sábado, 20 de septiembre de 2014

La gran diferencia

Cuando se escucha hablar a Caroline Dwyer, la madre del irlandés que fue ajusticiado en el hotel Las Américas, no se puede dejar de pensar en la famosa película “Expreso de Medianoche” que relata la historia real de Bill Hayes, víctima de uno de los peores actos de injusticia cometido en Turquía, a la que “llamó nación de cerdos” por sus autoridades altamente corruptas y abusivas. La señora Carolina fue muy respetuosa en su conferencia de prensa, pese a que su hijo Michael fue asesinado peor que un perro rabioso por agentes de seguridad que están bajo sospecha de haber montado toda una trama siniestra ideada por altas autoridades nacionales. Ese dato, es decir, el hecho de que en Turquía se respetó la vida de Hayes y en Bolivia no, parece no ser la única diferencia entre ambos casos. Pese a todo, en la capital turca hubo un juicio y una sentencia por un delito menor que sí se había cometido. Aquí no saben cómo fabricar pruebas contra gente a la que no se le ha podido probar absolutamente nada. Aquellos individuos que sometieron a Hayes a la peor experiencia de su vida, se quedaron en el olvido, refundidos en malolientes oficinas públicas de poca monta. En Bolivia, todos aquellos que contribuyeron en el montaje del “caso terrorismo” son ilustres candidatos a las elecciones del 12 de octubre y altos representantes del Estado Plurinacional.