martes, 3 de julio de 2012

Retrocesos en la integración

Los países integrantes del Mercosur han decidido expulsar  a Paraguay de este mecanismo de integración, argumentando que la destitución del expresidente Fernando Lugo ha violado las cláusulas democráticas del organismo. Lo que llama la atención es que inmediatamente después de tomar la decisión han anunciado la próxima incorporación de Venezuela, un país que registra la mayor cantidad de violaciones al sistema democrático desde que fueron eliminadas las dictaduras militares en América Latina.

Una actitud parecida ha adoptado la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), una organización que no ha logrado su consolidación precisamente porque sus principales impulsores no ofrecen garantías de poder reemplazar a la OEA –como se quiere-, en la promoción de la democracia y el Estado de Derecho y porque ha estado manifestando posiciones controversiales que han favorecido el florecimiento del autoritarismo en el continente.

No hay que olvidar que la Unasur se estrenó en Bolivia justificando con total descaro la masacre de Pando auspiciada por el Gobierno boliviano y que, merced a maniobras políticas en las que intervinieron precisamente los enviados de Unasur, fue atribuida al derrocado exprefecto pandino que se mantiene como preso político desde septiembre del 2008.

Es ocioso mencionar la postura de los países del ALBA, organismo salido de la chequera y de los delirios histriónicos de Hugo Chávez y del que forma parte nada menos que Cuba, donde hablar de democracia es una quimera bien guardada tras las rejas de un estado carcelario.

Queda la OEA, que también le debe muchas explicaciones a los ciudadanos latinoamericanos por su comportamiento complaciente frente al creciente autoritarismo, aunque esta vez ha solicitado quedarse al margen y no interferir en los asuntos de Paraguay.

De todas formas, el nuevo presidente paraguayo, Federico Franco, ya siente la presión de los países que buscan cómo aislarlo, ante los cuales ha respondido con una buena dosis de sarcasmo. Dijo que Paraguay ahorrará mucho al no asistir a las cumbres donde se derrocha el dinero en cocteles y banquetes. Debió mencionar también partidos de fútbol, acarreo de numerosas delegaciones y la organización de eventos paralelos para darse baños de multitud aprovechando los flashes de la prensa internacional.

En realidad, el personalismo enfermizo, la sobreideologización y la demagogia de los líderes populistas ha reducido la eficacia de las cumbres y los mecanismos multilaterales, al punto de provocar serios retrocesos en el proceso de integración latinoamericana.

Y es lamentable que Bolivia, un país que necesita más que ninguno de la integración y de la búsqueda de contactos, sea uno de los cabecillas en las posturas radicales hacia Paraguay. Resulta una desproporción el anuncio del retiro del embajador boliviano de Asunción, medida que no tiene otro fin más que sumarse a las bravuconadas de Hugo Chávez, quien anunció que no enviará más petróleo al mercado paraguayo, una amenaza estéril porque Venezuela no exporta crudo a Paraguay.

Bolivia no tiene razones para asumir semejante actitud, no solo porque no le compete, sino porque lleva las de perder. Paraguay es un actor de mucho mayor peso en el contexto latinoamericano y además, el actual gobierno boliviano está acumulando demasiadas deudas con la democracia, por la violación a los derechos humanos y la persecución que viene ejecutando. Llegará el momento en que tendrá que clamar para que otros países no le tiendan un cerco, como el que ahora pretenden tender en torno a Paraguay.

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