jueves, 14 de julio de 2011

El viejo cuento del tráfico


"Desde el lunes empiezo”. Parece el cuento del gordo que todos los días amenaza con hacer dieta y los kilos aumentan sin parar. Así está la Alcaldía de Santa Cruz, con el nuevo anuncio de un plan para frenar el caos en el tráfico en el centro de la ciudad. Esta vez el régimen se viene duro, pues la idea es aplicar multas de hasta 600 bolivianos a los infractores, que además de “comerse” el pago de la grúa, deberán pagar todos los impuestos adeudados.

¿Cuántas veces hemos escuchado semejantes arengas? Que cepos, que multas, que policías, que carriles, grúas, conos, letreros en los parabrisas. La creatividad nunca falta a la hora de hacer diagnósticos y proponer soluciones, el problema es que “la doña” sigue estacionando en doble y hasta en tripe fila; el jovencito usa el auto de su papá como boliche y hace fiesta donde le da la gana, el micrero... ya sabemos y los taxistas detienen el tránsito por “alzar” un pasajero que jamás aceptaría dar dos pasos para subir al auto.

El vecino hace gastos onerosos en achicar rotondas, construir puentes, ampliar avenidas y todo sigue en las mismas. Sabemos que el incremento del parque automotor ha sido descomunal en los últimos años, pero el Municipio no se puede quedar de brazos cruzados con un problema que aumenta la inseguridad, provoca grandes pérdidas a la economía y convierte a la ciudad en un tejido caótico que ahuyenta las inversiones y trastoca la convivencia ciudadana. Santa Cruz es una de las ciudades bolivianas amenazadas con un fenómeno urbano llamado “vietnamización”, que se da cuando el volumen y el caos en el tráfico hacen imposible llegar de un punto a otro en un tiempo prudencial, lo que hace a muchos decidirse por el uso de la motocicleta para transportarse. Este “remedio” es peor que la enfermedad, pues lo que acarrea es más inseguridad, más contaminación y más anarquía. En ciudades colombianas, este fenómeno favoreció las actividades del narcotráfico y el secuestro y lo mismo podría suceder en nuestro medio, donde ya se está produciendo un incremento de la actividad criminal producto del auge del tráfico de drogas.

La Alcaldía no solo es inconsistente en sus medidas. En el control del tráfico y el transporte jamás se han aplicado políticas que perduren en el tiempo. La gente se las arregla como puede y los agentes de este problema se adaptan a la explosión urbana con una visión oportunista e individualista. Tal vez el municipio no lo sepa, pero los minibuses han vuelto a aparecer en escena en la ciudad; cada vez hay más mototaxistas  ¿quién los controla?; las líneas de trufis proliferan como hongos y ser taxista en Santa Cruz es una decisión que se toma en un minuto y cuesta cinco bolivianos (el precio de un letrero fosforescente que se coloca en el parabrisas).

Nadie quiere ser pesimista sobre el nuevo plan anunciado por la Alcaldía, pero son precisamente las autoridades de la ciudad y la Policía las culpables de que la ciudadanía crea poco y nada en sus “amenazas”. Hay que ser drásticos, no cabe duda, pero para controlar un problema, se necesita darle el mensaje a la ciudadanía de que tiene que cambiar su actitud porque las reglas y la sostenibilidad de las mismas así se lo exigen.   Si se tratara, como en todas las ocasiones, de una medida que no se aplicará por más de uno o dos meses y que tarde o temprano la gente volverá a sus atajos y sus viejas mañas, mejor sería ahorrarse el dinero que se va a gastar en contratar personal, hacer afiches y elaborar costosos anuncios de televisión.

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