lunes, 14 de abril de 2014

Negocios plurinacionales


Hace unos días Bolivia se convirtió en una de las 11 naciones (de un total de 193) que votaron a favor del separatismo de Crimea, región de Ucrania que se mantiene bajo ocupación militar de Rusia, país que ha estado desestabilizando a la república del este europeo con el objetivo de restablecer el imperialismo zarista. La ONU convocó a una sesión para tratar el referéndum separatista de Crimea y emitió una resolución de rechazo apoyada por una abrumadora mayoría, mientras que nuestro embajador en Nueva York, Sacha Llorentty, llevó la postura de apoyar la secesión y respaldar el expansionismo del despótico Vladimir Putin. La prepotencia rusa en contra de Ucrania y de toda Europa en realidad, se asienta sobre la hegemonía energética que ejerce sobre el Viejo Mundo, que depende en gran parte de la provisión de gas de Rusia. Lo insólito de la postura boliviana no está en apoyar a un tirano como Putin, sino en la contradicción que ha sido expresada recientemente. El vicepresidente García Linera acaba de afirmar en Europa que Bolivia podría venderles gas, así reducen la dependencia de los suministros que vienen de los campos rusos. Una de dos, o la coherencia no es la mejor materia del Estado Plurinacional o tal vez el capitalismo y los negocios que se le han metido hasta los huesos a algunos agentes del proceso de cambio.

El capitalismo vive


Durante años venimos escuchando acerca de teorías sacadas del cementerio como el Socialismo; otras que parecen adefesios salidos del laboratorio de algún científico loco como el Socialismo del Siglo XXI y otras que surgieron de las elucubraciones mentales autóctonas, típicas del más cínico de los sofistas o del más inescrupuloso de los fariseos: "comunitarismo indígena", "capitalismo andino", "economía comunitaria", "cooperativismo originario", etc., etc.

Es curioso que ninguno de los propietarios de la empresa Air Catering, muy cercanos al autor y propalador de dichas teorías, haya apelado a alguna de esas figuras de índole colectivista para hacer negocios con el Estado Plurinacional, que gustoso aceptó la modalidad del contrato con una empresa absolutamente liberal, con accionistas, con sistemas de outsourcing y demás detalles que confirman que el capitalismo está más vivo que nunca en Bolivia.

El problema es que el capitalismo vigente sobrevive en su estado más salvaje, aquel que coimea, que no compite en igualdad de condiciones y que se vale del poder para hacer empresa, algo que termina por degradar la política y por supuesto al propio capitalismo, que necesita de reglas claras que permitan la innovación y la multiplicación de la riqueza, valores fundamentales de un sistema económico saludable.

En realidad, la versión que se mantiene en Bolivia es el imbatible capitalismo de Estado, que consiste no en generar y multiplicar la riqueza, sino en tejer la mejor red de contactos y privilegios que da como resultado una sociedad espuria entre empresarios y políticos, modalidad que en países con reglas muy bien establecidas tiene un nombre muy claro: mafia.

Esta es precisamente la manera cómo han entendido el nuevo capitalismo los mineros cooperativistas, que durante años se dedicaron a capitalizar ventajas políticas y ahora las ofrecen al mejor postor, es decir, a empresas mineras, nacionales y extranjeras con las que han firmado contratos de explotación de recursos naturales que supuestamente son de todos los bolivianos.

En el caso de los mineros, el Gobierno se ha dado cuenta de la amenaza que significa esta intrincada relación con el oportunismo capitalista y les ha declarado la guerra, insinuando incluso que se trata de una traición a la patria, pese a que en el primer caso, las autoridades se niegan a actuar para ajustar por lo menos las cosas y hacer algunas correcciones. Como sabemos, hasta los grupos mafiosos tienen sus reglas y obviamente los cooperativistas no van a retroceder mientras las leyes no sean parejas. Y de persistir los negocios que han forjado los mineros, la denominada rosca de los barones del estaño quedará como la asociación de las Carmelitas Descalzas en comparación con lo que se nos viene.

El capitalismo debe vivir en Bolivia, porque insistir en el socialismo es condenarnos al fracaso. Pero debe vivir con reglas claras, modernas y sobre todo equitativas. Lo que está sucediendo no solo es la prueba de que no ha cambiado nada en el país, sino que estamos involucionando hacia estadios más primitivos del capitalismo espoliador y saqueador. A este paso, dentro de muy poco tiempo necesitaremos una revolución mucho más profunda que la del 52 para recuperarnos.

