jueves, 11 de agosto de 2011

Otra vez la crisis

Un día después de la debacle mundial de los mercados bursátiles, el precio del estaño, uno de los productos estrella de las exportaciones bolivianas ha experimentado una fuerte caída y a continuación, el Gobierno nacional no ha tenido más remedio que reconocer que la crisis económica que está volviendo a azotar con fuerza a Estados Unidos y Europa, tendrá fuertes repercusiones en el país.

Si bien no es seguro que la crisis se convierta en recesión como ocurrió en el 2008, los datos señalan que habrá una contracción de la demanda de las materias primas, lo que implica también reducción de los precios de aquellos productos vitales para la economía boliviana, cada vez más dependiente de los sectores primarios.

Durante los últimos años, Bolivia y muchos otros países de América Latina se han beneficiado de una bonanza de precios favorables de los minerales, el petróleo y la soya, entre otros, y existe temor de que un derrumbe de la demanda pueda incidir radicalmente en la captación de ingresos que ha promovido, por un lado, el florecimiento de regímenes populistas como el de Evo Morales y Hugo Chávez y por otro, el repunte de economías como las de Perú, Brasil y Chile, que supieron sacarle partida al periodo de prosperidad y lo usaron para encarar procesos de industrialización, diversificación, incremento de la competitividad, fomento del empleo y las exportaciones y por supuesto, para avanzar en la lucha contra la pobreza.

En el 2008, mientras el Gobierno boliviano insistía a rajatabla que el país estaba blindado frente a la recesión mundial, en Brasil y las otras naciones mencionadas, se dedicaron a aplicar políticas anticrisis, como la promoción de la producción de alimentos y el aumento de las exportaciones. En Chile, los grandes excedentes por las ventas de cobre, cuyos precios alcanzaron cifras récord, fueron guardados racionalmente para usarlos en las épocas de vacas flacas. Precisamente todos estos países, incluyendo México y Paraguay, salieron airosos del periodo recesivo y rápidamente experimentaron niveles de crecimiento históricos, mientras que las economías del segundo grupo, muestran tasas de crecimiento inferiores y posiblemente esta vez sientan con mayor fuerza la recaída.

El vicepresidente García Linera ha anunciado la aplicación de medidas para enfrentar la crisis mundial. Se trata de las mismas recetas que anunció el MAS cuando asumió el mandato en enero del 2006 y obviamente, las que debió encarar en el 2008, no solo para acolchonar el golpe de la recesión, sino porque, la industrialización, el fortalecimiento del mercado interno, el fomento de las exportaciones y la diversificación de la economía, son deudas históricas que precisamente explican el atraso y la pobreza estructurales de Bolivia. Lamentablemente, durante los últimos años se ha hecho todo lo contrario. El país ha perdido mercados internacionales, se ha caído la producción de hidrocarburos, se han reducido los cultivos, se han incrementado la dependencia de las materias primas y cada vez se importan más productos con valor agregado, lo que representa una fuga de divisas que obliga al Estado a seguir endeudándose para cumplir con sus obligaciones.

La fórmula del vicepresidente es correctísima, pero no por tanto repetirla va a surtir los efectos deseados. Hay que pasar del discurso a los hechos y desafortunadamente tocaría hacerlo en plena crisis y sin la más mínima experiencia previa que nos evite caer en errores.