viernes, 21 de noviembre de 2014

La hora de los trogloditas

Con toda la razón, el presidente Morales les ha jalado las orejas a sus ministros, porque según él, han fallado en la implementación de numerosas leyes creadas  a favor de las mujeres y que ya deberían haber surtido efecto en la disminución de los casos de violencia, abuso, trata de personas, asesinatos y otros delitos que han crecido en los últimos años. Así lo ha confirmado la ministra de propaganda, Amanda Dávila, quien ha expresado el compromiso del gobierno de poner en marcha los mecanismos establecidos por ley para que las normas no se queden simplemente en papel mojado. Posiblemente esta reacción presidencial ponga freno a toda una avalancha de propuestas que estaban lanzando agentes gubernamentales, algunas bastante repetidas, como la idea de la castración química o la pena de muerte para los violadores y otras que son nuevas como la cadena perpetua y otra recientemente lanzada por el inefable presidente de la Cámara de Diputados, Marcelo Elío, quien dice estar a favor de aplicar los trabajos forzados para los culpables de delitos graves. Ojalá que se frene también el intento de linchamiento que se pretende cometer contra los médicos del Hospital del Niño de La Paz a los que a toda costa buscan culpar por la muerte del niño Alexander.

Un millón de sospechas

En octubre del 2013 se produjo un hecho insólito en la localidad de Pozo del Tigre ubicada al este del departamento de Santa Cruz. Una patrulla de la policía antidrogas de Bolivia incautó algo más de un millón de dólares que fueron lanzados desde una avioneta. Los agentes observaron cómo arrojaron el paquete y detuvieron a la persona que debía recoger la encomienda en medio de un sembradío. La bolsa decomisada contenía 26 fajos por un valor de 1.000.080 dólares con billetes de distintos cortes, muchos de los cuales tenían sellos de un banco paraguayo. Junto al dinero secuestraron dos vehículos, una escopeta, un rifle y una ametralladora. Pero lo más insólito es que todo ese dinero ha sido devuelto a personas que lo reclamaron y que convencieron a los jueces de que se trata de recursos con origen y destino totalmente lícitos. El viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, ha lamentado este incidente, producto según él, de vacíos jurídicos y “chicanerías” que permiten la devolución del 70 por ciento de los bienes incautados a narcotraficantes. Obviamente el Gobierno se lava las manos, pero lo sospechoso es que justo en estos casos nadie decide “meterle nomás” o proceder con el mismo rigor con el que se actúa en otros asuntos de la justicia en los que no está involucrado el narcotráfico.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las marchas de ayer y de hoy

El año pasado numerosos habitantes de Yapacaní, a la cabeza de ciertos dirigentes y autoridades ligadas al partido de gobierno, se movilizaron para impedir la instalación de un cuartel de Umopar destinado a frenar el auge del narcotráfico en la zona, que amenaza con disputarle el liderazgo del Chapare en materia de coca y sus derivados. Vencieron los manifestantes y hasta el propio presidente Morales se mostró decepcionado por esa actitud, aunque no se dijo nada del ofrecimiento que hizo un municipio vecino para que se instale allí el regimiento antidrogas. El pasado miércoles, esas polémicas protestas del pasado se convirtieron en una dolorosa marcha de cientos de estudiantes que salieron a las calles a exigir que las autoridades hagan algo con la proliferaciones del delito de trata de personas, violencia familiar, asesinatos de mujeres y otros crímenes que han aumentado y que son atribuidos al auge de la droga en el lugar. En la manifestación de los escolares no participó ninguno de los que hace un año gritó y bloqueó para rechazar la presencia policial. Ha quedado clarito para quienes trabajan y el gobierno debería demostrar que en verdad quiere luchar contra esos flagelos.

