viernes, 9 de diciembre de 2011

Crisis en Brasil

Todas las luces de alarma se han encendido en Brasil, luego de que se registrara un crecimiento de la economía del cero por ciento en el último trimestre, como consecuencia de la crisis del euro que está azotando a Europa. La economía brasilera se ha visto en apuros en los últimos meses para contener la inflación galopante y la presidente Dilma Rousseff ha tenido que aplicar medidas de emergencia para evitar mayores dificultades. Pese a que el Gobierno asegura que la desaceleración económica es pasajera, los más optimistas pronostican un crecimiento que no pasará del cinco por ciento en el 2012.

Cuando a Brasil le va bien, toda la región, especialmente los países limítrofes gozan de las ventajas de la bonanza del gigante sudamericano, que ha pasado a formar parte del selecto grupo de las potencias mundiales. Eso precisamente ocurrió en los últimos años con un despegue histórico que repercutió positivamente en toda el área de influencia brasilera y, lamentablemente, cuando llega la crisis, Brasil también arrastra a todos.

El aislamiento tiene sus ventajas y para Bolivia, este factor le ha servido en parte, para evitar las funestas consecuencias de los últimos remezones económicos mundiales. Para los que sí viven los embates de las crisis, éstos períodos pueden ser grandes oportunidades y así lo encaró Brasil después de 2008, con un repunte formidable de sus actividades que han marcado marcas en cuanto a crecimiento, exportaciones y producción, proceso que parece estar comenzando a declinar.

Recientemente lo ha advertido la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y los hechos de Brasil no hacen más que confirmarlo. El 2012 puede ser un año complicado para Bolivia, que todavía no ha terminado de salir de una gestión floja, con un crecimiento por debajo del promedio latinoamericano y una inflación que ha superado todas las expectativas gubernamentales. Si el ministro de Financias anticipó que durante la gestión que viene tendrá que hacer magia, las últimas noticias le hacen saber que los trucos tendrán que ser más audaces todavía.

La economía boliviana es excesivamente dependiente de Brasil. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), las exportaciones al vecino país crecieron 25,35 por ciento entre enero y octubre de este año sumando un total de 2.503 millones de dólares, es decir, el 33,08 por ciento del total del valor de las ventas bolivianas. En el caso de que Brasil siga contrayendo su economía, es obvio que sus importaciones van a bajar y los primeros en sentirlo seremos los bolivianos.

Según el gerente del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Rodríguez, los más perjudicados por esta recesión serán los productos con valor agregado, que seguramente encontrarán más restricciones para ingresar al mercado brasilero. Se teme además, que el Gobierno de Rousseff recurra al debilitamiento de su moneda para impedir el ingreso de productos extranjeros y no perder competitividad. Esto además podría provocar una invasión de productos brasileros al mercado local, como ha sucedido en el pasado.

En el caso del gas también es complicado. Brasil representa el mayor mercado para el hidrocarburo nacional y una caída en la demanda, no solo significará una reducción de los ingresos, sino que también compromete el desarrollo integral de la industria petrolera boliviana, que estaba comenzando a tener un repunte, gracias precisamente a la demanda sostenida que se ha estado produciendo en Brasil.

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