lunes, 15 de octubre de 2012
¿Caca o coco?
Cuando son bebés y no pueden entender bien, a los chicos se les dice “caca” para que no toquen algo, pues como se sabe, a cierta edad, los niños quieren meterlo todo a la boca. Es su forma de conectarse con la realidad. En alguna ocasión una mamá le preguntó al médico hasta cuándo debería esterilizar la mamadera del bebé. “Hasta cuando lo encuentre chupando la chancleta de su esposo”, le respondió. Más tarde, cuando los chicos ya pueden caminar, dicen algunas palabras y comprenden más cosas, se los suele asustar con el “coco”. “Ya viene el coco”, le dicen para que obedezca y se vaya a dormir. “Te va a llevar el coco si no tomas toda su sopa”, “Quédate quieto porque sino llamo al coco”. Tantas amenazas y al final los chicos aprenden que todo forma parte de un juego que los padres usan para mantenerlos quietos y que no se salgan de los moldes y estándares “canonizados” por la “cultura familiar”. Bah, en otras palabras, es lo que los entendidos llaman la “pedagogía del miedo”. Perdone tanto jaleo amable lector para llegar a la pregunta tan esencial y básica: ¿Hasta esa fase tan infantil han llegado nuestras relaciones diplomáticas? En Estados Unidos y otros países se estarán preguntando cuándo Bolivia dejará de gatear.
viernes, 12 de octubre de 2012
Llegó la hora de gobernar
Además de estos sectores, que sin duda alguna comprometen la autoridad estatal, existen muchos otros que conforman la economía informal en el país y que representan más del 70 por ciento de la economía. Muchas de estas actividades son ilegales, pues se relacionan con el contrabando, la evasión fiscal y también con el robo, así de sencillo.
Los bolivianos nos hemos acostumbrado a ser permisivos con estas actividades por “cuestiones sociales” y es comprensible, pues tradicionalmente el Estado bolivianos siempre ha transitado por la cornisa de la mendicidad y nunca han existido los recursos suficientes para encarar verdaderos procesos de “blanqueo” de la economía, con el objetivo de generar crecimiento, competitividad y por supuesto, mejores niveles de desarrollo económico y social.
Pero las condiciones han cambiado radicalmente en la última década. Bolivia, al igual que todos los países productores de materias primas, atraviesan por un momento histórico gracias a la valorización de sus exportaciones, que en el caso boliviano, han generado cinco veces más ingresos que en el pasado reciente.
Si el Gobierno ha decidido “meter caballería” con todos esos sectores señalados por el Ministerio de Gobierno como verdaderas amenazas contra la estabilidad del país, debería contemplar no solo el factor represivo, porque, al igual que en Challapata, Yacuiba o el Chapare, cientos de miles de personas comenzarán a reclamarle al Gobierno alternativas a las fuentes de ingresos que hasta ahora eran generadas por el delito. Sin ese componente, la guerra va a fracasar irremediablemente.
Para tener éxito en la guerra contra el delito, que insistimos, es el medio de vida de buena parte de la población boliviana, el Estado debe volcar cuantiosos recursos en la generación de actividades económicas legales que sean capaces de fomentar empleos dignos, que son sinónimo de seguridad social, estabilidad y por supuesto, ingresos impositivos para un Estado que en este momento se sostiene con una ínfima porción de la economía formal.
Ayer decíamos que combatir del delito, requerirá un cambio radical en el perfil de un Gobierno que se ha estado portando tolerante con ciertas actividades por cuestiones electoralistas y clientelares. Y así como debe hacer un giro en lo político también debe hacerlo en la conducción económica, pues mientras permanezca la mentalidad rentista y se profundice la primarización de las actividades productivas, no se apueste por la industrialización y la diversificación, la tarea será imposible de sobrellevar.
No estamos hablando de sectores minoritarios. Se cree que casi un millón de personas en el país dependen de la economía de la coca y la cocaína, por citar solo uno de los sectores que se pretende atacar. Hará falta mucha creatividad, una voluntad política sostenida dirigida hacia la austeridad y con visión productiva para que quienes hoy son desplazados de la ilegalidad, encuentren adecuados medios de subsistencia.
jueves, 11 de octubre de 2012
Sí, creo en la evolución
Cada vez que hablo de evolución en mi
casa, mi madre es capaz de llamar a un exorcista para expulsar los
demonios que tengo adentro. Lamentablemente no tengo otra alternativa,
sobre todo cuando me entero que los humanos seguiremos cambiando, aunque
no se si llamarle a eso evolución.
