lunes, 14 de septiembre de 2015

La democracia es lo de menos

Cada día que pasa se pone más grotesco y surrealista el espectáculo que brindan los operadores políticos del oficialismo para darle forma a la “estrategia envolvente” que debe terminar en la reelección indefinida del presidente Morales. Eufemismos, trampas lingüísticas, chicanas jurídicas nunca vistas;  tanta creatividad, viveza criolla y un derroche del clásico “olañetismo “, esa tara con la que nacimos y que no ha cambiado en lo absoluto.
Los señores del Gobierno tienen todo el poder y la falta de escrúpulos para “meterle nomás” y hacer las cosas más expeditas, evitándole a la ciudadanía esta triste opereta, pero obviamente, nos quedaríamos sin identidad política, sin comulgar con esa nuestra cultura que ordena complicarlo todo y hacerlo de la forma que nos legaron los conquistadores, siempre con dobleces, atajos, cajas de sorpresas y trampas. Eso nos ha dado fama mundial y obviamente entretiene a un público acostumbrado al circo.
Con todo lo que tienen planeado para que siga la farra, nuestros gobernantes dejarán claro que las leyes no sirven en Bolivia; son de adorno y se pueden obedecer, cambiar y violar cuando a los poderosos de turno se les venga en gana.
Parece una hazaña lo que están haciendo; parece algo digno de orgullo que el presidente pueda quedarse hasta cuando quiera en el gobierno “porque el pueblo así lo quiere”; parece simple burlarse de la democracia, pero diez, veinte o treinta años perdidos; un cacique más dentro de los tantos que hemos tenido; un proceso más de cambio que se tira a la basura, son historias repetidas en la lamentable trayectoria de nuestro país, que siempre cambia, que ha vivido tantas revoluciones, pero que no logra hallar el rumbo que asegure mejores días para la gente.
Las angurrias por la perpetuidad llevarán a los actuales gobernantes a consumar todos los trucos jurídicos posibles para torcer las cosas, pero también a poner en práctica todas las trampas contables para mantener la idea de que el país está blindado y que no sufrirá los efectos de la crisis económica. Ya se anunció que las Reservas Internacionales pasarán a ser la caja chica que compensará la caída de los precios de las materias primas y cuando este dinero se haya acabado, porque así ocurre siempre con estos regímenes en los que reina la fantochería, no hay duda echarán mano a todo lo que esté a su alcance. Antecedentes sobran para respaldar esta afirmación. La idea es mantener al pueblo en la farra prebendalista en la que ha estado durante una década y al parecer, la gente no tiene ninguna conciencia de lo que nos espera cuando la fiesta se haya terminado.
Lo peor de todo no es, sin embargo, el daño que se le hace a la democracia, el saqueo de las arcas públicas que se nos viene, la postergación de los problemas del país y todo lo que se puede considerar con la consolidación de una autocracia. El daño mayor que se la hace a Bolivia es la destrucción o mejor dicho, la nueva eliminación de la posibilidad de que este territorio pueda tener al fin un Estado, hecho que nos sigue poniendo en condición de extrema fragilidad frente a las amenazas externas que en el pasado nos han llevado al desmembramiento. El peligro es la aniquilación total.

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