miércoles, 10 de agosto de 2011

¿Vamos bien?

El presidente Morales ha insistido en su discurso del 6 de agosto que
la economía boliviana va muy bien. Los argumentos para respaldar
semejante afirmación son los mismos que el Gobierno viene machacando
desde hace seis años: los precios internacionales de las materias
primas que exporta el país son inmejorables, lo que asegura jugosos
ingresos para el Tesoro General de la Nación y una acumulación inédita
de las Reservas Internacionales Netas (RIN) que han sobrepasado los 11
mil millones de dólares.

Otra de las cantaletas más usadas es la cantidad de dinero circulante
en la economía nacional, que en los últimos seis años ha subido de los
cinco mil millones de dólares a los 22 mil millones, según datos del
Banco Central de Bolivia. También se habla de la eliminación de una
parte de la pobreza extrema y recientemente, el primer mandatario se
refirió a que cerca de un millón de personas que supuestamente han
pasado a la clase media en el país, un dato que nadie había apuntado
aún y que contradice precisamente el último informe del Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En resumen, el
presidente dijo el pasado sábado en Sucre que “hay mucha plata y que
hay que gastarla en proyectos que beneficien a la gente”.

Es el mismo presidente el que, al mismo tiempo que trata de expresar
las bondades del manejo económico de su régimen, pone en tela de
juicio sus propias aseveraciones. Lo hace cuando afirma que
precisamente uno de las debilidades de su administración es la falta
de inversiones. ¿Qué economía puede ir por buen camino cuando nadie
quiere arriesgarse por diversos motivos, desde la inseguridad jurídica
hasta el avasallamiento de la propiedad privada? Eso lo que provoca la
falta de gas para abastecer a las industrias y la crisis en la
generación de energía eléctrica. Y sin esos insumos ¿cómo es posible
pensar en la industrialización, en el incremento de la producción y en
la generación de empleos?

Hay plata. Es verdad lo del circulante. Pero no sólo hay que ver de
dónde viene tanta plata. Evo Morales ha dicho que también le preocupa
el narcotráfico, que ha incrementado los índices de inseguridad
ciudadana en el país (otra de sus aflicciones) y que provoca serias
distorsiones en la economía, alienta la inflación y por supuesto,
contribuye a la escasez de alimentos, precisamente porque hay muchos
que prefieren sembrar coca y procesarla que sembrar papa o cultivar
hortalizas. Sobra plata porque los empresarios prefieren guardar sus
ahorros en los bancos antes que invertirlos.

Cómo se puede afirmar que una economía goza de plena salud, si cada
vez son más grandes los números de las importaciones de alimentos y de
combustibles y si bien las exportaciones siguen subiendo, pero lo
hacen por un efecto de los precios, porque los volúmenes son cada vez
menores, lo que indica que la producción se achica. Y no hablemos de
la industrialización. En minería, Bolivia sigue vendiendo sus metales
de la misma forma que lo hacía en la época de la Colonia, y en
hidrocarburos se ha hecho poco y nada, lo que refleja que el país ha
profundizado su vocación primaria, algo que podría ser letal en estos
tiempos de crisis mundial que suele traducirse en una reducción de la
demanda de materias primas.

Si vamos tan bien, como dice el presidente, por qué el país se está
endeudando tanto. El Estado Plurinacional ha gastado 50 mil millones
de dólares en cinco años ¿dónde están? Obviamente están en la
burocracia, uno de los rubros que más ha aumentado recientemente y que
explica en parte, que la deuda pública esté por llegar a los diez mil
millones de dólares. Si ese es el buen camino, no queremos imaginar el
destino.