Hace mucho escuché la teoría de que
dentro de algunos años, tal vez muchos, los bebés nacerán sin los dedos de
los pies, ya que, como se sabe, órgano que no se usa se atrofia y, que
yo sepa, estos miembros apenas sirven para juntar sabañones y crear un
problema cada vez que hay que cortar las uñas.
Hace unos días, científicos británicos
entrevistados por el diario The Sun, lanzaron predicciones sobre cómo
sería el cuerpo humano mil años después. Aseguran que seremos más altos
gracias a la mejor nutrición y la ciencia médica, los intestinos serán
más pequeños para no absorber tanta grasa y azúcar, como una forma
natural de evitar la obesidad; los testículos serán más pequeños por
aquello de la caída de la fertilidad que ya ocurre en Europa; el cerebro
será más chico porque las computadoras se encargarán de memorizar y
pensar por nosotros; los dedos serán más largos para usar mejor los
dispositivos electrónicos y nuestra boca será más pequeña, con menos
dientes porque la comida será líquida o en forma de pastillas.
Hay muchos otros cambios que no menciono
por falta de espacio, pero los científicos no han hablado nada del
corazón, la lengua y los oídos, tres órganos que realmente necesitan
evolución. El primero para ablandarse un poco, el segundo para reducir
su velocidad y el tercero para agudizarse más y mantenernos más atentos.
El día que se produzcan cambios en estas partes del cuerpo hablaremos
de una verdadera evolución, que sin duda alguna, también será del agrado
de mi madre.
Festejar la democracia
Gana Chávez en Venezuela, aniversario de la muerte del Che, dos ofrendas
para los 30 años de democracia en Bolivia, una forma rara de celebrar
un acontecimiento tan importante para el país. El uno le ha provocado
los más duros golpes a la democracia venezolana y el otro colaboró a
instaurar la dictadura más antigua del mundo y una de las más férreas,
proceso que pretendía iniciar en el territorio nacional a fuerza de
metralla y granadas. Pero aún hay más, el mismo día que se recuerda la
salida de los militares, la justicia torcida que opera en el país ordena
la detención de Gary Prado, uno de los héroes nacionales que contribuyó
a aniquilar el aventurerismo guerrillero que nos hubiera conducido a
una hecatombe. La lista continúa, justo ayer, cuando se debería festejar
por la vigencia de los derechos elementales, le comunican a un conocido
periodista cruceño que su programa no va más en una emisora que lo ha
acogido durante una década. Pero ocurre justo ahora que los espacios
para la libertad de expresión se van reduciendo a la mínima expresión.
La última. Casi coincidente con el motivo de festejo, los periodistas
que cubrían el operativo militar de Challapata fueron objeto de un trato
lamentable que les impidió ejercer su trabajo como corresponde en un
sistema democrático. Pese a todo, había que festejar.
Operativo en Challapata
El Gobierno se ha dado cuenta que hizo un mal cálculo cuando pensó que
el Estado puede convivir de manera armónica con el delito. Cuando era
ministro de Educación, Osman Pazti dijo que había que ser tolerantes con
el contrabando porque esta es una forma de vida de numerosas
comunidades del Altiplano. Años después, cuando se produjo el
linchamiento de cuatro policías en el municipio de Uncía, en los
territorios que los ayllus potosinos habían declarado zona de protección
del tráfico de autos ilegales y otros negocios ilícitos, el
vicepresidente pidió actuar con prudencia hacia esos campesinos e
incluso recientemente, la presidenta de la Aduana, Marlene Ardaya dijo
que no convenía actuar con fuerza contra los "chuteros", porque se
podría generar un alto costo social.
Hace mucho que se sabe que San Germán y Yapacaní son territorios controlados por el narcotráfico. En esa zona se han encontrado cientos de fábricas de cocaína en los últimos tres años y en este momento ya no hay duda que comunidades enteras están dedicadas al negocio, situación que ha provocado la queja presidencial, pues se trata de importantes enclaves del oficialismo, donde han surgido numerosos dirigentes que le han ayudado al MAS a copar espacios dentro del departamento de Santa Cruz.
Si el presidente quiere ser exhaustivo, conviene que le eche una mirada a lo que ocurre en las inmediaciones de San Julián, en la reserva del Choré y en otras zonas, donde la política ha establecido una suerte de sociedad con el delito, especialmente con la producción y tráfico de drogas y otras actividades como el contrabando de autos, que en realidad van de la mano.
