lunes, 26 de mayo de 2014

Campaña electoral y farándula


Ha comenzado a pintar el tono que adquirirá la campaña electoral para las elecciones del 12 de octubre y al parecer el votante no tendrá la opción de escuchar propuestas serias ni asistir a un debate sobre el futuro del país, sino que simplemente asistirá a lo más parecido a una espectáculo de farándula.

El Gobierno se ha vuelto sordo y ciego frente a las cosas que están pasando en el país y simplemente pone a andar su aparato político-represivo para contener las denuncias de corrupción, los conflictos que llegan a los tiros en Inquisivi, el derrumbe del caso Rózsa que, sin embargo, no puede atravesar el muro de la impunidad y la desvergüenza de los operadores de justicia; la reconstrucción del Beni que todavía sigue soportando la tragedia, la creciente inseguridad que no se frena porque el narcotráfico continúa en ascenso y muchos otros problemas que han pasado a segundo plano porque el país parece estar dedicado a al espectáculo.

De vez en cuando el presidente desliza algunos lapsus y menciona el problema de la escasez de carburantes que obliga a importar más y destinar cantidades progresivas de recursos a la subvención; también se menciona la escasez de alimentos y nuestra necesidad de aumentar las importaciones; la falta de inversiones en el área petrolera que nos pone cada vez más cerca del final de una curva muy peligrosa y la ausencia de una propuesta económica seria para enfrentar la desaceleración que se avecina y que mantiene en vilo a muchos países que como el nuestro, depende de la demanda y los buenos precios internacionales, en otras palabras, de lo bien que le vaya al odiado capitalismo mundial. 

Se trata de amenazas reales, de problemas que constituyen desafíos que es necesario enfrentar por lo menos en el plano del debate político con los actores que se van a enfrentar en la contienda electoral. En esta elección debe hablarse de un balance de la nacionalización y la falta de cumplimiento de las metas de la industrialización y del cambio de la matriz productiva nacional que sigue siendo dependiente de las materias primas, con excesiva fragilidad frente a las variaciones del comercio exterior. El modelo de lucha contra la corrupción ha fallado por completo; hace falta debatir y proponer sobre lo que se hará para cambiar la justicia, para luchar contra el narcotráfico y combatir la economía ilegal que está matando de a poco la delgada franja de la formalidad. 

Con la “farandulización” de la campaña, el oficialismo pretende demostrarle al país que todo marcha bien, que la bonanza de precios se mantendrá indefinidamente, pues hasta eso han vendido como si fuera un mérito del proceso de cambio, como si Bolivia fuera el que controla la demanda de materias primas en China o la India.

El país está rifando millonadas en recursos para dos días de cumbre, invertidos en adulos como los que Lula, que muchas explicaciones le debe a su país sobre la corrupción y el derroche criminal en el que han incurrido para la cita mundialista.  En el oficialismo existe temor por no conseguir el nivel de votación que le asegure la hegemonía que ha mantenido en su segundo periodo y por ello se espera un derroche nunca antes visto en una campaña electoral en Bolivia. Pero eso no es lo peor, pues lo lamentable es que otra vez la vida de los bolivianos se defina en el contexto de un espectáculo circense.