viernes, 17 de junio de 2011

Discordias por la coca

 Por primera vez el “sagrado” asunto de la coca provoca serios conflictos internos en el Gobierno de Evo Morales y por primera vez también, un alto dirigente del MAS admite públicamente que el extremado  aumento de los cocales del Chapare está poniendo en riesgo el “proceso de cambio”.

Pocas horas duró en su cargo el exministro de la Presidencia, Óscar Coca, después de participar en una reunión con las seis federaciones de productores de coca del trópico cochabambino en la que se les echó en cara a los cocaleros –cuyo líder sindical es Evo Morales-, su voraz apetito por lucrar con el auge del narcotráfico en el país.

En esa reunión realizada en la zona de Lauca Ñ, tanto Coca como el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, se hicieron eco del último informe de la ONU, que reporta un crecimiento de 9.700 a 11.000 hectáreas  de coca en el Chapare en el último año y a continuación reprendieron a los compañeros del Presidente, al punto de que Cáceres les pidió no traicionar el proceso de cambio.

Felipe Cáceres ha dicho que la mayoría de los cocaleros tiene más  de un cato (1.600 metros cuadrados) y que casi el 60 por ciento de ellos posee entre una y siete hectáreas sembradas (entre 10 mil y 70 mil metros cuadrados), lo que refleja el estrepitoso fracaso del régimen de control social, que les otorgaba a los mismos cocaleros la misión de autorregularse.

Tras el sorpresivo cambio de Óscar Coca, apareció en escena el ministro de Gobierno, Sacha Llorentty, para afirmar todo lo contrario a lo que había dicho su ex colega. Dijo que en lugar de un aumento, se ha producido un récord de 8.200 hectáreas de cocales erradicados y que este año se alcanzará una cifra aún mayor, lo que según él, será un hito en toda la década.

Sacha Llorentty puede decir todo lo que quiera, pero lo cierto es que el próximo 24 de junio, la ONU presentará su informe sobre la coca y el narcotráfico en Bolivia, y seguramente irá acompañado de imágenes satelitales y otras evidencias irrefutables a las que ya tuvieron acceso el viceministro Cáceres y el cesanteado Óscar Coca, dos que quedaron turbados por lo que vieron y no tuvieron el cinismo suficiente para negarlo.

¿Hace falta satélites y especialistas para darse cuenta de lo que está ocurriendo en Bolivia? Tampoco es necesario ser ministro y menos de la clase del que ni siquiera se dio cuenta que al lado de su despacho operaba un “pez gordo” que ahora espera su juicio en Miami. El Gobierno rechaza el informe de la ONU como también desconoce a uno de sus más connotados dirigentes de Yacuiba, a quien se le encontró una narcoavioneta en su propia casa. Las cárceles chilenas están repletas de “mulas” bolivianas; en el norte argentino están invirtiendo en costosos radares para controlar los aviones que lanzan cocaína desde el aire, algo que ya todos conocen como la “lluvia boliviana”; encuentran droga “made in Bolivia” en África, en Rusia, en España y nuestros vecinos ya no saben cómo contener la avalancha que desencadena en violencia y marginalidad.

Es natural que ante esta situación surjan por lo menos un par de voces desde el interior del régimen con un mínimo de dignidad, que no avalan semejante vergüenza. “Qué moral vamos a tener para pedir a Naciones Unidas que despenalicen la coca si estamos cultivando más coca?", fue la última reflexión de Felipe Cáceres. Sí, señor viceministro, qué moral la del “proceso de cambio”.

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