viernes, 29 de agosto de 2014

Candidatos idénticos

Una de las notas más sobresalientes de la campaña electoral es el descaro con el que se producen los actos de transfugio político. Dirigentes que habían sido echados de forma ignominiosa del oficialismo vuelven como héroes y son recibidos con aplausos en actos públicos donde se ensalzan sus virtudes.
Este parece ser el fin de las convicciones, de las ideologías y de los principios y el inicio del pragmatismo y de la conveniencia. Lo peor del caso es que a los candidatos se los escucha repetir que no importa si es de izquierda o de derecha, que lo importante es resolver problemas concretos, como la seguridad, la falta de carreteras o la carencia de hospitales.
No existe un candidato en la historia que no haya propuesto semejante cosa, todos hacen promesas similares, pero el asunto de fondo es precisamente cómo lo van a hacer, qué tipo de estrategia van a usar para resolver tal o cual problema. Y es ahí justamente donde comienzan los problemas de discurso, especialmente para los opositores.
Sacando del análisis a Juan del Granado y al dirigente indígena Fernando Vargas, antiguos aliados del MAS y por ende, izquierdistas confesos, en teoría los otros dos postulantes son de la derecha, son liberales o para no herir susceptibilidades, no son ni socialistas, ni comunistas, ni anticapitalistas, como dice ser la gente del oficialismo, que no precisamente es un ejemplo de coherencia entre lo que dice y lo que hace.
Insistimos, pese a que se hacen llamar opositores y a que aseguran ser diferentes, ninguno cuestiona el estatismo, nadie habla del fracaso de la nacionalización, que tarde o temprano nos llevará a la situación que hoy sufre Venezuela; no se ataca a las políticas socialistas que están destruyendo la producción; no se defiende la propiedad privada, tampoco la libre iniciativa, no se critican los cupos de exportación y tampoco la libertad como base fundamental de una sociedad sin el autoritarismo que no está conduciendo a la dictadura.
Los aspirantes a la presidencia y sus seguidores dicen que van a respetar casi todo lo que ha hecho el MAS y el colmo de las cosas es que mientras el Gobierno habla de los subsidios como un “cáncer” al mejor estilo neoliberal, los otros afirman que van a mantener los precios congelados de los carburantes, nudo gordiano de la falta de inversiones en el área hidrocarburos, que junto con la inapropiada forma de distribuir la renta petrolera, nos conducirán indefectiblemente al pozo del desabastecimiento.
Es verdad que el Gobierno juega sucio, que tiene un inmenso aparato de propaganda que puede convertir lo falso en verdad y que ha convertido en tabú algunos temas. Pero alguna vez tiene que surgir alguien con la capacidad de decirle la verdad a la gente, que no le tenga miedo a lo políticamente correcto, que no se espante con las ideologías que no asocie el pragmatismo con la necesidad de malcriar al pueblo, cuando eso es precisamente lo que hay que revertir y destruir, especialmente la demagogia barata que mantiene a Bolivia en los últimos lugares del mundo.

La plata de los ricos

Un viejo dicho que parece incoherente cobra mucha vigencia en países como Venezuela o Bolivia: “Son tan pobres que lo único que tienen es plata”. Pese a que los venezolanos tienen las reservas de petróleo más grandes del mundo y a que exportan tres millones de barriles de petróleo por día, algo así como 300 millones de dólares diarios, el gobierno no sabe qué inventar para frenar la escasez de alimentos. El más novedoso ha sido pasar de la libreta de racionamiento que usan los cubanos, a un método muy innovador que detecta las huellas digitales en los supermercados, para evitar que una persona compre más de un tarro de leche o que se pase de un kilo de arroz. En Bolivia estamos muy lejos de llegar a esos extremos, pero no deberíamos estar tan seguros de librarnos, puesto que vamos por el mismo camino. Nuestro país recibe casi siete mil millones de dólares por el gas que le vende a brasileños y argentinos, pero es cada vez mayor el monto de ese dinero dedicado a comprar diésel, gasolina, lubricantes, además de alimentos y muchos otros artículos que hemos dejado de producir por imitar a Venezuela, es decir, confiarnos enteramente en la renta petrolera, que para ellos ha quedado chica. Muy pocos se dan cuenta del problema, pero el gobierno sí, cuando da a entender que es necesario un nuevo “gasolinazo” y cuando anuncia un déficit fiscal para este año.