Hace unos meses, en este mismo espacio hablamos sobre las “fronteras calientes” a propósito de los hechos violentos ocurridos en San Matías, donde al igual que Yacuiba, Puerto Suárez o Challapata, el lugar intervenido el martes por la Policía y las Fuerzas Armadas, los criminales le han ganado terreno al Estado y la política y seguramente están comenzando a prescindir de ella, porque siempre sucede así: es la mafia la que termina gobernando.
Existe la posibilidad de que los delincuentes hayan comenzado a reclamar autonomía, pues quedó claro que la política les aplicaba impuestos, cuando a los “chuteros” se les pidió colaboración para la campaña. La otra hipótesis –que no es excluyente-, es que Bolivia, cuyos políticos siempre han creído que este territorio puede vivir al margen del mundo, se haya convertido en el centro de preocupación continental y que la presión internacional para que el Gobierno deje de ser tolerante y comience a actuar, haya comenzado a dar sus frutos. La prueba es que el operativo practicado en Challapata, donde hubo dos muertos y actuaron varias instituciones del Estado Plurinacional, coincidió con la tercera gran movilización militar que realiza Brasil en nuestras fronteras, donde más de 7.500 uniformados permanecerán por dos semanas a la caza de narcotraficantes y contrabandistas de armas.
Tal vez para el Gobierno sea un mal cálculo comenzar a actuar ahora que anda mal en las encuestas y que necesita con urgencia conservar el "voto duro" para elevar las posibilidades electorales cuando se avecinen las elecciones del 2014. Ya sea porque la sociedad con el delito se haya vuelto contraproducente o porque la presión internacional no aguante más dilaciones, queda claro que el perfil político gubernamental cambiará radicalmente y los líderes del proceso de cambio necesitarán nueva alianzas para capear la situación.
Hace mucho que se sabe que San Germán y Yapacaní son territorios controlados por el narcotráfico. En esa zona se han encontrado cientos de fábricas de cocaína en los últimos tres años y en este momento ya no hay duda que comunidades enteras están dedicadas al negocio, situación que ha provocado la queja presidencial, pues se trata de importantes enclaves del oficialismo, donde han surgido numerosos dirigentes que le han ayudado al MAS a copar espacios dentro del departamento de Santa Cruz.
Si el presidente quiere ser exhaustivo, conviene que le eche una mirada a lo que ocurre en las inmediaciones de San Julián, en la reserva del Choré y en otras zonas, donde la política ha establecido una suerte de sociedad con el delito, especialmente con la producción y tráfico de drogas y otras actividades como el contrabando de autos, que en realidad van de la mano.
Hace unos meses, en este mismo espacio hablamos sobre las “fronteras calientes” a propósito de los hechos violentos ocurridos en San Matías, donde al igual que Yacuiba, Puerto Suárez o Challapata, el lugar intervenido el martes por la Policía y las Fuerzas Armadas, los criminales le han ganado terreno al Estado y la política y seguramente están comenzando a prescindir de ella, porque siempre sucede así: es la mafia la que termina gobernando.
Existe la posibilidad de que los delincuentes hayan comenzado a reclamar autonomía, pues quedó claro que la política les aplicaba impuestos, cuando a los “chuteros” se les pidió colaboración para la campaña. La otra hipótesis –que no es excluyente-, es que Bolivia, cuyos políticos siempre han creído que este territorio puede vivir al margen del mundo, se haya convertido en el centro de preocupación continental y que la presión internacional para que el Gobierno deje de ser tolerante y comience a actuar, haya comenzado a dar sus frutos. La prueba es que el operativo practicado en Challapata, donde hubo dos muertos y actuaron varias instituciones del Estado Plurinacional, coincidió con la tercera gran movilización militar que realiza Brasil en nuestras fronteras, donde más de 7.500 uniformados permanecerán por dos semanas a la caza de narcotraficantes y contrabandistas de armas.
