sábado, 22 de diciembre de 2012

Cuestiones del poder

Un experto en la investigación de la corrupción en Bolivia, asegura que el periodo que vive el país es uno de los más corruptos de la historia. Lo dice a propósito del caso Ostreicher, que ya suma más de una docena de detenidos, la mayoría altos funcionarios del Gobierno y, lo que es peor, varios fiscales, entre ellos el ex número uno del distrito de Santa Cruz. Y más grave aún, nada menos que el presidente de la Tribunal Supremo de Justicia del departamento enfrenta un mandamiento de apremio y su situación es casi la de un prófugo.

Un ex funcionario del régimen actual que todo es un asunto de “giles”, es decir de ministros y viceministros bobos (por lo menos media docena, incluyéndolo a él), que no se dieron cuenta de lo que estaba
ocurriendo a su alrededor y pasaron por alto una red de corrupción que fue capaz de actuar durante seis años en absoluta impunidad y con amplios poderes que les permitían incluso tener un escuadrón de policías a su servicio para cometer con más holgura sus fechorías. Esta versión, que por supuesto tiene el objetivo de distraer y
despistar, asegura que la “banda de los abogados” era una entidad privada y seguramente cuando habla de “giles”, lo que quiere reclamarle a sus colegas del oficialismo es su falta de pericia para esconder todo este entuerto.

Si bien es cierto que la corrupción puede haberse desbordado y por eso es que la opinión pública está presenciando los rebalses de ese fenómeno que inunda nuestra realidad cotidiana, es más correcto
afirmar que el caso Ostreicher es apenas uno de los tantos en los que intervino impunemente la “Banda de los Ministerios” durante un periodo prolongado en el que abundaron las sospechas y las denuncias que no
lograron, lógicamente, lo que sí pudo conseguir un personaje de amplios contactos en los gobiernos de Estados Unidos y de Venezuela y en el mundo del espectáculo hollywoodense. En otras palabras, de no
haber sido por este episodio tan mediático, todos esos “giles” seguirían haciendo delas suyas, tal como pasó con el general Sanabria de no haber sido por factores externos.

El problema no es la corrupción ni los giles ni éste y otro gobierno. La respuesta está en el poder. Estamos ante un Gobierno que ha batido récord en la acumulación de poder en toda la historia del país. Nadie había podido lograr el sueño de casi todos los gobernantes, de concentrar en tan pocas manos todos los mecanismos republicanos que en este momento operan bajo una sola consigna, una sola orden, sin el más mínimo control o contrapeso.

El Gobierno del MAS ha ejecutado en todo este tiempo una serie de reformas con el objetivo de profundizar el centralismo y librarse de trabas procedimentales, “barreras burocráticas” y cualquier impedimento existente en toda democracia para evitar justamente este desborde y  discrecionalidad que se le ha vuelto en contra a los
propios detentadores del poder.

En el pasado nadie podía conseguir dos tercios en el parlamento, por más votos que obtuviera en las urnas. Ninguna autoridad podía ser defenestrada sin existir sentencia ejecutoriada y por más que se cuestione y se critique todo lo que sucedió en el pasado, se habían dado pasos importantes en la institucionalización del Estado, especialmente en la Justicia, donde todo lamentablemente ha sido reducido a un reducto en el que cualquier cosa puede suceder, porque no hay  nadie con la capacidad y la potestad de ponerle freno. Mientras el Gobierno insista en acumular y concentrar tanto poder para buscar la perpetuidad, los casos Ostreicher se van a multiplicar.