martes, 24 de junio de 2014

El factor suerte


A Bolivia le ha ido muy bien en los últimos años porque a muchos países, especialmente a China y a Brasil les ha ido mejor. El primero es el principal comprador de minerales y el segundo, el mayor cliente de nuestro gas. Pero los resultados positivos también se explican porque  otros han cometido demasiados errores. Estamos hablando de Argentina, donde una combinación de torpezas e ineficiencia ha dado como resultado una crisis energética que puso a nuestro país en inmejorables condiciones como proveedor y a la empresa Repsol, como la gran salvadora de la industria energética boliviana.

El hecho es que Brasil no solo ha estado comprando los topes máximos de gas que figuran en el contrato inicial, sino que acaban de restituirse los envíos a Cuiabá y en este momento se están bombeando casi 16 millones de metros cúbicos diarios a la Argentina, lo que en total dejará un aproximado de 6.000 millones de dólares anuales en las arcas nacionales.

Pero como dice el famoso escritor argentino Martín Caparrós acerca de su país, todo ha sido cuestión de suerte, y lamentablemente los principales beneficiarios de esa fortuna, los populistas de turno, no han sabido aprovechar esa fortuna. Una parte de la confesión de ese fenómeno está en las recientes declaraciones del presidente boliviano Evo Morales, quien sorprendió a todos afirmando que no deberíamos depender tanto del gas, cuando meses antes había manifestado que el futuro de Bolivia está en la venta de energía.

El primer mandatario hizo esa declaración luego de conocerse el revés que ha sufrido Argentina en la justicia norteamericana, que la obliga a cumplir con los capitalistas que invirtieron en la deuda pública del vecino país y que ahora reclaman su dinero y los intereses que Cristina Fernández les había prometido. De acuerdo al dictamen que derivó en una posterior negociación, el Estado argentino deberá pagar más de 1.300 millones de dólares a los denominados “fondos buitre”, además de 10  mil millones que se ha comprometido a pagarle en cinco años a los acreedores del Club de París, con los que se ha visto obligado a negociar para evitar la quiebra y el cese de pagos.

El Gobierno boliviano ha salido a desmentir rumores sobre algunos retrasos en el pago del gas que le vendemos a los argentinos, que no tardan en responder con uno o dos títulos honoris causa para aplacar los ánimos. El problema es que Argentina tiene muy malos antecedentes con Bolivia en relación al pago del gas y no son pocas las ocasiones que ha recurrido a chatarra o a intercambios como método para honrar sus compromisos. Los argentinos saben mejor que nadie que la venta de gas no se puede interrumpir de un momento a otro y que nuestro país no tiene cómo disponer de sus excedentes, a no ser que decida dar vía libre al Mutún, a las cementeras que están esperando y a tantos otros proyectos que se han quedado truncos porque las autoridades se niegan a cumplir con la Constitución que fija como prioridad al mercado interno. 

Recordemos, el presidente ha dicho que ya no dependamos tanto del gas, que desarrollemos la industria, la agropecuaria y otros sectores. Pero eso ya no depende de la suerte, sino del trabajo serio, la seguridad jurídica y otros factores en los que el régimen gobernante no ha puesto tanto empeño como en el “bingo” del gas.