domingo, 20 de mayo de 2012

Gas: lo que se dice y lo que se hace

Pese a que durante seis años se ha repetido que las petroleras conspiraron contra el Gobierno de Evo Morales, nadie ha podido aportar ni una sola prueba sobre esta denuncia. Lamentablemente, este discurso sigue repitiéndose al mismo tiempo que se hacen intentos por seducir a las compañías para que inviertan en el país en condiciones mucho más favorables que las surgidas a raíz de la nacionalización. Se dice que nunca más se va a expropiar una empresa extranjera, como se hizo recientemente con una compañía del rubro de la electricidad, pero casi de forma paralela se expresa una fuerte arenga favorable a la nacionalización y se pide a todas las naciones del mundo emular el ejemplo boliviano, un modelo que ha arrojado evidentes señales de fracaso, reconocido incluso por las autoridades actuales, que hablan mejor con sus actos que a través de sus palabras.

Es un hecho que Bolivia necesita atraer inversiones con urgencia, el Gobierno lo reconoce y lo expresa con señales de desesperación, pero la única forma de lograrlo es a través de un discurso coherente y reglas claras. Hace unos días, las autoridades de la Unión Europea aceptaron de buena gana las explicaciones que brindaron las autoridades por la reciente expropiación de las acciones que la Red Eléctrica de España (REE) tenía en la Transportadora de Electricidad; sin embargo, le han exigido a Bolivia que apruebe una ley específica sobre inversiones, porque sin seguridad, con este discurso y la inestabilidad política que siempre está presente en el paquete de riesgos bolivianos, muy pocos se atreverán a venir al país.

Hay otros factores que conspiran contra Bolivia además de la dualidad y la falta de normas que estimulen las inversiones. Países de la región como Perú, Brasil y Colombia están haciendo las cosas demasiado bien, hecho que los convierte en un imán de los capitales que se invierten en el rubro de los hidrocarburos. En Perú, las inversiones en el área energética han pasado de los 278 millones a más de cinco mil millones de dólares en el 2011, mientras que en territorio brasileño se destinarán 224 billones de dólares en el área productiva de Presal.

En el continente se está viviendo un período previo al rebalanceo de la oferta energética, proceso estimulado por los recientes hallazgos de gas no convencional que podría modificar sustancialmente el mapa gasífero del Cono Sur, donde Bolivia debe volver a ocupar el lugar estratégico que tenía antes de la nacionalización. De no superar la crisis actual, que pone en aprietos al país incluso para cubrir la demanda interna, el país quedará rezagado y con dificultades para darle continuidad al contrato de exportación al Brasil más allá del 2019. De hecho, cuando se cumpla este plazo y en caso de que se ratifique el contrato, será difícil que el Gobierno boliviano pueda conseguir precios tan favorables como los actuales. Eso implica necesariamente tener que ampliar los mercados  para mantener el mismo nivel de ingresos. Y eso solo se puede conseguir con inversiones, no con foros en los que se repiten arengas políticas que no le hacen nada bien a la economía y particularmente a la industria gasífera.

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