lunes, 16 de junio de 2014

Periodismo y política: nuevas relaciones


Los acontecimientos de talla internacional suelen traer vientos de cambio muy saludables y establecer nuevos rumbos que vale la pena destacar. En este caso nos vamos a referir a las nuevas relaciones entre prensa y política, un binomio en constante tensión.

Brasil acaba de dar el puntapié inicial al campeonato Mundial de Fútbol en un contexto de tensión pocas veces visto en situaciones similares, más propicias para la algarabía y el entusiasmo que para las críticas, las protestas y las denuncias de corrupción, despilfarro e insensibilidad de los políticos envanecidos por una fiebre insaciable por el poder y las ansias por eternizarse en sus poltronas.

En Brasil los medios tradicionales, los grandes periódicos y cadenas de televisión y radio se subieron al carro de lo “políticamente correcto” y prácticamente ignoraron las protestas, buscando la manera de suavizarlas y generar el efecto contrario, es decir, que las masas se dejen contagiar por el fervor mundialista indiferente al derroche injustificado.

El resultado fue totalmente opuesto al deseado, puesto que los grupos de indignados ahora disponen de formas de comunicación alternativas que los hace prescindir de las maneras ortodoxas de transmitir información, de las fuentes informativas oficiales y de los canales controlados por el Estado ya sea de manera directa o por medio de contratos de publicidad.

El hecho es que el tráfico informativo en las redes, los blogs, las páginas web y los canales de televisión digitales nunca se detuvo y en realidad puso en entredicho el papel de la prensa “democrática”, que quedó en ridículo cuando comenzaron a llegar los corresponsales internacionales con ganas de cubrir fútbol y se toparon con una realidad absolutamente contradictoria que merecía ser reportada. El hecho es que la presidenta Dilma Rousseff todavía estaba tratando de apagar incendios a horas de iniciarse el Mundial y hoy la gran encrucijada es que si su selección no gana el campeonato, el futuro político del oficialismo es incierto.

Vamos a otro hecho de resonancia mundial, la abdicación del rey Juan Carlos de España. Otra vez la prensa “legalmente establecida”, esa misma que lo perdonó y trató de salvarlo del escándalo de los elefantes, vuelve a tratar con guante de seda al monarca y evita que se publiquen gestos “indecorosos”, cuando en las redes sociales, donde las noticias circulan en forma de un diálogo irreverente y donde se impone la madurez a la falsa objetividad, no ha existido el mínimo de complacencia para “su majestad” y el legado tan complicado que le deja al príncipe.

Hoy los medios sociales le están diciendo a la prensa, a los periodistas, a los académicos de la comunicación y a los líderes políticos que siempre han buscado cómo acomodarse con los antiguos monopolizadores de la información, que para cambiar hay que volver a los orígenes, a la interpelación, a la irreverencia, a la pregunta difícil, a publicar lo que el poder quiere ocultar y convencer al ciudadano que el mandatario tiene el deber de rendirle cuentas y los medios la obligación de hacer que se cumpla ese pilar de la democracia, porque de otra forma no tiene sentido la existencia de aparatos de propaganda costosos, dedicados a lustrar malas gestiones, a justificar el derroche y a esconder la corrupción.