domingo, 14 de septiembre de 2014

El país insólito

Los bolivianos habíamos peleado mucho para deshacernos de viejos estigmas como la pobreza, la corrupción, el narcotráfico y ese apego tan criollo a transgredir las normas y a pensar que de esa forma somos más vivos que el resto de la humanidad.
Hoy no solo seguimos siendo uno de los tres países de América Latina con los peores indicadores sociales y si bien ya no somos el subcampeón de la corrupción, andamos muy cerca de ese podio. Y en materia de tráfico de drogas la verdad es que hemos empeorado, pues Bolivia es hoy el principal proveedor de cocaína de Sudamérica y aspirante a convertirse en el nuevo nido de los grandes cárteles internacionales de la droga como lo fue Colombia y como lo es México.
Además de persistir en esos problemas, Bolivia está camino no solo a revalidar su título de una tradicional “república bananera”, sino a convertirse en una de esas estrambóticas naciones africanas o asiáticas, con pintorescos caudillos, hechos insólitos y métodos de administración política dignos de las páginas de noticias curiosas y libros de récords. Si alguien analiza bien lo que ocurre en la mayoría de los países cuyos representantes asistieron a la cumbre G-77 en Santa Cruz no dudará que de a poco nos vamos integrando a un vergonzoso club al que muy pocos quieren pertenecer.
Comencemos por mencionar algunos ejemplos como el de la manipulación del voto, esa forma tan burda de degradar la dignidad humana a través de la amenaza de flagelar a quienes no brinden su apoyo al oficialismo. Vaya uno a saber qué métodos “culturales” (así lo dijo nada menos que la OEA hace unos años) aplican esos sectores políticos para controlar a los electores, quienes ahora están conminados también a ejercer el “voto colectivo”, “el voto soldado” y otras aberraciones que lamentablemente tiene el aval de los organismos estatales que deberían combatir esas prácticas.
De ese hecho pasamos al caso de dos sectores que están cometiendo ilegalidades y que ahora exigen pasar al orden jurídico con el pago de impuestos. Se trata los cocaleros del Chapare y de los propietarios de autos indocumentados que lamentablemente han recibido un trato permisivo del Estado durante mucho tiempo y que ahora demandan un estatus preferencial a través de la ley, hecho que daría paso a legalizar el crimen y promover de esa forma delitos graves como el robo de autos y el narcotráfico, pues son actividades ligadas a esos dos grupos que bloquean y presionan sin tapujos al gobierno.
A esto hay que sumar, por supuesto, que somos “líderes” en linchamientos y “campeones” en abuso y asesinato de mujeres, aunque habría que decir, sin embargo, que pese a todo tenemos nuestro propio satélite artificial en órbita, uno de los más costosos aviones presidenciales, que nos vamos al déficit por organizar una reunión presidencial y que pensamos mandar a nuestros mejores estudiantes a Harvard. Un país insólito, sin lugar a dudas.

¿Eliminar el Estado?

