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jueves, 27 de febrero de 2014
El Carnaval de la desgracia
Una de las noticias más importantes y comentadas de la semana ha sido la suspensión de las actividades carnavaleras en la ciudad de Trinidad, donde hasta parece humor negro hablar de estos temas cuando el ochenta por ciento del departamento del Beni está con el agua al cuello. Algunas autoridades han anunciado que no van a participar de las actividades festivas que comienzan este sábado, un asunto que cae de lógico, pero en la política nada parece tener razón, como sucede en Venezuela, donde el presidente Maduro, tal cual lo hizo con la Navidad, ha decidido adelantar la celebración del Carnaval, cuando ya suman trece los muertos por las protestas y más de 700 personas permanecen detenidas en las cárceles, donde se han denunciado actos de tortura. En La Paz, el rector de la Universidad Mayor de San Andrés, Waldo Albarracín, le ha pedido al presidente Morales que suspenda todas las actividades carnavaleras en el país porque considera un gesto antipatriótico e inmoral, ponerse a bailar mientras algunos hermanos bolivianos están sumidos en la desgracia por las lluvias. Lamentablemente Albarracín no sabe para qué sirve el Carnaval. Esta fiesta es la más colonialista y política de todas, porque actúa como amnésico. Ni que fuera tonto.
jueves, 20 de febrero de 2014
Nosotros los soberbios
Con su cara de señora buenita y hacendosa, quién creería que Michelle Bachelet tuvo una actitud muy parecida a la del Gobierno boliviano que se niega a declarar zona de desastre al Beni para no dejar caer la tesis de que "nos estamos convirtiendo en potencia" que lanzó no hace mucho el vicepresidente Álvaro García Linera. Si hasta plata prestada andábamos ofreciéndole al mundo y nos damos el lujo de meter dólares en Wall Street. Es mucha pose para después clamar por ayuda. Pero volvamos a la Bachelet. A la buena señora le tocó enfrentar el terremoto del 2010 justo cuando tenía que dejar su cargo. "Todo está en orden, no pasó nada, no necesitamos ayuda", fue la respuesta de la mandataria, que habló un poco por soberbia y otro poco porque no evaluó bien los daños causados. Triste fue para ella saber después que hasta Bolivia envió ayuda y con nosotros, toda la comunidad internacional, pues hasta el "gran Chile" necesitó de los demás.
El año pasado fue el turno de otra señora, más bien la señorona Cristina Fernández, quien se vio en apuros para minimizar el desastre de La Plata, donde hasta escondieron los cadáveres para no dar la cifra real de víctimas y no admitir el desastre en sí y la desastrosa respuesta gubernamental. Con estas experiencias, la ayuda internacional ya no espera que la llamen y viene calladita. Lo estamos viendo con los helicópteros peruanos, la cooperación española y los envíos de la ONU.
martes, 18 de febrero de 2014
Política pura y dura
Casi 200 municipios del país están en graves problemas por las lluvias. Eso equivale a más de la mitad del país y entre todos tienen alrededor de dos mil millones de dólares en los bancos. Se trata de dinero que no han podido ejecutar por distintos problemas, entre ellos por la “burocracia” de las licitaciones y toda esa “molestosa transparencia” que afecta a todos menos al Gobierno central que saca dinero, dispone, firma cheques, suscribe contratos y adjudica obras sin necesidad del menor trámite burocrático. Si en este momento el Gobierno permitiera que alguno de esos municipios o el calamitoso departamento del Beni declarara “estado de desastre” todo ese dinero pudiera fluir con mayor rapidez y beneficiar a toda esa pobre gente que está sufriendo la peor de las tragedias. Pero lamentablemente para esos ciudadanos, estamos viviendo un año electoral y si el Gobierno se portara tan generoso, le daría la oportunidad a muchos opositores de hacer campaña con la desgracia de la gente en la misma proporción que lo están haciendo las autoridades nacionales. Ese es un privilegio o más bien un lujo que solo los dueños del centralismo se pueden dar. Precisamente en esta época es cuando la gente se puede dar cuenta que la política no tiene absolutamente nada que ver con la solución de los problemas.
Desastrosa política
El león es el rey de la selva, pero se guía por las leyes de la naturaleza. Si actuara bajo las reglas de la política hace mucho hubiera condenado a la inanición a los miembros de su especie, pues para poder comer debería tener el consenso de las hienas, la aprobación del sindicato de gacelas y las cebras ya hubieran formado un movimiento social o un partido político cuyo respaldo sería imprescindible para evitar que los búfalos tomaran el poder.
El mayor desastre de los benianos no ha sido la lluvia, tres veces más intensa que lo habitual, sino que los temporales le hubieran tocado en un año electoral. En consecuencia, los políticos, con más vocación por la búsqueda del poder y del voto que por el servicio público están conduciendo la emergencia de la forma más desastrosa que se podría imaginar, no porque sean ineficientes, torpes o les falte creatividad, sino porque la política en nuestro país sigue siendo contradictoria con la búsqueda de soluciones a los problemas, un verdadero antónimo de del bien común.
