lunes, 29 de julio de 2013

Extravagancias del cambio

El vicepresidente García Linera ha hecho un llamado que suena a desesperación. Ha solicitado a los “hermanos bolivianos que hacen contrabando, que tomen conciencia y que dejen de sangrar al país con el ingreso y salida de mercadería ilegal”. El pedido es totalmente lícito y entendible, pues un Estado siempre tiene que ejercer la misión de prevenir antes de aplicar sanciones. Pero lamentablemente esta solicitud se produce en medio de un grave conflicto dentro de la Aduana Nacional, entre dos fuerzas, una que promueve la mano dura y otra que observa al contrabando con una mirada demasiado permisiva. En el Gobierno han llegado a considerar a los contrabandistas como aliados políticos, a quienes se les obsequió una norma que permitió legalizar lo ilegal. Cuando se toma este tipo de decisiones o en el momento que se dice tolerar el delito por una cuestión social, pedir conciencia es una mera extravagancia, que ni siquiera es admisible dentro de las esferas supuestamente más consecuentes con los más altos principios del “proceso de cambio”. Es más, a estas alturas y después de tantas transgresiones que se han observado en el Estado Plurinacional, habría que redefinir “principios” y “conciencia” para saber si estamos hablando de lo mismo.