Ahora que hay consenso de legalizar lo ilegal, como es
el caso de los autos chutos, vale la pena pensarlo...
Ahora que defender el delito se ha vuelto un tema libre de tapujos y que existe el consenso de que “hay que meterle nomás, aunque sea ilegal”, el Gobierno del MAS debería proponer formalmente y sin disimulo, la desaparición del Estado boliviano para que Bolivia se vuelva simplemente un territorio donde se puedan ejercer libremente las actividades que hoy están reservadas a unos grupos autorizados para contrabandear, producir coca sin limitaciones y violar la ley con la anuencia de las autoridades.
Esta propuesta que parece descabellada en realidad no lo es, pues responde a las políticas que ha estado implementando el MAS en los últimos años. Y aunque lo haya hecho de manera selectiva, para beneficiar a ciertos sectores afines, los resultados han sido fenomenales, como lo atestigua la creciente burguesía que florece en El Alto, en el Chapare, en varias regiones de Cochabamba, en Yapacaní y en muchos otros lugares donde los que ayer eran pobres campesinos y comerciantes, hoy son ostentosos empresarios dueños de llamativos edificios que han impuesto una moda arquitectónica. ¿Por qué no extender ese tipo de fomento a todo el país?
Vemos cómo, mientras el Gobierno –autor del paradigma que relativiza la ilegalidad y subordina la ley a lo político y lo social-, se opone tenazmente a la nacionalización de los autos chutos, decenas de alcaldes de provincias apoyan a los dirigentes de los “chuteros”, siguiendo los pasos de los mallkus y dirigentes campesinos que protegen abiertamente el narcotráfico, que apoyan el contrabando en el altiplano y que promueven los linchamientos, tal como lo hizo el exdirigente de Achacachi que hoy es nada menos que el presidente del Senado. Lo que ocurre hoy con los automóviles ya sucedió en Yapacaní con el fallido intento de construir un cuartel antidrogas que frene el avance de los cárteles internacionales de la droga.
Y por si fuera poco, los candidatos de la oposición, Samuel Doria Medina y Tuto Quiroga, también han manifestado su apoyo a la regularización de la situación de los autos indocumentados, que según ellos representan un gran acto de hipocresía gubernamental, que por un lado dice proteger la ley y por el otro lado hace la vista gorda con irregularidades muy gruesas. En el tema de los “chutos” este comportamiento es por demás de evidente, pues se persigue solo a quienes circulan fuera del Chapare, una región que se ha vuelto una inmensa “zona franca” libre de cualquier vestigio de Estado y donde los resultados de esta suerte de liberalismo criollo son muy notorios.
Hasta aquí la reflexión parece ser un acto de ironía muy burdo, pero no es así cuando se escucha el planteo que hace de manera muy seria y formal el prestigioso economista y expresidente del Banco Central, Armando Méndez, quien  dice que el Gobierno debe eliminar inmediatamente la Aduana, pues ha demostrado una total ineficiencia en su trabajo, pues no fue capaz de impedir el ingreso de más de 70 mil automóviles sin papeles, como ocurre con muchos otros productos que ingresan sin problemas y violando todas las normas. Para él, se deben eliminar los aranceles, declarar la importación libre, que todo el mundo pueda ingresar de todo y para todos, pues en la actualidad el contrabando es una actividad permitida sólo para un grupo.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Ciudadano versus Estado

Ray Rice, una de las máximas estrellas del fútbol americano, ha sido suspendido por la liga que reglamenta este deporte y no podrá jugar en su equipo, luego de que se difundiera un video en que se lo ve noqueando de un golpe a su esposa en un ascensor. 

La decisión se tomó de manera casi inmediata, tal como se hizo con aquel propietario de un club de básquet grabado mientras utilizaba expresiones racistas. Ambas noticias me hacen recordar lo que sucedió con el delantero uruguayo Luis Suárez, a quien varias empresas patrocinadoras le suspendieron el apoyo a raíz de su conducta antideportiva. También menciono a la modelo belga que perdió un contrato con una compañía cuando se divulgaron fotografías que la mostraban cazando animales salvajes. 

Todo esto me hace pensar que los ciudadanos, las empresas y las instituciones de la sociedad civil pueden ser mucho más eficaces a la hora de combatir conductas reprochables, delitos o falta de ética, mientras que el Estado casi siempre es ineficaz, lento e injusto a la hora de actuar. 

En Bolivia se multiplican las leyes para frenar el abuso a las mujeres, se habla mucho, pero son las mismas entidades públicas y los políticos los que a veces se vuelven cómplices de casos muy graves cometidos en contra de las damas. Pese a ello, los ciudadanos solemos buscar cómo empoderar más al estado, darle más rienda e instrumentos y lo único que conseguimos es que ese poder se vuelva en contra nuestra. Nos falta tomar conciencia de que la ciudadanía es mucho más eficaz para resolver nuestros propios problemas.

Los ilegales quieren pagar impuestos

Justo cuando los propietarios de los autos indocumentados inician sus bloqueos y movilizaciones, en el Chapare surge la curiosa propuesta hecha por los mismos cocaleros, de pagar impuestos. Dicen por ahí que “chuteros” y “cocaleros” son hermanos siameses y esta puede ser la prueba de aquello, pues acaba de surgir algo así como un frente destinado a exigir que se “legalice lo ilegal” a través del mecanismo del pago de impuestos. Son sectores que “le han metido nomás, aunque sea ilegal” y ahora están demandando que se los legalice, usando el pago de impuestos como “agua bendita”. Qué paradoja, en un país donde nadie quiere tributar, resulta que los ilegales sí quieren. En el asunto de los “chuteros”, el gobierno parece actuar con claridad y de hecho, ayer ordenó reprimir los bloqueos que habían iniciado en algunos puntos del país. Pero el planteo de los cocaleros parece ser una forma de chantaje, de oportunismo, pues en caso de que legalice los autos de contrabando, ahí estarán ellos, firmes para demandar pasen al orden jurídico los cultivos que hoy producen casi exclusivamente para el narcotráfico. La cosa se ha puesto más peligrosa de lo esperado, desde que el candidato de Unidad Demócrata sale en defensa de los chuteros.

