martes, 11 de septiembre de 2012

La "cooperación" venezolana

Venezuela –y Brasil no se quedó atrás-, fue uno de los principales impulsores de la denominada “Guerra del gas”, que supuestamente tenía como objetivo fundamental, liberar a Bolivia de las garras del imperialismo, personificada por un presidente que hablaba como norteamericano y que pretendía venderle gas a Estados Unidos y a Chile, algo que en su momento fue considerado como un acto de traición a la patria.

Nadie hubiera imaginado que esa lucha liberadora que logró la consolidación de Evo Morales en el poder, hubiera derivado en una relación de dependencia mucho más grosera y tenaz y que ha convertido a Bolivia en un país altamente dependiente de la provisión energética, cuando las circunstancias previas al 2003 lo estaban conduciendo a reforzar su posición como eje de distribución gasífera continental.

Eso tiene la “nueva historia boliviana” iniciada en el 2006. Todo está al revés y precisamente se busca mostrar como un excelente negocio el hecho de que Venezuela le esté brindando facilidades a Bolivia para la adquisición de combustibles que el país ha dejado de producir como consecuencia de todo lo ocurrido en los últimos nueve años. Esas “ventajas” han sido plasmadas en un acuerdo recientemente suscrito en Caracas, mediante el cual, nuestro país podrá importar carburantes con tasas de interés del dos por ciento y un plazo de hasta 23 años. El convenio es por la compra de un equivalente a 250 mil barriles por mes en petróleo crudo, productos refinados y gas licuado de petróleo, ítems que a estas alturas los bolivianos deberíamos estar exportando de no haber sido por el desembarco del populismo chavista.

La cooperación venezolana fue “vendida” en el país como un acto de bondad de un país hermano que supuestamente debía transferir toda su experiencia en el campo hidrocarburífero a Bolivia para potenciar nuestra posición, pero lamentablemente los resultados muestran todo lo contrario. El país ha perdido –y tal vez para siempre-, su autosuficiencia energética y las posibilidades de recuperar posiciones en el contexto internacional son cada vez más lejanas.

Los números no mienten. Con excepción del diesel, Bolivia era prácticamente autosuficiente en materia energética y prueba de ello es que en el 2008 causó estupor entre los expertos llegar a importar ocho millones de dólares en combustibles desde Venezuela, mientras que hoy, esa cifra llega a los 56 millones. Según detalles del INE, el incremento de la importación del 2012 en relación al año pasado ha sido superior al 90 por ciento y la tendencia está en aumento. Eso ha llevado a YPFB a acumular una deuda de 311 millones de dólares con Venezuela en el 2010 y que trepó a 422 millones a mayo del 2012.

El nuevo acuerdo convertirá a Venezuela en proveedor casi exclusivo de Bolivia ya que hasta la fecha, hemos estado comprando combustibles de todos los vecinos, incluyendo a Paraguay. Según el Plan de Inversiones 2009-2025 de YPFB, de no darse alternativas internas para la provisión de líquidos para reducir los crecientes déficits, el impacto económico del subsidio al diesel ocasionaría al Estado un gasto de 1.314 millones de dólares hasta el 2015 y de 10.372 millones hasta el 2026.

Para este año se prevé que el costo total de la importación de diesel será de 880 millones de dólares, de ahí que nuevamente se esté hablando de la necesidad de eliminar el congelamiento de los carburantes.

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