lunes, 4 de agosto de 2014

Bolivia frente a un conflicto mundial


La decisión del Gobierno de obligar a los ciudadanos israelitas a solicitar visa antes de visitar Bolivia puede parecer insignificante, pero es una abierta toma de partido en un conflicto que no solo se limita al ir y venir de bombas entre Palestina e Israel, sino que tiene que ver con lo que muchos llaman la “Guerra de Civilizaciones” en la que interviene una suerte de alianza entre Rusia, China y el mundo islámico en contra del imperio de occidente representado por Estados Unidos y Europa principalmente.

Los regímenes populistas de América Latina se suben raudos a la tarima para cobrar notoriedad, asumir el bando correspondiente y por supuesto, ganar pantalla en aquello que siempre ha dado mucha prensa: despotricar contra el imperialismo yanqui, provocar y asumir poses beligerantes, como lo acaba de hacer el presidente Morales.

Es curioso que el presidente boliviano acuse de terrorismo a los israelitas, cuando su gobierno mantiene estrechas relaciones con Irán y recibe como visitante ilustre nada menos que al exministro de defensa iraní, Ahmad Vahidi, cuya presencia en Bolivia en 2011 encendió todas las alarmas, pues aquel sujeto es buscado en Argentina por su vinculación al atentado a la sede de la Amia de Buenos Aires, en 1994, con un saldo de 85 muertos.

Todos tienen derecho a soñar con un mundo mejor, especialmente quienes no han resultado favorecidos con la manera de “repartir las cosas” en el mundo. Y seguramente los que hoy se suben al carro del nuevo imperialismo que propone el tirano Vladimir Putin, creen que el futuro que se avecina será mejor que el sistema occidental, heredero de la cultura que abrevó de los griegos, de los romanos y la visión judeo-cristiana, padres del derecho, de la democracia, el humanismo católico y también del socialismo, una antítesis del capitalismo, que si bien fue un fracaso como construcción de un nuevo orden, ayudó a frenar los excesos del mercantilismo y la revolución industrial.

Lamentablemente, las cartas de presentación del “Nuevo Orden” que comienza a mostrarse en Europa del Este (más precisamente en Ucrania) y en el Medio Oriente, con el fanatismo islamista, no son nada edificantes ni prometedoras para un país como Bolivia, donde supuestamente está en marcha una revolución cultural humanista, democrática y pacífica.

Muchos se estrellan contra Israel en este momento, porque está asumiendo el papel de malo que ha dejado de encarnar Estados Unidos, cuyo repliegue de Irak, de Afganistán y de otros enclaves en la zona más conflictiva del mundo, ha provocado el recrudecimiento del terrorismo, las guerras fratricidas entre facciones rivales, la persecución de algunas etnias que han sido condenadas al exterminio y por último, la persecución religiosa, en la que cristianos se llevan la peor parte.

Quienes impulsan la descolonización, lamentablemente están apoyando el peor tipo de colonialismo que existe; el mismo que ejerció la hegemonía moscovita que ahora busca reproducir una combinación de zarismo con las viejas estrategias del comunismo estalinista. Los que quieren cambio, buscan restablecer ideas y proyectos fracasados como el socialismo o en su caso, visiones retrógradas y deshumanizantes. ¿Eso queremos para Bolivia? ¿Acaso no estábamos buscando la soberanía?