Existen registros de reuniones sostenidas en el mes de agosto del año pasado entre los responsables del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) y las autoridades relacionadas con el campo, la producción, con defensa civil y todos quienes en el Gobierno deberían tener perfectamente aceitado el nervio de la previsión. En esos encuentros los expertos en el clima advirtieron sobre el tamaño del fenómeno que se venía y sobre las posibles consecuencias. Mucho antes, los ambientalistas, aunque no todos, porque los ecologistas del oficialismo no vieron nada, habían anunciado el desastre que ocasionaría en las llanuras benianas la construcción de las represas sobre el río Madeira, las mismas que, según algunos pronósticos, han convertido al Beni en un inmenso lago del que las aguas tardarán mucho en salir o tal vez nunca lo hagan.
Con el agua al cuello, los benianos han podido ser testigos del cálculo político más brutal y de la mayor indolencia que hayan podido imaginar en estas circunstancias. Los políticos llegaban muy rápido a los sitios inundados, pero en lugar de acarrear alimentos y medicinas, se preocupaban más de llevar a los equipos de prensa de los medios oficialistas que puedan registrar cada movimiento de los mandamases en campaña. Ahora sabemos muy bien los bolivianos para que compraron todos esos aviones, helicópteros y demás apartados caros, para qué han equipado tan bien a los militares y sobre todo, por qué se han ocupado tanto de mejorar los canales de comunicación y propaganda estatal. Los benianos saben mejor que nadie que todos esos "costosos juguetes" son para el uso y servicio exclusivo de la política y la prueba es que para atender las emergencias la única salida será el alquiler de naves del sector privado. Cómo no recordar con estos sucesos lo ocurrido durante el terremoto de Aiquile y Totora. Veremos si corren la misma suerte los responsables del desastre actual.
Pero hay algo que le sobra a los políticos y eso es arrogancia, soberbia, autosuficiencia. "Que no cunda el pánico, todo está controlado ¿cuál desastre?". Parecen héroes de mentirillas, cuando lo que buscan es no arruinar el cuento de hadas que le han pintado a la comunidad internacional, donde todos se preguntan cómo es que políticos de semejante nivel pretenden reunir a ciento treintaitantos gobernantes para mostrarles el paraíso que han creado y darles lecciones de cómo hacerlo.
El mayor desastre de los benianos no ha sido la lluvia, tres veces más intensa que lo habitual, sino que los temporales le hubieran tocado en un año electoral. En consecuencia, los políticos, con más vocación por la búsqueda del poder y del voto que por el servicio público están conduciendo la emergencia de la forma más desastrosa que se podría imaginar, no porque sean ineficientes, torpes o les falte creatividad, sino porque la política en nuestro país sigue siendo contradictoria con la búsqueda de soluciones a los problemas, un verdadero antónimo de del bien común.
Existen registros de reuniones sostenidas en el mes de agosto del año pasado entre los responsables del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) y las autoridades relacionadas con el campo, la producción, con defensa civil y todos quienes en el Gobierno deberían tener perfectamente aceitado el nervio de la previsión. En esos encuentros los expertos en el clima advirtieron sobre el tamaño del fenómeno que se venía y sobre las posibles consecuencias. Mucho antes, los ambientalistas, aunque no todos, porque los ecologistas del oficialismo no vieron nada, habían anunciado el desastre que ocasionaría en las llanuras benianas la construcción de las represas sobre el río Madeira, las mismas que, según algunos pronósticos, han convertido al Beni en un inmenso lago del que las aguas tardarán mucho en salir o tal vez nunca lo hagan.
Con el agua al cuello, los benianos han podido ser testigos del cálculo político más brutal y de la mayor indolencia que hayan podido imaginar en estas circunstancias. Los políticos llegaban muy rápido a los sitios inundados, pero en lugar de acarrear alimentos y medicinas, se preocupaban más de llevar a los equipos de prensa de los medios oficialistas que puedan registrar cada movimiento de los mandamases en campaña. Ahora sabemos muy bien los bolivianos para que compraron todos esos aviones, helicópteros y demás apartados caros, para qué han equipado tan bien a los militares y sobre todo, por qué se han ocupado tanto de mejorar los canales de comunicación y propaganda estatal. Los benianos saben mejor que nadie que todos esos "costosos juguetes" son para el uso y servicio exclusivo de la política y la prueba es que para atender las emergencias la única salida será el alquiler de naves del sector privado. Cómo no recordar con estos sucesos lo ocurrido durante el terremoto de Aiquile y Totora. Veremos si corren la misma suerte los responsables del desastre actual.
Pero hay algo que le sobra a los políticos y eso es arrogancia, soberbia, autosuficiencia. "Que no cunda el pánico, todo está controlado ¿cuál desastre?". Parecen héroes de mentirillas, cuando lo que buscan es no arruinar el cuento de hadas que le han pintado a la comunidad internacional, donde todos se preguntan cómo es que políticos de semejante nivel pretenden reunir a ciento treintaitantos gobernantes para mostrarles el paraíso que han creado y darles lecciones de cómo hacerlo.
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