miércoles, 9 de diciembre de 2015

La expresión del pueblo venezolano

Es verdad que la derrota chavista del domingo es la más significativa de los últimos 17 años, pero no ha sido la única. Cuando Hugo Chávez estaba vivo y rebosante de salud, la “revolución bolivariana” perdió un referéndum en 2007 y fue derrotado en reiteradas ocasiones en bastiones importantes, incluyendo la capital y en numerosos municipios.
En cada caso, el régimen se encargó de aplastar esos resultados,  ya sea creando superestructuras destinadas a pasar por encima de las autoridades electas, nombrando delegados presidenciales o simplemente desatando persecución judicial contra los líderes de la oposición que desafiaron la hegemonía chavista.
Lo ocurrido recientemente no solo ha sido el golpe más contundente, sino también, el más extendido a nivel nacional y sobre todo, es necesario analizar el fondo que hay detrás de semejante demostración popular.
Una vez más tienen razón los que aseguran que mientras haya “pan y circo” la población inmadura y acostumbrada a asociar política con caudillismo, a la manera de las tribus primitivas, se mantendrá pegada a la seguridad que le brindan los sistemas que promueven el clientelismo como forma de administración de la cosa pública.
La crisis de Brasil, la derrota de Cristina Fernández y la debacle del chavismo en Venezuela tienen un mismo origen, de la misma forma que el encumbramiento socialista en la última década tiene su explicación en la bonanza económica que propició una repartija nunca vista en la historia de nuestros países. Lamentablemente, para ellos, la piñata ya se acabó y eso se refleja en el estado de ánimo de la gente que se expresa en las urnas.
Los venezolanos que votaron contra Maduro no lo hicieron en defensa de la democracia, por los derechos humanos o por rechazar la persecución y los ataques a la libertad. Desgraciadamente eso todavía suena a extravagancia de primer mundo, pues en nuestro medio la clave de la política sigue siendo “barriga llena corazón contento”.
La oposición ganó en Venezuela porque la gran mayoría se cansó de hacer colas en los supermercados y en las farmacias, se hartó de la escasez y la inseguridad y siente que las cosas tienden a empeorar. Eso es lo que ha pasado en Argentina y por eso es que se lo ve a Mauricio Macri haciendo todos los movimientos necesarios para asegurar acciones efectivas y rápidas contra la crisis, la inflación, el costo de la vida, la producción, etc.
Haría mal el nuevo gobierno en priorizar el revanchismo y meterse en peleas con los adversarios, sabiendo que el tiempo es corto y la urgencia es grande por mostrarles a los votantes que confiaron en el cambio, las ventajas que prometieron en campaña.
Para los ganadores de Venezuela será complicado  lograr la capacidad de influir para que se produzca un cambio de rumbo en materia económica, no solo porque el régimen puede ignorar la actividad parlamentaria donde ha perdido la mayoría, sino porque Maduro todavía tiene en sus manos todo el poder republicano, la justicia, las fuerzas armadas y una inmensa capacidad de movilización de movimientos sociales y milicias que han anunciado que desde ahora la democracia se resuelve en las calles. Ojalá los pronósticos fallen, pero es ahora cuando tendremos la oportunidad de constatar cuán dictador es Nicolás Maduro.