Mutún, un cerro de incógnitas

El proyecto del Mutún, que en realidad está esperando la voluntad política hace un siglo, estaba llamado a ser el emblema del "proceso de cambio", que por el contrario, optó por convertir a YPFB en su buque insignia, poniendo a explotación del gas como un fin en sí mismo, cuando lo prometido y lo correcto era usarlo para la industrialización.
Una de las primeras decisiones que tomó el gobierno del MAS en 2006 fue precisamente expulsar a la empresa brasileña que había iniciado un prometedor proyecto de explotación y lo hizo con argumentos nacionalistas y ecologistas, dos visiones que se han derrumbado por completo, junto con la industrialización, el fracaso más grande que ha tenido este proceso político.
A la compañía EBX la expulsaron con el pretexto del uso del carbón vegetal para la producción de arrabio y lo curioso es que este recurso sigue explotándose en la frontera para que la misma empresa produzca, genere empleos, exporte e industrialice los recursos naturales a pocos kilómetros de allí, pero del lado brasileño, donde el socialista Lula y la exguerrillera Dilma Rousseff no son tan dogmáticos ni tan demagogos como nuestros políticos.
El gobierno del MAS tuvo la suficiente plata, la autonomía política y el apoyo para elaborar su propio proyecto y así como optó por la Jindal, hubiera sido posible traer una compañía venezolana, cubana o de cualquier lado para llevar adelante el emprendimiento más ambicioso de la historia nacional, capaz de transformar al país desde todo punto de vista, pues además avanzar en la industria pesada, el Mutún tiene un componente geopolítico y estratégico muy importante. Además, como el centralismo siempre le ha tenido miedo al desarrollo del oriente, era el momento de evitar que las fuerzas locales se apoderen del negocio y por el contrario, entregárselo a la Comibol, para que siga alimentando la voracidad de la inoperante hegemonía tradicional del occidente.
Desde el punto de vista energético, también era el momento preciso, gracias al auge de la producción gasífera, con un gasoducto pasando a pocos kilómetros del Mutún. No parecía ser un problema para el gobierno, destinar una pequeña fracción del inmenso volumen de gas que se exporta a Brasil y Argentina, pero nadie se explica por qué fue que ni siquiera YPFB pudo destinar tres millones de metros cúbicos diarios que solicitaba la Jindal.
Pese a todo lo que se pueda decir de la ineficiencia y a todo lo inexplicable que sucedió, hay que admitir que la Jindal no fue la mejor opción y de eso nos dimos cuenta todos desde el principio. Aun así, ha habido años para cambiar de rumbo, elegir otro socio y buscar la manera de hacer que el Mutún sea una realidad. Sin embargo, las autoridades optaron por llevarlo todo al terreno de la política, de la propaganda y la persecución judicial, chicanerías que solo funcionan para el entorno criollo en el que nos movemos, pero que no tienen cabida en tribunales internacionales, uno los cuales acaba de darle la razón a la empresa hindú, que además de los 22,5 millones de dólares, pretende llevarse otros 100 millones.
En resumen, en todo este nuevo capítulo del Mutún, pinta de cuerpo entero a un Gobierno que dice mucho, habla por todos lados, que repite y machaca, que miente y convence a raudales, pero que a la hora de la verdad y de hacer balances serios...

Universidades ¿para qué?