La educación boliviana en capilla


Sin quererlo, el presidente Morales acaba de dar en el clavo sobre el problema educativo boliviano y ojalá que no suelte el tema hasta conseguir los resultados que se esperan. Mientras observaba las demostraciones de gimnasia que hacían los estudiantes de una escuela de educación física en Villa Tunari, el jefe de Estado se dio cuenta de la pésima formación que allí se imparte y exclamó que aquellos muchachos parecían mujeres embarazadas, porque ni siquiera podían saltar una valla. A continuación amenazó al ministro de Educación, Roberto Aguilar, que "van a rodar cabezas" si no se mejora. Han pasado nueve años, pero nunca es tarde para darse cuenta que construir canchas, edificar escuelas, obligar a los profesores a sacar el título de licenciados, regalar bonos, traer cubanos para enseñar a leer y regalar computadoras aquí y allá, no son garantía de que se está mejorando la educación. Y el propio presidente lo puede comprobar, si elige una escuela al azar y manda a los chicos de quinto de primaria a que lean de corrido y demuestren sus habilidades en matemáticas. Que les tome examen a los bachilleres, a los maestros y se dará cuenta qué tal lejos estamos del promedio, mucho más de los mejores.

Campaña, reflejo de nuestra 'democracia'

Luis Gallego, el diputado que ofreció chicotazos al que no vote por el MAS
Si bien los actos eleccionarios nunca han sido los catalizadores de los grandes cambios en Bolivia, a través los comicios podemos advertir con mucha claridad el estado de la democracia en el país, sin apelar a sesudos estudios estadísticos que, por supuesto, han arrojado resultados adversos en el caso boliviano, en el que se observa el deterioro de valores esenciales como las libertades individuales, los derechos humanos, la libre expresión, el pluralismo y el respeto a la justicia.
En este corto periodo de campaña que hemos estado viviendo, todos esos factores han surgido con mucha claridad, pero lamentablemente no han saltado al debate público porque hoy más que nunca se puede percibir el resultado del cercenamiento que se ha producido en la comunicación social, producto de la cooptación de los medios masivos, que ya sea por dominio pleno del Estado, por amedrentamiento o a través del mecanismo del chantaje comercial, se han vuelto absolutamente funcionales al discurso oficial, lo que deriva en una clara censura, ocultamiento de información y un decidido enfoque negativo hacia la oposición.
Si no fuera por las redes sociales, donde todavía funciona la democracia en la expresión, muy pocos se hubieran enterado del audio en el que se escucha al presidente Morales hablar del uso que se hizo de la Cumbre G-77 y de la opinión que él tiene sobre las mujeres. Por poco menos que eso, los candidatos de la oposición han sido virtualmente crucificados y satanizados a través del aparato de propaganda estatal, acción que tuvo su contraparte concreta con el encarcelamiento del postulante que dio a conocer la grabación.
Esto que demuestra que la manipulación de la justicia y la persecución política ni siquiera se frenan durante la campaña, seguramente confiados en la escasa repercusión en los órganos de prensa tradicionales, tal como ha sucedido con otros casos muy graves como el encarcelamiento de los oficiales de las Fuerzas Armadas que encabezaron las protestas contra el gobierno y como ha ocurrido con los procesados por el "caso Terrorismo", trasladados ilegalmente a La Paz y el Beni, con el objetivo de acallar cualquier denuncia que se pueda filtrar en época electoral.
Resulta patológico, ver cómo en este vacío de comunicación, los medios se dedican a repetir machaconamente el discurso oficial de bonanza, de grandes ventajas económicas, del futuro de oro que le espera al país y otras reflexiones triunfalistas y descuidan temas esenciales que hacen al funcionamiento de la democracia y el estado de derecho. Pareciera que todos se enfocan en lo material, en la muletilla de que "plata hay de sobra", pero se olvidan de los principios y de los valores como la libertad y la dignidad que la Iglesia Católica ha sacado a relucir cuando critica el uso desmedido de los recursos públicos, la evidente parcialización de las autoridades electorales y por último la aberración que se comete cuando se amenaza con flagelar a chicotazos a quien no votepor el MAS.
Todos saben que la mujer sigue siendo objeto de desprecio, de humillación y de violencia en el país y que el gobierno ha sido un impulsor de los estereotipos pese a sus parodias, sus leyes y los dichosos cupos de poder formal. La gente se da cuenta que toda esta campaña contra el machismo que se subió a las tarimas últimamente es simplemente un acto de hipocresía, una burla más hacia las damas y eso también pasa como si nada frente al público, reforzando la tendencia del modelo "autoritarismo pan y circo".

