jueves, 26 de marzo de 2015

La sociedad Homero

Recuerdo un capítulo de Los Simpsons en el que un fabricante de autos le encarga el diseño de un modelo a Homero, por considerarlo el prototipo del hombre común, clase media, lleno de malos hábitos, mediocre y amante de la ley del mínimo esfuerzo. El resultado fue un adefesio lleno de chucherías que mandó a la quiebra a la compañía automotriz. 

Comento esto porque veo a muchos añorar una sociedad edificada a imagen y semejanza de nosotros mismos. El otro día, cuando bloquearon por cinco días el basural de Normandía, algunos propusieron la idea de que Santa Cruz tenga un botadero de auxilio, para cuando a alguien se le ocurra bloquear ¿Y por qué no dos, tres y hasta cuatro basurales? 

Si tuviéramos que adaptar la sociedad a cómo somos deberíamos poner basureros ambulantes, unos robots ultramodernos que vayan atrapando cada cosa que tiramos a la calle, desde el auto y el micro. Y hablando de transporte, la ciudad debería tener paradas cada diez metros para adecuarse al capricho de los usuarios, vendedores a cada paso para satisfacer la manera tan caótica que tenemos de abastecernos ¿Eso es lo que pasa no? 

Escucho a tremendos analistas hablar de construir más y más hospitales. ¿Para qué? ¿Para curar nuestra cochinera y nuestros malos hábitos alimenticios? Eso se cura en la escuela, mejor dicho en la casa, porque mientras nuestros padres no nos ayuden a cambiar de mentalidad, por más que construyamos colegios modernos y bien equipados, esta sociedad se mantendrá al borde de la quiebra y con líderes dispuestos a seguir manteniéndonos los caprichos. En otras palabras, seguiremos mereciendo la clase de políticos que tenemos. 

Las últimas elecciones

Los bolivianos deberíamos estar esperando con ansias que se termine el circo electoral, uno de los más deshonrosos que ha tenido lugar en este vapuleado país que a veces no encuentra explicaciones a su lugar en el mundo, siempre al lado de Haití. Para caer en cuenta, deberíamos= fijarnos en este “simple detalle”, es decir, en la manera cómo elegimos a nuestras autoridades, sobre las reglas que le inventamos a la democracia vernácula y en todos los trucos que inventan los “vivos” de siempre, como si fueran a perpetrar el gran descubrimiento de la prosperidad.
Supuestamente las elecciones del domingo serán las últimas de los próximos cinco años. Podríamos asistir a uno de los periodos más prolongados de la última década sin eventos electorales, después de haber participado en alrededor de veinte desde el 2005. No vaya ser que para nuestra desgracia, salga de la galera algún referéndum, una consulta o alguno de esos ensayos tan comunes en esta alocada democracia plebiscitaria. Ojalá que no.
El presidente Morales ha dicho que este será su último mandato, por lo que se espera que se acabe este estado de campaña permanente que lo ha mantenido de un lado a otro, inaugurando miles de obras, muchas de ellas sin mayor trascendencia para la vida de la gente, pero muy útiles a la hora de granjear votos. Lo mismo se puede decir de todos los gobernadores y alcaldes, la mayoría de ellos caudillos en su propio feudo, pequeños caciques que han estado alimentándose de un auge de ingresos que ha comenzado a declinar y que debería obligarnos a pensar en otra manera de conducir al país. Se acabaron los tiempos de las vacas gordas que alcanzaban para mantener al Fondo Indígena y muchas otras aberraciones que se han producido en estos diez años.
Los que van a votar el domingo deberían saber que todo ese mar de ofertas de los candidatos, incluyendo por supuesto, las que se van a ejecutar “solo en los lugares donde gane el MAS” están desde hace tiempo bajo un inmenso signo de interrogación, pues el país ha ingresado en un descenso económico vertiginoso producto de la caída de los precios de las materias primas, gas, minerales y soya, cuyas exportaciones son responsables de la mitad del Producto Bruto Interno y obviamente de los abultados ingresos públicos que han estado financiando el descomunal derroche del “Proceso de Cambio”. De hecho, en los primeros tres meses del año, podríamos haber acumulado una disminución de alrededor de 700 millones de dólares y el panorama es sombrío, pues los precios de los metales están cayendo y al gobierno comienza a tener complicaciones con los cientos de miles de mineros que otra vez podrían estar al borde de la quiebra como sucedió a mediados de los años ochenta.
Vamos a necesitar gobernantes concentrados en gestionar la escasez y las contingencias propias de una crisis, pues ha quedado demostrado que lo del blindaje fue un cuento de los ministros que a través de ese argumento han desnudado la falta de un plan para enfrentar lo que se viene y lo que está sucediendo en Brasil, en Chile y en todo el vecindario, donde hace tiempo están abocados a hacer ajustes, desarrollar planes alternativos, incentivar la austeridad y sobre todo la creatividad para evitar que el final de este superciclo de las materias primas derive en un nuevo periodo de caras tristes.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Planes de contingencia para Bolivia