Hace menos de un mes se publicó el ranking de las mejores universidades del mundo que anualmente difunde una consultora privada con base en Arabia Saudita. En la lista de las mil mejores casas de estudio hay 229 norteamericanas, mientras que China tiene 84 y Japón 74.
Entre los 20 primeros lugares hay 17 centros educativos estadounidenses, dos ingleses y uno suizo y para decirlo más sencillo, entre Europa y Estados Unidos copan más del 60 por ciento de los mejores puestos, mientras que en todo el continente africano hay solo cuatro universidades dignas de consideración y en Sudamérica solo 12, la mayoría en Brasil. En México hay 20 universidades que han sido valoradas y en Centroamérica ninguna.
La mejor universidad del mundo es la norteamericana Harvard, fundada en 1636, muy antigua, pero no más que la mayoría de las universidades sudamericanas, entre ellas la San Francisco Xavier de Sucre, una de las pioneras en la educación en el continente. Todos se preguntan por qué tantas diferencias, pese a que Estados Unidos no nació con la riqueza actual, fue una colonia al igual que Bolivia o Venezuela y a que los factores étnico y cultural son relativos. Hace menos de 50 años los coreanos o los habitantes de Singapur eran tan subdesarrollados como cualquier país sudamericano y seguramente tenían que soportar estigmas y prejuicios de todo tipo, igual que los españoles, por ejemplo, donde hay una treintena de universidades de estatura mundial que han permitido alcanzar al país niveles de desarrollo importantes.
Estamos en plena campaña electoral y no se ha escuchado a ningún candidato hablar de propuestas sobre ciencia y tecnología, de mejorar las universidades y crear institutos de investigación. El debate parece ser la discusión de los hijos que se pelean por una herencia que no han construido ellos mismos, en buscar quién debe explotar el gas, cuánto se les tiene que pagar a las petroleras extranjeras, si habrá suficiente dinero para importar lo que no producimos y si alcanzará para continuar con la repartija y la jarana en la que se encuentra gran parte de la población gracias a la bonanza de precios que nos llega desde los países desarrollados, los que inventan, crean y producen porque tienen universidades que constantemente están innovando y apuntalando el progreso.
Lamentablemente, en Bolivia todavía nos sabemos para qué sirven las universidades. Es más, el país está diseñado para el extractivismo con una altísima presencia de capital y tecnología extranjeros, donde apenas aportamos con fuerza bruta y es irrelevante la contribución de cerebros nacionales. Está comprobado que para integrarse al incipiente aparato productivo boliviano no se necesitan muchos profesionales y que para la gran masa de bolivianos que se dedican a la economía informal e ilegal, son suficientes saber leer y escribir y aprender las cuatro operaciones aritméticas, algo que suena discriminatorio, pero que es una triste realidad cuando se observa la precaria atención que le brinda el estado a la educación y sobre todo a su forma de encararla, como un simple proceso de adoctrinamiento de la gente, carente de visión de desarrollo e innovación.

martes, 26 de agosto de 2014

Malas noticias

Los voceros del Gobierno suelen molestarse con la difusión de malas noticias para el país, porque piensan que hay algunos que se alegran por ello, simplemente por cuestiones políticas. La novedad más reciente sobre la Jindal y un proceso de arbitraje que acaba de ganarle a Bolivia en París podría derivar en una reflexión de ese tipo, pese a que seremos todos los bolivianos los obligados a pagar 22 millones de dólares a cambio de nada, pues el Mutún sigue intacto, como un gigante dormido que no hace intentos por despertar. La Jindal es la empresa hindú que fue corrida del país por el Gobierno para que deje de exigir gas para echar a andar el proyecto más ambicioso de la historia de Bolivia. La compañía fue achicando sus exigencias, pues al principio pedía diez millones de metros cúbicos y al final dijo que por lo menos tres millones eran suficientes para comenzar. Pero YPFB nunca cumplió sus promesas puesto que sus prioridades mandan enviar el gas a Brasil y Argentina, pese a que la Constitución dice todo lo contrario. Lo peor de todo es que con este triunfo, la Jindal abre la posibilidad para ganar otros procesos que le podrían costar más de 150 millones de dólares a…los bolivianos. La pregunta es ¿quién debería molestarse y con quién?