lunes, 8 de septiembre de 2014

Vacas flacas a la vista

Ya quisieran los líderes de América Latina tener a mano un hombre como José, el personaje bíblico que sabía interpretar los sueños del faraón y que predijo los siete años de abundancia, seguidos de otro periodo similar de gran escasez. Mejor sería, sin embargo, que los gobernantes procedieran con la misma sabiduría del rey de Egipto, que inmediatamente nombró a José como administrador de una estrategia para enfrentar el desafío de sembrar y ahorrar en época de abundancia para no sufrir hambre en la época de las "vacas flacas".
Lamentablemente eso no fue lo que sucedió en América Latina, un continente que lleva no solo siete, sino más de diez años en una bonanza económica histórica que le ha permitido paliar algunos problemas sociales, como la reducción a la mitad de la pobreza extrema, pero que con el paso del tiempo se ha llegado a la conclusión que fueron simples parches, porque el fantasma de la miseria reaparece en momentos que en que se muestran los primeros nubarrones de la desaceleración.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de hacer un nuevo recorte a los cálculos del crecimiento de 2014 y las previsiones no son nada positivas. El organismo dice que a la mayoría de los países le será muy difícil llegar al dos por ciento y en general será casi imposible alcanzar los promedios de la década pasada que sobrepasaron el 3,7 por ciento, llegando algunos a trepar por  encima del cinco por  ciento.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se ha referido a este fenómeno que refleja la fugacidad de la bonanza latinoamericana, pero sobre todo, sus efectos efímeros, por  la acción de líderes que no atacaron problemas estructurales y se dedicaron simplemente a "repartir aspirinetas", cuando se requería el tratamiento para un cáncer crónico.
El PNUD ha publicado un estudio realizado en 18 países y que refleja el alto grado de vulnerabilidad de la gente que había superado algunos problemas de pobreza gracias a la época de abundancia. Dice que el 38 por ciento de la población se encuentra en esta situación, es decir, unas 200 millones de personas que no son pobres, pero que tampoco ingresaron en la clase media y que corren el peligro de perder sus conquistas de la última década.
El error, según el PNUD, ha sido enfocarse el crecimiento basado en el aumento del consumo y por  otro lado, enfatizar en las políticas para combatir la pobreza desde el Estado. Los expertos en economía hablan de una burbuja que corre el peligro de romperse, con la disminución de los ingresos producto de la exportación de materias primas y que encuentra a los estados en una incapacidad de reproducir esos recursos, ya que sea con aumento de la producción (que no se incentivó) o a través de la recaudación de impuestos, porque la inmensa evasión fiscal que existe en la región fue una manera más, además de los bonos, que usaron los líderes demagogos para disfrazar las dificultades económicas de la gente.
De acuerdo al PNUD, entre los 18 países estudiados que representan el 90 por ciento de la población total, hay distintos niveles y en realidad solo Argentina, Chile, Costa Rica y en menor medida Uruguay hicieron ambos trabajos, es decir, entregar el pescado y al mismo tiempo reducir la vulnerabilidad, enseñándole a la gente a pescar para que no solo se reduzca la vulnerabilidad sino que la movilidad social de grandes grupos sea sostenible. En el resto de las naciones siguen tan frágiles como siempre, expuestos a los embates de los grandes indicadores macroeconómicos mundiales.