domingo, 7 de octubre de 2012

Ni que fueran opas

Hace unos días el ministro de Gobierno se quejaba de las penurias que ha tenido que pasar en el conflicto de Colquiri, que lo mantuvieron sin dormir por más de una semana. Apenas ha tenido tiempo de recuperarse y no solo ha vuelto la amenaza de enfrentamiento en el lugar, sino que la intranquilidad ha retornado a Mallku Khota, al norte de Potosí. Esa mina, que fue nacionalizada a pedido de los campesinos de la zona, es motivo de discordia entre los mismos comunarios (con un saldo de dos heridos), quienes exigen la inmediata contratación de 500 lugareños. La petición parece absurda, pues Mallku khota se encuentra en fase de exploración y cuando mucho va a necesitar 50 operarios. La Comibol, que desplazó a una empresa canadiense que debía invertir 35 millones de dólares en la costosa prospección del yacimiento, ha sido clara en explicarles a los campesinos que si las cosas marchan bien, consiguen la plata y los buenos administradores, dentro de unos cuatro años comenzarán a producir y tal vez necesiten entre 300 y 400 mineros, pero no más. Algunos creen que los campesinos no entienden bien las cosas, pero sucede que ellos están muy bien informados. Saben por ejemplo, que la mina nacionalizada de Huanuni sólo necesita 700 obreros y en este momento trabajan allí más de 4.700. Ellos dominan mejor que nadie el “proceso de cambio”.