Tal vez para el Gobierno sea un mal cálculo comenzar a actuar ahora que anda mal en las encuestas y que necesita con urgencia conservar el "voto duro" para elevar las posibilidades electorales cuando se avecinen las elecciones del 2014. Ya sea porque la sociedad con el delito se haya vuelto contraproducente o porque la presión internacional no aguante más dilaciones, queda claro que el perfil político gubernamental cambiará radicalmente y los líderes del proceso de cambio necesitarán nueva alianzas para capear la situación.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Racismo y discriminación
En buena ley, la diputada suplente del MAS y dirigente del pueblo ayoreo, Teresa Nominé Chiqueno, debería sentar una denuncia por racismo y discriminación, ya que un juez le ha prohibido consumir alcohol. La parlamentaria tiene la costumbre de pasarse de tragos y causar desmanes. El último lo provocó en un restaurante de pollos de la Villa Primero de Mayo, donde agredió a varias personas y causó destrozos en el local. El caso de la diputada ha llegado a los tribunales, donde le han aplicado esa insólita sanción. Como se recordará, no es la primera vez que alguien ligado al oficialismo se ve involucrado en complicaciones como consecuencia del consumo imprudente de alcohol. Senador, asambleísta, candidato, ministro, alcalde, todos farrean de lo lindo y se meten en problemas, como corresponde cuando se combina el exceso de trago con la borrachera de poder. En honor a la verdad, varios de ellos han sufrido serias consecuencias e incluso uno se encuentra preso en Palmasola, expulsado del partido y con el riesgo de perder su curul por culpa de la bebida. Pero ninguno, ni uno solo, a nadie se le ha aplicado la sanción que ha sufrido la diputada Nominé: prohibirle beber, algo que en Bolivia, tarde o temprano será considerado un derecho humano. Eso puede ser motivo de una denuncia.
Venezuela y nuestro plato de lentejas
¿Hay razones para festejar? Claro que sí, el régimen de Evo Morales se debe en gran parte al padrinazgo del líder bolivariano, quien no ha escatimado sus petrodólares para expandir sus dominios por toda América Latina, proceso que se vio interrumpido el 28 de junio de 2009, cuando las fuerzas vivas y la institucionalidad hondureñas le pusieron un alto a los abusos contra el Estado de Derecho que estaba perpetrando el mandatario Manuel Zelaya. Este acontecimiento vino acompañado de un viraje ideológico en la región ante las evidentes señales de que los carriles derecho (Colombia, Chile y Perú) y central (Brasil y Uruguay), avanzan mucho más rápido y con mayor seguridad que la banquina del Socialismo del Siglo XXI, conformada por Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Durante siete años, el Gobierno masista ha recibido asesoramiento, transporte gratis, ayuda militar, soporte de inteligencia y obviamente, dinero en efectivo para repartir a diestra y siniestra, recursos que en principio se pensaba eran parte de un gesto de bondad bolivariana, pero que hoy en día se sabe que esos 60 millones de dólares hay que pagarlos, al igual que los 420 millones que le debemos en diesel y otros hidrocarburos que nos vende Venezuela, desde que Bolivia entró en una crisis energética.
¿Qué dio a cambio Bolivia para merecer tanta generosidad venezolana? En primer lugar, el ascenso del MAS al poder, supuso necesariamente la ruptura del negocio más grande que tenía en puertas el país con la venta de gas a Chile, Estados Unidos y México y el ingreso a la eran del LNG, que hubiera supuesto nuestra consolidación como eje gasífero del Cono Sur y la expansión de las reservas gasíferas bolivianas.
Someterse al cuadro ideológico chavista, que utilizó la amenaza del Gasoducto del Sur (un invento perverso) para contener los ímpetus del proceso de cambio en relación al gas, nos ha conducido a un triste cuarto o quinto lugar en el ranking gasífero continental, muy lejos de Venezuela, que supo proteger muy bien su liderazgo en la materia.
Por sujetarse a Venezuela, Bolivia se ha peleado con todos sus aliados, incluso con Brasil y principalmente con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial. El régimen chavista nos introdujo en el sistema del ALBA que no produce más que lindas promesas y buenos discursos. En resumen, Bolivia se quedó sin la ATPDEA, sin mercados para sus productos, sin el auxilio de los mecanismos de integración como la CAN, que Chávez se encargó de echar abajo y ahora tenemos que sufrir cierre de fábricas y pérdidas de miles de empleos.
Por Chávez, Bolivia llevó las relaciones con Estados Unidos a un extremo al que nadie ha llegado, ni siquiera Venezuela, que jamás ha incumplido sus compromisos de exportación de petróleo al “temible imperio”. Trastocar las relaciones con Washington no solo ha sido un mal negocio, sino que ha llevado al país a una delicada situación en materia de narcotráfico, de la cual se acaba de quejar el propio presidente, pues está comprobado que pueblos enteros se están dedicando a la producción de droga, con la participación de bases y dirigentes relacionados con el oficialismo. Demás está decir que Venezuela ha sido calificado como un “narco-estado” y que las alianzas que busca en la región se dirigen en ese sentido.
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