jueves, 1 de diciembre de 2011

Operación retorno

No estamos hablando de los migrantes que se fueron a Europa durante la última década y que están volviendo al país con las manos vacías, derrotados por la crisis en el viejo continente. Nos referimos a los otros, aquellos que intentaron pasar la frontera con droga y que terminaron en cárceles chilenas, brasileñas o argentinas. En las ciudades aledañas al territorio boliviano, las cárceles están repletas de bolivianos, tanto que los gobiernos de aquellos países no saben qué hacer con la superpoblación y han decido expulsarlos. El número es astronómico, 700 en Chile y 200 en Argentina. El caso ya está en manos del Viceministerio de Gobierno de Bolivia, que tampoco sabe qué va a hacer, si liberarlos o pasarlos a las cárceles locales, donde el hacinamiento también es grande producto del auge del narcotráfico en Bolivia. ¿Soltarlos? Seguramente será esa la única solución posible y muchos, tal vez la mayoría, volverán a reincidir en el delito. Es el círculo vicioso de la miseria, la misma realidad que se repite y que da vueltas pese a la promesas de cambio. Por lo menos antes “exportábamos” mano de obra, ahora son mulas de la droga y en grandes cantidades.