jueves, 5 de julio de 2012

El hombre sin corazón

La noticia científica más resonante de los últimos tiempos ha sido el caso del ciudadano checo Jakub Halik, la primera persona en el mundo que sobrevive desde hace cuatro meses sin corazón, órgano que ha sido reemplazado por unas máquinas que se encargan de bombear la sangre por todo el cuerpo. Además de ser un gran acontecimiento para la ciencia médica, este debería ser celebrado también como un gran descubrimiento filosófico.

Me explico. Toda la vida hemos escuchado aquella idea de que los pensamientos se encuentran en el cerebro, mientras que los sentimientos salen del corazón. Que yo sepa, Jakub Halik, a quien le fue extirpado el corazón como consecuencia de un tumor maligno, no se ha convertido en un demonio ni mucho menos por el hecho de haberse quedado sin “el zurdo”.

Está plenamente demostrado que todo lo que hace un ser humano parte de su cerebro, tanto lo sentimental como aquello que es considerado lógico o que pertenece al mundo de lo concreto. Ha sido la doctrina del dualismo la que se ha encargado de convencernos de que las personas tienen dos partes, una “cerebral” y otra “espiritual” y que ambas no se pueden juntar porque pertenecen a mundos distintos que son como el agua y el aceite.

De esa forma el mundo también ha sido dividido en dos: los buenos y los malos, los creyentes y los herejes, los mundanos y los espirituales, los verdaderos y los falsos, los puros y los impuros, maniqueísmos que no se dan en una realidad mucho más compleja y llena de matices. El simplismo de esta doctrina nos ha obligado a construir enemigos, a establecer abismos irreconciliables, eternas dicotomías que nos impiden alcanzar valores únicos y universales como la fraternidad, el amor, la misericordia y, por supuesto, a eliminar las posibilidades de un diálogo sincero en la humanidad.

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