Chileno bueno, chileno malo


El Gobierno se ha gastado millonadas en la difusión de anuncios de radio y televisión en los que algunos ciudadanos chilenos le echan flores al presidente y su gestión. Para eso son buenos los chilenos, diría alguien, cuando hablan bien, adulan y aplauden. En primer lugar habría que preguntarle a las autoridades nacionales por qué no difunden esa propaganda en Santiago, en Valparaíso o cuando menos en Antofagasta. Seguramente ahí se convertirán en malos, en un insulto, como ha sucedido con el periodista Raúl Peñaranda, autor de un libro que revela el impresionante control de los medios de comunicación que lleva adelante el régimen del MAS y cuya punta de lanza se encuentra en la vicepresidencia. Al mejor estilo de las turbas de linchamiento, diferentes voceros gubernamentales han salido a gritar "chileno, chileno" contra Peñaranda, un gesto que ha desnudado un sentimiento de xenofobia nunca antes visto en el país. Con esta actitud, no pretendamos que se vuelvan a repetir aquellas manifestaciones tan abiertas y democráticas como las que se produjeron en Chile y tampoco nos quejemos cuando en los estadios argentinos usen la palabra "boliviano" para denigrar a alguien o en San Pablo traten a nuestros compatriotas como lo peor.

Diálogo, realidad y alucinaciones


La prolongada jornada de diálogo que finalmente se dio entre el oficialismo y la oposición en Venezuela, nos hizo recordar a los bolivianos, aquella reunión que sostuvo el presidente en enero del 2008 con todos los prefectos del país, cuando el mandato de Evo Morales atravesaba por momentos críticos, luego del fracaso de la Asamblea Constituyente y la efervescencia del movimiento autonomista.

 La clave del encuentro era el “diálogo sin concesiones” y en la reunión hubo mucha cordialidad, una aparente voluntad de escuchar al otro, corregir errores y se hicieron promesas de convivir pacíficamente.  Recordemos que en esa reunión estuvieron los prefectos, de La Paz, José Luis Paredes; de Cochabamba, Manfred Reyes Villa; de Santa Cruz, Rubén Costas; de Beni, Ernesto Suárez; de Pando, Leopoldo Fernández y de Tarija, Mario Cossío, por mencionar solo a las autoridades opositoras.

Meses después, el prefecto pandino estaba preso y casi todos los demás huyendo luego de que el oficialismo los destituyó mediante una ley inconstitucional y desató contra ellos una verdadera cacería parajudicial, mediante procedimientos típicos de una dictadura. De esa manera, cientos de autoridades municipales, cívicas y municipales, fueron perseguidas y apartadas de sus cargos y nunca más hubo “diálogo”, entre comillas, porque en realidad todo fue una farsa.

El presidente venezolano Nicolás Maduro les dejó muy claro a los opositores que él no tiene por qué dialogar con ellos por tres simples razones que fueron machacadas hasta el cansancio durante las seis horas de encuentro. Primero, porque si bien reconoció que Venezuela no es “el país de las maravillas” es algo muy parecido a eso y que todas las denuncias de escasez, de desabastecimiento, de inseguridad, de autoritarismo, corrupción, inflación y mal manejo económico son puras alucinaciones de la gente que no reconoce a la revolución bolivariana y sus inmensos logros que supuestamente figuran en una cifras totalmente contradictorias a las que manejan los disidentes, con datos del Banco Central de Venezuela.

En segundo lugar, Maduro no dialoga y simplemente cumple un ritual en el que insiste en su monólogo, porque afirma y una y otra vez que los actos de protesta que se vienen produciendo desde hace dos meses en Venezuela, son en realidad actos de terrorismo, a los que amenaza con seguir reprimiendo, amparado –dice él-, en la Constitución de su país.

Por último, Maduro simplemente asiste a un acto mediático para hacerles saber a sus detractores que se siente más seguro que nunca porque goza del respaldo incondicional de las Fuerzas Armadas, que entre otras cosas, le ayuda a capear una crisis política originada en un dudoso triunfo electoral que sin embargo, le ha impedido mantener la cohesión de su partido y el secuestro pleno del andamiaje institucional, como sucede en cierta forma en Bolivia, con la aparición de los librepensantes por un lado y las disidencias en el seno del Órgano Judicial donde se han originado críticas y sobre todo el bloqueo a ciertas leyes claves para mantener el esquema de persecución.