Campeonato nacional

Entre algunos miembros del oficialismo parece haber una competencia para ver quién dice más sandeces. El senador Isaac Ávalos fue quien inauguró esta olimpiada nacional cuando afirmó aquello de los colombianos, una afirmación xenófoba de grandes proporciones. Segundo en el podio se encuentra el ministro de Economía, Luis Arce, quien dijo que los albergues, hogares, asilos y refugios de personas abandonadas que administra la Iglesia Católica son emprendimientos privados y por lo tanto deben cumplir con todas las obligaciones de una empresa. Hay algunos que se preguntan ahora si los asilos cotizan en bolsa o venden acciones, pues a lo mejor su rentabilidad es altamente recomendable. Y vamos con el tercero, el presidente de la Cámara de Diputados Marcelo Elío, autor de la recomendación de expulsar a todos los obispos extranjeros, porque según él traen el país criterios ajenos a la realidad boliviana. El señor Elío tal vez no sabe que en Bolivia son escasos los sacerdotes bolivianos, la vida de un cura es muy difícil, de grandes sacrificios, pues dedican todo su tiempo a servir a los demás, especialmente a los desvalidos que deberían ser atendidos por el Estado. Para los bolivianos es mucho más fácil ser dirigente político.

Estado y riqueza

¿Puede un estado crear riqueza? La pregunta es oportuna justo ahora que el gobierno boliviano impulsa la nacionalización como la gran bandera del cambio y pretende que el sector público domine, si es posible, el ciento por ciento de la economía.
El asunto es más polémico todavía, cuando se observa que el Presupuesto General de la Nación del 2015 destina el 50 por ciento del dinero de la gente a las 35 empresas estatales, entre las que se encuentran las nacionalizadas, las expropiadas y las que han sido creadas por el régimen en estos nueve años.
El otro elemento que se debe tener en cuenta en esta discusión es la amenaza que enfrenta nuestro país, cuyos ingresos dependen en gran medida del gas y de la minería, ante la caída de los precios de las materias primas, que podrían ocasionar disminución en los ingresos y por tanto, poner en riesgo los emprendimientos públicos en los que tanta fe han depositado nuestros gobernantes, convencidos de hacer funcionar en Bolivia doctrinas que fracasaron en todo el mundo y en numerosas ocasiones.
Aunque el Ministro de Economía diga que Bolivia es una isla blindada en medio de un mar que se visualiza turbulento, no hay que descartar un escenario difícil en el que el “modelo” boliviano deberá probar que no solo es capaz de gastar, distribuir y derrochar la riqueza que se gestó bajo el esquema “neoliberal”, sino que también tiene la posibilidad de crearla, con producción, emprendimientos, ingenio, tecnología, agilidad, interconexiones, etc.
La verdad es que nueve años es un tiempo considerable como para demostrar algunas de las bondades del régimen en materia de creación de riqueza, algo que no se ha visto lamentablemente, aunque el oficialismo trate de demostrar que la bonanza que hemos estado viviendo salió de la inventiva y la laboriosidad de los funcionarios que hoy manejan esas empresas. De cualquier forma el resultado no es como para “tirar mantequilla al techo” pues apenas nos jactamos de haber reducido algunos puntos de la extrema pobreza y de haber ayudado a ingresar a la clase media a una pequeña porción de bolivianos. Sin ser muy pretenciosos, en las circunstancias económicas que se avecinan y que algunos ya califican como una posible recesión mundial, los bolivianos deberíamos conformarnos con que Bolivia no caiga en uno de los tantos pozos que figuran en triste historia de ciclos crisis-bonanza.
Desafortunadamente hay ejemplos que indican que si bien el Estado boliviano hará todos los esfuerzos contables y utilizará todos los trucos monetaristas para capear la situación, en la creación de riqueza será un completo fracaso, como lo ha demostrado Huanuni, con grandes pérdidas en pleno auge de los minerales, o como la empresa textil Enatex, que en manos estatales hizo crecer las pérdidas en un 340 por ciento.
Y es que el Estado nunca ha sido capaz de generar riqueza. Eso lo hacen las personas que arriesgan su propio dinero y lo invierten, pagar, ganar y vivir bien, algo muy concreto, pero que en manos de los políticos se vuelve un espejismo estadístico. ¿Qué debe hacer el Estado? Simplemente dejar de estorbar a todos quienes hoy están sufriendo hostilidad, inseguridad, avasallamientos, burocracia y un sinnúmero de restricciones que impiden la generación de riqueza.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Libros y política

