cero, al esfuerzo y a la constancia en el trabajo honesto y responsable.
Por último, si queremos ganar necesitamos tener bien claros nuestros propósitos y estos deben ser edificantes, cargados de la ética, de la mística del bien común y la responsabilidad social. El triunfo nunca viene solo, siempre lo acompañan una serie de valores que es necesario cultivar y que lamentablemente están muy lejos de una sociedad que gana, pero en el campeonato de los más corruptos.

Se ruega no molestar

Cuatro de las ocho organizaciones que integran el Fondo Campesino han echado el grito al cielo por el decreto que ordena la intervención de esa entidad, con el objetivo de investigar el grave escándalo de corrupción en la que está envuelta. Los dirigentes argumentan una suerte de soberanía que veta el ingreso de los k’aras a ese reducto, donde los sindicatos de indígenas, campesinos y originarios han hecho de las suyas con el dinero que se les entregó, con proyectos fantasmas, sobreprecios y toda clase de irregularidades. En otras palabras, lo que piden esos líderes, que además se han declarado en emergencia, con la amenaza de medidas de presión es que los dejen tranquilos con sus “usos y costumbres” por no decir otra cosa que pueda herir los sentimientos de esos sectores para quienes transparencia es sinónimo de discriminación. En fin, habrá que ser tolerantes a nombre de la inclusión, aunque no se podría decir lo mismo del ex viceministro y actual candidato a asambleísta departamental de La Paz, Gustavo Torrico, a quien poco le faltó declarar traidora a la Contraloría por haber realizado la denuncia sobre el Fondo Indígena.

jueves, 26 de febrero de 2015

Fiesta en Margarita

Con mucho entusiasmo el Gobierno ha anunciado "un gran hallazgo" en el campo Margarita, un yacimiento localizado por los "sucios neoliberales" que no hace más que "salvarle las papas" a sus principales detractores. El reciente descubrimiento es importante, se trata de un nuevo pozo que posiblemente aportará diariamente dos millones de metros cúbicos adicionales a la producción de gas. Si bien se admite que es una excelente noticia para el país, la algarabía gubernamental la convierte en una señal de mal augurio. En otras palabras, es tal la escasez de inversiones y de verdaderos hallazgos de hidrocarburos, que se hace fiesta con algo que debería ser rutinario para un país que aspira a convertirse en el eje de distribución energética del continente. Según expertos en la industria petrolera, el nuevo pozo ayuda a "exprimirle" el gas al campo Margarita, cuyo potencial era conocido hace una década. La verdadera hazaña sería descubrir otro Margarita, otro Bulo Bulo, otro Carrasco, un Río Grande, un San Alberto o cuando menos un San Antonio. Eso no ocurre desde hace diez años y posiblemente no suceda mientras no admitamos que la nacionalización fue un éxito político, pero un rotundo fracaso económico.

"Caiga quien caiga"

 Las mujeres son más honestas que los hombres”, “Los indígenas son la reserva moral del país y son incorruptibles”, “Los campesinos conocen mejor que nadie las necesidades del país y son ellos los que deben definir las políticas del gobierno”. Cuántas veces hemos escuchado afirmaciones de esta naturaleza en los últimos años y algunas de ellas pueden ser ciertas dentro del contexto de la “sabiduría popular”, pero de ninguna manera se puede construir un Estado sobre la base de esas presunciones idílicas que dejan escapar muchas singularidades.
Solo hay que ver por ejemplo, lo que está ocurriendo en este momento con ilustres damas que gobiernan tres países sudamericanos para darse cuenta que las faldas no son garantía de nada y que el cinismo, la corrupción y otros males muy arraigados en la clase política no distinguen ni color, etnia, género ni ninguna otra particularidad. Pensar distinto es repetir graves errores del pasado que llevaron a algunos a concluir que existen razas superiores o personas predestinadas para ejercer el poder.
Las principales implicadas en el escándalo del Fondo Indígena son mujeres y también indígenas. Es más, casi todos los que han firmado para aprobar obras fantasmas, aquellos que hicieron la vista gorda, los que apañaron las irregularidades y los que montaron todo el aparato gansteril alrededor de este dinero, son representantes de pueblos originarios que ahora pretenden refugiarse bajo sus ponchos y polleras, acusando de discriminación a quienes exigen que se cumpla la instrucción presidencial “caiga quien caiga”. Ojalá se cumpla.
Hay mucho por investigar en este caso, incluso algunas muertes ocurridas en medio de un gran misterio y el silencio cómplice de comunidades, dirigentes sindicales y autoridades nacionales que en cierta forma actuaron con paternalismo con los colectivos indígenas y campesinos, cuyos dirigentes tienen en muchas ocasiones, largos expedientes de clientelismo con éste y anteriores gobiernos. Habrá que ver si aquella mirada sublime frente a los originarios no fue simplemente una acto de descaro, como ocurrió con el tema ambiental y toda la patraña del “vivir bien”, que en definitiva no fue más que la viveza de siempre y de unos cuantos.
Lamentablemente esa es la manera cómo el actual régimen ha constituido el Estado Plurinacional, de esa forma puso patas arriba el Órgano Judicial y todas las instituciones públicas donde a nombre del color de la piel, el origen o cualquier otra circunstancia, que ha dado como resultado un manejo discrecional que está desencadenando en un saqueo sin precedentes.
En el pasado le llamaban compadrerío, cuoteo, clientelismo y contubernio a lo que hoy denominan como el gobierno de los movimientos sociales, que no es más que el viejo corporativismo que institucionaliza la corrupción. El control social no ha funcionado y en todo caso ha servido para eliminar la fiscalización que debe restablecerse a través de mecanismos legales que todavía están vigentes pero que las autoridades se niegan a cumplir.
Si continuamos rechazando las licitaciones, las auditorías, los presupuestos, los programas, los medios de fiscalización y todo lo que el propio presidente siempre ha desechado como “burocracia inservible”, el robo a las arcas públicas se mantendrá en crecimiento y Bolivia se perpetuará como uno de los países más atrasados del continente.

