lunes, 16 de diciembre de 2013

Mandela, hombre y político

Sentimientos encontrados recorren el mundo luego de los funerales de Nelson Mandela, quien descansa en paz en la pequeña aldea de Qunu, luego de diez días de homenajes. No cabe duda que la talla histórica del expresidente sudafricano ha sido comprendida a cabalidad por muchos que tal vez no pudieron ser testigos activos de su epopeya en la lucha por los derechos civiles en su país y de lo que fue capaz de construir luego de dejar la cárcel, donde estuvo durante 27 años y al salir sólo tuvo mensajes de perdón y reconciliación para unir a su país, enfrentado como ninguno por el Apartheid. Mandela siempre insistió en que no lo vean como un santo que recurrió a la indulgencia por una suerte de iluminación divina. Mandela era un ser humano que en su momento tuvo mucha rabia por lo que ocurría en su país y que luego de intentar por la vía de la violencia se dio cuenta que había que buscar una estrategia destinada a vencer a su enemigo. Mandela era un político, un audaz pragmático cuyo saldo a favor es haber evitado muertes y realizado la mayor contribución a la democracia. El peor homenaje que se le puede hacer a Mandela es “canonizarlo”, pues él mejor que nadie sabía que cualquier político es capaz de imitarlo, sobre todo aquellos cuya estrategia es totalmente inversa: dividir para reinar.