viernes, 13 de enero de 2012

Que venga el diablo y escoja

Con una pose de “Idi Amin” andino, lleno de medallitas en el pecho como un ekeko (cómo fuera con al menos una batalla ganada), el nuevo jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, Tito Gandarillas, expresó su plena sumisión al régimen de Evo Morales al afirmar que los militares en el país son socialistas, antimperialistas y anticapitalistas. En su limitadísima forma de entender las cosas dijo que socialismo es más o menos como lo veía Robin Hood, es decir, “que los pobres sean menos pobres y que los ricos sean menos ricos”. Pero eso no ha sido lo más folclórico que ha hecho Gandarillas en sus pocos días como comandante. En su afán de poner la cara por el presidente Morales y salvarlo de su responsabilidad por la represión de los indígenas en Yucumo, dijo que él solito y de puro comedido decidió enviar aviones Hércules a la localidad de Rurrenabaque, donde debían ser evacuados los dirigentes del Tipnis, luego de recibir la soberana pateadura del 25 de septiembre. En caso de que no sepa responder cómo adivinó que ese día iba a producirse la represión y que necesitarían aviones para el acarreo, que diga si no es delito militar la usurpación  de funciones. Porque la orden de sacar aviones y mandarlos donde él disponga no era su competencia.