martes, 24 de febrero de 2015

El miedo boliviano

El único boliviano que no le tenía miedo a los chilenos era “El Gran Sandy”, un cómico que recibía silbatinas cuando subía al escenario en Viña del Mar y minutos después se iba con su gaviota o su antorcha bajo el brazo. Una noche, cuando dijo en la Quinta Vergara que había nacido en Bolivia, se escucharon muchos silbidos. “¿Dónde quieren que nazca, en Estonia?”, respondió. La carcajada superó ampliamente a los abucheos. No sorprende que un caudillo acostumbrado a los adulos y los aplausos quiera buscar su propio escenario para echarse flores y ponerle el pecho a las medallitas. De hecho, el “proceso de cambio” ha sido en realidad la “revolución de los coliseos” y el presidente se jacta del número de escenarios construidos en diez años. Lo que llama la atención es que los Kjarkas, artistas que se han curtido en todos los contextos del mundo, estén apelando al mismo aislamiento. A Bolivia no le va bien en muchos otros aspectos: en el deporte, en la educación, en la lucha contra la corrupción, en las evaluaciones económicas y en muchos otros rankings internacionales.  Deberíamos pensar también en crear nuestros propios Juegos Olímpicos, nuestro Premio Nobel, un sistema propio para examinar a nuestros estudiantes para que todos salgan eximidos, etc. etc.

lunes, 23 de febrero de 2015

Presente griego

Nunca antes la Policía Boliviana había recibido tantos recursos, aumentos de sueldo, beneficios jubilatorios, equipamiento, instalaciones financiadas por los municipios y las cifras de inseguridad y delincuencia siguen creciendo. Con esta ecuación es muy fácil deducir que la institución verde olivo no funciona para el ciudadano sino para el Estado, su maquinaria represiva y sus estrategias de control político, que han funcionado a la perfección durante los últimos diez años. Eso para los que pensaban que nuestra Policía es ineficiente. El hecho es que el presidente Morales ha decidido prescindir de los servicios de 5.147 uniformados que hoy cumplen tareas de seguridad en diferentes reparticiones del Estado y destinarlos a labores de patrullaje en diferentes ciudades del país. La cifra parece alta, pero en realidad la “institución del orden” tiene 8.600 efectivos que cumplen tareas administrativas, así que nadie piense que el gobierno quedará desguarnecido. Vaya uno a saber en qué se origina esta medida. A lo mejor es una medida electoralista, ante la preocupación de la población por la criminalidad; tal vez el régimen se siente más tranquilo ahora que ya no tiene enemigos y también es probable que esté comenzando a recortar gastos para pasárselos a los municipios y gobernaciones. Veremos que trae aparejado este “presente griego”.

Concurso de insultos

Varios analistas hablaban ayer sobre la guerra de insultos que se ha desatado entre Chile y Bolivia y uno de ellos se preguntaba ¿quién ganará? Lo importante decía, es saber el resultado de la demanda ante La Haya porque cuando de insultar se trata la verdad es que nunca hay ganadores. En todo caso, pese a que nuestro país tiene serias posibilidades de obtener un fallo favorable en el máximo tribunal de justicia, no conviene seguirle la corriente a los vecinos que han demostrado cierta habilidad para el agravio, destreza que puede haber surgido en siglos de litigios territoriales en todo el vecindario. Recientemente, por ejemplo, a un dirigente socialista chileno se le fue la mano, mejor dicho la boca con el presidente Morales, cuando éste cuestionó la integridad de quienes dicen ser izquierdistas en el gobierno de Michelle Bachelet.  Recordemos que a principios de los años 90, cuando las cosas se pusieron tensas entre Chile y Bolivia, un militar de apellido Merino lanzó una tristemente célebre frase contra los bolivianos, contra quienes descargó insultos de alto contenido racista. Deberíamos tener cuidado en despertar esos sentimientos tan radicales, pues ahí llevamos las de perder. A no ser que justamente se busque eso, un acto de victimización que sólo ayudará a fortalecer la imagen de nuestro caudillo. Eso es ganancia para él nomás.