En Venezuela el diálogo tardó 15 años en llegar y viene cuando el régimen chavista atraviesa problemas que Maduro piensa que puede controlar, algo que algunos creen que se trata de sus clásicas alucinaciones. El populismo boliviano no tiene los mismos problemas, pero podría tenerlos. Todo depende de la realidad que se imponga en Venezuela.

miércoles, 9 de abril de 2014

La pedagogía de la protesta y el efecto bumerang

Alrededor de 8.000 suboficiales y sargentos piden convertirse en oficiales técnicos
 de las Fuerzas Armadas y que cese la discriminación en guarniciones militares. 
Hace unos años, el Gobierno promovió el insólito y primer bloqueo de una vía protagonizado por un regimiento militar. Ocurrió en La Paz, cuando efectivos de la Escuela de Inteligencia llevaron adelante la medida de protesta contra la Alcaldía Municipal, en un claro intento por boicotear los puentes trillizos, la obra estrella del exalcalde Juan del Granado. La pedagogía del bloqueo, del paro y del uso de la fuerza para hacer valer los derechos o supuestos derechos, es algo que puede ocasionar un efecto bumerang para el Gobierno. Lo estamos viendo con los mineros cooperativistas, que no tienen miramientos cuando interrumpen el tráfico en las carreteras, tal como lo hacían cuando actuaban a pedido del oficialismo y también se lo puede observar con los militares, que durante los últimos años han demostrado una obsecuencia nunca vista en la historia nacional. Ese idilio se ha tornado en una situación complicada y prueba de ello es el paro de 24 horas que han llevado adelante los suboficiales de las Fuerzas Armadas en dos regiones, exigiendo mejoras salariales, cambios en su escalafón y el cese de supuestos actos de racismo y discriminación dentro de la institución castrense. En otras palabras, han pedido "descolonizar" el Ejército y el primero en negárselo ha sido el Gobierno.

La era de los drones



"El problema es la mano de obra", me dijo un ganadero cuando hablábamos de la necesidad de introducir nuevas prácticas en la crianza de animales. Tecnología hay, conocimientos también pero lamentablemente es difícil lidiar con "el arreo", no precisamente de los animales. 
Ese justamente debe ser el problema que ha alentado a los creadores de un nuevo robot que es capaz de redactar noticias en tiempo récord, sin errores ortográficos y con suma precisión.
El periodista cibernético desarrollado por un experto en programación debutó en el diario Los Ángeles Times con la primicia de un sismo en California que estuvo al aire en menos de tres minutos, con detalles y todo. Muchos de mis colegas van a pegar el grito al cielo con esta noticia, aunque seguramente tardará un trecho en llegar a nuestro medio. 
Pero los que ya están aquí son otros drones, unos aparatos voladores que pueden hacer todo tipo de trabajos, desde repartir correspondencia (no más carteros) hasta medir terrenos (pobres topógrafos), hacer análisis de suelos (tristes los geólogos) y también proveer servicio de internet a poblaciones alejadas, como lo tiene previsto hacer la empresa Facebook. 
Tal vez un día lleguemos al extremo que relataba aquel cuento, sobre una inmensa fábrica controlada apenas por un hombre y un perro.  El hombre había sido contratado para observar el proceso de producción ¿y el perro? para vigilar al tipo y que no toque nada. Es "la mano de obra", diría mi amigo ganadero, a quien se le terminan los días, de ver crecer sus animales en extensas pasturas libres de agua, de loteadores y politiqueros baratos.

martes, 8 de abril de 2014

Si no puedes con tu enemigo...

El Gobierno ha revelado que los cooperativistas mineros tienen firmados 42 contratos con empresas privadas, nacionales y extranjeras, las mismas que bajo este padrinazgo, han pasado a gozar de los mismos beneficios, entre ellos la exención impositiva. Lo que parece ser algo negativo, podría ser el cumplimiento de aquella máxima que dice: "Si no puedes con tu enemigo, únete a él". En otras palabras, puede que las compañías mineras hayan decidido aliarse con las cooperativas y de esa manera, no solo gozar de las ventajas impositivas, que es lo de menos, sino también, prevenir avasallamientos y también nacionalizaciones, pues como sabemos, este sector que ahora se mantiene en conflicto con el Gobierno ha invadido cientos de predios mineros y algunos de ellos pasaron al Estado vía decreto.  Este mismo pacto podría reproducirse, por ejemplo, entre productores agropecuarios y avasalladores, dueños de grandes ventajas políticas y legales. Una alianza les permitiría a ganaderos y agricultores "blindarse" respecto de prohibiciones para exportar y otras restricciones que el Gobierno suele aplicarle a "los enemigos". ¿Qué tal una alianza entre importadores legales y contrabandistas, entre vendedores de ropa usada e industriales de la textilería? Lo que puede hacer el proceso de cambio.