miércoles, 8 de agosto de 2012

Pobreza y viejas mentiras

Hace años que nadie sabe a ciencia cierta cuál es el porcentaje de inflación en el país porque se cambió hasta la forma de calcularla para crear un país imaginario. Y desde el 2008 ya no se hacen encuestas sobre pobreza, así que cualquiera tiene el derecho a decir lo que quiera y afirmar, por ejemplo, que un millón de bolivianos han dejado sus miserias y han pasado a la clase media ¿Por qué no decir que fueron dos millones? Total, no hay datos ciertos para confrontarlo.

Con ese mismo entusiasmo prometieron convertir a Bolivia en la nueva Suiza, logro que ha sido pospuesto para el 2025, porque al parecer, todo depende de la vigencia del caudillo y de sus mesiánicas soluciones.

Más allá del adorno semántico y las mentirillas estadísticas, la propuesta es concreta, ambiciosa y loable a la vez y consiste en reducir a cero la pobreza extrema, que según los organismos internacionales ronda el 30 por ciento en Bolivia. Eso equivale a sacar de la miseria a más o menos tres millones de personas que viven con menos de un dólar al día. A estas alturas, el Gobierno del MAS ha debido llegar a la conclusión que la repartija de bonos es significativa para alguien que casi no tiene ingresos, pero no ayuda a salir de pobre a nadie. En todo caso, la plata regalada no hace más que sumir en el letargo a muchos ciudadanos e incrementar su dependencia del Estado epulón que siempre le da la mejor tajada a sus allegados y al aparato policiaco que lo protege.

Bolivia jamás va a salir de la pobreza si mantiene el modelo productivo actual, que lamentablemente no ha cambiado desde la colonia y que en los últimos años se ha acentuado por el incremento de la dependencia de los productos extractivos. Es tan perverso este modelo, que ni siquiera en la bonanza de precios más importante de la historia del país, la plata acumulada ha servido para mejorar significativamente la calidad de vida de los bolivianos, en la misma proporción que ha servido para aumentar el tamaño del Estado y sus gustos estrafalarios (léase compra de helicópteros, armas, teleféricos, aeropuertos, aviones y satélites).

El Estado Plurinacional, supuestamente popular, distributivo, incluyente, ha seguido exactamente el mismo comportamiento de sus antecesores en materia de inversión social y los presupuestos destinados a la salud y la educación casi no han cambiado pese a que el chorro de dinero que ha ingresado a las arcas públicas se ha multiplicado por cinco. Y para colmo, cuando el Estado se propone industrializar, crear empresas que transformen la materia y generen empleo, la plata se la roban y/o cae en manos de ineficientes burócratas que ni siquiera saben elegir el sitio ideal para construir una planta productiva.

Muchos creen que Suiza nació rico o que los suizos hicieron su plata con grandes riquezas minerales o hidrocarburíferas. Los suizos son ricos gracias a las vacas, la leche, a los chocolates y otros productos alimenticios que más tarde convertirían al país en una de las más grandes potencias en este campo, dueña de la compañía agroalimentaria más grande del mundo, como es Nestlé. Suiza es famosa por sus relojes, por el turismo y por sus servicios bancarios, como España se debe al turismo o Francia a los vinos, el pan y el queso, como gestores de su riqueza y su prosperidad.

Tal vez si Bolivia dejara de mentirse a sí misma con el cuento de los recursos naturales, el estatismo y otros versos, pueda ocuparse de invertir en la producción, de quinua, por ejemplo, algo que sí puede sacar de pobres a muchos, como lo está haciendo hoy la coca y el narcotráfico, con perspectivas muy inciertas.