viernes, 13 de julio de 2012

Política versus dignidad

Los indígenas de las tierras bajas que marcharon durante 62 días han decidido retornar a sus pueblos luego de insistir durante casi dos semanas por una reunión con el presidente Morales, quien se negó rotundamente a atenderlos, mientras su equipo gubernamental se encargó de humillarlos, reprimirlos, dividirlos y desprestigiarlos.

Muchos en el país se preguntan ahora ¿quién ganó y quién perdió? El planteo surge de la idea de que se ha terminado una guerra en el país y el pesimismo nos puede llevar a deducir que la historia de Bolivia acaba de definirse para siempre. La vida del país no empezó hace siete años y desde que este territorio se llama Bolivia, muchas encrucijadas se han planteado, tanto o más desafiantes que la actual. Los que se hacen esa pregunta  están convencidos de que el Gobierno del MAS se quedará para siempre, tal como lo ha planeado, algo que no encaja en la lógica ni en la trayectoria nacionales. Los bolivianos son demasiado chúcaros como para aguantar por tanto tiempo los avatares del autoritarismo.

Es obvio que la política del MAS le ha ganado a los indígenas. Nadie tiene tantos recursos para derrochar, tantos medios para denigrar, sobornar y acarrear. Si se lo ve en términos de poder, naturalmente nadie está en condiciones de ofrecerle resistencia a un régimen que no escatima recursos para salirse con la suya. Hace mucho que el presidente dijo que la política –es decir, el poder y sus maniobras-, están por encima de las leyes. El conflicto con los indígenas nos ha ayudado a ver que también está por encima de los principios, de la ideología y de todo el discurso que le ayudó al oficialismo a construir un imaginario común que generó muchas expectativas y que ahora ya no existe.

No hay que olvidar que los indígenas han sido derrotados muchas veces. No por nada son nueve las marchas que han realizado, pidiendo siempre el respeto de los "demócratas", de los "republicanos" y ahora de los "plurinacionales". Y en honor a la verdad, algunos de los pueblos que han caminado van a desaparecer, como ha sucedido con muchos de los grupos que hoy no tienen más que un puñado de integrantes.
Los indígenas, que pertenecen al sector más relegado del país, que exhiben los índices más dramáticos de pobreza y marginalidad, han sido engañados toda la vida. Que lo haga este Gobierno, solo es una demostración de que "el cambio" es una tramoya inventada para disfrazar intereses muy oscuros.

Pese a todo, los indígenas han ganado. Han cumplido una misión histórica que no solo Bolivia, la humanidad entera les quedará debiendo para siempre. Nos han vuelto a mostrar a todos que la utopía es posible. Que se puede pensar en valores, en principios, en la justicia y el bien común como metas de la política y del Estado. Con su parsimonia, candidez y paciencia, los pueblos originarios han podido despertar en los bolivianos el idealismo que se opone a la barbarie de los que buscan tragarse todo.

La de los indígenas ha sido una batalla por la dignidad, por la búsqueda de una identidad para los bolivianos, que siempre ha estado cuestionada por alguna lacra perversa, como ocurre hoy mismo, que comienzan a llamarnos "la república de la cocaína". El problema de los indígenas es que son muy pocos y no disponen de los medios para enfrentar al monstruoso aparato que se les viene encima. Aún así lo van a hacer. Valentía les sobra para seguir luchando y mantenerse en una marcha permanente. Veremos si es que el resto de los bolivianos entendió el mensaje que acaban de dejar en La Paz y en otras ciudades que han recorrido.