Algunas voces se pronunciaron por la existencia de un plan de contingencia para responder en casos como el bloqueo de cinco días del basural de Normandía. Es muy simple, habría que construir un vertedero auxiliar, una nueva carretera como la que se hizo hace años, con todo los costos que ello significa. Habría que imitar lo que ocurre con la ruta a Cochabamba. Tenemos dos, por si una se corta, se derrumba o es bloqueada, está la otra: en pésimas condiciones, sin mantenimiento, pero a quién le importa. Como somos un país tan rico, podríamos tener todo de a dos: puentes, escuelas, hospitales, para que la gente bloquee a su gusto y no tengamos que molestar a la Policía para que cumpla con su trabajo y haga respetar las leyes. Y cuando tengamos un nuevo basural, alrededor de él se producirán nuevos asentamientos ilegales que serán tolerados por autoridades tan ineficientes o peores que las actuales. Esos habitantes reclamarán traslado, bloquearán el paso de los camiones con residuos y no faltará quien exija un plan de contingencia para el basural de auxilio. Qué país.

martes, 24 de marzo de 2015

Economía, preocupación y grandes mentiras

Hace unos días, en el acto de celebración del Día Nacional de la Soya, el vicepresidente García Linera comparó a los productores bolivianos con los paraguayos y se preguntó “qué tienen aquellos que no tengamos nosotros”, refiriéndose a los altos rendimientos, al número de hectáreas sembradas y otros factores que han convertido a la nación guaraní en una gran potencia soyera a nivel mundial.
Paraguay empezó mucho después que Bolivia a sembrar soya, pero hoy tiene 3,2 millones hectáreas con este cultivo, tres veces más que nuestro país que desde hace una década bordea el millón de hectáreas, a veces sobrepasando esta cifra y en ocasiones con algunas caídas, como ha sucedido en épocas de sequía especialmente.
Los paraguayos también sufren sequía y padecen los embates del cambio climático y en lugar de preguntarse qué tienen ellos, habría que ver qué no tienen.
Los paraguayos no tienen avasallamientos de tierras y si los hay, son hechos aislados, promovidos por grupos que no tienen altos contactos con el gobierno, el mismo que no incentiva actos ilegales y tampoco los tolera por cuestiones políticas.
Los productores de Paraguay no sufren el hostigamiento gubernamental que enfrentan los agricultores bolivianos; no son tratados como delincuentes, evasores y gente de mala índole. No son obligados a cumplir con ridículas regulaciones y a ellos tampoco se les prohíbe exportar.
Los soyeros paraguayos tienen altos rendimientos por hectárea, casi el doble de los bolivianos y no es porque sean mejores o más trabajadores, sino porque utilizan semillas transgénicas, como lo hacen todos los países vecinos que han asumido esta tecnología convencidos de que todo lo se habló en el pasado sobre los transgénicos fue mera fantasía de ciertos dogmáticos y fanáticos que todavía tienen mucha influencia en algunos gobiernos, entre ellos el de Bolivia.
Minutos antes de que hable García Linera lo hicieron los soyeros bolivianos y le plantearon los mismos argumentos que se expresan líneas arriba, pero fue como hablarle a una pared, como ha venido sucediendo cada vez que los empresarios de todos los sectores le han reclamado seguridad jurídica al régimen nacional.
Es tan confusa la actitud del gobierno, que un día habla de seguridad alimentaria y al otro día prácticamente le pone freno a la producción. En ocasiones defiende el estatismo como modelo dominante y hoy el ministro de Economía, Luis Arce, dice que la inversión privada es una vergüenza porque es un cinco por ciento menor que la pública.
El tema es que la declaración de Arce obedece a la desesperación que ha comenzado a cundir en el gobierno por la caída del precio del petróleo que ya causó remezones en las exportaciones y en los ingresos públicos. Si tan preocupados están deberían enviar los mensajes correctos y llevar adelante las políticas de incentivo a las inversiones que han estado reclamando no solo los empresarios nacionales, sino también gobiernos, compañías y organismos internacionales que hace años le pusieron un tachón al país.
El problema es que todo lo que hace el régimen es poco creíble. El lunes, mientras los empresarios digerían las palabras del vicepresidente y del ministro Arce, el gobierno aprobó un decreto que le entrega 20 millones de dólares más a la empresa nacionalizada Enatex, cuyo manejo ha sido calamitoso.

