jueves, 25 de abril de 2013

Tino y Tina


Cuando era chico había un personaje de la televisión que le decían “Tino”. Era un viejecito apacible y mimoso que desbordaba con muestras de cariño y trato amable. Aunque la definición de “tino” tiene que ver con “buen juicio”, “prudencia” o “sentido común”, en nuestro medio asociamos este término al tacto, a la manera suave de decir las cosas.
Cuando estuve trabajando con algunos profesionales españoles, ellos solían decir que en Bolivia importa más el “cómo lo dices” que la sustancia de lo que decimos. En Bolivia para pedir la hora decimos “perdón, buenos días, disculpe usted la molestia ¿podría decirme la hora?”. Algunos llaman a esto “educación”, yo prefiero llamarla “tonta solemnidad”.
Soy defensor a ultranza del saludo, del “por favor” y el “gracias”, pero no comparto el excesivo protocolo que nos lleva a ser demasiado quisquillosos, superficiales y politiqueros, cuya principal característica es lo que yo llamo el “masomenismo”, una deformación de la flexibilidad que conduce a una permisividad donde todo se acepta a cambio de apoyo y una sonrisa fingida.
Acaba de morir Margaret Thatcher a quien llamaban “Tina”. Le decían así porque su frase favorita era “There Is No Alternative”, (No hay alternativa) expresión que convirtieron en una sigla y en un apodo. También le decían la “Dama de Hierro”, simplemente porque no le gustaba mentir y tampoco decir medias verdades o adornar las cosas con estúpidos eufemismos. Para ella no había alternativa a la libertad, al trabajo individual y al respeto al derecho ajeno, algo que en Bolivia es absolutamente relativo y sujeto a las flexibilidades más absurdas.

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