martes, 18 de febrero de 2014

La mentira de los recursos naturales

El Gobierno dice estar empeñado en buscar más recursos naturales. Está en proyecto la compra de un segundo satélite dedicado justamente a la prospección, a la búsqueda de cualquier tipo de riqueza natural que esté esperando ser explotada y aprovechada. Al Estado Plurinacional parece no importarle si esas nuevas canteras están en los parques, en las reservas o en los territorios indígenas y de hecho existe la plena seguridad de que el petróleo brota del Madidi y allá irán a recogerlo.

La historia puede mostrarnos con claridad que no importa quién sea el dueño de los recursos naturales o quién sea quién los encontró pues lo fundamental es quién los explota y quién los aprovecha en forma de energía o para transformarlos en productos industriales.

Las fábulas nos cuentan que los españoles sacaron tanta plata de Potosí, que todo ese mineral serviría para unir América y Europa por medio de un puente. Lamentablemente, lo ocurrido en la última década no es un cuento y se trata del mayor auge de la historia de los recursos naturales de Bolivia, apogeo que alienta a los gobernantes a seguir castigando a la Pachamama, pero con muy pocas probabilidades de que alguna vez aspiremos a vivir como los españoles, como los chinos, como los brasileños o cualquiera de los que aprovecharon o siguen beneficiándose de nuestras riquezas.

Los tercermundistas de siempre aseguran que lo de España fue un robo, un saqueo y no lo ven así lo que ocurre hoy, no solo porque los precios de los minerales y el gas son excelentes, sino porque quienes manejan ese dinero (120 mil millones de dólares en los últimos ocho años) tienen pinta de progresistas, de indígenas, de gente de pueblo que supuestamente está volcando ese dinero en bien de las grandes mayorías. A todos los que piensan así les haría bien calcular cuánto de ese monto se ha invertido en bonos, en escuelas, en salud y en todo lo que se considera desarrollo social. Se llevarán una gran decepción.

El debate no consiste solo en tomar en cuenta qué se hace con el dinero de los recursos naturales, sino la gran mentira que esconde el argumento de nuestra riqueza natural, que está presente en nuestra bandera y en todos los discursos chauvinistas de hoy y de siempre. Todos ellos aseguran que la riqueza es una sola, que es finita, no renovable y que la clave está en ponerla en buenas manos para repartirla con justicia. En el caso boliviano estamos esperando hace 200 años que aparezca ese buen administrador, capaz de transformar el petróleo, el gas y los minerales en riqueza, para no seguir llorando como lo hacen los potosinos, por sus socavones vacíos y el emblemático cerro cayéndose a pedazos.

Este esquema, además de inútil, es muy frágil ya que en cualquier momento los excelentes precios de nuestros amados recursos naturales se vienen abajo y no hay lágrima ni quejido que pueda remediarlo. Por otro lado, la estrategia consiste en explotar de forma intensiva, para que lo consuma, lo aproveche y lo transforme otro, lo que significa, multiplicación de la riqueza, creación de empleos, valor agregado, tecnología, recursos humanos, algo que jamás tendremos si seguimos pensando que al golpear todas las piedras brotará leche y miel.  Esa es la tara que arrastramos los bolivianos que soñamos con algún día convertirnos en Patiño o en Aramayo, pero no nos damos cuenta que Pizarro sigue en Bolivia. Nunca se fue.