lunes, 24 de agosto de 2015

Sin plata, sin gas y sin agua

La población tarijeña creció de forma impresionante en los últimos años. Mucha gente dejó el campo y se mudó a la tierra prometida, al paraíso del gas, a la región que cuadruplicó sus ingresos. Se calcula en diez años el número de habitantes creció desde 180 mil a los 250 mil y sin duda alguna, el nivel de recursos públicos hubiera alcanzado para repetir la hazaña que se logró en Santa Cruz con las famosas regalías petroleras de los años '60, muchísimo más módicas, pero que al menos sirvieron para que la ciudad pasara de ser una aldea a una urbe con servicios básicos, pavimento y cierto bienestar. No es para tanto, pero al menos es lo mejorcito que tenemos en el país y fue conseguido gracias a los liderazgos que tanto se vilipendian en la actualidad y que lamentablemente están dormidos. El hecho es que quienes gobernaron en Tarija en la última década no solo se farrearon la plata de hoy, sino también la que viene y la que vendrá (si es que viene, porque con el bajón de los precios del gas nadie sabe). El alcalde de Tarija, Rodrigo Paz, comentaba hace unos días que la cosa está muy fea para el municipio y la gobernación. Y para la gente, peor. Más de la cuarta parte de los tarijeños de la capital no tiene servicio de agua potable.