jueves, 14 de julio de 2011

Ganadores


 Yo fui uno de los que festejó a lo grande el empate de la selección boliviana frente a Argentina, sospechando, como lo hicieron muchos, que ese podría ser el único aliciente del equipo nacional en la Copa América. 

Festejé y no me arrepiento, porque los bolivianos no deberíamos perder ni una sola oportunidad de sentirnos ganadores alguna vez. La única ocasión que Bolivia obtuvo un campeonato continental fue en 1963 y la primera vez que clasificó a un Mundial fue en 1994. Muchos todavía celebran esos logros, tal vez porque saben que habrá que esperar varias décadas antes de que se repitan hazañas similares. Mientras tanto hay que conformarse con lo poco que puede ofrecer este país para elevar la autoestima nacional.

Por eso mismo es que el Gobierno de Evo Morales puso en marcha un operativo sin precedentes con el objetivo de alargar por unos días la algarabía que se desató con el empate conseguido en La Plata. Ellos mejor que nadie saben que hay muy pocas opciones de hacer que la gente se sienta ganadora. 

Como los bolivianos no ganamos en fútbol y siempre andamos de últimos en casi todo, nos las ingeniamos para sentirnos ganadores todos los días. Es una gloria cuando le ganamos a un micrero en la calle, cuando nos colamos en una fila, cuando conseguimos pagar unos pesos para sacar el carnet en tiempo récord o cuando hacemos “copie” en un examen. El presidente Morales se siente feliz cuando recuerda que hizo trampa para conseguir que se incluya la segunda reelección en la Constitución Política del Estado y, obviamente, considera que con la legalización de los autos chutos les está regalando una inmensa victoria a los más pobres de este país. Es más, para muchos bolivianos, sentirse “pobre” es hoy un gran honor.