Está creciendo como bola de nieve la polémica sobre el grave caso de censura a dos escritores cubanos que fueron invitados al evento “Santa Cruz de las Letras” y a quienes se les prohibió participar con su conferencia “Cuba por dentro y por fuera”, supuestamente por órdenes del gobierno nacional. Los organizadores del evento no saben qué decir y en su afán de explicar lo inexplicable han ensayado un típico argumento plurinacional: “Es un complot del imperialismo”. Eso podría haberse entendido viniendo de un funcionario cualquiera, de un fiscal o un viceministro, pero no de alguien que se precia de ser un connotado escritor. Pero la lista de incongruencias no termina ahí, pues semejantes intelectuales expertos en literatura han dicho también que tacharon a los cubanos porque iban a hablar de política y no de libros. A lo mejor piensan que Saramago, García Márquez, Octavio Paz, Neruda y un largo etcétera jamás escribieron de política y que dedicaron toda su existencia, arriesgaron sus vidas y hasta fueron exiliados por hablar de los pajaritos, de las florcitas y de las verdes praderas que se pierden en el horizonte. Si en realidad se creen lo que están diciendo debieron invitar a los autores de libros de autoayuda, entre los que debe haber alguno que ha escrito “Cómo superar la estupidez”.

jueves, 13 de noviembre de 2014

¿De qué vamos a vivir?

Esta pregunta ha estado flotando a lo largo de la historia de Bolivia y el no haber hallado una respuesta orientada hacia el largo plazo, es la explicación a la mayoría de las penurias que hemos pasado los bolivianos.
En la época de la colonia vivíamos de la plata y sería largo de contar todas las tragedias originadas en ese metal. El cambio hacia el estaño nos llevó a la mal llamada “guerra federal”, que no fue otra cosa que una lucha fratricida cuyas heridas no han sanado todavía y que explica en buena medida la división y la falta de cohesión entre los bolivianos.
El estaño consolidó el centralismo y la concepción de un país monoproductor, cuya única vía de salida era (y sigue siendo) un ferrocarril que cambiamos por la costa, aunque ahora nos desgañitemos diciendo que no se trató de una transacción, sino de una injusticia. Quienes firmaron el Tratado de 1904 tenían marcada en su cabeza la pregunta “¿de qué vamos a vivir?” y la respuesta fue rifar el mar, pues de lo contrario Bolivia se hubiera condenado a la inanición y la desaparición.
La Guerra del Pacífico ocurrió porque nuestros gobernantes habían puesto todos los huevos en una sola canasta, en el huano y el salitre y la Guerra del Chaco fue el resultado del mismo fenómeno, es decir, el apetito de nuestros vecinos por arrebatarnos la única fuente de ingresos y convertirnos en el eterno satélite de otras naciones, en el debilucho de la zona, el estropajo que siempre anda buscando un nuevo hueso para roer.
Cuando comenzamos a exportar gas a la Argentina no teníamos reparos en llamar “salario boliviano” al dinerito que nos enviaban tarde mal y nunca nuestros compradores y lamentablemente, ya sea con la capitalización o con la nacionalización, seguimos siendo unos asalariados, dependientes de lo bien que les vaya a nuestros patrones, ya sea los clientes o las petroleras transnacionales que controlan el negocio.
Y el presidente Evo Morales lo dijo literalmente hace un tiempo “¿de qué vamos a vivir”? cuando promovía que se arrase con los bosques, los parques nacionales y los territorios indígenas en busca de gas y por supuesto de nuevos espacios para las plantaciones de coca, el otro recurso en el que tenemos depositada toda nuestra fe revolucionaria.
Queremos producir más alimentos para reducir la inseguridad alimentaria y lo único que se nos ocurre es acudir a la mentalidad desarrollista del Siglo IXX, es decir a talar, destruir, extraer, explotar y exprimir sin considerar que justamente lo que necesita Bolivia para no siga persiguiéndonos el fantasma de la inviabilidad es buscar la sostenibilidad, algo que sólo encontraremos si recurrimosa la diversificación, a la innovación y la competitividad.
Justo ahora que los precios de las materias primas sufren el peor bajón de la última década, nuestros gobernantes proponen abrir un debate con la sociedad y obviamente, en aras de “obedecer al pueblo”, la respuesta será consumir las reservas, insistir en la misma receta del extractivismo y el rentismo, cuando lo que se necesita es que alguien conduzca una verdadera revolución que nos saque del pozo en el que estamos desde hace 500 años.