miércoles, 29 de julio de 2015

Concurso de educación

Hay mucho de fariseísmo en esa actitud tan dura que muchos asumen cuando juzgan las respuestas que dan las candidatas a los diferentes concursos de belleza. Son hipócritas los que tratan de engañar al público con el cuento de que esos certámenes –inscritos como eventos culturales-, valoran la supuesta preparación intelectual de las concursantes, cuando en realidad solo les importan los estereotipos de belleza muy bien aderezados con las avanzadas técnicas de cirugía plástica.
Son fariseos también porque al igual que aquellos citados en la Biblia, les ponen trampas a las jovencitas, las hacen pecar con preguntas complicadas que ni ellos mismos –o los que critican-, serían capaces de responder satisfactoriamente y menos frente a las cámaras de televisión.
Qué bueno sería poner a todos los bachilleres, a los universitarios, a los licenciados y los que se hacen llamar doctores, de cualquier estrato social, región o situación económica a responder preguntas de un jurado sobre temas elementales, muy básicos, temas que supuestamente se aprenden en la escuela y que deberían ser imprescindibles para hacerse llamar “bien educados”.
Todos los años vemos cómo nuestros chicos que han terminado el colegio fracasan de manera vergonzosa en los exámenes de ingreso a las universidades públicas. El nivel de aprobación es bajísimo y apenas el 20 por ciento de los bachilleres consigue un puesto en la “educación superior”, término muy engañoso pues las universidades son el espejo de lo que ocurre en los colegios.
Pero no vamos tan lejos. Hablemos de cosas tan elementales como la lectura y la escritura. En el año 2011 se publicó un estudio de la Universidad Católica Boliviana en La Paz y el Programa de Investigación estratégica en Bolivia (PIEB) denominado “Cómo leen y escriben los bachilleres al ingresar a la universidad” y los resultados fueron alarmantes.
De acuerdo a las conclusiones, solo el 35 por ciento de los graduados de los colegios alcanza un rango superior de comprensión en la lectura de textos básicos y la gran mayoría apenas puede obtener información de lo que lee. Cuando se trata de hacer razonamientos o deducciones a partir de la lectura, el primer porcentaje baja a 32, mientras que otro 35 por ciento atraviesa graves deficiencias y el resto se queda en un nivel medio.
Si observamos el nivel de la escritura, la situación es peor todavía. Más del 52 por ciento de los jóvenes que salen del colegio no son capaces de estructurar un texto básico y solo el 11 por ciento es capaz de alcanzar el rango superior, lo que implica redactar oraciones coherentes y transmisión de ideas a través de la escritura. En el caso más avanzado, es decir, encadenamiento de párrafos para elaborar un mensaje coherente, apenas el 4,3 por ciento consigue el nivel máximo y más del 55 por ciento se sitúa en el nivel medio y bajo.
Otros resultados preocupantes: Solo el 6,4 por ciento de los bachilleres tiene una ortografía aceptable; el 63 por ciento de los docentes cree que el nivel de lectura de los estudiantes es mínimo; en el caso del nivel de la escritura, el 83 por ciento de los profesores considera que no se logra una buena competencia en este aspecto y por lo tanto muchos no son aptos para ingresar a la universidad y desarrollarse con éxito en un campo profesional exigente. Es obvio que con esos resultados, en Bolivia nadie quiera a poner a prueba la educación, salvo las concursantes de belleza.

