viernes, 23 de mayo de 2014

Por soberanía y por dignidad


Por más presión que hayan ejercido los pobladores y algunas autoridades de Yapacaní, el Gobierno no debió ceder tan fácilmente, pues en el futuro pueden proliferar como hongos los pueblos, comunidades y regiones con solicitudes parecidas y con el tiempo Bolivia será algo así como un territorio lleno de feudos y santuarios, unos dedicados a la producción de droga, otros a la protección del contrabando y algunos se dedicarán al robo de mineral, etc. etc.

Algunos dirán que eso ya está ocurriendo en el país, pues  se propagan las narcocomunidades, las poblaciones que defienden a tiros a los “chuteros” y en este momento, son los mineros informales, los que avasallan minas y explotan los recursos naturales sin pagar ni un solo centavo en impuestos, los que están imponiendo su propia ley al Estado Plurinacional. Cómo será de grave la situación de la minería boliviana, que en los tiempos de los barones del Estado, la contribución al erario público era mayor.

Dicen que quien tiene cola de paja no se debe acercar al fuego y en verdad el Gobierno cuenta con muy poca fuerza moral para luchar contra la ilegalidad, porque inmediatamente los sectores “atacados” le echan en cara lo que ocurre en el Chapare, una suerte de volcán de donde emanan muchas de las iniciativas contrapuestas a la ley, que el régimen trata de combatir en otras regiones que no tienen un padrino tan importante.

La amenaza de que este problema se expanda ya no solo se yergue contra la “sociedad formal” que tanto ha estado combatiendo este Gobierno, pensando que la mejor forma de acumular poder era empoderar a los “movimientos sociales”, muchos de los cuales han encontrado la manera de lucrar con actividades delictivas. El riesgo avanza también sobre el propio Estado que el MAS está intentando consolidar, con muchas contradicciones e incoherencias, pero Estado al fin, pues asegura una cierta forma de estabilidad.

El mejor ejemplo de este fenómeno es Somalia, donde el Estado prácticamente desapareció y hoy sus autoridades no saben dónde parapetarse, pues los grupos delictivos son los que gobiernan el país. Algo parecido está ocurriendo en Nigeria, donde un grupo extremista que controla el noreste de la nación africana, comete delitos, secuestra, mata y hace estallar bombas, sin que el Estado pueda ejercer control, pues las autoridades han perdido todo el poder para hacerlo.

Los terroristas nigerianos de la organización Boko Haram son responsables de un hecho que mantiene en vilo al mundo desde el pasado 14 de abril. En un ataque comando, secuestraron a más de 200 niñas de un colegio y posteriormente atacaron el pueblo donde viven sus familiares, sin que el ejército y otras fuerzas de seguridad puedan hacer nada. No hay que olvidar que Nigeria es uno de los países más ricos de África en recursos naturales, es de los mayores productores de petróleo, pero sin Estado, sin leyes y sin control, eso sirve muy poco.

Pero hay un riesgo mayor aún para todos en Nigeria. La situación de las niñas secuestradas y la incapacidad de sus gobernantes para actuar ha motivado la reacción internacional. El Consejo de Seguridad de la ONU ha hecho una advertencia a las autoridades locales de que habrá una intervención armada multinacional en caso de que ellos no puedan resolver el problema. De hecho, Estados Unidos dice estar preparado para actuar y desde todas las partes del mundo surgen ofertas para intervenir. Nadie quiere que en Nigeria y en ninguna parte del planeta surja otro Somalia. Bolivia tendrá que hacer lo propio si quiere seguir hablando de soberanía y dignidad.