Miedo al terrorismo

Los líderes de la Federación Nigeriana de Fútbol han calificado como un acto de cobardía la decisión de sus colegas dirigentes de Bolivia, que de manera unilateral suspendieron un partido amistoso entre las selecciones nacionales de ambos países previsto para este 25 de marzo en la capital de la nación africana, Abuya. Los bolivianos no quisieron viajar por temor a las actividades terroristas del grupo islamista Boko Haram, que ha estado activo durante los últimos años en el norte del país, con un saldo numeroso de víctimas y atentados. Los nigerianos tienen razón en su queja, puesto que Bolivia ha estado dando señales algo ambiguas en relación al terrorismo y sus actores. Todos saben de las relaciones estrechas que se han montado con el régimen iraní, que en una ocasión envió de visita al país a un ministro vinculado con un atentado en Argentina. Estuvimos muy cercanos al exdictador libio Muhamar Kadafi; hemos tratado con guante de seda a ciertos grupos palestinos de mala fama en el mundo y también nos hemos comportado con complacencia frente al régimen sirio, causante de miles de muertes en los últimos años. Los nigerianos seguramente decidieron hacer la invitación porque creen que los bolivianos no le temen al terrorismo. Si no es así deberíamos ser más coherentes.

martes, 17 de marzo de 2015

Otra vez "falló" la democracia

Costó mucho trabajo y sangre convencer a las masas en los años 70 que la democracia sería mejor que la dictadura. Pasados algunos años, todavía se escuchaba por las calles de las ciudades latinoamericanas: “mejor estábamos con los militares”, especialmente cuando nuestros países estaban abatidos por la hiperinflación, la falta de recursos para cumplir con las necesidades más elementales de la población y por la inestabilidad política, que se agudizó con la llegada del nuevo milenio, cuando se produjo una suerte de agotamiento en Bolivia se denominó como “democracia pactada”, cuyo defecto más visible era el cuoteo y el clientelismo.
Al cabo de veinte años, la conclusión generalizada era que la democracia le había fallado a la gente, que no había servido para superar los viejos problemas de pobreza, desigualdad, marginalidad, insostenibilidad económica, mientras se mantenían imbatibles la corrupción, la exclusión y el prebendalismo, por citar solo algunas de las taras de nuestra política y que han persistido en las diferentes etapas de nuestra historia.
A finales del siglo pasado y principios del presente surgió una suerte de “tercera vía” en América Latina, de la mano de líderes carismáticos, arropados por ideas colectivistas y de valores muy populares como el indigenismo, la ecología y la inclusión. Casi todos traían en la espalda largos años de lucha social y de manera coincidente arrasaron en las urnas una y otra vez, montados sobre nuevos consensos acerca del funcionamiento de la democracia y por supuesto, sobre un hecho real e indiscutible: un periodo histórico de bonanza económica que les permitió a estos mandatarios gozar de muchas indulgencias de parte de una población que no ha estado hilando fino en materia de derechos, libertades, transparencia y de control, pilares fundamentales de la democracia y piezas indispensables para que el contrato social entre gobernantes y gobernados rinda frutos y se materialice en mejores y más duraderas condiciones de vida.
En este nuevo periodo de una década y más, además de los problemas que afearon la joven democracia veinteañera, se han sumado otros que eran propios de la dictadura militar, como el abuso de poder, la violación a los derechos humanos y la ausencia de contrapesos que se dieron por las reformas políticas dirigidas a implementar autocracias de largo alcance.
Ese millón de brasileños que salió el domingo a las calles a protestar contra el gobierno de Dilma Rousseff; esos indignados de Argentina y esos que se arriesgan a ser asesinados por las hordas chavistas que tienen órdenes de disparar a matar, no solo rechazan los viejos males de nuestras democracias. No solo están hastiados por la hipercorrupción que ha cobrado notas históricas en el continente. No solo gritan en contra de los atropellos a la justicia y el autoritarismo, de larga tradición en nuestra región. También  se angustian porque la democracia les ha vuelto a fallar; porque la pobreza vuelve a mostrar su feo rostro ahora que se viene un periodo de vacas flacas que podría devolver el marcador a cero en este proceso que no termina de arrojar resultados positivos. Pero no hay que culpar a la democracia, es que no hemos comprendido qué significa y qué alcances tiene.

Por un puñado de gorras

El candidato a alcalde por el MAS, Reymi Ferreira, se comparó con Percy y con Johnny Fernández al momento de explicar su comportamiento, registrado en un embarazoso video en el que se lo ve furioso, tacañeando unas gorras cuyo precio no debe sobrepasar los cinco bolivianos, según los innumerables comentarios registrados en las redes sociales. Cómo habrá sido de desubicada la reacción del postulante, que fue un “opa” (Nando Chávez) el que tuvo que salir en su auxilio para que vuelva a la cordura. De todas formas  Ferreira, quien se jacta de haber sido rector, concejal y gran intelectual (es contagiosa la enfermedad) tiene razón, pues nunca será lo mismo andar “chivoneándose” unas gorras que agarrarle las nalgas a una dama o pedir en público a la militancia que “no roben pero saquen algo”. El problema es que si el hombre de la G-77 cita a sus contrincantes en un asunto que no tiene explicación, es porque seguramente anda algo desesperado, lo que hace entendible su reacción iracunda. Por otro lado, no es bueno compararse con dos políticos tan curtidos como Percy y Johnny que han ganado varias elecciones y que saben mejor que nadie que a un politiquero se le perdona todo, menos que sea tacaño y sobre todo en campaña y en un partido que ha hecho de la “repartija” un asunto de Estado.