martes, 28 de julio de 2015

Un país mal diseñado


El presidente Morales acaba de afirmar en Potosí que de no ser por él no hubiera venido el Papa a Bolivia, el Pontífice no le hubiese dado apoyo a la causa marítima, no tuviéramos rally Dakar ni Cumbre G-77.
Más allá de las múltiples consideraciones que se puede hacer sobre esta declaración, no cabe duda que es absolutamente cierta. No hay por qué negar que Evo Morales hace muy buenas gestiones para mejorar la imagen del país, para asegurar la gobernabilidad y romper una trágica historia de inestabilidad y para llevar obras hasta los lugares más recónditos del territorio nacional.
El gran problema es que Evo Morales es un buen presidente en un país mal diseñado y lamentablemente su gobierno ha hecho poco y nada por cambiar esta situación y en todo caso, durante su gestión se han agudizado algunas complicaciones que arrastra Bolivia desde su nacimiento y que le impiden surgir y lograr mejores condiciones de vida para la gente.
Al hablar de esa manera Evo Morales no está pecando de pedantería, sino que está reflejando el inmenso drama boliviano, cuya realidad política es manejada al mejor estilo medieval, donde todo depende de un solo individuo; donde una sola persona es la que decide, gobierna, establece, ordena, controla y fija las prioridades.
Ni con las mejores intenciones que se puedan imaginar, ni con la ética más refinada o con la visión más preclara de las necesidades del país es posible lograr resultados aceptables y sostenibles. La prueba es que hemos atravesado la mejor época (“época de oro”, dijo el vicepresidente) de la historia económica del país y apenas nos jactamos de haber eliminado unos puntitos en la extrema pobreza; Potosí sigue siendo la región más pobre y muchas de las necesidades y problemas bolivianos continúan casi intactos.
Y no vamos a decir que el presidente Morales no tuvo la mejor voluntad. Se lo ha visto trabajar día y noche, empezar desde la madrugada, ir de aquí para allá y los cambios no parecen acompañarlo como se espera.
Insistimos, este país está diseñado como para que el gobierno y el estado puedan llegar a unos cuantos, porque en realidad, el gobierno y el estado son una sola persona. El presidente Morales ha hecho todo lo posible por llevarlos a bordo de su helicóptero y sus aviones a todos lados, hacerlos presentes en los pueblos, en las comunidades, municipios y regiones. “Evo Cumple” entregando cheques por aquí y por allá, no hay duda, pero él también debería volver para vigilar que no se roben la plata, que se hagan las obras, que no haya sobreprecios, que se ejecuten con buena calidad y que sean útiles para el progreso de la gente y el bien común.
Y así como el Primer Mandatario se ufana de conseguir tantas cosas para el país, debería aceptar lo que le piden los potosinos, que asuma su papel de ser el único que gobierna en este país, pues  lo que hacen los ministros, los alcaldes, gobernadores, concejales y asambleístas, importa poco, no es creíble y por último, es simple demagogia, hecho que se ha admitido públicamente en las sesiones de diálogo con los potosinos.

lunes, 27 de julio de 2015

¿Acaso sirve el diálogo?

El diálogo parece ser la llave mágica para la solución de los conflictos, pero en Bolivia no significa absolutamente nada, de lo contrario nuestro amado país estaría en mejores condiciones. Tantas veces hemos dialogado y seguimos con los mismos problemas heredados de la colonia.
Hablar así parece una blasfemia, pero en realidad la “democracia” tampoco significa mucho, al igual que “participación”, “inclusión”, “cambio” y muchos otros términos que se han estado manejando últimamente y que se han devaluado completamente porque se han vuelto huecos.
En Bolivia casi siempre se dialoga bajo presión, en situaciones de emergencia o para mejorar la imagen de autoridades superadas y cuestionadas por su ineficiencia. En esas circunstancias, los gobernantes aprueban todo, aceptan lo que no podrán cumplir y firman todas las mentiras que les pongan al frente con tal de salir del atolladero. La parte contraria no se hace problemas y posa para la foto ya que el objetivo es la capitalización política, la sensación de triunfo que se traduce en notoriedad y ascenso en los peldaños de la politiquería criolla.
En Bolivia solo se dialoga con los que aplauden y aprueban todo; con los sindicatos, movimientos sociales, gobernadores y alcaldes del partido, que dicen sí a cualquier cosa a cambio de su respectivo chequecito. A eso le dicen participación; eso es “gobernar obedeciendo al pueblo”, cuando en realidad es el mismo centralismo, aquel que viaja en su helicóptero por todos los pueblos, imponiendo sus propias prioridades, que siempre pasan por obras faraónicas, grandes contratos y elefantes blancos que ayudan a ganar elecciones pero que no cambian la vida de la gente, porque no son obras productivas, construidas en base a las necesidades y menos todavía sobre el diseño de planificaciones estratégicas que obedezcan a políticas públicas de alto impacto social y económico.
Ni la democracia, ni el diálogo o la participación funcionarán en Bolivia mientras no funcione la república, la división de poderes, el control del Estado, la justicia y las instituciones llamadas por ley para fijar las prioridades, para diseñar proyectos, para fiscalizar y establecer relaciones maduras y sanas con la gente; cuando se supere el clientelismo y se reduzca el enfermizo centralismo, que jamás acudirá a Potosí o a cualquier otro lugar a atender las verdaderas necesidades y solucionar problemas reales como el empleo, la producción, la salud o el saneamiento.
Precisamente en Potosí la clase política ha estado dialogando todos estos años con los mismos actores que han mantenido al departamento en la misma situación desde que se descubrió el Cerro Rico y que hoy buscan respuestas de siempre: minería, extractivismo, prebendas, monoproducción, subsidios, estado paternalista, todo menos el cambio del patrón productivo, la diversificación y la búsqueda de otra mentalidad que les ayude a los potosinos  y a los bolivianos en general, a avanzar aun cuando sea un paso en esta historia de tantos fracasos.

