lunes, 24 de agosto de 2015

¿Otra vez gas a Chile?

El vicepresidente García Linera no dijo que vamos a venderle gas a Chile puesto que eso depende de nuestras barreras “patrióticas”; de los muros mentales que nos hemos puesto los bolivianos para tener siempre una excusa a mano y de la necesidad de los nuestros líderes mediocres de usar el mar como único medio de cohesión de la ciudadanía.
Lo que dijo en realidad fue que Bolivia está obligada a venderle gas a Chile si es que aspira a convertirse en una potencia energética y, en las circunstancias actuales, a sobrevivir y a no repetir las viejas experiencias de crisis económicas, inestabilidad política y agitación social.
García Linera habló de Chile y el gas frente a las empresas petroleras que no se creen todos los cuentos y arengas patrioteras y saben muy bien que las inversiones, la exploración, la producción y el crecimiento de la industria gasífera boliviana dependen de la apertura de un nuevo gran mercado, a la misma altura de Argentina y Brasil. Eso lo sabía Gonzalo Sánchez de Lozada en el 2003 y los actuales conductores políticos no sólo tumbaron el proyecto, sino que lo condenaron tal vez para siempre al olvido, lo que equivale a sentenciar también el futuro del país.
Después de hablar de Chile, el vice les ofreció plata a las petroleras para venir a invertir. Les habló de mil millones de dólares, una bicoca comparada con lo que tienen que arriesgar en el contexto de bajos precios y sobre todo, sin tener la certeza de un mercado como el chileno.
Es increíble que la situación actual nos lleve directamente a 1879, cuando Bolivia sobrevivía con las migajas que obtenía de Chile por la explotación del guano y el salitre. Y cuando se acabó ese goteo, tuvo que firmar su rendición en 1904, pues lo contrario hubiera significado morirnos de hambre y sellar la desaparición definitiva de Bolivia.
Por ahora, el presidente Morales mantiene la postura, pero ya lo dijo un prominente personaje del “Proceso de Cambio”: “Con la dignidad no se come” y precisamente la afirmación del vicepresidente, que viene acompañada de otras medidas como el ofrecimiento en bandeja de las áreas protegidas y la nueva pateadura de indígenas, son la muestra de que la desesperación por la caída de los ingresos está comenzando a cundir en las filas oficialistas.
Además, el mercado chileno no solo sería crucial para incrementar los volúmenes de producción y evitar el derrumbe de la renta petrolera, sino también para reducir el riesgo en el que se encuentran los contratos con Brasil y Argentina, aquejados por falta de reservas y una reducción paulatina de la producción.
El vicepresidente seguramente habrá considerado otros aspectos a la hora de hacer esa aseveración tan arriesgada pero con tanto sentido de la realidad. Él está en mejores condiciones que nadie para saber las expectativas que existen en La Haya y por otro lado, siente que hoy el gobierno tiene mucho más fuerza de lo que tenía la administración de Sánchez de Lozada para llevar adelante una iniciativa rodeada de tantos anticuerpos. Pero sobre todo, conoce la verdadera situación económica del país y desde ahí puede ver la única tabla de salvación tanto del país como del proceso político que él conduce.