jueves, 29 de enero de 2015

Locos por las redes sociales

"Crudo Ecuador" el blog que irrita a Rafael Correa.

Rafael Correa, uno de los populistas más agresivos con la prensa y sistemático a la hora de acorralar a los medios independientes de su país se está volviendo loco con un blog denominado “Crudo Ecuador”, iniciado por un ciudadano común que no es periodista y que afirma que creó el sitio porque se sentía aburrido en casa. El individuo, que ha sido entrevistado de forma anónima por un famoso portal dedicado al estudio del periodismo, es un experto en el manejo de redes sociales y pese a haber votado por Correa, hoy lo critica asiduamente y sus comentarios rebotan como reguero de pólvora por Facebook y Twitter, al extremo de irritar al gobierno que ha iniciado una dura campaña para silenciarlo.
Otro que claudicó frente a las redes sociales fue el Rey Juan Carlos de España, tratado con guante de seda por los medios tradicionales, pero crucificado por los internautas, que no le perdonaron aquella foto al lado del elefante muerto y la farsa que rodeó al famoso safari con muy grata compañía.
Y que hablen los tiranos de Cuba de la bloguera Yoany Sánchez, quien logró vencer la costosísima dictadura mediática de la isla armada de una conexión a internet (que no era suya) y de unos minutos furtivos frente a la computadora (que tampoco le pertenecía).
Ejemplos hay de sobra para demostrar el poder que tienen hoy las redes sociales, que no son más que ciudadanos hablando en voz alta y publicando sus ideas en un espacio público, con la posibilidad de generar un mensaje común y por lo tanto despertar la sensibilidad de una gran audiencia que a la vez consume y produce las noticias. Así fue como se derrumbaron los viejos dictadores árabes, que nos sabían adónde disparar sus cañones para contener esta marea de voces que hablan, comparten información y que son imposibles de silenciar porque no existen medios tangibles y posibles de hacerlo.
El momento que estamos viviendo fue visualizado en 1979 por el filósofo y futurista Alvin Toffler, autor de “La Tercera Ola”. En esa obra, el autor dijo que en el futuro, los individuos podrían comunicarse entre sí sin la necesidad de intermediarios ni de élites que conduzcan el diálogo. La comunicación de hoy carece del verticalismo del pasado, transcurre en medio de una constante conversación y los poderosos medios han dado paso a voces como la de aquel bloguero ecuatoriano que se expresa sin mayores protocolos y con mucha más irreverencia que los órganos de prensa tradicionales. A esa inteligencia colectiva no le importa hablar mal del rey, del Papa y de cualquier otro gobernante. Eso incomoda por supuesto y no sólo a los autócratas, ya que en casi todos los países han tratado de ejercer un control de esa marea de información que no tiene un dueño visible.
Ese modo de comunicación es irreversible, porque no sólo sirve para criticar, para divertirse o hacer buenos negocios. La gente usa las redes sociales con fines educativos, para crear cosas, promover la cultura y en definitiva, para intercambiar ideas y construir un mundo mucho más democrático y libre. Ese proceso puede ser monitoreado, aprovechado y algunos han tratado de influir en él para manipularlo. Pero tratar de cortarlo equivale a agitar una colmena de abejas.