jueves, 31 de mayo de 2012

La ley del 20 por ciento

Viendo un documental me enteré que el 80 por ciento del ruido de un auto lo producen las llantas cuando el aire circula a través de las ranuras. Hay que tener mucho oído para escuchar el motor, la caja y el sistema de transmisión que vienen a ser como el corazón y los pulmones de una persona, que sin duda alguna meten mucho menos bulla que la lengua, que a diferencia de las llantas, muchas veces no nos lleva a ninguna parte.

Con el cuerpo humano sucede algo parecido. El 80 por ciento de las energías que consumimos se gasta en mantener la temperatura en 37 grados y asegurar así el funcionamiento de todos los órganos. El 20 por ciento restante se lo llevan todos los demás, incluyendo el cerebro, que seguramente es uno de los menos exigentes, pero el más productivo. Lamentablemente muchos jamás aprendemos a usarlo correctamente.

Es trillado aquel dicho atribuido a Thomas Alva Edison, uno de los más grandes inventores de la historia: “el genio es 10 por ciento inspiración y 90 por ciento transpiración”, lo que resumía su inmensa capacidad de trabajo y esfuerzo que le permitió inscribir casi 2.500 patentes, entre las que se encuentra la famosa bombilla eléctrica que se usa hasta hoy.

La gran ventaja de los “iluminados” es que siempre están inspirados. Es desafío del resto de los mortales es no pasarnos la vida sudando y nada más. El asunto, como se ha visto, es saber cuidar y aprovechar los saldos de energía y recursos que siempre hacen la diferencia. A un magnate le preguntaron una vez cómo hizo para acumular tantos millones. “Cuidando los centavos”, respondió. Napoleón Hill decía que los sobresalientes son los capaces de recorrer la milla extra, cuando todos ya se han acobardado.

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