Democracia chacota

Al pronunciamiento que hizo la Iglesia católica hace unos días demandando mayor transparencia, respeto a las leyes y también menos derroche en la campaña electoral, ahora se suma el pedido de la representante de la ONU en Bolivia , Katherine Grigsby, quien ha manifestado que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) tiene la obligación de garantizar la limpieza de los comicios del 12 de octubre.
No se sabe qué le van a responder a la diplomática, pero en lo que respecta a la Iglesia, la reacción gubernamental ha sido furibunda, con acusaciones e insultos subidos de tono, como si los obispos hubieran manifestado alguna opinión tendenciosa, fuera de lugar o alejada de las leyes y el sentido común.
Algunos observadores que han estado presentes en procesos electorales en Venezuela, Ecuador, en algunas naciones centroamericanas e incluso africanas, aseguran que la manipulación que se está produciendo en Bolivia no tiene parangones, con instituciones, recursos, maniobras y todo el aparato estatal volcado a favor de un candidato que pretende arrasar, al mejor estilo de las repúblicas bananeras del pasado y de las que figuran solo en las novelas del realismo mágico.
No hace falta apelar a esos testimonios para comprobarlo, especialmente cuando se observa que el Gobierno no solo desobedece los procedimientos establecidos, sino que se burla de ellos con la complicidad del TSE. A dos días de lanzada una prohibición expresa que ha permitido anular y silenciar por completo a los candidatos de la oposición en los medios masivos, el presidente-candidato aprovecha la inauguración de una obra pública para presentar a los postulantes del MAS, algo que a todas luces fue premeditado, pues inmediatamente prometió pagar la multa correspondiente.
El supuesto desliz del partido oficialista fue transmitido por cuatro canales de televisión, los mismos que podrían convertirse en los “pagapatos”, pues sucede los señores del TSE se olvidaron de notificar a los verdaderos infractores y por lo tanto, la sanción no solo quedará demorada sino que podría quedar en nada, en medio de un marco de impunidad que se presta a nuevas transgresiones.
El Gobierno y las autoridades electorales no deberían tomar tan a la ligera lo que está ocurriendo. Ellos miran con demasiada liviandad, el modo carnavalesco con el que están llevando adelante las elecciones en un país donde la esencia de la democracia  se resume prácticamente al acto de votar ya que la inmadurez de nuestros pueblos todavía no ha llegado a otros niveles, como la interpelación a los gobernantes y el respeto a las formas, que en democracia es fundamental.
El irrespeto al sufragio, por ejemplo, fue lo que sepultó el proceso revolucionario nacido en 1952 en Bolivia y fue el que llevó al descrédito y a la peor crisis política al chavismo en Venezuela, donde Nicolás Maduro no atendió los requerimientos para buscar mayor transparencia y ocasionó una conmoción social que todavía persiste y que fragiliza cada vez más al régimen gobernante. El fraude fue la sepultura del régimen de Ahmadinejad en Irán y en Bolivia no debería confiarse tanto en la fortaleza de los candidatos, en la cooptación política de las Fuerzas Armadas y la Policía para asegurar que todo quedará en nada. La indignación de la gente suele volverse incontenible cuando se supera todo límite de racionalidad.

lunes, 25 de agosto de 2014

Crisis en plena bonanza


En 1985 Bolivia sufrió una crisis minera que obligó a cerrar numerosos establecimientos que estaban en manos del Estado y a mandar a la calle a miles de obreros, que en gran parte se fueron al Chapare a sembrar coca. Lo curioso del caso es que pese la caída de los precios, no se produjo el mismo fenómeno en el sector privado y tampoco ocurrió en Chile o en Perú, países de gran vocación minera como Bolivia. Es verdad que quebraron muchas empresas, pero en ningún caso hubo un acontecimiento de grandes proporciones como sucedió en nuestro país. Treinta años después y con precios cinco veces superiores a los de 1985, la minería estatal boliviana enfrenta una nueva crisis y eso se puede ver claramente en Huanuni, donde los costos han subido y la producción ha caído en casi un 70 por ciento. Son más de cinco mil obreros que están viviendo del Estado, alimentados por recursos del Tesoro General de la Nación. Con la bonanza gasífera las cosas no van mal, pero hay señales preocupantes. El Gobierno ha vuelto a mostrarse desesperado por la subvención a los carburantes y por el contrabando de combustibles. Los optimistas dicen que Bolivia no es Venezuela y que nosotros estamos blindados contra las debacles. Eso decían muchos antes de 1982.