jueves, 11 de septiembre de 2014

Campaña, reflejo de nuestra 'democracia'

Luis Gallego, el diputado que ofreció chicotazos al que no vote por el MAS
Si bien los actos eleccionarios nunca han sido los catalizadores de los grandes cambios en Bolivia, a través los comicios podemos advertir con mucha claridad el estado de la democracia en el país, sin apelar a sesudos estudios estadísticos que, por supuesto, han arrojado resultados adversos en el caso boliviano, en el que se observa el deterioro de valores esenciales como las libertades individuales, los derechos humanos, la libre expresión, el pluralismo y el respeto a la justicia.
En este corto periodo de campaña que hemos estado viviendo, todos esos factores han surgido con mucha claridad, pero lamentablemente no han saltado al debate público porque hoy más que nunca se puede percibir el resultado del cercenamiento que se ha producido en la comunicación social, producto de la cooptación de los medios masivos, que ya sea por dominio pleno del Estado, por amedrentamiento o a través del mecanismo del chantaje comercial, se han vuelto absolutamente funcionales al discurso oficial, lo que deriva en una clara censura, ocultamiento de información y un decidido enfoque negativo hacia la oposición.
Si no fuera por las redes sociales, donde todavía funciona la democracia en la expresión, muy pocos se hubieran enterado del audio en el que se escucha al presidente Morales hablar del uso que se hizo de la Cumbre G-77 y de la opinión que él tiene sobre las mujeres. Por poco menos que eso, los candidatos de la oposición han sido virtualmente crucificados y satanizados a través del aparato de propaganda estatal, acción que tuvo su contraparte concreta con el encarcelamiento del postulante que dio a conocer la grabación.
Esto que demuestra que la manipulación de la justicia y la persecución política ni siquiera se frenan durante la campaña, seguramente confiados en la escasa repercusión en los órganos de prensa tradicionales, tal como ha sucedido con otros casos muy graves como el encarcelamiento de los oficiales de las Fuerzas Armadas que encabezaron las protestas contra el gobierno y como ha ocurrido con los procesados por el "caso Terrorismo", trasladados ilegalmente a La Paz y el Beni, con el objetivo de acallar cualquier denuncia que se pueda filtrar en época electoral.
Resulta patológico, ver cómo en este vacío de comunicación, los medios se dedican a repetir machaconamente el discurso oficial de bonanza, de grandes ventajas económicas, del futuro de oro que le espera al país y otras reflexiones triunfalistas y descuidan temas esenciales que hacen al funcionamiento de la democracia y el estado de derecho. Pareciera que todos se enfocan en lo material, en la muletilla de que "plata hay de sobra", pero se olvidan de los principios y de los valores como la libertad y la dignidad que la Iglesia Católica ha sacado a relucir cuando critica el uso desmedido de los recursos públicos, la evidente parcialización de las autoridades electorales y por último la aberración que se comete cuando se amenaza con flagelar a chicotazos a quien no votepor el MAS.
Todos saben que la mujer sigue siendo objeto de desprecio, de humillación y de violencia en el país y que el gobierno ha sido un impulsor de los estereotipos pese a sus parodias, sus leyes y los dichosos cupos de poder formal. La gente se da cuenta que toda esta campaña contra el machismo que se subió a las tarimas últimamente es simplemente un acto de hipocresía, una burla más hacia las damas y eso también pasa como si nada frente al público, reforzando la tendencia del modelo "autoritarismo pan y circo".