viernes, 18 de septiembre de 2015

El Estado en tiempos de crisis


Un famoso pensador liberal cuestionaba el proverbio chino que dice “No le des pescado, enséñale a pescar”. “A la gente no hay que enseñarle nada; todos ya saben trabajar, producir e inventar”, retrucaba el intelectual, para quien el desafío está en no entorpecer la iniciativa privada, no ponerle obstáculos a la producción, no truncar las ideas de los jóvenes, de los empresarios, de los comerciantes, de los pequeños y los grandes, de los que crean y se las ingenian para salir de pobres, crear riqueza y dar trabajo a los demás.
Esta idea hay que tenerla muy en cuenta ahora que se viene una crisis y el Estado ya no va a tener todo el dinero para dar y prestar, para malcriar a la gente, acostumbrarla a recibir el pescado ya cocido en la mesa y echarse a esperar que otros piensen, que otros produzcan, razonamiento que se vuelve generalizado y da como resultado una sociedad chata, carente de amor propio, aplastada por los caciques que se benefician de esa pasividad.
Resulta patético ver cómo los empresarios se ponen en la lista de los que quieren recibir las migajas del Estado que comienza a hacer las cuentas con lo que le va sobrando en la caja para encarar un nuevo modelo de repartija muy parecido al que se puso en práctica en el saqueado Fondo Indígena, que también ya tiene reemplazante.
Lamentablemente nunca falta la creatividad para crear este tipo de entidades, comités, directorios, agrupaciones, lobbies y cámaras, destinados casi siempre a buscar la forma de obtener privilegios, ventajas, recursos para convertir al Estado en el eterno padrino de parásitos y aventureros, cuando deberían estar presionando a los líderes, a las autoridades e instituciones del Estado para que cumplan su rol de facilitador, de generador de oportunidades, de impulsor de las ventajas competitivas del país, de explorador de nuevos mercados, de auxiliar de los bolivianos que tienen ganas de trabajar, pero que muchas veces tropiezan con la burocracia, con la corrupción, con las trabas y muros artificiales creados por los gobernantes para eternizar este sistema público que siempre está buscando medrar con la coima, con el papel sellado, con el trámite y tantas formas que se inventan todos los días para darle pega a su militancia.
Se viene la crisis y lo primero que se les ocurre a los gobernantes es crear nuevos impuestos, inventar cuadrillas de acosadores que salen a las calles a vaciarles los bolsillos al ciudadano, al emprendedor, al que está buscando cómo vender más, producir más y evitar que caiga su empresa y con ello mandar más gente a las calles, seguramente a pedirle al Estado que solucione su problema. La crisis debe ser vista siempre como una oportunidad para inventar cualquier fórmula que sirva precisamente para superar las dificultades y la sociedad necesita de un Estado que le ayude a salir. Lo peor que se puede hacer es tratar de disimular, buscar la forma de acomodarse y peor aún, ponerse en el camino de quienes toman la delantera con su iniciativa.