sábado, 24 de agosto de 2013

Estalló la bomba

La  bomba estalló y no podía ser en otro lugar más que en la cárcel de Palmasola, el lugar que sintetiza en apenas unas hectáreas, toda la miseria que se encuentra dispersa en el territorio nacional y que puede resumirse en dos palabras: injusticia y corrupción.

La matanza producida en el centro penitenciario cruceño no es algo inesperado e incluso el Gobierno lo había anticipado de alguna manera, al tratar de ponerle algunos paños fríos al drama que viven miles de víctimas de la retardación de justicia, el hacinamiento, los abusos policiales, la falta de atención, las enfermedades y un sinnúmero de cuadros oprobiosos que se esconden detrás de esos muros y que cada tanto dan señales tenebrosas como la de ayer.

En los últimos meses, el Gobierno ha estado impulsando programas de indulto a ciertos grupos de presos; ha encarado algunas refacciones en diferentes cárceles del país, entre ellas Palmasola y también se inició un plan para sacar del presidio a cientos de niños que conviven en los internos y que se encuentran en grave peligro de daño moral y físico. Lamentablemente todo aquello se hizo a destiempo y cuando la sangre estaba llegando al río.

La situación de casi todas las cárceles del país es la misma, aunque Palmasola es lógicamente la más dramática, porque refleja la realidad explosiva y aluvional de nuestra ciudad. Como medida de emergencia, el Ministerio de Gobierno determinó hace muy poco, frenar el ingreso de nuevos internos a la cárcel de San Pedro de La Paz, donde existen las mismas condiciones para que se desate algo parecido a lo ocurrido en Santa Cruz.

El estallido de la violencia en Palmasola ocurre porque todo lo que debió mejorar en este país en realidad ha empeorado. La retardación de justicia afecta hoy al 80 por ciento de los presos, pese a todas las reformas judiciales que se han hecho, la mayoría destinadas a incrementar la politización y la instrumentalización de los tribunales a favor de los intereses del Gobierno; todas las reformas policiales prometidas fallaron y la corrupción sigue siendo un cáncer en la institución. Así lo confirman muchos de los acontecimientos que experimentamos todos los días y por supuesto, lo viven los presos de las cárceles, que son obligados a pagar incluso para ser trasladados a sus audiencias, sin mencionar la gran cantidad de exacciones de las que son objeto. En las cárceles ha empeorado el abandono, pues el Gobierno central se desentiende de sus obligaciones y se las intenta transferir a las instancias locales. Por eso es que han aumentado las enfermedades, la desnutrición, los casos de Sida, la tuberculosis y otros males que anidan dentro de un presidio que también es caldo de cultivo de la violencia, pues no existen posibilidades de rehabilitación y en cambio, desde las celdas siguen operando las bandas más peligrosas de ladrones de autos, de asesinos y ahora también de peligrosos secuestradores que se disputan el liderazgo del penal, donde abunda la droga y los negocios sucios.

Insistimos, Palmasola es el reflejo de lo que es el país y como ha ocurrido siempre, todo llega a su límite.