Malos borrachos

La australiana Gina Rinehart, una de las mujeres más ricas del mundo, con una fortuna de 30 mil millones de dólares les habló a sus compatriotas sobre la receta para tener éxito: “Dejen de beber y trabajen”, con lo que hizo pensar a muchos que hay una relación directa entre el alto consumo de alcohol y la pobreza. Tal vez lo dice porque Australia es uno de los 15 países con mayor número de bebedores, pero lo raro es que la tierra de los canguros es una de las grandes potencias mundiales. Recientemente se ha publicado la lista de los países donde más se empina el codo en América Latina y la sorpresa es que a la cabeza están países como Chile, Argentina, Brasil y Uruguay, entre otros, mientras que Bolivia está al fondo del ranking, supuestamente como uno de los más abstemios, cosa que podría parecerle extraña a muchos que piensan como aquella millonaria australiana. De hecho, en la poderosa Alemania un ciudadano común consume casi 11 litros de alcohol por año, el doble de Bolivia. Eso sin contar los 116 litros de cerveza anuales que van a dar a las barrigas de los alemanes. Tal vez deberíamos buscar otra excusa para explicar por qué nos va tan mal.

jueves, 23 de julio de 2015

El ciudadano Papa Francisco

La gente sigue hablando del papa Francisco y yo no voy a ser la excepción y menos cuando vamos a tener que esperar otros 28 años para que se produzca un evento similar. Obviamente no voy a referirme al altar y al “sesudo” debate que se ha armado en torno a qué hacer con él. Tanto cerebro pagado para pensar tendrá que hallar la mejor solución ¿o no? 

Precisamente quiero hablar de algo que recalcó varias veces Francisco y que es totalmente contrario a la manera de actuar de los bolivianos, acostumbrados a pensar que alguien va a venir a solucionar todos nuestros problemas; un mesianismo que llevamos en nuestros genes y que no hace más que alimentar el caudillismo que nos daña tanto.

 Nadie favorece más el liderazgo de Evo Morales que los potosinos, pues al buscar el diálogo con él y nada más que con él, están ratificando que en este país no hay que hacer nada, solo esperar que algún iluminado venga y resuelva las cosas por nosotros. 

Afortunadamente el Papa no es populista ni mucho menos y en cada discurso tuvo alguna invocación al ciudadano, al único capaz de revolucionar las cosas. Ante los movimientos populares reunidos en la Fexpo, dijo que de nada sirven los procesos de cambio cuando no hay cambio de actitud; en la misa de El Cristo les pidió a los propios cristianos y católicos que se ocupen de sus hermanos: “Denles ustedes de comer” y en la cárcel, a los presos que se quejan con toda razón de la injusticia y de los abusos les pidió que oren, que se acerquen a Dios, que no se peleen entre ellos y que no abusen de los más débiles en esa lógica de “buenos y malos” que nos lleva al pecado. 

La madre tierra y los indígenas

Ante la crema y nata de la industria petrolera nacional e internacional; ante los ejecutivos que tanto denigró en el pasado a nombre de la dignidad y la soberanía de los pueblos originarios, el presidente Morales puso en duda la moralidad de los indígenas bolivianos, que supuestamente han sido corrompidos por algunas organizaciones no gubernamentales. En ese mismo escenario, el mandatario les brindó la seguridad a los empresarios que las petroleras podrán ingresar a seis de las 22 áreas protegidas del país para iniciar la explotación de hidrocarburos. El Gobierno ha estado lanzando sus dardos en contra de los indígenas, a los que acusa de perjudicar el desarrollo del país cuando exigen que les consulten a la hora de intervenir en sus territorios y esta nueva afrenta que busca denigrar, es precisamente la confirmación de que no habrá consulta previa. Se confirma también que Bolivia profundizará su tradición extractivista y depredadora de los recursos naturales, por lo que se va al tacho la tarea que les encomendó el papa Francisco a los movimientos populares en la Fexpo: "Cuiden la madre tierra".

Que vivan los conflictos

Con tanto “callo conflictivo”, las protestas, huelgas y bloqueos en Bolivia parecen tener una suerte de protocolo, así como tienen su propia terminología (“paro movilizado”, “hasta las últimas consecuencias” y “tensa calma”), sus procedimientos y sus maneras patentadas (costura de labios, tapiadas y crucifixiones, aunque las huelgas de hambre siguen siendo “de pliqui”). Pese a que los potosinos supuestamente aceptaron dialogar con los ministros, ya nomás surgen los detalles que demoran el inicio de las conversaciones. Entre ambos sectores se ponen objeciones, se llenan de “peros” y “conques” con tal de dilatar el asunto, pues mientras más se prolongue, la ganancia es suculenta para la politiquería boliviana. Los dirigentes sindicales suelen ganar mucho, pues la exposición mediática es importante y mientras más los insulten mejor para ellos. Ahí lo tienen al presidente, el mejor ejemplo de lo que un sindicalista puede alcanzar “a puro conflicto” y con la aplicación de toda la “nomenclatura huelgueril” acuñada durante tanto tiempo en este país que lleva ya 190 años “resolviendo problemas”. Pero no hay duda que el más beneficiado por todo es el caudillo de turno, pues con lo que está pasando se refuerza la idea de que en Bolivia nadie puede conseguir nada a menos que hable con el jefe. Al diablo la ciudadanía.