domingo, 31 de julio de 2011

El Presidente tiene miedo

El presidente Morales ha confesado que siente miedo del Gobierno norteamericano. Ha dicho que lo quieren incriminar con el narcotráfico, aplicándole restos de cocaína en su avión. Ese temor, sin embargo, ha desencadenado una verdadera cacería de narcotraficantes en Bolivia, lo que confirma que el sentimiento presidencial va mucho más allá de un truco mediático que la oposición ha calificado como “curarse en salud”. El reciente llamado del primer mandatario a eliminar los cultivos ilegales de coca para evitar que se desvíe hacia la producción de cocaína, no hace más que confirmar que la trampa en la que está metido no ha sido fabricada en Estados Unidos, sino que salió del país, aunque obviamente, ahora está en poder de los estadounidenses.

Evo Morales también ha dicho por primera vez que le tiene miedo a las elecciones judiciales. Ante la seguidilla de pronunciamientos por el voto nulo de diferentes sectores políticos y sociales ha tenido la visión de que lo del 16 de octubre puede acabar en un descalabro para el oficialismo, lo que terminaría por destruir la legitimidad del régimen del MAS y por supuesto, truncar las aspiraciones de una segunda reelección. Las elecciones judiciales “han sido un mal cálculo”, dijo recientemente, frase calcada de la que se usó cuando el Gobierno tuvo que retirar el decreto del “Gasolinazo” que inició la era del terror para el proceso de cambio.

El miedo a la economía, mejor dicho, al desastre que ha creado el MAS con la economía boliviana, lo ha obligado a hablar nuevamente de la nivelación en el precio de los combustibles. “El país se desangra por los subsidios”, ha repetido varias veces el presidente, sabiendo no obstante, que de lanzar ahora un nuevo gasolinazo, lo del 16 de octubre no sería un descalabro, sino una calamidad. Pero el miedo es más fuerte que cualquier sentimiento o realidad y lo peor de todo es que los problemas se le han juntado. Las presiones internacionales (acaba de sumarse Inglaterra) para que Bolivia afronte de una vez por todas una lucha real contra el narcotráfico, lo ha llevado a hablar de un nuevo subsidio, esta vez para comprar toda la coca excedentaria y evitar así la súper producción de cocaína.

El presidente Morales no hace más que hablar de Hugo Chávez. De lejos, es el más afectado por la mala salud que atraviesa el líder venezolano y nadie duda por supuesto, de que se trate de un genuino sentimiento que nace del corazón del mandatario boliviano, aunque a juzgar por algunos hechos recientes, parece también que tales expresiones de dolor, se originan en el miedo de que un desenlace fatal, se traduzca en una mortal estocada al proyecto regional “antimperialista” que Hugo Chávez ha estado alimentando copiosamente a través de sus petrodólares en varios países, entre ellos Bolivia, donde ya se anunció la suspensión temporal del programa “Bolivia cambia, Evo cumple”, financiado íntegramente con dinero acarreado desde Caracas.

El miedo es siempre un mal consejero y los que surgen como víctimas del temor tienden a llevarse la peor parte. El temeroso régimen acaba de poner en marcha una campaña de amedrentamiento destinada a aplacar los ánimos de los que pueden hallar en este momento la oportunidad para levantar cabeza. La oposición regional enfrenta una nueva ola de persecución política a través de maniobras golpistas y la reactivación del “caso terrorismo”, con la ampliación de imputados. La libertad de prensa vuelve a ser acorralada, con detenciones, el secuestro de la edición de un diario en Pando y la citación judicial a uno de los íconos de la prensa en Bolivia.

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